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Asunto:NoticiasdelCeHu 182/20 - La economía: ¿el enfermo sin cura?
Fecha:Lunes, 13 de Julio, 2020  01:00:12 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 182/20

 

 

La economía: ¿el enfermo sin cura?

 

“En todas las actividades es saludable de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas, que por mucho tiempo se han dado como seguras”  Bertrand Russell.

                                                        

Alfredo César Dachary

 

La crisis que ha generado la pandemia es la consecuencia de dos crisis mayores y más profundas: la que tiene que ver con la salud del planeta y se plantea como el cambio climático global y la crisis social creada por un sistema profundamente injusto que ha generado la mayor asimetría conocida.

Hablar que luego de la pandemia viene la crisis es desconocer el motivo de ésta, que antecede a la propia pandemia, que encuentra parte de su origen en la gran pérdida de biodiversidad ante la insaciable voracidad de los grandes grupos del poder de tierras para deforestar y luego sembrar masivamente o yacimientos para explotar a costos cada vez mayores, entre los más evidentes.

La respuesta a la pandemia por parte del Estado, principalmente en los países de mayor “desarrollo”, van desde la irresponsabilidad total: Trump, Bolsonaro y Johnson, a modelos intermedios mayoritarios, hasta llegar a los que no han tenido un impacto profundo en la sociedad, son la minoría, países pequeños y la mayoría pobres.

El coronavirus reina sobre los restos de una sociedad que ha sido “desmantelada” en sus servicios básicos con el agravante que la gran mayoría de la población no tenga acceso a ellos, por eso la cuarentena es una utopía para los pobres, sin agua, cuartos pequeños, conviviendo con niños con hambre y carencia de ingresos; allí está el centro de la tragedia actual del coronavirus.

Una sociedad empobrecida, alienada por el consumo y carente de apoyos públicos muestra la verdadera cara de la pandemia, que al comienzo se da en países desarrollados y fue llevado por los turistas o viajeros en general; ahora, el contagio es por el hacinamiento en cuartos, por el viaje a buscar trabajo en autobuses repletos de gente; es el contagio de los marginales, los que no tienen otra opción: trabajar o sucumbir de hambre.

Vivo en una región turística y veo a los empresarios medios luchando por sobrevivir, ¡qué valor!, y atrás de ellos está la otra parte del drama, los empleados que tiene obligaciones diarias, ambos son los dos extremos de difícil y trágica situación, por ello la crisis aumentará la tragedia que se está viviendo, porque la pobreza hoy es estructural.

El urbanista y sociólogo Mike Davis plantea esta trágica disyuntiva: salir y contagiarse o no tener para alimentos, y entiende por qué la gente está desesperada por recuperar su trabajo y lo que puede de su anterior vida, sin embargo, esta apertura rápida que se le quiere dar en Estados Unidos, que ya está todo fuera de control, tendrá como resultado una tragedia indescriptible para millones de personas.

Que la pandemia es de clases, no cabe duda, aunque aparentemente se socializa, y un ejemplo que da Davis es el asalto asimétrico del virus a las comunidades negras puede contribuir a explicar por qué el público subestimó tanto la crisis, pero una nueva encuesta del Washington Post-Ipsos reveló que casi uno de cada tres estadounidenses negros conoce a alguien que murió de COVID-19, comparado con sólo el 9% de los estadounidenses blancos (datos de fines de abril 2020, ahora serán más).

Y su análisis va más allá al afirmar que en el quinto mes de la pandemia, millones de familias trabajadoras sienten que han sido secuestradas y enviadas al infierno ya que, según fuentes oficiales, el desempleo se acerca al 30% o más, y otros 20 millones de personas caerán inevitablemente por debajo del umbral de pobreza.

Una encuesta reciente del Centro de investigaciones Pew reveló que el 60% de los latinos declaran haber perdido su empleo o su salario, al igual que más de la mitad de los trabajadores menores de 30 años y además del trabajo, millones de personas perderán todo aquello por lo que han trabajado toda su vida: sus casas, sus pensiones, su cobertura médica y sus cuentas de ahorro.

