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Asunto:NoticiasdelCeHu 147/20 - Los cruceros: la otra cara de la pandemia
Fecha:Domingo, 21 de Junio, 2020  15:01:15 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 147/20

 

Los cruceros: la otra cara de la pandemia

 

         “No es oro todo lo que reluce” Adagio popular.

 

Alfredo César Dachary

 

Cuando comenzó el auge de los cruceros en Cozumel, la lucha por hacer mayor número de muelles primero, luego transformarlos en verdaderas zonas comerciales y todo lo que viene atrás, desde paralizar la ciudad por una sobrecarga de personas a obligar a los locales a amurallarse en sus casas, abastecerse antes de la llegada masiva de cruceros, me quedaban muchas preguntas sin responder.

Para ello, pregunté a mis amigos, que eran el núcleo duro de la política priista en esa época, los principales comerciales, hoteleros y, en general, los más poderosos de esa bella isla, y las respuestas que recibí me permitieron ver el “gran negocio de los cruceros”, al menos para algunos.

Sin embargo, me faltaban otras preguntas para cerrar el círculo y un día, caminado por el muelle, vi algo que me llamo atención, unos autobuses que luego de haber bajado los turistas, comenzaban a llenarse con otras personas; pregunté y era la tripulación de bajo nivel, que no tenían ni visa del país empleador, aunque éste lo niegue, que era Estados Unidos, ya que un barco es un verdadero engendro pirata, bandera de conveniencia, por un lado, que no era norteamericana, y podía ser de Belice, Panamá, Liberia u otro. La empresa contratante tenía su sede en un país diferente al gran emisor Miami para el Caribe o California para el Pacífico, por ello los empleados, difícilmente tendrían a quien quejarse, lo cual veré luego.

Los “no turistas” eran llevados a un verdadero “no lugar”, o sea, una isla dentro de la isla, aislada y protegida por seguridad, donde éstos podían gastar su dinero en todos los vicios y deseos sin excepción, ¿un negocio de un reconocido político local?, para otros, de otro poderoso, pero del centro del país, nunca se supo bien el origen de esa “isla de la felicidad”.

Lo real es que el turismo es como una mina, en la parte alta están los jefes y expertos, en el centro la burocracia más elevada y abajo los empleados de los países pobres, que llegan como la última salida; así también se distribuyen los turistas: los que pagan bien tiene cabinas con balcón al mar, lejos del ruido del motor, y de allí para abajo, están los que deben vivir con luz artificial en medio de un mar azul. Allí entendí porque Cozumel tomaba fuerza, además de sus grandes atractivos, y en medio del imponente Caribe mexicano, era un lugar donde podían bajar los que no podían en las posesiones norteamericanas o británicas, francesas u holandesas; los parias que eran un grupo muy importante bajaban a tomar sol en Cozumel en su propia “isla de la fantasía”.

Hoy, en medio de la pandemia, han aparecido una infinidad de artículos que muestran la otra cara del Covid-19, en el llamado mundo de ensueño de los cruceros, algo que hace mucho comprendí que era una gran mentira, trabajando los reportes de violaciones en los cruceros entre empleados, que nunca se pudieron resolver salvo que uno sea de Estados Unidos, entonces el Estado actuaba, pero era la excepción. La indefensión, la sobre explotación y un control casi militarizado eran la otra cara de la magia de los cruceros.

Ante la emergencia de la pandemia, el individualismo dominante en la sociedad vio una salida elegante y perfecta que era tomar un crucero en el comienzo de la expansión del coronavirus, ya que las empresas de cruceros se negaban a suspender los viajes, así la codicia de éstos y la inconciencia de aquellos iban a constituir la tragedia perfecta.

La publicidad era elocuente, y hoy se estarán golpeando el pecho por las consecuencias económicas que tuvieron: … “¿Te asusta el avance del nuevo coronavirus? ¡Viajar en un crucero puede ser bueno para tu salud! ¿Deseas relajarte, olvidar las preocupaciones, mantenerte en forma en cuerpo y alma?  Las vacaciones en crucero ofrecen una amplia variedad de beneficios…  ¿Te inquieta que, una vez a bordo, la seguridad sanitaria no sea muy exigente?”

Y seguían con otros falsos principios como “La seguridad a bordo es la mayor preocupación para las navieras. Desde mantener un ambiente seguro en sus barcos, a controles alimenticios y médicos. Todo está supervisado para evitar riesgos. “¿Temes por tu vida si te contagias y enfermas? Este es el mejor crucero que deberías hacer antes de morir”, y… no se equivocaron, ya que varios turistas murieron en los viajes.

Arnold W. Donald, presidente de Carnival Corp., tuvo la osadía de sostener que “muy pocos barcos” se habían visto afectados por el nuevo coronavirus, y que los viajeros corrían mucho menos peligro en un crucero que en cualquier otro lugar. “Porque tenemos estándares realmente altos para hacer frente a cualquier tipo de riesgo para la salud”.

Esto quedó demostrado que era todo lo contrario y que anteriormente el profesor Don Milton, epidemiólogo de la Universidad de Maryland sostuvo que, a bordo de un crucero, los pasajeros son más vulnerables a las enfermedades infecciosas porque, además de la convivencia en espacios estrechos y cerrados, está el problema del aire recirculado por el sistema de ventilación, y eso favorece la propagación del virus.

