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Asunto:NoticiasdelCeHu 225/20 - VIAJANDO: De Dubrovnik a Athina
Fecha:Lunes, 31 de Agosto, 2020  22:39:28 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 225/20

 

De Dubrovnik a Athina

 

La mañana del martes 10 de marzo dormimos hasta tarde, desayunamos y en un remis fuimos hasta el Aeropuerto de Cilipi en Dubrovnik. Y en el trayecto le pedí al conductor que se detuviera unos minutos en más de un mirador para poder tomar fotografías panorámicas de la ciudad amurallada.

En la primera parada obtuve una visión lejana donde se veía perfectamente la localización de Dubrovnik, acorralada entre los Alpes Dináricos y el mar Adriático.

 

Vista panorámica de Dubrovnik, entre los Alpes Dináricos y el mar Adriático

 

 

Pero desde el segundo mirador, ya pude divisar, con más detalle, varios atractivos de la ciudad.

En el sector oriental se veía en primer plano la muralla, la Torre del Reloj o del Campanario, y junto a ella el puerto viejo con veleros y otra embarcación que estaba ingresando. Y, justo enfrente, a seiscientos metros, la isla de Lokrum o Lacroma, con abundante vegetación, que era un santuario natural protegido. Por otra parte, en el sector occidental, reconocí la fortaleza Minceta, la ensenada Kolorina y la fortaleza Lovrjenac.

 

El sector oriental de la ciudad amurallada de Dubrovnik, donde se podían ver el puerto viejo,

y la Torre del Reloj o del Campanario; y enfrente, a seiscientos metros la isla de Lokrum o Lacroma

 

 

En el sector occidental de la ciudad amurallada se divisaban

la fortaleza Minceta, la ensenada Kolorina y la fortaleza de Lovrjenac

 

 

Nos estábamos yendo y ya queríamos volver. Había quedado mucho por conocer, y por disfrutar, aunque en pocos días nos habíamos movido bastante.

Volvimos a tomar el avioncito de Olympic Air, y nuevamente el vuelo fue muy tranquilo, a pesar de que la gran cantidad de nubes, no nos permitieran visualizar el terreno hasta poco antes del aterrizaje en Athina. Y entonces sí, pude fotografiar la costa, los islotes vecinos y las proximidades del Aeropuerto Internacional Eleftherios Venizelos.

 

Paisaje costero en territorio griego

 

 

Próximos a aterrizar en el Aeropuerto Internacional Eleftherios Venizelos de Athina

 

 

Al acercarnos a la parada de taxis, uno de los choferes, de algo más de sesenta años, se apresuró solícito, y tomando nuestras maletas, nos invitó a subir a su coche. Si bien nos podíamos comunicar en inglés, para evitar confusiones, le entregué un plano con la dirección exacta del Adam’s Hotel en el barrio de Plaka, donde nos habíamos alojado la semana anterior.

Primeramente tomó rumbo a una autopista y parecía decidido a dirigirse al lugar solicitado, pero de a poco comenzó a dudar, y de pronto, estacionó en una banquina, diciendo que no conocía el nombre de la calle. Entonces, le mostré en mi celular, el recorrido que debía hacer, a lo que respondió que no estaba claro. Además de intranquilizarnos, nos enojó su actitud de intentar hacer llamados, para que se le explicara cómo llegar. Entonces, ya de mala manera, le dije que nos llevara a Plaka, ya que conocíamos perfectamente el barrio, y podríamos encontrar el hotel. De mal modo arrancó y aseguró que íbamos a tener que abonarle los peajes, lo que se lo discutí, porque en las tarifas publicadas en el aeropuerto, se confirmaba que estaban incluidos.

Cuando ingresamos al Centro de Athina, dijo que no tenía seguridad de dónde quedaba Plaka. Eso era tan absurdo como que un taxista del aeropuerto de Ezeiza no supiera dónde quedaba San Telmo. Estábamos dando vueltas por todos lados, cuando de pronto vi el Arco de Adriano, y de un grito, le ordené: - “¡We get off here!” (¡Nos bajamos aquí!).

El hombre decía que tenía que continuar buscando Plaka, cuando estábamos en las puertas de Plaka, a trescientos metros del hotel. Esperé que bajara nuestro equipaje del baúl y le pagué con cuatro billetes de diez euros. Y al reclamarle el vuelto, ya que la tarifa estipulada oficialmente era de treinta y ocho, me dijo que no tenía cambio. Y ya alejándonos, le grité: - “You’re a thief!” (“¡Usted es un ladrón!”) Como había mucha gente alrededor, trató de devolverme uno de los billetes, pero seguimos de largo, y lo dejamos hablando solo. Estábamos entre asustadas y furiosas.

Algo parecido me había ocurrido seis años atrás cuando, junto con Omar, habíamos pedido un taxi desde el hotel Odeón, en el Centro de Athina, hasta el mismo aeropuerto. En esa ocasión conducía una mujer. Omar le pagó con un billete de cincuenta euros, y como vuelto le dio sólo siete, cuando el reloj marcaba treinta y dos; pero fue imposible discutirlo porque supuestamente sólo hablaba en griego.

Después de descansar y reponernos del mal momento, la llamé a Aekaterine para invitarla nuevamente a cenar y contarle nuestra experiencia en Croacia, pero, disculpándose, me dijo que el coronavirus había llegado a Grecia, que ese día se habían cerrado los establecimientos educativos, y que temía por su abuela. Quedamos sorprendidas ya que en Dubrovnik no habíamos visto televisión porque no entendíamos el idioma, y en nuestras redes, nada se decía de ese sector de Europa.

Salimos a caminar por Plaka, compramos regalos, y fuimos a cenar a un restorán donde habíamos desayunado la semana anterior; pero estábamos solas, éramos las únicas comensales. Pedimos berenjenas con tomate y queso, y salchichas parrilleras asadas, con vino griego.

 

Nilda durante la cena en Plaka

 

 

Salchichas parrilleras asadas con limón

 

 

Ana María Liberali