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Asunto:NoticiasdelCeHu 39/19 - VIAJANDO: Nuevamente en Lima
Fecha:Jueves, 21 de Marzo, 2019  17:35:35 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 39/19
 

 

Nuevamente en Lima

 

El 21 de julio a primera hora de la mañana estaba con todos mis colegas en el aeropuerto “Coronel FAP Alfredo Mendívil Duarte” de la ciudad de Ayacucho, y debíamos volver a tomar ese avioncito viejito que nos llevaría nuevamente a Lima. La pista era muy corta, y si bien cuando tres días atrás habíamos aterrizado sin problemas, en esta oportunidad no me causaba gracia el despegue. Sinceramente creí que nos estrellaríamos contra la pared de la montaña, pero fue increíble como levantó vuelo en forma inmediata casi en posición vertical, de lo contrario, no lo estaría contando. El vuelo fue muy tranquilo, el paisaje maravilloso y en poco más de media hora estábamos aterrizando en el aeropuerto “Jorge Chávez” de El Callao.

 

Aeropuerto “Coronel FAP Alfredo Mendívil Duarte” de Ayacucho

 

 

Pequeño avión de Star Perú que nos llevó nuevamente a Lima

 

 

Enseguida del despegue tomamos altura

 

 

Profundos valles intermontanos

 

 

Cerros nevados en los Andes Peruanos

 

 

Volviendo a la eterna niebla de Lima

 

 

Playa de El Callao

 

 

Volví a hospedarme en la Sociedad Geográfica de Lima y salí a caminar por Jirón Puno doblando por Jirón Azangaro hasta llegar a la iglesia de San Pedro. Y en el camino pude admirar los balcones desde donde las damas podían mirar la calle sin ser vistas.

 

Balcones limeños desde donde las damas podían mirar la calle sin ser vistas

 

 

Torre de la iglesia de San Pedro

 

 

Continué por jirón Huallaga hasta jirón Carabaya donde se encontraba la Catedral, justo enfrente de la plaza de Armas. Si bien Lima no era una ciudad de mi agrado, el Centro Histórico sí me resultaba interesante por su arquitectura, por lo que tomé varias fotografías desde la plaza de Armas de la Catedral, de la Municipalidad Metropolitana, de los típicos balcones y, a lo lejos, desde la esquina de jirón Carabaya con jirón Junín, a pesar de la niebla, pude ver el cerro San Cristóbal, que se caracterizaba por tener una cruz en su cima.

 

Catedral de Lima sobre el jirón Carabaya

 

 

Vista del cerro San Cristóbal desde la vereda de la Catedral esquina de jirón Carabaya con jirón Junín

 

 

Plaza de Armas con el edificio de la Municipalidad Metropolitana de Lima en el jirón Junín

 

 

Jirón Unión esquina jirón Conde de Superunda

 

 

Desde la plaza de Armas hacia jirón de la Unión

 

 

Típicos balcones en jirón Huallaga y jirón Unión

 

 

Largo balcón en el jirón Huallaga

 

 

El 28 de julio de 2013 se cumplirían ciento noventa y dos años de la Independencia del Perú, día en que el Generalísimo José de San Martín enunciara la célebre proclamación; y los festejos habían comenzado una semana antes con el pueblo en las calles cantando y bailando vestidos con trajes tradicionales.

Murgas, familias, virgen, bandera peruana y la wiphala. Parecería una contradicción que se llevaran juntas una y otra, pero la whipala era mucho más que la bandera de la Nación Andina y de los Aymara; era símbolo de Igualdad y Unidad en la Diversidad, representaba la filosofía andina, la resistencia.

 

Gran participación de las murgas

 

 

Vistosos trajes delicadamente confeccionados

 

 

Bailes tradicionales

 

 

Convocatoria de todos los limeños

 

 

Todas las edades en los festejos

 

 

Coloridos atuendos

 

 

La advocación de la Virgen María formaba parte de la cultura peruana

 

 

Una llama en medio de los desfiles

 

 

Luciendo piernas las más jóvenes

 

 

Familias enteras se desplazaron por el Centro Histórico de Lima

 

 

Presentes las banderas peruana y wiphala

 

 

Gracia y simpatía

 

 

Un traje digno de admiración

 

 

Dejé a un lado los festejos y en un taxi me dirigí al cerro San Cristóbal, al que nunca había ido en mis otras estadías en Lima.

