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Asunto:NoticiasdelCeHu 794/03 - Solaris/ El Océano Tecnológico
Fecha:Sabado, 21 de Junio, 2003  01:05:17 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

Dulces

NCeHu 794/03

SOLARIS / EL OCÉANO TECNOLÓGICO 

Dr. Gustavo Buzai

 Miembro activo del Centro Humboldt

Investigador de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Luján


¿Ciencia ficción?

Solaris es un planeta lejano y ha sido descubierto por una tripulación de astronautas que surcaba el espacio sideral de otro sistema solar. Desde las escotillas de la nave espacial no es posible divisar algún rasgo material, ninguna frontera, ningún borde.

Solaris está recubierto por un interminable océano, donde lo material se diluye en lo inmaterial y la inteligencia se transforma en única y global. La geografía física de los ríos, mares, montañas, y la geografía humana de las ciudades, rutas y los puertos ya no existe.

El cineasta ruso Andrei Tarkovski retrata en Solaris un mundo que hoy no resulta ser tan extraño, ni para la ciencia ficción, ni para el periodo de transición que vivimos actualmente. El océano de conocimiento de Solaris ha comenzado a formarse a nuestro alrededor como océano tecnológico y el futuro comienza a ser inevitable.

 

El camino global

Desde hace un poco más de una década la palabra “globalización” se ha tornado de uso frecuente en diversos ámbitos, ella alude a la alta conexión de nuestro planeta en un doble sentido: como sistema natural (principalmente los procesos ecológicos) y como sistema social (principalmente los flujos esparcidos en todas direcciones por los medios de comunicación).

Algunos estudiosos que han prestado atención al tema consideran que en la historia de la humanidad hubo varios procesos de globalización; por ejemplo, el viaje de Cristobal Colón a América formó parte de uno de ellos, el del descubrimiento de nuevas rutas comerciales. Sin embargo, particularmente considero que en la historia de la humanidad hay solamente dos momentos “globales” de la sociedad humana.

El primero se produjo en el siglo XV cuando se difunde la idea de que nuestro planeta es una esfera como cualquier otro cuerpo celeste del sistema solar y que debe considerarse como “globo terráqueo” en contraposición a la interpretación de las sagradas escrituras, ¡que notable impacto mental en aquellas personas que tomaron conciencia que debajo vivía gente “cabeza abajo” y que cuando arrojaban algo para arriba en realidad para nosotros baja!.

El segundo proceso lo vivimos hoy. Viene creciendo notablemente desde hace por lo menos dos décadas y se apoya principalmente en las actuales tecnologías de la información y las comunicaciones (fax, correo elctrónico, internet). Muestran una nueva etapa en el desarrollo de la sociedad en la cual el tiempo y el espacio cada vez se hacen más efímeros y presentan menos obstáculos a las prácticas humanas.

Por supuesto, los obstáculos serán menores para aquellas actividades humanas que puedan entrar a la red y –como podemos ver- cada vez son más actividades las que lo van haciendo. Es decir, se van incorporando al océano inmaterial en el cual a través de la digitalización (transformar lo material en digitos binarios –0 y 1-) se pueden transportar palabras, imágenes y sonidos casi a la velocidad de la luz (300.000 km/seg) entre computadoras.

Como los humanos descubrimos Solaris, un visitante del espacio exterior que llegue a la Tierra y tenga la capacidad de ver los “hilos” de las comunicaciones instantáneas verá a nuestro planeta recubierto de un océano tecnológico (tecnósfera) el cual se nutre permanentemente por las comunicaciones instantáneas de nuestras llamadas telefónicas, las transferencias bancarias, las señales de TV satelital, los chats de Internet, entre otras.

Pero a diferencia de Solaris, no todos los seres humanos estamos conectados al océano tecnológico y la transición ya presenta incongruencias alarmantes: por ejemplo, una casa situada en la zona periurbana de cualquier ciudad argentina puede tener teléfono y a través de un modem conectarse a la red, mientras que al mismo tiempo puede carecer de servicios escenciales como el agua por red, gas o cloacas. Tendrán información instantánea sobre el estado del tránsito en Filipinas pero para suplir los servicios deben rogar a Dios que el bombeador funcione, que pase el kerosenero o que no se tape el pozo ciego.

Ya se había hablado en otro momento. El hombre puso su pie sobre la Luna en 1969 ¿qué fue a buscar tan lejos cuando aún no había resuelto los problemas que tenía a su lado?. Pero el camino hacia Solaris no se puede detener.

 

Un océano en desequilibrio

Es cierto que por nuestra red mundial corre información en todos los sentidos, pero también es cierto que gran parte de esta información está representada por “decisiones” que afectan diferentes espacios mundiales. Por lo tanto hay en ella “centros de decisiones” que se transforman en “puntos de control” de las diferentes actividades del hombre sobre el planeta.

Me pareció muy ilustrativo un chiste reciente que mostraba la justificación de un desocupado actual: discutí con mi jefe en Buenos Aires, no gustó nada en San Pablo, me pidieron explicaciones desde Zurich y cuando las di, me despidieron desde Nueva York.

Esta anécdota, en la actualidad es imposible que pueda recorrer el camino inverso, ¿alguna vez veremos que las clases medias norteamericanas coman locro de la misma forma que nuestra clase media pide el Big Mac?, la respuesta parece ser más que conocida.

Evidentemente, nuestro “enganche” a la red mundial se da en un ciberespacio altamente jerarquizado en cuanto a tecnología, economía y pautas culturales, y esta situación es ampliamente conocida. Las respuestas llegan a través de las reafirmaciones locales, de las minorías sociales, etc. y el concepto de clase social está cambiando para incluir individuos con problemáticas comunes (no sólo las económicas).

Nuestro mundo rural y nuestro mundo urbano está cediendo espacio ante Solaris y muchas de las actividades de estos ámbitos serán encontradas en las pantallas computacionales para que en el futuro vivamos en un “tercer entorno”, Telépolis (Echeverría) o Redópolis (Bressand-Distler) que será un nuevo mundo invasor de los dos anteriores y finalmente nuestras viviendas – si ya no lo están – deberán a conectarse a él, porque lo peor será quedar afuera y excluido de toda la actividad que será dominante. En este sentido, los paisajes reales no sólo constituirán imágenes que evoquen la nostalgia, sino que (si no llevamos el teléfono celular en el bolsillo) serán principalmente entornos fundamentales para poder encontrar la verdadera belleza del mundo y en última instancia, un poquito de libertad.


 

 Artículo publicado en el Semanario "Noticias y Protagonistas". Mar del Plata - Argentina.