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Asunto:NoticiasdelCeHu 1/20 - EL CAPITALISMO EXTRACTIVO- ACUMULACIÓN POR DESPOS ESIÓN
Fecha:Jueves, 26 de Marzo, 2020  17:31:42 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 1/20

 

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EL CAPITALISMO EXTRACTIVO- ACUMULACIÓN POR DESPOSESIÓN

 

 

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María Edit García

Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Morón, Argentina

 

 

Saskia Sassen, al referirse a las tendencias emergentes de la economía mundial, dice que las finanzas y la exclusión de gran parte de la población mundial de la vida activa, son primordiales en el capitalismo extractivo (Sassen, 2017). La expulsión de poblaciones del lugar donde siempre han vivido, debido a la apropiación de tierras, es una práctica de usurpación privada de riquezas naturales que se dieron en América Latina, África y Asia desde la colonización y conduce a lo que David Harvey considera acumulación por desposesión.[1]

Actualmente la especulación financiera es el soporte de las expropiaciones realizadas por empresas transnacionales agro-alimentarias, y el saqueo de los recursos naturales arraigados en el capitalismo. El capitalismo extractivo se caracteriza por depredar las riquezas de una nación y abandonar luego el país. En la apropiación y comercialización de tierras el accionar se vuelve   dificultoso en lo que respecta a la biodiversidad, y muy conflictivo cuando en esas tierras hay antiguos asentamientos de campesinos y/o indígenas. En el caso de las explotaciones mineras a cielo abierto, muchas pequeñas y medianas poblaciones sufren el deterioro de sus huertas y cultivos por la contaminación del agua con cianuro. En zonas de explotación de shale-oíl[2] por fracking, la contaminación de acuíferos, las explosiones, los derrames de petróleo en superficie, además del deterioro de las actividades económicas de los lugareños, que practican ganadería trashumante, y ven sus campos de pasturas anegados por el petróleo derramado; se producen temblores del suelo por efecto de las explosiones en profundidad, además de enfermedades respiratorias y auditivas por el polvo de las explosiones.

 En los últimos tiempos y como consecuencia de la crisis económica mundial, la recesión de la economía en los países desarrollados de la U.E. y EE.UU., las guerras desatadas en Medio Oriente y África, por el dominio de los yacimientos energéticos, así como la tendencia a la fragmentación, forjan la idea del inicio de la desglobalización y el regreso del Estado- Nación. La socióloga e investigadora estadounidense, Saskia Sassen, no cree en el inicio de la desglobalización y el final del neoliberalismo globalizado; porque considera que el capitalismo extractivo no se da en un mundo aislado y, además, se opone al nacionalismo económico.

Por otra parte, es evidente que desde la década de los 90 del siglo XX los Estados nacionales, por incorporación de la legislación neoliberal promovida por el BM y el Consenso de Washington, asumieron transformaciones en el orden constitucional, en los equilibrios entre los poderes judicial, legislativo, ejecutivo para alinearse a las necesidades de la economía mundial, cediendo parte de la propia soberanía en determinados territorios.

En medio del caos global debido a la crisis económica y al reforzamiento del capitalismo extractivo, se está formando una nueva geografía del poder mundial. En esta nueva geografía del poder se han formado zonas intermedias e interdependientes entre lo global y local. Son espacios de frontera, lugares geoestratégicos que impulsan las decisiones de las instituciones supranacionales, y con ellas las nacionales y locales. Los Estados Nacionales no han desaparecido, se han inhabilitado, delegando soberanía para formar parte de regiones económicas, o bien, acatando las políticas económicas del Centro hegemónico. 

En el ejercicio de la gobernanza mundial son centrales los espacios de frontera. Se pliegan a sus deseos la soberanía nacional, y las reglas definidas internacionalmente a los flujos financieros, los derechos humanos, la defensa del medio ambiente; lo que favorece, además, la formación de una nueva división internacional del trabajo.

El sistema económico occidental ha inducido un cambio de paradigma en los últimos cuarenta años. La desregulación iniciada en la década de 1970 ha permitido que el sistema financiero se haya convertido en uno de los principales centros de actividad redistributiva a través de la especulación, la depredación, el fraude y el robo. Harvey, David (2017) De esta manera, la capacidad de gasto de los individuos o las familias es objeto de atención por parte de las entidades financieras, que apuntan a utilizar la capacidad de gasto para que produzca ingresos y beneficios. Últimamente, la privatización de los servicios sociales, y el crédito al consumo, permite al sistema financiero extraer valor del consumo, del acceso monetario a la adquisición de servicios sociales, pero también de la financiación de las entidades bancarias y países. Ejemplo de este nuevo modelo, es la financiarización del Estado de Bienestar: jubilaciones, pensiones, obras sociales, asistencia médica de emergencia, educación pública, hospitales, en el pasado, prerrogativa del Estado Nacional, ahora son los individuos y las familias los que deben adquirirlos, endeudándose con las entidades financieras.

