Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 18676 al 18695 
AsuntoAutor
175/20 - LA ECONOM Noticias
176/20 - VIAJANDO: Noticias
177/20 - Presentan Noticias
178/20 - El Antrop Noticias
179/20 - VIAJANDO: Noticias
180/20 - CRISE SAN Noticias
181/20 - VIAJANDO: Noticias
182/20 - La econom Noticias
183/20 - Socializa Noticias
184/20 - VIAJANDO: Noticias
185/20 - LA GEOPOL Noticias
=?iso-8859-9?Q?186 Noticias
187/20 - Webinar A Noticias
188/20 - VIAJANDO: Noticias
189/20 - Pandemia: Noticias
190/20 - VIAJANDO: Noticias
Re: NoticiasdelCeH Pablo Si
Re: NoticiasdelCeH ana mari
191/20 - Sobre los Noticias
192/20 - Asoma una Noticias
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 19016     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 178/20 - El Antropocentrismo y sus perspectivas
Fecha:Domingo, 5 de Julio, 2020  17:53:18 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 178/20

 

El Antropocentrismo y sus perspectivas

 

“A ningún hombre debe obligársele a hacer el trabajo que puede hacer una máquina” Henry Ford.

 

Alfredo César Dachary

 

         Hace un siglo, Henry Ford, que fue mucho más que un gran industrial, se adelantó al siglo XXI con la famosa frase de no obligar al hombre a hacer lo que puede hacer una máquina. Esto fue posible, más allá de su genialidad porque este inventor sabía ya que la técnica terminaba dominando y creando una cultura propia, y dio el primer paso con el “Fordismo”, modelo de producción, sociedad y cultura que duró más de medio siglo.

         Hacemos referencia a Ford, porque hoy en día hay dos caminos posibles en este pobre planeta sobre explotado y ultra transformado, desde sus especies a su territorio y todo ello en medio de una pandemia donde se dice que el problema mayor será la pérdida masiva de empleo y el auge de la pobreza. 

Uno es un camino, medianamente corto, rumbo a una economía donde el hombre pierde papel en el trabajo, en la organización y distribución de los productos, algo que crece a ritmo acelerado; el segundo camino es una combinación de tecnología y trabajo humano, porque debe ser un nuevo modelo menos expansionista y más humano, como la economía circular, la azul y la colaborativa, entre otros modelos existentes. El primero va rumbo a lo que se denomina industria de la vida, el otro plantea una visión humanista y menos dependiente de la tecnología.

Ésta es una verdad a medias, ya que desde el comienzo del siglo XXI se acelera la reducción de empleos que son reemplazados por tecnología, haciendo de éste, un complemento del proceso de ruptura de los contratos laborales y el inicio del empleo precario.

La precarización que existe a fines del XX, se acelera a comienzo del siglo XXI y mucho más cuando se decreta la pandemia y con el inicio de la cuarentena ésta se acelera ante la reducción drástica del mercado.

Pero lo que trabajaremos es la tendencia en el proceso de pérdida de empleo y algunos casos que consideramos de importancia, como los niños y la nueva educación y los jóvenes y la nueva universidad.

En los primeros tres meses desde el decreto de la pandemia se perdieron según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) un total de 195 millones de empleos, lo cual anticipa una crisis, la más severa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La agencia de la Organización de Naciones Unidas (ONU) advierte que cuatro de cada cinco trabajadores a nivel mundial sufren las consecuencias directas e indirectas del confinamiento, que el Estado se ha visto obligado a imponer ante el rápido desarrollo de la pandemia y la falta de una vacuna contra el virus.

Estos procesos de confinamiento y paro de la máquina mundial del capitalismo afectaron actualmente a 2,700 millones de trabajadores, que son el 81% de la fuerza laboral de la tierra, algo que aflige a las economías más desarrolladas y las menos también.

En el caso de Latinoamérica y el Caribe se pierden 14 millones de puestos de trabajo y en Centroamérica 3 millones. En Latinoamérica, el 44% de los trabajadores lo hacen en sectores considerados de alto riesgo, siendo la media mundial del 38%.

A la clásica desigualdad de ingresos se suma una más moderna, la división entre quienes perciben ingresos fijos y aquellos que no, dos fisuras que pueden converger pero que no son necesariamente iguales: es probable que en estos meses de cuarentena la esté pasando mejor un mecánico industrial, incluso si ha sido suspendido, que un arquitecto free-lance registrado como profesional.

La falta de acceso al home banking, por ejemplo, determina que millones de personas se vean obligadas a hacer largas colas frente a los bancos para hacerse de efectivo, lo que redunda en una pérdida de tiempo, pero también más dramáticamente, en una mayor exposición al contagio. El mismo riesgo, por otra parte, que enfrentan los que se encuentran del lado peligroso de la otra frontera ardiente establecida por la pandemia: aquella que separa a las ocupaciones que implican exponer el cuerpo y que son desde un neurocirujano a una cajera de supermercado, los que tienen un trato más alejado como un policía de tránsito a un camionero.