Cruzamos el río Rímac desde un puente y rápidamente comenzamos el ascenso, llegando prontamente a la cima ya que medía solamente 300 m.s.n.m. El cerro San Cristóbal formaba parte del sistema de los cerros aislados de la cordillera de los Andes, y estaba considerado “apu” del valle del Rímac por los Incas.

 

Puente sobre el río Rímac

 

 

En la cima del cerro San Cristóbal

 

 

A poco de ser fundada la ciudad de Los Reyes (Lima), capital del virreinato del Perú, los españoles colocaron una gran cruz de madera en el cerro más próximo, que fuera destrozada por los Incas durante el cerco de Lima en 1536, bajo la advocación del Sol y de las divinidades tutelares del Tahuantinsuyo.

Los Incas, entusiasmados por el dominio de sus fuerzas armadas sobre varios ejércitos hispanos, decidieron dar la orden de avanzar sobre Lima. Esta campaña costera fue encomendada a uno de sus más valerosos guerreros: Hanancuscos, quien se había destacado en el sitio de Cusco como esforzado adalid. Titu Yupanqui era representante real en el ejército que marchó sobre las regiones yungas del litoral. Impartida la orden por Manco Inca desde Ollantaytambo, partió un ejército cusqueño con la misión de arrojar al mar a los españoles. Tras vencer las resistencias iniciales, las huestes cusqueñas descendieron a los llanos poniendo asedio a Lima, que era una aldea construida encima de los edificios del cacique Taulichusco. Por varios días se libraron combates caros de vidas para ambos bandos, y cierto día, cuentan viejas crónicas escritas en ese tiempo: “Amanecieron los indios más cerca, en una sierra grande, que estaba de ellos cubierta, que cosa de ella al parecer no se divisaba, de donde quitaron e hicieron pedazos una cruz grande de madera que estaba puesta en lo alto del camino que va a la mar y al puerto”. Gran impetuosidad predominaba en las filas incaicas, y decidieron bailar al paso de un ave que defecó en todos, quitado ya el símbolo protector de los cristianos. Pero ya habían llegado los indígenas Huaylas para defender a sus aliados hispanos en el combate, que fuera librado en lo bajo del valle del Rímac y en las calles del nuevo pueblo, pereciendo los capitanes cusqueños. De esta manera, se retiraron los incaicos, aunque manteniendo el cerco desde las alturas abruptas. Pasado el peligro inmediato de asalto a la ciudad, Francisco Pizarro, aprovechando la oscuridad de la noche, había dispuesto que en la cumbre “… se ponga en él, otra cruz como la que los indios quitaron”. Y luego se bautizó aquel cerro con el nombre de San Cristóbal porque en su día se había ganado la batalla.

Después de las versiones en madera, la cruz fue reemplazada por otra de hierro forjado, y cuando la corrosión la había deteriorado, en 1928 fue construida de hierro y hormigón, de veinte metros de altura con cuarenta y ocho luminarias incrustadas; y ha soportado los terremotos de 1940 de 8,2 Mw (en potencia de Magnitud de Momento), el de 1966 de 8,1 Mw, y el de 1974 de 8,0 Mw.

Si antes de la conquista los antiguos peruanos ascendían a la cima para llevar ofrendas y sacrificios a sus dioses, los españoles y misioneros lo hacían rezando el Vía Crucis rememorando las estaciones de Jesús. Esa tradición continuaba desde que el párroco Francisco Aramburú la organizara en 1929 el primer domingo de mayo.

 

Junto a la cruz del cerro San Cristóbal

 

 

Al llegar al mirador encontré una inscripción donde se recordaba la puesta en valor del lugar, obra del expresidente Ing. Alberto Fujimori. Y desde allí traté de divisar diferentes áreas de la ciudad, pero la intensa y sempiterna niebla limitó mis expectativas. Aunque sí pude ver fue la plaza de toros, donde se hacían corridas en los meses de noviembre y diciembre.

Permanecí un rato tomando fotografías y comencé a descender pasando por barrios populares edificados en las laderas, lo que me preocupó sobremanera el destino de esos habitantes tomando en cuenta que Lima era una zona sísmica de alta intensidad. Y en medio de áreas marginales, un proyecto de condominio, evidenciando la enorme fragmentación de la sociedad peruana.

