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Asunto:NoticiasdelCeHu 36/19 - VIAJANDO: Íconos de Mar del Plata
Fecha:Sabado, 2 de Marzo, 2019  20:39:46 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 36/19
 

 

 

 

Íconos de Mar del Plata

 

En diciembre de 2008, como todos los años, debía tomar examen en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Y como era habitual, se presentarían solamente uno o dos estudiantes. Así que aproveché para llevar conmigo a mi hijo Martín (17), quien podría disfrutar de un par de días de playa.

Nosotros vivíamos a pocas cuadras del Obelisco, y a Martín le encantaba caminar por la avenida Corrientes hasta llegar a la 9 de Julio, concretamente a la plaza de la República, en el barrio de San Nicolás, y admirar semejante monumento de origen masón. Así que como íbamos extremadamente livianos de equipaje, le di el gusto y tomamos allí el colectivo 50 que nos dejaría en la terminal de ómnibus de Retiro.

El Obelisco, de sesenta y siete metros y medio de altura, fue construido entre marzo y mayo de 1936 con motivo del cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires por Pedro de Mendoza, por lo que Carlos Gardel no lo conoció, a pesar de todos quienes los vinculan a ambos, ya que falleció el 24 de junio de 1935. La obra es autoría del arquitecto argentino Alberto Prebisch y estuvo a cargo del consorcio alemán G.E.O.P.E – Siemens Bauunion – Grün & Bilfinger.

Tal como ocurriera con la Torre Eiffel, que originariamente fuera rechazada por los artistas de la época que la veían como un monstruo de hierro, la construcción del Obelisco de Buenos Aires generó también un sentimiento negativo entre los porteños; al punto que además de ser centro de burlas y protestas, a tres años de su inauguración, en 1939, el Concejo Deliberante sancionó su demolición por Ordenanza Nro. 10251, por veintitrés votos contra tres, aduciendo razones económicas, estéticas y de seguridad pública, dado que se habían producido algunos desprendimientos de su revestimiento. Pero dicha ordenanza fue vetada por el intendente Arturo Goyeneche, y se convirtió en un ícono de Buenos Aires. Pero no solamente estas grandes urbes tienen sus íconos, sino muchas otras, y una de ellas es justamente la ciudad de Mar del Plata.

 

Obelisco de Buenos Aires

 

 

Plaza de la República en la intersección de las avenidas 9 de Julio y Corrientes

 

 

Durante las cinco horas de viaje Martín observó detenidamente los campos, muchos de ellos poblados con ganado vacuno, y yo, dormité un buen rato. Y a mitad de la tarde, ya habíamos llegado a destino.

Como era frecuente en esa época del año, Mar del Plata nos recibió con una ola de frío, por lo que mi intención fue la de dar un paseo por la costanera e ir a disfrutar de una suculenta merienda a la confitería del Torreón del Monje. Pero de repente, mientras pasábamos por la playa Las Toscas, Martín conservando su campera puesta, se sacó rápidamente el calzado y fue corriendo hacia el mar.

 

Martín chapoteando en la orilla del mar en la playa Las Toscas

 

 

Tal como lo indicaba su nombre, la playa Las Toscas se había caracterizado por la presencia de rocas calizas muy porosas que presentaban dificultad para caminar sobre ellas, pero, a partir de la construcción de espigones que limitaban la erosión marina sumado al refulado, depósito artificial de arena, se había convertido en un sitio agradable.

 

Desde la playa Las Toscas, a lo lejos, el Torreón del Monje

 

 

El oleaje cada vez más fuerte a partir del aumento de la velocidad del viento

 

 

Vista del playón del Torreón del Monje

 

 

El Torreón del Monje constituía uno de los íconos de la ciudad balnearia. Había sido construido en 1904 sobre las rocas de la Punta Piedras, por orden del empresario y estanciero Ernesto Tornquist. Le había encargado la construcción al arquitecto Carlos Nordmann para que fuera de estilo medieval, recordando a las antiguas fortalezas o castillos europeos. En esos tiempos era llamado Belvedere y funcionaba una confitería, pero quedaba en los extremos de la pequeña ciudad y se llegaba por camino de tierra.