La pandemia nos enseñó que la soberanía no pasa solo por la capacidad para resguardar las fronteras territoriales sino también por la disposición de una industria nacional que garantice cierta autosuficiencia y el ejemplo en esta crisis fue Estados Unidos que importa dos tercios de los principios activos a partir de los cuales produce sus medicamentos de empresas chinas, es decir, de empresas sobre las cuales el Estado de su principal rival estratégico ejerce algún tipo de control.

Este evento demostró que una industria nacional potente, en base a un complejo de ciencia y tecnología dinámico, es una herramienta de soberanía más relevante que los instrumentos de guerra, lo que obliga a revisar viejas ideas que las economías abiertas y globalizadas seguramente sentirán el shock de la crisis en mayor medida que aquellas más protegidas y de mercado interno.

El nuevo esquema de ganadores y perdedores de la economía global es el de las apps de reuniones como Zoom, que pasó de 10 a 330 millones de suscriptores en un mes y elevó su cotización en bolsa a 48,000 millones de dólares, la fractura se reproduce al interior del mundo digital: mientras que Netflix incorporó 16 millones de nuevos suscriptores en dos meses, Airbnb despidió a la mitad de su personal y admitió que este año sus ingresos serán la mitad que los del año pasado.

La pandemia creó nuevas fronteras en Europa, entre los países que lograron contener el virus y aquellos que no y en términos generales los países del Norte europeo salieron mejor parados; la fractura no sigue exactamente la línea Norte-rico y Sur-pobre.

Pero también hay excepciones, ya que Grecia, por ejemplo, tiene 10 muertos por millón de habitantes y Gran Bretaña 480. Algo similar sucede en América Latina, donde países como Chile, Ecuador, Perú y sobre todo Brasil atraviesan situaciones dramáticas, que contrastan con el éxito relativo de Argentina, Venezuela, Colombia Paraguay, Uruguay y Cuba; esta última la mejor calificada a nivel mundial.

Hay nuevas divisiones entre zonas en las que el virus circula libremente y otras más seguras. Letonia, Estonia y Lituania anunciaron la creación de un área Báltica de libre tránsito, y lo mismo negocian Israel y Grecia, Australia y Nueva Zelanda, y China y Corea del Sur: burbujas o corredores de turismo y negocios, mini-acuerdos transitorios que permitan rehabilitar la circulación de personas, quizás exigiendo un test al estilo “libre de aftosa”, 48 horas antes de viajar.

La experiencia extrema del coronavirus es inesperada y total, el virus constituye un shock externo cuya potencia disruptiva es su capacidad para crear un mundo nuevo.

Como un virus, actúa como el terrorismo porque también muta, de Al Qaeda al Estado Islámico, por ello ha logrado alterar la vida cotidiana de zonas enteras del planeta que se han acostumbrado a convivir con él y como consecuencia directa, buena parte de la tecnología de ciber-vigilancia (cámaras de seguridad, reconocimiento facial), intrusión a la privacidad y seguimiento (controles en aeropuertos, geolocalización) fueron creados para prevenir eventuales ataques terroristas. Lo que hoy se usa como barrera para detectar y seguir a contagiados con el COVID-19, es tecnología generada años atrás, con el auge del terrorismo.

La “nueva normalidad” es el término de moda para definir el mundo que viene y según Pablo Touzon, si alguna ventaja tiene la situación que estamos viviendo es que nos sacó de una normalidad que dábamos por hecha, que llegamos a considerar como una segunda piel, un hecho antropológico inevitable, y nos puso frente a los límites del modelo de desarrollo en el que vivimos.

Al trastocar profundamente nuestra cotidianidad, el virus nos sacó de nuestra triste realidad y nos permitió ver nuestra normalidad desde afuera con otra perspectiva distinta, quizás esto no sea suficiente para un cambio profundo, pero son los primeros pasos para buscar recuperar derechos y valores hoy desmantelados por el neoliberalismo.

El miedo al contagio es el reflejo del temor a la muerte, por ello aceptamos como “excepcionales” medidas que antes nos hubieran parecido inconcebibles: permitir la muerte en soledad de los mayores, sin velatorios, o cortar la libertad de movilidad de sus habitantes de zonas pobres “acordonamiento por la fuerza pública” para evitar que salgan y generen más contagios.

Así el problema del trabajo, eje de la sociedad actual para la gran mayoría que pretende sobrevivir, no es un tema derivado del coronavirus sino un problema que viene de antes y que el coronavirus potencializó, más por el gran paro de actividades por dos o tres meses.

Pero lo que está en juego es algo más fuerte, es ver si sigue el proceso de pérdida de empleos camino a reducir al mínimo la presencia de los humanos o entramos en el modelo que pueda combinar la tecnología con el humanismo para hacer de esta sociedad, hoy asimétrica y enfrentada, a una nueva solidaria y equilibrada, posiblemente sea una utopía, pero sin sueños no se puede vivir.

El reto es enorme porque el modelo pretende potencializarse reduciendo la dependencia humana, que sería la forma que asumiría el post-capitalismo en su versión de modelo dominante.

 

cesaralfredo552@gmail.com