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Asunto:NoticiasdelCeHu 195/20 - El miedo al cambio y otros temores
Fecha:Domingo, 2 de Agosto, 2020  23:56:41 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 195/20

 

 

El miedo al cambio y otros temores

 

“Los grandes cambios viene acompañados de una fuerte sacudida. No es el fin del mundo es el inicio de uno nuevo” Anónimo.

 

Alfredo César Dachary

 

Como dijera alguna vez el crítico y teórico estadunidense Fredric Jameson, hoy parece “más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, y había caído el muro de Berlín a lo que se sumó la implosión de la URSS, Estados Unidos estaba en la mejor posición para consolidar su hegemonía, pero no ha sido así, ¿qué pasó?

Los que ven difícil un cambio de sistema desconocen que el proto-capitalismo duró casi cuatro siglos antes de emerger el capitalismo. También hay que recordar que los años de gloria de Estados Unidos, 1950 - 70, luego empezaron las grandes crisis y las soluciones cuyo costo parte del combustible que alimenta la hoguera de la rebelión contra el sistema desde diferentes ángulos: racismo, luchas de género, pobres, homosexuales, lesbianas y muchos otros grupos que viven en una sociedad injusta para ellos que son discriminados.

La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa.

Esta frase parecía ser escrita en el 2020, ya que nos toca vivir una rémora de la guerra fría que estalló por parte de Estados Unidos contra la ex - URSS (1947-1991), en la etapa donde Estados Unidos era el país central hegemónico del capitalismo.

Hoy la situación es muy diferente, ya no se pueden ocultar las violaciones sistemáticas a la libertad y los derechos humanos por la policía, no se respeta el orden internacional que Estados Unidos impuso, se desconoce a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), al Tribunal Internacional de la Haya, por no justificar los crímenes de guerra efectuados por sus ejércitos, se quiere imponer un nuevo director en el Fondo Monetario Internacional (FMI), pasándose los acuerdos y reglas existentes y además plantea dudas sobre la legitimidad de las próximas elecciones en el propio Estados Unidos.

 Este país tiene la deuda externa más elevada del planeta, derivada de una política de guerra que sacrifica los servicios sociales como hoy en la pandemia, las hipotecas impagables y los millones de norteamericanos que viven de vales de comida, todos hechos que contrastan con una potencia hegemónica.

Washington destinó a gasto militar en el año 2019 más de lo que gastaron juntos en defensa los once países que le siguen, de acuerdo con el estudio de Global Fire Power, el ejército de Estados Unidos recibe una inversión anual de 750,000 millones de dólares, la mayor de todo el mundo, contabilizando 1,4 millones de efectivos desplegados a través de 587 bases militares en 42 países del mundo.

Este inmenso gasto y despliegue militar le permite a la todavía primera potencia del mundo contribuir de forma determinante a la estabilidad política de los gobiernos afectos o coaccionar a los que le son hostiles. La estrategia estadounidense ha consistido básicamente en vincular las grandes transacciones comerciales a su divisa para así condicionar los grandes mercados mundiales, como el petrolero, a la política monetaria de expansión de dinero fíat llevada a cabo por la Reserva Federal. Éste es en la práctica, el respaldo que durante las últimas cinco décadas haya podido asumir fácilmente sus cada vez más voluminosos déficits comerciales, basados mayoritariamente en la explotación, extracción y refinación del petróleo.

La progresiva dolarización del comercio internacional tras la Segunda Guerra Mundial ha permitido a Estados Unidos disponer de una demanda cautiva del dólar a nivel internacional, privilegio monetario que no dispone ninguna otra potencia, aunque el dólar sin respaldo y con emisión cada vez mayor del mismo, es una moneda cada vez más difícil de sostener en un mundo en el que se caen cada día los diferentes mitos.

Pero la política exterior agresiva de Estados Unidos ha impulsado a que Rusia y China y también Europa tomen rápidamente medidas para desarrollar mecanismos alternativos para pagos y liquidaciones internacionales y así el oro superó los 1,900 dólares por onza en julio 2020 y en el año acumula una ganancia del 25 por ciento. 

El aumento del precio del oro desde enero no es una tendencia aislada, la evolución de la cotización en los últimos 20 años es sorprendente, ya que la onza de oro tenía un valor de 300 dólares a inicios del 2000; o sea, subió más de 6 veces en 20 años.

Hay otros argumentos que plantean que los movimientos de precios de este metal se adelantan a cambios estructurales de la economía global. Se trata de transformaciones profundas que implican el reemplazo del dólar como la moneda global.