Entre 1927 y 1929 se realizó la ampliación del Belvedere por los arquitectos Eduardo Lanús y Federico Woodgate, quienes le agregaron un anexo con techos de teja rojiza, y se la llamó Torre Pueyrredón. En esa oportunidad fue ocupado por el Pigeon Club, donde se practicaba el tiro a la paloma, dejando sembrada la playa de aves muertas.

Posteriormente se instaló el Círculo de Oficiales de la Marina marplatense, hasta que en 1979 el empresario Domingo Parato lo puso en valor creando salones para eventos y muestras culturales. Y en 1993, la Municipalidad de General Pueyrredón lo declaró Bien de Interés Patrimonial, determinando su conservación y protección especial.

En 2003, la concesionaria ARIEL DADA S. A. encargó al arquitecto Máximo Boneti la reconstrucción del puente peatonal que cruzaba sobre el Paseo Jesús de Galíndez, que recorría la costa bajo la barranca rocosa y que había sido demolido años atrás. La nueva pasarela intenta respetar el estilo de la original siendo revestida en piedra y con una heráldica.

 

Torreón del Monje y puente peatonal cruzando el paseo Jesús de Galíndez

 

 

Vista panorámica de la playa Las Toscas con el Torreón del Monje y el puente peatonal

 

 

Caía la tarde y aun más la temperatura. La playa estaba vacía, sólo sobrevolaban las gaviotas que buscaban desesperadamente alimento, tanto en el mar como en los tachos de basura cercanos, ya que ellas no tienen demasiadas exigencias. Pese a eso, Martín no quería salir del agua, así que me tuve que descalzar e introducirme en el mar para convencerlo.

 

Gaviota buscando alimento

 

 

Desde el espigón de la playa Las Toscas llamando a Martín para que saliera del agua

 

 

A pesar de sentir frío, Martín no hacía caso a mi pedido

 

 

Nos fuimos de la playa, pero ya no podríamos ir a la confitería del Torreón del Monje, debido a que estábamos mojados y llenos de arena, así que retomamos la costa rumbo al hotel.

Justo enfrente, sobre el Boulevard Marítimo Patricio Peralta Ramos esquina Olavarría, se encontraba el edificio Demetrio Elíades, conocido popularmente como Edificio Havanna por poseer el logo de esa fábrica de alfajores en su remate. Con ciento veinticinco metros de altura, casi el doble del Obelisco de Buenos Aires, y treinta y nueve pisos era el más alto de Mar del Plata, y desde ya, otro de sus íconos.

Fue proyectado por el arquitecto Juan Antonio Dompé a solicitud del inversionista Demetrio Elíades, uno de los dueños de la conocida marca de alfajores, y que gracias a su éxito había creado una empresa llamada DELCO S. C. A. que lo construyó, al igual que otras obras de importancia en la ciudad.

La construcción se llevó a cabo entre los años 1966 y 1969, y en un comienzo el nombre del proyecto había sido el de Palacio Belvedere, pero al fallecer Elíades durante su desarrollo, se le puso su nombre como homenaje.

 

Edificio Havanna, frente a la playa Las Toscas

 

 

Edificio Havanna sobresaliendo de entre los demás

 

 

Durante la década del 60’ se cambió radicalmente el paisaje urbano costero de Mar del Plata. Las viejas y no tan viejas casonas, así como los chalets de piedra, fueron demolidos para dar paso a edificios y torres de altura formando un frente homogéneo de construcciones con vista a las playas. Y lejos de constituir un avance, a mi entender, afearon la ciudad.

 

Modernos edificios costeros que reemplazaron a la antigua línea de chalets de piedra

 

 

Años después, no sólo continuaron con la vorágine inmobiliaria que sólo pretendía negocios de corto plazo con quienes no querían caminar más que doscientos metros hasta el mar, sino que hicieron desaparecer magníficas mansiones y verdaderas obras de arte arquitectónicas para convertirlas en deslucidas playas de estacionamiento. Un verdadero sacrilegio.

 

 

Ana María Liberali

 

 

 


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