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Asunto:NoticiasdelCeHu 769/03 - Democracia: ¿cambio o transición?
Fecha:Miercoles, 18 de Junio, 2003  18:27:48 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 769/03
 
MÉXICO

Democracia : ¿cambio o transición?

 

                                                                           Alfredo César Dachary

 

         Hace unas horas concluyó la denominada jornada intermedia, es decir, las elecciones de mitad de sexenio, en las que el presidente de México enfrenta una especie de plebiscito sobre su gestión y a la vez, se comienza a armar el escenario del cambio con miras a la próxima elección presidencial.

         En realidad, el ganador de esta contienda fue uno de los no invitados a la fiesta, el abstencionismo, que logró la tan ansiada mayoría absoluta al obtener un total del 59%, o sea, que cuatro de cada diez personas habilitadas para votar no ejercieron su voto, situación que nos recuerda a las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos.

         ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué ese desencanto, esa falta de interés de la sociedad por resolver, mediante el voto, los grandes problemas que afectan y auguran un futuro no muy alentador para el país?

         Creemos que hay varios hechos que se han sumado en esta difícil coyuntura. El primero y de ellos destaca, una situación que se ha tratado de imponer como paradigma de la sociedad desde el triunfo del presidente Fox y es el  hacernos creer que hemos iniciado la transición.

         Pero la transición es un proceso de cambio que va mas allá de la alternancia de partidos políticos distintos en el ejercicio del poder; se trata de un cambio de modelo, es decir, una nueva estrategia de enfrentar los grandes retos de un país desde una perspectiva distinta. 

         Sin embargo, en México lo único que se puede reconocer fue que hubo un cambio de partidos en el ejercicio del poder, ya que no se dio y los hemos vivido en los últimos tres años una nueva propuesta de modelo, empezando por lo económico, ya que se sigue el esquema de un neoliberalismo que agudiza día a día las asimetrías sociales y a la vez, profunda la dependencia que tiene el país de la economía de Estados Unidos.

         No hay que ser economista para darse cuenta que en el cambio de partidos, lo único que quedó sin alterar fue el eje económico, incluido el anterior Secretario del ramo que venía del sexenio pasado y que fue ratificado, como una manera de mandar un claro mensaje de que nunca se pensó en un cambio de estrategia.

         En realidad, la transición empezó en los 80’s cuando el presidente Miguel de la Madrid realizó el giro del denominado nacionalismo revolucionario hacia el neoliberalismo, que ratificó y amplió Salinas de Gortari y continuaron Zedillo y el actual presidente Fox.

         Por ello es que los grandes problemas nacionales no se han abordado en esta campaña, como lo es la pobreza, la pérdida de los servicios sociales, incluido la salud, la falta de una economía diversificada en mercados externos, la falta de protección a nuestra producción agropecuaria, tal como la realizan los países  líderes del mundo, ya que los mismos no tienen respuestas claras y contundentes a lo que son los costos del modelo.

         El país presenta hoy una larga lista de pendientes que no se limita a la ampliación de la inversión en energía eléctrica como muchos nos han querido hacer creer, ocultando los grandes problemas estructurales del país. 

         El acceso a la educación es una prioridad que se ha descuidado, al extremo que hoy menos del 4% de los niños que ingresan a primaria llegarán a ser profesionistas, la protección de la cultura, de los pueblos testimonios, de la ecología y en general, de la sociedad hoy asolada por bandas de delincuentes de diferentes tipos que ya llegan a afectar hasta a los niños de primaria. Son cuentas pendientes de los grandes partidos nacionales que en el ejercicio del poder poco o nada han hecho al respecto. 

         No bastó para engañar a la sociedad, la mentira estadística que nos pretendió hacer creer el presidente, de que hay menos pobres, cuando hay cada vez más desocupados, más fábricas que cierran, más maquiladoras se van, menos productos que entran al mercado mundial  y más mexicanos que requieren alimentos y trabajo.

         El segundo gran problema es la distorsión que se ha hecho de la política como actividad y de la democracia como sistema. El presidente Fox inauguró la era de los políticos de marketing, aquellos que usando las técnicas de la denominada sociedad del espectáculo intentan imponer un mensaje, una norma o una conducta.

         Más allá de la insensatez, de la  falta de ética que significa pensar que los ciudadanos somos muñecos susceptibles de manipular, como lo hacen en la televisión, está la idea de que la gente corre tras un inmediatismo simplista y no pretende sentar las bases de un país consolidado y pujante  que se deba heredar a las próximas generaciones.