Sin embargo, los estados nacionales han incrementado su déficit. Para evitar el colapso también recurren a las entidades financieras. Lo cual significa, que gran parte de los ingresos fiscales están destinados a pagar los intereses de la deuda. Estamos, según Sassen ante una forma extrema de capitalismo extractivo. La clase capitalista transnacional está invirtiendo miles de millones de dólares en la rápida digitalización del capitalismo global como salida para el excedente del capital acumulado. Indudablemente las convulsionadas consecuencias sociales, políticas y económicas de la globalización, asistida ahora, por la multiplicación de nuevas tecnologías digitales, la financiarización de la economía, las interdependencias comerciales entre países, grandes empresas transnacionales operando con capacidad para esquivar los controles fiscales soberanos de los Estados, mediante el soborno, son la atroz causa con imprevisibles consecuencias sobre el empleo y el poder económico.

Las migraciones, como resultado de territorios saqueados y devastados por las  guerras, disrupciones económicas, militares, ecológicas, producidas en vastas regiones del mundo, genera perdedores en la globalización, que también podrían calificarse de perdedores de la modernización, y avivan la restauración de los populismos, según los profesores de Ciencia Política Fernando Vallespín y Mariam Martínez- Bascuñán (2017), en su libro Populismos. Parten del hecho de que la crisis económica restauró los populismos, de uno y otro signo, identificando al enemigo del pueblo: el neoliberalismo: que atendiendo a su idiosincrasia insaciable condena al pueblo a la miseria. Como estas políticas han agraviado y damnificado, en las últimas décadas, a gran parte de la población mundial, las acusaciones se han sustentado en pruebas y el populismo ha reafirmado la victoria de la economía (no democrática) sobre la política (democrática). Pero hay un populismo de signo inverso, el que entiende que la política ha matado la eficacia de la economía, y que la intromisión de los políticos especuladores y corruptos, en el terreno económico, es manifestación de ignorancia y/o avaricia, de modo que la única manera de tener una economía sana es justamente librándose de los políticos y la política.

 

 Huérfanos de Futuro

Los factores socio-económicos son identificados como responsables principales del desorden producido por una globalización que nadie gobierna, y que ha hecho de la gran crisis financiera el punto de referencia fundamental. La certeza de muchos ciudadanos de que se les ha dejado en la estacada ante las dificultades, los ha alertado y hecho conscientes de formar parte de una clase huérfana de futuro y maltratada por la hegemonía de una minoría extractiva que se ha protegido de la crisis mediante blindaje de casta y privilegios económicos (Lasalle. 2017). En Huérfanos de futuro, donde los factores económicos y sociales explican buena parte del crecimiento de los populismos de nuestro tiempo, Joaquín Estefanía (2017), manifiesta que estos movimientos se han transformado en el espectro que persigue a las democracias liberales, y es el miedo a la pérdida del trabajo o la dificultad cada vez mayor para insertarse laboralmente en un mundo donde, la digitalización, la inteligencia artificial y la robotización, desplazan mano de obra, que no  tuvo  por carecer de medios económicos, la posibilidad de capacitarse, en un mundo donde los vertiginosos cambios,  científicos y tecnológicos,  son inversamente proporcionales a ser alcanzados por la mayor parte de la población del mundo. 

 El sociólogo francés Pierre Rosanvallon ha escrito que el populismo nace en la sociedad, como resultante de la crisis derivada de la confluencia entre el desencanto político y la creciente conciencia de impotencia, ausencia de alternativas y la percepción del caos mundial. 

 La polarización de los ingresos y la riqueza es endémica al capitalismo, ya que la clase capitalista posee los medios de producir la riqueza y, por ende, se apropia en forma de ganancia la mayor cuota de la riqueza que produce colectivamente la sociedad.  Si los capitalistas no pueden vender los productos de sus plantaciones, fábricas, y oficinas, no pueden sacar ganancia. Esta polarización, si no se controla, resulta en crisis, estancamiento, recesiones, depresiones y convulsiones sociales como las ocurridas en 2008.

