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Asunto:NoticiasdelCeHu 196/20 - VIAJANDO: Por la Athina under
Fecha:Lunes, 3 de Agosto, 2020  11:19:46 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 196/20

 

Por la Athina “under

 

El lunes 21 de enero en un vuelo de IBERIA procedente de Madrid, llegamos a Athina, y nos hospedamos en el hotel Adams en el barrio de Plaka.

Plaka era uno de los barrios más caros por ser eminentemente turístico al encontrarse muy próximo a la Acrópolis. Pero, por un lado, pretendía estar en un lugar seguro al estar sola con Laurita, y por otro, la oferta del Adam’s Hotel, de dos estrellas, era mucho más económica que un alojamiento de la misma categoría en la costa argentina.

 

 

Laurita en nuestra habitación del Adam’s Hotel

 

 

Habíamos tenido un frugal almuerzo aéreo, así que, después de acomodarnos y descansar un rato, salimos a caminar en busca de un lugar donde disfrutar de una buena merienda. Y nos instalamos en un café-bar llamado Kidathineon, frente al parque de la Ciudad.

 

 

Laurita merendando en el café-bar Kidathineon

 

 

A la noche pasó a buscarnos Aekaterine, la joven geógrafa a quien yo había tutoreado durante su estancia en Buenos Aires varios años atrás, y emprendimos una caminata durante la cual nos pusimos al día con las noticias políticas de ambos países.

Y después de recorrer más de veinte cuadras, llegamos hasta el Gazi Technopolis, museo industrial y centro cultural destinado a exposiciones y conciertos en vivo, dedicado a la memoria del gran compositor griego Manos Hatzidakis, que funcionaba desde 1999. El sitio se trataba de la reconversión de un antiguo gasoducto encargado de la distribución del gas en la ciudad, que databa de 1857. De ahí, que también el barrio hubiese adoptado el nombre de “Gazi”.

 

 

Gazi Technopolis

 

 

 

Con Aekaterine junto al Gazi Technopolis

 

 

Frente al Gazi Technopolis se encontraba la plaza Perséfone, denominada así en honor a quien fuera la Diosa de la Primavera, hija de Zeus, la mayor divinidad griega, Padre de los Dioses, aquel a quien todas las criaturas humanas y divinas se sometían, y de Deméter, Diosa de la Agricultura.

En la mitología griega, Perséfone había sido raptada por Hades, Dios de los Infiernos, y a pesar de su resistencia, no había podido contener los deshonestos deseos del barbudo dios. La joven se había visto obligada a vivir con su secuestrador, sin embargo, desarrollando el síndrome de Estocolmo, accedió a casarse con él.

Su madre la buscó por cielo y tierra, hasta que al final, la encontró en el Infierno, donde exigió a Hades que se la devolviera, ya que sin ella las flores se negaban a crecer. Y sumándose la presión de Zeus, Hades tuvo que llegar a un acuerdo. De esta manera, Perséfone, pasaría medio año con él en el Mundo de los Muertos, y el otro medio año con sus padres, bajo el sol. Era por eso que en la mitad del año llegaba la primavera y todo florecía; y mientras permanecía con Hades, haciendo llorar a su madre, se producían las lluvias. De esa forma se explicaban las precipitaciones durante el invierno mediterráneo y la sequía de las primaveras y veranos.

 

 

Plaza Perséfone

 

 

En los alrededores de la plaza Perséfone había una serie de restoranes, bares y pubs que constituían la atracción de atenienses y turistas. Y esto se continuaba en las zonas aledañas, lo que consistía en un proceso de gentrificación.

 

 

Locales gastronómicos en los alrededores de la plaza Perséfone

 

 

 

Soho Gastrobar en la calle Voutadon frente a la plaza Perséfone

 

 

Para los vecinos de un barrio previamente abandonado por el poder público, la llegada de inversión y de mejoras estructurales había sido recibida como una ofrenda. Sin embargo, la mayor parte de las iniciativas fueron de carácter privado, prevaleciendo intereses económicos particulares, sin considerar cuestiones sociales. Por eso los grupos más críticos comparaban a la gentrificación con el Caballo de Troya, debido a que había comenzado a ingresar cierto capital que iba valorizando el sitio, disfrazado de progreso, rehabilitación y cultura, hasta llegar el momento de la metamorfosis total del lugar, con el consecuente desplazamiento de quienes no pudieron soportar los cambios de los nuevos servicios ni sus costos, además de los casos de desalojo forzado.

 

 

Una calle gentrificada convertida en peatonal

 

 

 

Laurita y Aekaterine en la zona gentrificada

 

 

Había sido así cómo de barrios caracterizados por protestas activistas de los movimientos de resistencia, se habían convertido en áreas tanto residenciales como comerciales de clase media intelectual o artística.

 

 

Con Aekaterine junto a una muestra de arte urbano

 

 

 

Callecita en el área de gentrificación

 

 

Más adelante llegamos a las zonas donde aún se podían ver los edificios neoclásicos abandonados o bien ocupados por poblaciones marginadas y despreciadas por gran parte de los atenienses. Me estoy refiriendo tanto a los refugiados, diversidad de inmigrantes, anarquistas, activistas de izquierda, como a artistas que pretendían llevar adelante una vida alejada del consumo y las normas aceptadas por la mayor parte de la sociedad. Y una forma de expresarse eran justamente los graffiti, las pinturas y carteles de protesta reproducidos en todas las paredes, lo que reflejaba una verdadera cultura “under”.

 

 

Antiguas viviendas de un barrio ateniense

 

 

 

Área de viviendas precarias habitadas por inmigrantes

 

 

 

Con Aekaterine junto a los graffiti

 

 

 

Detalle de los carteles de protesta

 

 

 

Con Laurita en un barrio “under”

 

 

Ya llevábamos cerca de dos horas caminando y había llegado el momento de buscar un lugar donde cenar. Para esto también la seguimos a Aekaterine, quien, tras dar varias vueltas, nos indicó un resto-bar donde concurría solamente gente local. Y sentadas alrededor de una pequeña mesa, compartiendo platos típicos de Grecia, en un ambiente de luces tenues con muy buena música, mantuvimos una larga charla sobre diferentes temas.

 

 

Plato típico griego

 

 

Habiendo conocido nuevos lugares con los atinados comentarios y explicaciones de Aekaterine, nos despedimos hasta los próximos días. Ella, quien no tenía límites en cuanto a las caminatas, tomó el metro para regresar a su casa; y nosotras, rendidas de cansancio, un taxi hasta el hotel.

 

 

Ana María Liberali