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Asunto:NoticiasdelCeHu 102/20 - La pandemia o una historia previsible
Fecha:Lunes, 1 de Junio, 2020  11:57:56 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 102/20

 

La pandemia o una historia previsible

 

“La humanidad debe poner fin a la guerra o la guerra pondrá fin a la humanidad” John F. Kennedy

Alfredo César Dachary

 

La pandemia, ese hecho no deseado que emergió de la nada y se dispersó por el mundo sin miras efectivas de control hasta hoy, es un tema más de los que enfrentan a Estados Unidos y China por la hegemonía mundial y con Rusia, la segunda gran potencia atómica y vanguardia militar.

La primera forma de enfrentamiento es acusar uno al otro de haber creado el virus y luego desplazarlo en el otro país, lo cual es muy difícil de probar y, más aún, de lograr conformar una mayoría que lo apruebe; los países, salvo los satélites como Inglaterra de Estados Unidos, piensan mucho antes de seguir las ideas de un individuo que decirle loco sería un título, es algo peor, un fanático negacionista, o sea, un ignorante que dirige la principal potencia científica, algo muy difícil de creer y mucho menos de aceptar. 

Estudios científicos solventes descartan que el nuevo coronavirus sea un arma biológica de diseño liberada intencionadamente o por accidente. El profesor de la Universidad de Sídney, Edward C. Holmes, el mejor experto mundial del nuevo patógeno, sostiene que el SARS-CoV-2 no es una construcción de laboratorio ni un virus deliberadamente manipulado, pero las afirmaciones científicas como hemos visto en la pandemia pueden ser superadas por las noticias falsas, que logran instalarlas siempre como nuevas verdades.

La mala gestión de los tres grandes políticos representantes del mesianismo capitalista en la política mundial: Trump, Bolsonaro y Johnson, partieron de que no era posible esta pandemia y así fueron sus resultados; los tres están en primer lugar en infectados y muertos a nivel del mundo, algo que de existir justicia global debería citarlos a La Haya a responder por su “mala praxis”, una forma elegante de confundir sus falsas verdades y creencias con la realidad y sus consecuencias.

La eminencia de una pandemia tiene una serie de antecedentes que se han tratado de ocultar, pero comienzan a emerger, como respuesta a la politización de la lucha por la salud a nivel global. Un ejemplo han sido los propios científicos chinos que publicaron en el 2007 un trabajo científico informando del potencial que había en estos virus.

C. C. Cheng, Susanna K. P. Lau, Patrick C. Y. Woo y Kwok Yung Yuen, de la Universidad de Hong Kong, en su artículo científico titulado "Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus as an Agent of Emerging and Reemerging Infection" publicado en  CLINICAL MICROBIOLOGY REVIEWS, en octubre de 2007, señalan: "La presencia de un gran reservorio de virus similares al SARS-CoV en los murciélagos de herradura, junto con la cultura de comer mamíferos exóticos del sur de China, es una bomba de relojería. La posibilidad del resurgimiento del SARS causado por otros nuevos virus de animales no debe ser pasada por alto, por lo tanto, es una necesidad estar preparados".

En el 2008 fue presentado en Estados Unidos por el National Intelligence Council (NIC), un informe titulado Global Trends 2025: A Transformed World, estudios elaborados por unos dos mil quinientos expertos independientes de universidades de unos treinta y cinco países de Europa, China, India, África, América Latina y el mundo árabe-musulmán, que con insólito sentido de anticipación, el documento confidencial anunciaba, para antes de 2025, "la aparición de una enfermedad respiratoria humana nueva, altamente transmisible y virulenta para la cual no existen contramedidas adecuadas, y que se podría convertir en una pandemia global".

Se planteaba con antelación que: “…si surgiera una enfermedad pandémica, probablemente ocurriría en un área marcada por una alta densidad de población y una estrecha asociación entre humanos y animales, como muchas áreas del sur de China y del sudeste de Asia, donde no están reguladas las prácticas de cría de animales silvestres lo cual podría permitir que un virus mute y provoque una enfermedad zoonótica potencialmente pandémica…”

En el informe se preveía el riesgo de una respuesta lenta de las autoridades antes de obtener resultados de laboratorio definitivos que confirmen la existencia de una enfermedad nueva con potencial pandémico, mientras los enfermos empezarían a aparecer en las ciudades del sureste asiático. A pesar de los límites impuestos a los viajes internacionales, los viajeros con leves síntomas o personas asintomáticas podrían transmitir la enfermedad a otros continentes.

La ausencia de una vacuna efectiva y la falta universal de inmunidad convertiría a las poblaciones en vulnerables a la infección y, en el peor de los casos, de decenas a cientos de miles de estadounidenses dentro de los Estados Unidos enfermarían, y las muertes, a escala mundial, se calcularían en millones.