Actualmente, la brecha entre la economía real y el capital virtual se ensancha cada vez más, mientras la especulación financiera se convierte en una espiral fuera de control.   De acuerdo con la agencia pro-desarrollo Oxfam, el uno por ciento de la humanidad controla más de la mitad de la riqueza del mundo y el 20 por ciento más rico posee el 94.5 por ciento de esa riqueza, mientras el restante 80 por ciento tiene que conformarse con tan solo el 5.5 por ciento. Dada esta extrema concentración de la riqueza, el mercado global no puede absorber la producción de la economía global. La Gran Recesión de 2008 marcó el inicio de una nueva crisis estructural de sobre-acumulación. Las corporaciones están inundadas de efectivo, pero no tienen oportunidades de invertir ese efectivo rentablemente. Las ganancias corporativas se dispararon a raíz de la crisis del 2008 y han llegado a niveles casi récord al mismo tiempo que los niveles de inversión corporativa han disminuido. En la medida que se va acumulando este capital no invertido, crecen enormes presiones para encontrar salidas para descargar el excedente. El Trumpismo en Estados Unidos expresa una respuesta ultra-derechista a la crisis mundial que abarca un neo-liberalismo autoritario junto a una movilización neo-fascista de los sectores descontentos de la clase obrera.  Sin embargo, este neo-liberalismo represivo termina por restringir aún más el mercado y por lo tanto agrava la crisis subyacente de sobre-acumulación. La CCT   ha optado por dos salidas para descargar el excedente: Una es la acumulación militarizada. Las guerras contra las drogas y el terrorismo, la construcción de los muros fronterizos, la expansión de los complejos prisión-industrial, los regímenes de deportación, los aparatos policiacos, militares y de seguridad, se convierten en fuentes importantes de generación de ganancias promovidas por el Estado. El presupuesto del Pentágono se incrementó en un 91 por ciento en términos reales entre 1998 y 2011, mientras las ganancias de la industria militar casi se cuadruplicaron durante este período. Se da, además, una convergencia alrededor de la necesidad política que tiene el capitalismo global para el control social, la represión, y la necesidad económica de perpetuar la acumulación frente al estancamiento.

La otra salida ha sido una nueva oleada de especulación financiera, sobre todo en el sector tecnológico, que se encuentra en la vanguardia de la globalización capitalista e impulsa la digitalización de la economía global en su conjunto. La economía mundial, después de 40 años de neoliberalismo, inicia una nueva reestructuración. El eje de la misma es la economía digital basada en una tecnología informática evolucionada, basada en la recolección, el procesamiento y el análisis de los datos, y en la aplicación de la digitalización a todos los aspectos de la sociedad global, incluyendo la guerra y la represión. Las guerras tienden a sacar al sistema capitalista de la crisis económica, en tanto desvían la atención de las tensiones políticas y de los problemas de legitimidad.

A principios del siglo XXI el capitalismo era considerado el sistema social y económico predominante, había superado numerosas crisis socio-económicas y perduraba posteriormente al colapso del comunismo en la Unión Soviética. Después del desastre de 2008 y del fracaso de la política macroeconómica para superar sus efectos negativos, la cuestión a tener en cuenta es, si el sistema capitalista después de más de dos siglos de liderar la economía mundial, está entrando vacilante y sin aprestos al crepúsculo de su senilidad.     

El primer fracaso se sitúa en el plano del crecimiento. Los economistas del establishment piensan que el proceso de lento crecimiento o estancamiento secular es producto de la crisis del 2007. Pero lo cierto es que la tasa de expansión del capitalismo global ha venido disminuyendo desde hace más de 45 años. Entre 1972 y 2017 la tasa de crecimiento anual del PBI de los 20 países miembros de la OCDE disminuyó de 4.2 a 2.5 por ciento. Se trata de una tendencia de largo plazo y no de un problema coyuntural. (La Jornada, 22/11/17)

El segundo fracaso del capitalismo se relaciona con la política económica que no es capaz de sacar a la economía mundial de la parálisis. La política monetaria explora nuevos territorios mediante la inyección desorbitada de liquidez al sistema financiero, pero el efecto sobre la economía real ha sido nulo. Por su parte, la política fiscal no ha podido escapar al espantoso dilema impuesto por el sistema financiero global: si el Estado no disciplina sus finanzas, el mercado de capitales lo castiga.

El tercer fracaso se relaciona con la única fuente de legitimidad social y política que tenía el capitalismo, su capacidad para mejorar el bienestar de la población. Ese resultado dependía de la acumulación continua de capital y de la redistribución de las ganancias entre la población. Sin embargo, desde 1973 el crecimiento de los salarios se estancó y el aspecto redistributivo del régimen de acumulación se transformó radicalmente. El ahorro privado comenzó a declinar, mientras aumentaba el flujo de crédito. El incremento en la demanda, sustentada en el creciente endeudamiento fue el principal factor del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y el endeudamiento externo. Las siguientes décadas estuvieron marcadas por una desigualdad creciente y la transferencia de recursos desde las clases más bajas hacia los más privilegiados de la pirámide social.  