 

Inscripción en el mirador del cerro San Cristóbal

 

 

Vista parcial de Lima y de los cerros vecinos desde el mirador del cerro San Cristóbal

 

 

Cerros de Lima tapados por la densa niebla

 

 

Plaza de toros de Lima

 

 

Río Rímac visto desde el cerro San Cristóbal

 

 

Viviendas en la ladera del cerro

 

 

Construcción de un muro de contención – Municipalidad Distrital del Rímac

 

 

Barrios populares a la vera del cerro San Cristóbal – Distrito del Rímac

 

 

Proyecto de condominio en el distrito del Rímac

 

 

Barrio marginal en el distrito del Rímac

 

 

Obras de encauce del río Rímac

 

 

Taxi económico de Lima

 

 

Al mediodía almorcé con mis colegas geógrafos provenientes de otros países latinoamericanos, y todos optamos por platos típicamente peruanos. Yo disfruté de una ocopa arequipeña, que consistía en papas bañadas con una salsa preparada con ajíes amarillos, cebolla, maní tostado, queso fresco y condimentos, acompañadas con huevos duros y aceitunas. Y los demás eligieron ensaladas compuestas por vegetales variados, sopas o el clásico bistec montado con un huevo frito, y como guarnición, arroz y papas fritas.

 

Ocopa arequipeña

 

 

Ensalada mixta

 

 

Sopa

 

 

Bistec montado

 

 

A la tarde volví a caminar sin rumbo por las calles del Centro Histórico de Lima, ¡y logré tomar fotografías con sol!

 

Magníficos balcones limeños bajo el sol

 

 

A la nochecita me instalé en Norky’s, una especie de grill familiar, donde además de cenar unas salchipapas, hice una larga sobremesa concentrada en varias lecturas. Pero cuando se hicieron las diez y media, y casi toda la gente se había ido, apagaron el televisor y comenzaron a levantar las mesas. Pagué y salí por la puerta chiquita de la cortina metálica descubriendo con sorpresa que era el último lugar abierto. ¡Todo cerrado! Oscuro y lleno de basura.

Estaba en la avenida Abancay y Jirón Puno, a ocho cuadras de la plaza de Armas. ¡Temible! Fui hasta la Sociedad Geográfica, que, por suerte, quedaba a la vuelta. El sereno me abrió la puerta y en una oficina con computadoras me quedé para hacer mis check-ines y contestas correos. Y recién me fui a dormir a dormir a las dos de la mañana, porque tengo hábitos nocturnos, tal cual las lechuzas.

 

Salchipapas como cena

 

 

Avenida Abancay a las diez y media de la noche, un lugar muy concurrido durante el día

 

 

El lunes 22 me levanté cerca de las 9 a. m. y fui a un barcito popular en la avenida Abancay. A esa hora ofrecían LOMITO AL JUGO, TALLARÍN SALTADO Y ARROZ A LA CUBANA. Pero para mí eso no era un desayuno. Así que pedí néctar, agua y café. Me sirvieron uno doble instantáneo con galletitas de salvado. Pedí leche, pero no tenían, a pesar de ofrecerla en la cartelera. ¡Tampoco había baño! Algo que sería insólito en un lugar céntrico de Buenos Aires.

 

Oferta de desayuno en un bar céntrico de Lima

 

 

Regresé a la Sociedad Geográfica. Vinieron a buscarme Álvaro Sánchez Crispín y Alejandro Ramos Trejo. Saludamos a Zaniel Novoa Goicochea, a Gina, a Bernardo y a las otras personas de la Sociedad que tan bien nos habían atendido.

Salimos, fuimos en el Metropolitano (el metrobus de Lima) hasta Miraflores, un barrio muy diferente al resto de la ciudad, que se caracterizaba por el elevado poder adquisitivo de quienes lo habitaban. Caminamos unas cuadras por la avenida José Larco y almorzamos comidas típicas en un restorán.

 

Con Álvaro Sánchez Crispín y Alejandro Ramos Trejo en un restorán de Miraflores

 

En un taxi pasé a buscar las maletas y fui al aeropuerto. En Sky volé hasta Santiago y de allí en otro vuelo a Buenos Aires. Estaba rendida por lo que no sólo que dormí en todo el primer tramo, sino que en el segundo me desperté cuando estábamos sobrevolando el sur de la provincia de Santa Fe.

 

 

Ana María Liberali

 

 

 

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