Si a esto le sumamos los muertos en las familias, la tragedia es total y va más allá de la pandemia; es la crisis de una sociedad polarizada, que la pandemia sacó a la luz, no para mostrar como un éxito sino para repensar en lo que viene, se profundiza o se transforma, un dilema que no siempre es real.

Enviar a millones de personas a trabajar sin protección ni análisis sería, para miles de ellas, una sentencia de muerte, ya que treinta y cuatro millones de trabajadores tienen más de 55 años de edad; diez millones de ellos tienen más de 65 años y si a eso se le suma que millones de éstos sufren de diabetes, problemas respiratorios crónicos, etc. y muchos millones más tienen más de 75 años.

Los trabajadores de los depósitos de mercaderías, supermercados y comida rápida no tienen ninguna garantía de recibir máscaras, a menos que lo exija la ley, pero si esto es una guerra, el rechazo de Trump a utilizar las leyes existentes para conseguir que el Estado federal organice la fabricación de máscaras y respiradores es un crimen de guerra, un error que ya le está costando la potencial reelección que meses atrás la tenía asegurada.

Pero el drama y la falta mínima de ética o humanismo sigue su curso en medio del descalabro de una pandemia de control en el otrora poderoso rey del mundo. Hoy en un acto de cinismo, que se le proponga a la gente hacerse análisis de sangre para un certificado de regreso al trabajo si sus anticuerpos son buenos, y por ello el gobierno autorizó a más de cien compañías diferentes a vender kits serológicos que no habían sido probados en humanos y que no tenían el certificado de la Food and Drug Administration (FDA).

Se entiende que los resultados han sido un desastre y resulta imposible interpretarlos, ya que demoran semanas antes de que los funcionarios de salud pública tengan diagnósticos fiables que puedan ser utilizados. Cuando los tengan, todavía llevará meses hacer pruebas a los empleados/as y probablemente, no haya una cantidad suficiente con presencia de anticuerpos para que las empresas cerradas puedan volver a funcionar con seguridad.

En el primer mes del año actual se dan tres hechos que terminarán siendo muy relevantes para entender la anarquía que vino y, en minutos, la solidaridad internacional desapareció, volviendo a los antiguos y obsoletos nacionalismos.

El primer ejemplo de esta regresión en las relaciones internacionales, que podría considerarse como una muestra del proceso de desglobalización, se da en la distribución y manejo de equipo, ya que, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) había distribuido rápidamente cientos de miles de equipos de prueba diseñados por científicos alemanes, el organismo internacional se vio rápidamente marginado, ya que cada nación cerró sus puertas, ignorando sus anteriores compromisos de ayuda mutua.

El caso de los tres países del este asiático, que contaban planeación, buenos arsenales médicos y sistemas de salud con financiamiento único eran: Corea del Sur, Singapur y Taiwán que lograron contener la epidemia con una mortalidad mínima y períodos moderados de distanciamiento social.

En el caso de China, después de los desastres iniciales que permitieron que el virus lograse salir con los turistas y viajeros, lo que forzó al cierre de Wuhan, y el país se movilizó a una escala sin precedentes para sofocar rápidamente todos los brotes de Covid-19 en las afueras de Wuhan, lográndolo en un mes.

Por último, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) decidieron crear su propio kit de diagnóstico en lugar de utilizar el distribuido por la OMS. El Covid-19 contaminó las líneas de producción del CDC y los kits de prueba resultaron inutilizables, ¿otro error?

La administración Trump había sido advertida regularmente y en repetidas ocasiones de su obligación legal de reponer estas existencias ante una potencial pandemia, hay que recordar que tres meses antes se realizó un ensayo de la misma en un centro de investigaciones de Estados Unidos, pero las prioridades de Trump eran otras, lo que ya se había visto con la reducción del presupuesto del CDC y la liquidación del Obama Care.

Un hecho más que emblemático del incumplimiento absoluto del deber de protección de la administración Trump fue que el mismo día en que el Presidente encomiaba la «incomparable superioridad científica y tecnológica» de Estados Unidos, el New York Times dedicaba una página a instrucciones sobre cómo coser una máscara en casa.

 

cesaralfredo552@gmail.com