         Este modelo abre la política a una nueva forma de manipulación, ya que la mercadotecnia y los medios de comunicación son costosos medios para mantener o difundir mensajes, y por ello sólo llegan los que gastan más.

 Ello cambia hoy el perfil del futuro político, dando paso a artistas, deportistas, modelos y políticos reciclados, frente a empresarios exitosos, todos con el denominador común de vivir en la sociedad del espectáculo o el mundo irreal, lejos de la pobreza que abarca más del 60% de los mexicanos.

         La falta de políticos va acompañada de la falta de propuestas, ella es reemplazada por la descalificación, por la alteración de las normas del juego limpio, en síntesis, por la capacidad financiera para emerger, brillar y triunfar, y a la vez para eliminar y ocultar al adversario.

         La fiesta de la democracia costó más de 7 mil millones de pesos, cantidad suficiente para palear el hambre en varios municipios marginales, construir cientos de escuelas, comprar toneladas de medicamentos o pagar a los futuros 500 diputados todos sus gastos, expensas y demás comisiones que se deducen de los impuestos que nosotros debemos pagar.

         Una vez derrotado y acorralado en forma definitiva, el actual presidente sin la mínima posibilidad de imponer sus propuestas, vendrá la negociación, no para ayudarlo a gobernar, sino para construir la recepción de un país con menos problemas, para no dificultar el cambio o la alternancia que viene a futuro y que hasta este momentos nos indica, la posibilidad del regreso del partido histórico, quizás arguyendo un viejo adagio que nos dice: “cualquier tiempo pasado es mejor”.

         La democracia es hasta hoy el modelo que la mayoría en el mundo occidental considera que es el más equitativo, pero eso no es regla general aplicable a todos los países y menos en todas las sociedades.

         Las posibilidades de los ciudadanos están limitadas por su participación en la misma, los excluidos económicos son excluidos políticos, porque son potenciales  actores manipulables o comprables, en la medida en que la necesidad es la meta de estos sujetos.

         Por ello la educación es la única que garantiza el libre albedrío, que lleva a los sujetos a una toma de decisiones equilibrada.

         Pero no todos los países ricos han tenido democracias reales, el ejemplo más claro es Estados Unidos, donde más del 50% de los ciudadanos no votan, porque saben que su voto poco vale frente a los famosos lobbies de los diferentes grupos de poder o como se vieron en las últimas elecciones presidenciales, frente a la corrupción incluida la del abuso del poder familiar, algo que se vio en México hace muchas décadas. Y ¿es ese el modelo que pretendemos seguir?

         Los resultados de hace unas horas rompen con otro mito, el que el PRI sólo se nutría del voto verde, campesinos sin educación y sectores pobres o marginales, de fácil manipulación o deudores eternos de los favores del estado, frente a un PAN que se alimentaba del voto urbano con mayores índices de educación.

         La caída del Estado de Nuevo León, la tercera economía del país, luego del Distrito Federal y el Estado de México, gobernada por el PAN en manos de un emblemático empresario, hoy secretario de Estado, entidad dominantemente urbana y con altos niveles de educación, frente al candidato del PRI un político profesional, hace pedazos este mito político.

         De igual manera el Distrito Federal, feudo de un solo partido, el PRD es un llamado de atención a los otros dos grandes partidos sobre el ejercicio del poder y sus resultados, populista primero, aliado de empresarios luego contestatario, creador de utopías, etc, nada reemplaza al contacto directo, al ejercicio honesto del poder  ¿volvemos a la era del carisma?

         Hoy estamos nuevamente en la realidad, un nuevo mapa de México emerge en medio de la geografía de este complejo país. Es un mapa de nuevas posiciones fortalezas y debilidades, es el escenario para el 2006, un enfrentamiento muy esperado y la prueba de fuego para la alternancia, pero el mayor problema no serán las elecciones generales sino las internas, esas luchas de poderes que no tiene viso de democracia, sino son el verdadero último bastión del  autoritarismo.

         Las elecciones fueron transparentes. En ellas participaron sólo cuatro de cada diez mexicanos, fueron sencillas porque votaron 24 millones de los más de cien mexicanos, fueron costosas, porque cada voto fue mayor a un salario mínimo, pero son necesarias para poder apuntalar este nuevo modelo de alternancia, que quizás más adelante sea la base para intentar una transición que nos haga menos dependientes, más fuertes al interior del país, que nos dará una respetabilidad real a nivel internacional, y no aparecer entre los grandes pero con inmensas carencias  y rezagos que todos conocemos. alfredo@pv.udg.mx