El cuarto frente del capitalismo fracasado es quizás el más importante.  El soporte decisivo lo recibe de la idea que capitalismo, democracia y libertad son indivisibles. En ocasiones el capitalismo ha tenido que respetar el sistema democrático, pero una vez que el capital recuperó sus fuerzas, la democracia pasó a segundo plano. Las guerras del siglo XX y lo que va del siglo XXI demuestran que el capitalismo elige la confrontación por el camino de la violencia y la represión. Ese fue el destino de Allende[3] y de Mossadegh[4]. Las decisiones políticas son tomadas por las élites de las corporaciones, bancos y otros agentes de los mercados financieros. Hoy el crecimiento del sistema financiero y la globalización de mercados y cadenas de valor, se encargan de disciplinar a los gobiernos. La vía electoral, sola, no puede cambiar la desigualdad o alcanzar un nuevo estado de bienestar. Las elecciones son la forma de enmascarar la Democracia, la forma perfecta de ocultar la explotación y transformar a los ciudadanos a nivel de simples consumidores, cada vez con menor poder de compra. El viejo esplendor del capitalismo cuyo soporte, era una sociedad democrática, justa y estable, donde la legitimidad social y política se basaba en el bienestar de la población; ha desaparecido en el crepúsculo de una senilidad usurera, codiciosa y ruin.

 

BIBLIOGRAFÍA

Dachary, Alfredo César. (2015).  La desigualdad como fuente del poder. NCeHu 172/15. humboldt@eListas.net18/05/15 

Del Palacio, Jorge;  Rivero, Ángel  y Zarzalejos, Javier. (Coord.). (2017). Geografía del Populismo. Un viaje por el universo del populismo desde sus orígenes hasta Trump: España: Editorial Tecnos.

Estefanía, Joaquín, (2017). Huérfanos de futuro. Los factores económicos y sociales explican buena parte del crecimiento de los populismos de nuestro tiempo. Madrid: El País. RGE 1090/17.

Harvey, David (2008).  El neoliberalismo como destrucción creativa. RGE 130/08. Recuperado de: http://www.geoacademia.cl/revista/harvey-neoliberalismo%20como%20destruccion%20creativa.pdf

Harvey, David. La acumulación por desposesión (2017)    Grupo Akal

Klein, Naomi. (2016). La clase de Davos selló el destino de Estados Unidos, NCeHu 334/16. La Jornada México, 11/11/16.

Lasalle, José María.  (2017).  Contra el Populismo: cartografía de un totalitarismo postmoderno. España: Editorial Debate.

Ramonet, Ignacio. (2003). Un mundo sin rumbo. Madrid: Editorial Debate.

Sassen, Saskia. ( 2017).  Estamos ante una conmoción global debido a la crisis económica y al reforzamiento de un capitalismo extractivo. Recuperado de:   http://cronicon.net/wp/?p=66 RGE 109

Vallespín, Fernando. Martínez Bascuñán, Mariam.  (2017). Populismos. España: Alianza Editorial. Recuperado de:https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=5144494&id_col=100508&id_subcol=100517

                                                     

 


 







[1]El término, según David Harvey, define los cambios neoliberales producidos en los países occidentales desde los años 1970 hasta la actualidad y que estarían guiados por cuatro prácticas, principalmente: la privatización, la financiarización, la gestión y manipulación de las crisis y redistribuciones estatales de la renta.  Los cambios se manifiestan, entre otros, en la privatización de empresas y servicios públicos, que tienen su raíz en la privatización de la propiedad comunal. http://www.nocierreslosojos.com/david-harvey-acumulacion-por-desposesion/

[2] Shale oíl= petróleo esquistoso, se extrae por fracking (fractura)

[3] El golpe de estado en Chile del 11 de septiembre de 1973 en que es derrocado el presidente democráticamente electo Salvador Allende   brinda una cantidad de información para conocer cómo la CIA se encarga de destruir a aquellos gobiernos que no se alinean con las políticas norteamericanas.

[4]  Mohammad Mossadegh fue el primer lí­der elegido democráticamente que fue derrocado por la CIA (1953).  Pagó el precio de buscar que Irán sacase más beneficios de las enormemente lucrativas explotaciones petrolí­feras controladas por anglo iraní­ Oíl Company.