Harold James, investigador de Princeton, escribió en medio de la pandemia en el mes de julio algunas ideas para pensar el final del dólar como moneda hegemónica y en su artículo en Project Syndicate plantea en forma intuitiva los factores que aceleran la caída de la divisa norteamericana. 

El investigador señala que el largo reinado del dólar en el sistema financiero internacional dependía de que Estados Unidos permaneciera económicamente estable, financieramente creíble y culturalmente abierto y ahora que los problemas del sistema quedaron al descubierto, el resto del mundo comienza a cuestionar su competencia básica.

Lo que está acelerando la pérdida de centralidad del dólar es, entre otros, la agresiva agenda internacional de Donad Trump, con sanciones financieras contra Irán, Rusia y las empresas chinas lo que ha resultado contraproducente, ya que ha llevado a Europa a tomar rápidamente medidas para desarrollar mecanismos alternativos para pagos y liquidaciones internacionales.

Otro factor que se vincula con los cambios de la tecnología, como los sistemas de pagos digitales no estatales que están experimentando un rápido desarrollo en lugares donde existe un Estado débil, que genera desconfianza o carece de credibilidad, y ésta es una tendencia que se potencia por efecto de la pandemia.

Hoy, la centralidad de larga data del dólar reflejó la demanda global de un activo líquido y confiable, pero esta condición desaparece en la medida que surgen activos alternativos seguros con las innovaciones de la tecnología en pagos digitales, los que pueden estar respaldados por proveedores no estatales.

La profesora de la Universidad de Princeton, Keeanga-Yamahtta Taylor, plantea que, en la mayor revuelta nacional desde la década de 1960, los manifestantes han paralizado ciudades por todo Estados Unidos durante el fin de semana posterior al asesinato de George Floyd, un hombre afroamericano en Minneapolis, a manos de la policía, y esto no es solo la repetición de hechos pasados, son las consecuencias de los fracasos de este gobierno y del sistema político para resolver esta crisis.

La indignación por la muerte de Floyd se produce después de las protestas que llevaron al arresto de dos hombres blancos por la muerte a tiros en febrero de Ahmaud Arbery, un hombre negro que hacía footing en Georgia, y que posteriormente llevaron al arresto de un tercer hombre, y después de que, en el mes de marzo, la policía de Louisville matara a tiros a Breonna Taylor en su casa, caso que actualmente está en manos del FBI.

En su célebre libro Los cinco estadios del colapso, de hace siete años, el pensador ruso-estadounidense Dmitry Orlov sustenta que las sociedades han ido más allá del punto de la sustentabilidad por lo que se mueven en un conjunto secuencial de cinco estadios de colapso: El Financiero, El Comercial, el Político, El Social y el Cultural.

En un reciente escrito analiza la implosión de Estados Unidos y comenta que sus cinco estadios se aplican, pero en reversa: viniendo en primer lugar su desmoronamiento cultural, seguido por su dislocación social, su disfuncionalidad política, su declive comercial y su espejismo financiero.

La crisis del coronavirus, que mostró las graves carencias del sistema de salud en Estados Unidos, es otro ejemplo de pérdida de control de la sociedad y rebelión de ésta ante la inoperancia del Estado guiado por una negación fascista alentado por los evangelistas extremos.

Otro drama de corto plazo a este país tan castigado por la pandemia y el desempleo lo dan las hipotecas, ya que 20 millones de estadounidenses están en riesgo de ser desahuciados en septiembre, cuando finalizará la moratoria a los desalojos establecida por el gobierno de Donald Trump cuando empezó la pandemia en el país.

El 32% de los hogares de Estados Unidos no pudieron hacer frente al pago del alquiler o de la hipoteca en julio debido a la crisis económica desatada por el coronavirus, que tiene al país norteamericano con más de 40 millones de personas en el paro.

Según  la web Apartment List, el 13% de los hogares sólo pudieron pagar una parte del alquiler o hipoteca mientras que el 19%, prácticamente uno de cada cinco, no pudieron realizar ningún pago en absoluto.

El tema del cambio va más allá de Estados Unidos, ya que éste es la continuidad de la modernización - colonización que se impuso en el siglo XV, con los descubrimientos. De allí que el cambio es algo más profundo que la hegemonía, es una diferente perspectiva cultural, filosófica, científica y ética de dos mundos muy diferentes como lo hemos visto en la pandemia, de allí que el miedo sea mayor al de otro cambio de sistema, desde una perspectiva totalizadora y global.

 

 

cesaralfredo552@gmail.com