En enero de 2017, el Pentágono elabora un informe destinado al presidente de Estados Unidos Donald Trump que alertó claramente que la amenaza más probable y significativa para los ciudadanos estadounidenses es una nueva enfermedad respiratoria y que, en ese escenario, todos los países industrializados, incluido Estados Unidos, carecerían de respiradores, medicamentos, camas hospitalarias, equipos de protección y mascarillas para afrontar una posible pandemia.

En septiembre de 2019, o sea, la víspera de la aparición del coronavirus, la OMS no dudaba en prevenir que la próxima plaga podía ser apocalíptica, al ratificar que nos enfrentamos a la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80 millones de personas y liquidar casi el 5% de la economía mundial. Una pandemia mundial de esa escala sería una catástrofe y desencadenaría caos, inestabilidad e inseguridad generalizadas. El mundo no está preparado. 

La Fundación Rockefeller ha presentado un Plan de Acción Nacional para el Control del Covid-19, ‎que propone una serie de “pasos pragmáticos para reabrir nuestros centros de trabajo y nuestras ‎comunidades”. ‎

Ese plan, a pesar de su título, no plantea simplemente medidas sanitarias. Varias de las más ‎prestigiosas universidades –como Harvard, Yale y Johns Hopkins– participaron en su elaboración y ‎es el preludio de un verdadero modelo social jerarquizado y militarizado, el ‎‎Consejo de Control de la Pandemia que sería análogo al Consejo de Producción de Guerra que ‎Estados Unidos creó durante la Segunda Guerra Mundial.

En ese Consejo figurarían líderes del mundo de los negocios, del gobierno y del mundo ‎universitario, en ese mismo orden de importancia y poniendo en primera fila no a los ‎representantes del gobierno sino a los representantes del mundo de las finanzas y de la economía. ‎

Ese Consejo supremo tendría el poder de decidir qué se produce y qué servicios se prestan, ‎gozando de una autoridad similar a la que se confiere en tiempo de guerra al presidente de ‎Estados Unidos en la actual Ley para la Producción de la Defensa.

El Plan propuesto prevé que ‎deben realizarse test de verificación del Covid-19 a 3 millones de estadounidenses ‎cada semana, pero que la cantidad de estadounidenses verificados semanalmente debe elevarse a ‎‎30 millones en 6 meses. El objetivo sería alcanzar en un año la capacidad necesaria para realizar ‎ese test de verificación a 30 millones de personas al día. ‎

Según el Plan, cada persona sometida al test recibiría un reembolso adecuado a un precio de ‎mercado de 100 dólares, lo cual significa que se invertirían, en dinero proveniente de los ‎fondos públicos, miles de millones de dólares cada mes. ‎

El Consejo de Control de la Pandemia estaría además autorizado a crear un Cuerpo ‎de Respuesta a la Pandemia, o sea, una fuerza especial que no por casualidad el Plan ‎denomina Cuerpo, como el Cuerpo de Marines, y contará de 100,000 a 300,000 miembros reclutados entre los miembros de los ‎actuales Cuerpos de Paz y los AmeriCorps, creados por el gobierno de ‎Estados Unidos para, oficialmente, “ayudar a los países en vías de desarrollo”, así como entre ‎los militares de la Guardia Nacional. ‎

Los miembros del Cuerpo de Respuesta a la Pandemia recibirían un salario promedio bruto de ‎‎40,000 dólares anuales, para lo cual se prevé un gasto público de 4,000 a 12,000 millones de ‎dólares. El Cuerpo de Respuesta a la Pandemia tendría como principal tarea garantizar el ‎control de la población mediante técnicas de tipo militar, utilizando sistemas de seguimiento e ‎identificación, en los centros de trabajo y de estudios, en los barrios de viviendas, en los locales ‎públicos y durante los desplazamientos de las personas. La Fundación Rockefeller recuerda que ‎Apple, Google y Facebook ya disponen de sistemas que permiten realizar ese tipo de trabajo. ‎

Según el Plan, las informaciones sobre cada individuo, su estado de salud y sus actividades serían ‎confidenciales en la medida de lo posible. Pero se guardarían en una plataforma digital ‎centralizada cuya gestión conjuntamente estaría en manos del Estado federal y de ciertas ‎empresas privadas. ‎

Los datos proporcionados por el Consejo de Control de la Pandemia serían utilizados para ‎decidir periódicamente las zonas que serían sometidas a medidas de confinamiento y por cuánto ‎tiempo. ‎

Esto es, a grandes rasgos, lo que plantea el Plan que la Fundación Rockefeller pretende instaurar ‎en Estados Unidos, así como en otras tierras. Su aplicación, aunque fuese sólo parcial, daría ‎lugar a una concentración del poder económico y político en las manos de élites aún más ‎restringidas que hoy, en detrimento de una creciente mayoría que se vería privada de sus ‎derechos democráticos fundamentales.

Henry Kissinger, un verdadero conocedor de la política mundial ya lo había anticipado al inicio de la pandemia al afirmar que: “La pandemia del coronavirus alterará para siempre el orden mundial”, y éste es un adelanto.

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx