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Asunto:NoticiasdelCeHu 50/19 - VIAJANDO: Sábado en Foz do Iguacu
Fecha:Martes, 23 de Abril, 2019  23:50:21 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 50/19
 

 

Sábado en Foz do Iguacu

 

Para diciembre de 2018, además de todas las provincias de Argentina, ya conocía treinta y nueve países más. Sin embargo, si sólo hubiese podido ir a un solo lugar más en mi vida, sin dudas, hubiese elegido Iguazú, a pesar de haberlo visitado en muchas oportunidades.

Si bien en cuanto a paisaje mi preferido seguía siendo el camino de los Siete Lagos que unía Villa La Angostura con San Martín de los Andes en la provincia del Neuquén, Iguazú representaba mucho más que un atractivo visual, al que ni la fotografía ni la mejor filmación podrían trasmitir todas las experiencias sensoriales que allí se vivenciaban. Siempre había sido para mí un gran placer disfrutar de las Cataratas con más sentidos que la vista, y poder cerrar los ojos para prestar atención tanto al sonido del agua como al gorjeo de los pájaros, oler el perfume de la variada vegetación, permitir que se humedeciera mi piel, y que las mariposas revolotearan a mi derredor. Sentir que el paisaje se me metía dentro del cuerpo. Por eso las había recorrido una y otra vez tanto en el sector argentino como en el brasileño, pero me quedaba una asignatura pendiente que consistía en sobrevolarlas en helicóptero para tener la visión panorámica desde las alturas. Y por lo que siempre lo había evitado era por las denuncias que desde Argentina se habían realizado sobre las consecuencias ecológicas que dicho sobrevuelo producía en la selva misionera.

Sin embargo, el servicio de helicópteros turísticos había comenzado a operar desde 1972, mientras que el Aeropuerto Internacional de Foz do Iguacu, lo había hecho desde 1974, y nadie lo había cuestionado a pesar de estar ubicado a pocos kilómetros del Parque Nacional Iguazú.

Yo había conocido las Cataratas en 1973, cuando la ruta nacional número 12 en el tramo Posadas – Puerto Iguazú estaba en gran parte cubierta por árboles que semejaban una maravillosa pérgola. También en la década del ‘80 había concurrido con estudiantes a primera hora de la mañana para que pudieran escuchar y grabar los maravillosos sonidos del agua y de los pájaros. Y pese a dichos sobrevuelos, no había notado un proceso de deterioro tan grande como después de 1999, en que, al inaugurarse el Aeropuerto Internacional de Puerto Iguazú, a menos de cuatro kilómetros del Parque Nacional Iguazú, la cantidad de vuelos se había incrementado logarítmicamente habiendo llegado en el año 2018 a más de nueve mil, con un millón de pasajeros. Misma cuestión respecto del aeropuerto brasileño, donde además de mayor cantidad de pasajeros, la cantidad de vuelos superaba los quince mil anuales.

Si tenemos en cuenta que el ruido ocasionado por los jets durante el decolaje era de 130 a 140 decibeles, y que el del helicóptero era de 105 decibeles, tendremos ya una diferencia. Y mucho más si se tenía en cuenta que la cantidad de vuelos de helicópteros no ascendían ni a la mitad.

Además, del lado brasileño se había construido un hotel de estilo colonial portugués que databa de 1958 con ampliaciones en 1971 y 1972, luego adquirido por la empresa Belmond en 2014. Por otra parte, del lado argentino se había instalado en 1978 el hotel Sheraton dentro del Parque, devenido en Meliá Iguazú Spa & Resort cuando le fuera vendido en 2018, al empresario Alí Albwardy, oriundo de Dubai. Habían reemplazado las viejas pasarelas de madera por las nuevas metálicas, y se había instalado un trencito “ecológico” construido a posteriori de una gran deforestación dentro del Parque.

Los guías no tenían ninguna indicación de mantener el mayor silencio posible por parte de los turistas a quienes se les hacían relatos mediante un megáfono contribuyendo a espantar a la fauna. Sumando a todo esto el tráfico de aves y reptiles en extinción, el tercer delito después del de narcóticos y armas.

Tampoco había escuchado real oposición a la deforestación que continuaba avanzando en ambos países en las áreas circundantes a la selva “protegida” para hacer plantaciones que deterioraban el suelo o bien para la producción de papel con técnicas obsoletas, que incidían también en la modificación de las cadenas tróficas.

Entonces sí, en los últimos años, había notado un importante cambio, la disminución de especies, y el avance de los coatíes alimentados por los turistas, en detrimento de otros animales.

Así que decidí tener la experiencia de divisar las Cataratas desde el aire, ya que si bien, no era algo inocuo, todos quienes se habían rasgado las vestiduras por la ecología, no sólo que no habían denunciado otras problemáticas ambientales más graves, sino que habían contribuido a la instalación de actividades mucho más destructivas.

Invité a Omar y a Alan a que me acompañaran, pero recibí un “no” por respuesta. No supe si fue por adherir al pensamiento de los ecologistas, por el alto costo de la excursión o por temor a volar en helicóptero. En realidad, creo que fue por esto último, pero no necesité de guardaespaldas, así que “me largué sola”.

Tomé un taxi que me llevó hasta el helipuerto donde operaba la empresa Helisur Taxi Aéreo, y después de una corta espera y largas recomendaciones, hice mi bautismo aéreo en ese modo de transporte.

 

Por la avenida Jorge Schimmelpfeng rumbo al helipuerto

 

 

Helipuerto de Foz do Iguacu operado por la empresa Helisul Taxi Aéreo

 

 

Me ubiqué detrás del piloto y sin darme cuenta ya estaba en el aire. Era increíble la suavidad del vuelo, por lo que pude disfrutar de vistas excepcionales en los escasos diez minutos que duró la aventura.

 

Levantando vuelo

 

 

Ya visualizar el río Iguazú atravesando el colchón de selva fue impactante, con su color rojizo producto del arrastre de suelos lateríticos. Muy emocionante al ver a lo lejos las Cataratas. Pero sobrevolar la Garganta del Diablo, fue realmente majestuoso.

 

Sobrevolando la selva en el Parque Nacional do Iguacu en el estado de Paraná

 

 

Vista del río Iguazú antes de llegar a su gran desnivel

 

 

Aguas rojizas en el río Iguazú por el arrastre de sedimentos lateríticos

 

 

Primera vista de las Cataratas desde el helicóptero

 

 

Lento acercamiento a los saltos de agua

 

 

Vista panorámica con el Belmond Hotel das Cataratas

 

 

Justo encima del Belmond Hotel das Cataratas

 

 

Nos fuimos acercando a la Garganta del Diablo

 

 

La Garganta del Diablo con su frecuente arco iris

 

 

Sobrevolando la Garganta del Diablo. ¡Majestuoso!

 

 

Vista de los meandros del río Iguazú durante el regreso

 

 

La selva en camino hacia el helipuerto

 

 

Durante la tarde acompañé a Alan a un citytour que ya había hecho poco más de un año atrás, pero ameritaba regresar a esos lugares.

El primer sitio que visitamos fue el templo budista Chen Tien, que había sido construido en 1996, y continuaba siendo uno de los más grandes de Latinoamérica, ya que contaba con diecisiete hectáreas de jardines, ciento veinte estatuas de diferentes divinidades, entre las cuales se destacaba el Buda Sedente de siete metros de altura que observaba el río desde las alturas.

 

En camino hacia el templo budista Chen Tien

 

 

Ingresando al Templo Budista de Chen Tien

 

 

El Buda Sedente o Buda Sonriente

 

 

Antes de ingresar al templo encontramos al Sakyamuni (sabio de los sakya), el Buda Reclinado o Buda Histórico. Había vivido en Sakya, posteriormente Nepal, cerca de quinientos años antes de Cristo. Su nombre era Siddharta Gautama, había nacido como príncipe, pero al llegar a la edad adulta abandonó los privilegios partiendo en un viaje en busca de respuestas sobre la vida, el motivo del sufrimiento y la verdad sobre el Universo. Después de años de meditación y silencio debajo de un árbol llamado Boddhi, llegó al estado de iluminación, extendiéndose su mensaje por todo el Oriente. Era considerado por los budistas el último Buda hasta que llegara el Buda Maitreya o Buda del Futuro.

 

Sakyamuni - El Buda Reclinado también conocido como el Buda Histórico

 

 

El budismo contaba con tres grandes escuelas mundiales: Theravada, Vajrayana y Mahayana; y era a esta última a la que pertenecía el templo de Foz do Iguacu.

 

Templo budista en cuyo interior estaba prohibido tomar fotografías

 

 

Soporte de incienso

 

 

En una gran explanada se hallaban Amitaba (el Buda Celestial) y ciento ocho estatuas de más de dos metros y medio de altura, cada cual representando la reencarnación de Buda en la tierra; y las posiciones de las manos significaban la bienvenida y energía positiva. Dichas estatuas habían sido donadas por diferentes familias budistas latinoamericanas.

 

Gran explanada donde se encontraban Amitaba (el Buda Celestial)

y ciento ocho estatuas que representaban la reencarnación de Buda en la tierra

 

 

La estatua de Amitaba, el Buda Celestial, había sido construida en bronce, tenía diez metros de altura y pesaba diez toneladas, por lo que para trasladarla desde China tuvo que ser desmontada y vuelta a armar en Foz do Iguacu en 2014.

 

La estatua de Amitaba, el Buda Celestial fue llevada desde China en 2014

 

 

El mantra del Buda Amithaba era Namo Amituofo, que significaba “resplandor infinito”, y debía ser entonado o recitado ciento ocho veces. Una placa en el templo decía: “Al recitarlo va a eliminar aflicciones y sufrimiento y traer salud, longevidad, riqueza, armonía”. El número ciento ocho era muy importante. Era el número de piezas de un rosario (japamala); y en diferentes escuelas budistas y esotéricas no budistas también se hablaba de ciento ocho sentimientos, ciento ocho tentaciones, ciento ocho oportunidades en la vida para quien buscaba la iluminación…

 

Los gestos que hacían con las manos representan la hospitalidad y energía positiva

 

 

El ciento ocho era el número de piezas de un rosario (japamala) hindú o budista

y también, la cantidad de veces en que el mantra debe ser entonado o recitado

 

 

Gran parte de las estatuas habían sido donadas por budistas de diferentes países latinoamericanos

 

 

Antes de abandonar el lugar, tuvimos una linda vista de Ciudad del Este, en la República del Paraguay, en la otra margen del río Paraná.

 

Jardines linderos al río Paraná

 

 

Vista de Ciudad del Este en la República del Paraguay

 

 

Foz do Iguacu, además de las Cataratas, era conocida por su mestizaje de varias culturas y la consecuente práctica de diversas religiones, por lo que continuamos nuestra recorrida hacia una de las mezquitas, la que llevaba el nombre de uno de los más íntegros y piadosos hombres de la historia islámica, Omar Ibn Al-Khatab.

Dicha mezquita databa del año 1983, y la mayoría de quienes asistían a ella era sunitas. En la Triple Frontera, convivían tanto sunitas u ortodoxos (seguidores de los primeros califas sucesores de Mahoma) como chiitas (seguidores de Alí, el yerno de Mahoma). Pero en esta región se habían integrado en muchas oportunidades mediante matrimonios cuyos cónyuges era originarios de ambas ramas del Islamismo.

 

Mezquita Islámica Omar Ibn Al-Khatab

 

 

Dimos unas vueltas por la ciudad a través de las avenidas Juscelino Kubitscheck y Jorge Schimmelpfeng, entre otras, pasando por Escuela Estadual Bartolomeu Mitre.

Cabría preguntarse el porqué de la referencia a un ex-presidente argentino en territorio brasileño. Y es muy sencilla la respuesta:

Bartolomé Mitre no sólo que había sido el General en Jefe de las Fuerzas Aliadas (Argentina, Brasil e Uruguay) contra el Paraguay, en la Guerra de la Triple Alianza, también conocida como de la “Triple Infamia”, por destruís masivamente al pueblo paraguayo, sino que había mantenido acuerdos secretos con Brasil. Por una parte, el Imperio esclavista del Brasil obedecía a una necesidad de expansión territorial y sus gobiernos actuaban como peones de la política británica; y, por otra parte, la política mitrista pretendía ensanchar los mercados y consolidar su poder político interno. Así como Pedro II había actuado como la mano de obra de Inglaterra en la región, Mitre había sido el auxiliar de la política brasileña. De ahí su reconocimiento.

 

Avenida Juscelino Kubitscheck

 

 

Colegio Estadual Bartolomeu Mitre

 

 

Avenida Jorge Schimmelpfeng, más conocida como “…la del Mc Donald´s”

 

 

Y como broche de oro, nos dirigimos al Marco das Tres Fronteiras, un pequeño parque temático que los brasileños habían instalado en la unión de los ríos Paraná e Iguazú, desde donde se veían claramente las riberas argentina y paraguaya.

 

Marco das Tres Fronteiras

 

 

Monolito brasileño

 

 

Desde Brasil, vista de la ribera argentina y de la paraguaya

 

 

Al día siguiente fuimos a almorzar a Puerto Iguazú para luego tomar un vuelo de Austral con destino a Buenos Aires.

El cielo estuvo despejado durante casi todo el trayecto, con excepción del sobrevuelo por la provincia de Entre Ríos, en que se cubrió totalmente de nubes. Así que pude tomar fotografías de la selva, del embalse Uruguay, del Alto Paraná en su frontera con la República del Paraguay en Misiones, de la ciudad de Paso de los Libres en Corrientes, y de la provincia de Buenos Aires en las proximidades del Aeropuerto Internacional “Ministro Pistarini” de Ezeiza.

 

Sobrevolando la selva misionera a la salida del Aeropuerto Internacional Cataratas del Iguazú

 

 

Embalse Uruguay en el noroeste de la provincia de Misiones

 

 

El Alto Paraná en el límite entre Argentina y Paraguay

 

 

Pasando por Paso de los Libres, provincia de Corrientes

 

 

Embalse Dique Roggero en la provincia de Buenos Aires

 

 

Campos de la provincia de Buenos Aires

 

 

Áreas suburbanas de la Región Metropolitana de Buenos Aires

 

 

Autopista Tte. Gral. Pablo Riccheri iluminada

 

 

Aterrizados en el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini de Ezeiza

 

 

Había disfrutado de todas las actividades realizadas en Foz do Iguacu, pero durante varios días perduró en mi mente la imagen de las Cataratas vistas desde un lugar al que nunca había accedido, y al que estaba casi segura de que no iría a regresar.

 

 

Ana María Liberali

 

 


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