El fatídico 11 de marzo, cuando el coronavirus fue oficialmente declarada ‘pandemia’ por la Organización Mundial de la Salud (OMS), las empresas de cruceros tenían en operación unos trescientos navíos, y en ellos se hallaban viajando no menos de 550,000 pasajeros.

El turismo de cruceros es uno de los segmentos del turismo internacional que mayor crecimiento está teniendo, pasando de 9,3 millones de pasajeros en el año 2003 a casi 30 millones en 2018. De este total, 10,1 millones de cruceristas llegaron a las costas españolas batiendo todos los récords.

La organización ecologista ha recordado los enormes impactos de este tipo de turismo relacionados con la contaminación y la masificación de las ciudades, pero también sobre los ecosistemas marinos y la alteración de la dinámica litoral por la construcción de terminales. Las autoridades canadienses, el 2 de marzo ya habían advertido oficialmente a sus ciudadanos, mediante la Agencia de Salud Pública de Canadá, que evitaran todos los viajes en crucero. Entre los primeros cruceros afectados por la pandemia estaba el Diamond Princess, frente a las costas de Japón, más de setecientos infectados a bordo y más de una decena de muertos.

En la tragedia vivida por la pandemia en los cruceros se acentuó la diferencia de trato entre el huésped, o sea, el cliente y el trabajador, es decir, los tripulantes que fueron una vez más maltratados, ya que las empresas se esforzaron en cierta medida en proteger a los pasajeros que representa uno de los segmentos más rentables de la industria mundial del turismo.

Cada año, un total de más de 272 cruceros recorren los mares del planeta llevando en sus camarotes a unos treinta millones de turistas, y varios miles de trabajadores que operan estos modernos hoteles flotantes, mega negocio que representa una cifra global de negocios de más de 150 mil millones de dólares.

Esto debido a que las empresas no tienen la misma consideración hacia los tripulantes, nos referimos al servicio de mantenimiento técnico, de limpieza, de asistencia al pasajero, camareros de cabina, camareros de restaurante, bármanes, fotógrafos, mecánicos, electricistas, informáticos, equipos de animación, músicos, cantantes, bailarines, masajistas, médicos, enfermeros; esos son los pobres de la isla mágica.

Esta actitud se trasladó al escenario de la pandemia, como lo plantea un trabajador del Costa Favolosa, que en Facebook denunció que en el crucero no permitían a los empleados usar mascarillas y que el barco estaba operando normalmente a pesar de que entre el diez y el veinte por ciento de los empleados del restaurante tenían ‘síntomas gripales’ y pese a eso se trabajó sin una norma de distanciamiento social.

Como consecuencia de esta forma de trabajar en medio del brote del coronavirus, se dio que cincuenta y ocho personas a bordo del Costa Favolosa se infectaron, e incluso algunos de éstos murieron en el barco y en el hospital en Miami. El resultado fue que, a finales de ese mes de abril, un millar de tripulantes se habían infectado en decenas de naves, y por lo menos once habían muerto de Covid-19.

A los trabajadores, las compañías no les entregaron mascarillas ni guantes, ni les permitieron respetar los protocolos para mantener distancias de seguridad, y además a los tripulantes nunca fueron examinados por los médicos de los cruceros donde trabajaban, y que cuando se contagiaron tuvieron que pasar la enfermedad confinados en sus cabinas, ya que las camas eran para los huéspedes.

Otros se infectaron, pero de modo asintomático y, sin saberlo, difundieron el coronavirus a su alrededor, ya que a los trabajadores según denunciaron ellos jamás les avisaron que podían haber estado en riesgo y menos el potencial de contagio.

Cuando los barcos consiguieron puertos receptores en Florida, los pasajeros regresaron, solo una parte pudieron regresar a sus hogares, casi siempre en vuelos comerciales, otros se quedaron, sin apoyo de sus gobiernos, junto a miles de tripulantes.

La situación, a principios de abril de 2020, era que había aproximadamente cien cruceros que seguían en el mar, en las costas estadounidenses, sin turistas, pero con casi 80,000 tripulantes a bordo, y a mediados de mayo, aún quedaban más de 60,000 tripulantes en unos noventa cruceros varados en gran parte en aguas de Barbados, formando un enjambre de naves parias, a la espera de noticias de repatriación.

 Muchos de esos trabajadores llevaban más de ochenta días sin tocar tierra… Con los nervios destrozados, y a consecuencia de ello en las dos primeras semanas de mayo, cuatro tripulantes fallecieron por motivos no vinculados al coronavirus en distintos cruceros uno por ‘causas naturales’ desconocidas; tres se suicidaron.

En realidad, la empresa cumplió con su oferta de darles un viaje inolvidable, para los que no llegaron vivos y los enfermos, a los que volvieron totalmente alterados de casi un mes de andar mendigando puertos que los reciban, para los que esperan repatriación y otros más abandonados a su suerte; a todos, el destino les jugo una mala pasada, pero los culpables nunca se harán responsables de la misma.