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Asunto:NoticiasdelCeHu 353/18 - VIAJANDO: En vuelo rumbo a Houston
Fecha:Sabado, 29 de Diciembre, 2018  22:17:58 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 353/18

 

 

En vuelo rumbo a Houston

 

Era el miércoles 4 de abril de 2018 a las ocho de la noche, cuando en un vuelo de American Airlines partí desde el aeropuerto internacional de Ezeiza rumbo a Houston. Y debido a que esta aerolínea atravesaba espacios aéreos con elevadas temperaturas y bajas presiones atmosféricas como el Chaco, Formosa, el oriente boliviano, Amazonia, Colombia y el Caribe, la turbulencia se presentó de manera constante. A esto se le sumó, algo característico en esta compañía, la mala atención y la pésima comida, cuya variedad nunca alcanzaba para todos. Pedí pasta, que ya no había y me dieron arroz; y el postre…, insípido. Pensé que se iba a compensar con un buen desayuno, pero ¡no…! El café con un sachetcito de cremita fue acompañado con una diminuta cajita de jugo y una medialuna seca y quemada con mermelada y manteca. Para colmo de males el asiento no se reclinaba y como el avión estaba completo, no me pudieron cambiar de lugar; ergo, dormí muy poco y con el cuello torcido.

Ya siendo jueves 5, después de once horas de vuelo, aterrizamos en el aeropuerto de Fort Worth de Dallas, donde continuó la turbulencia.

 

Turbulencia al sobrevolar Dallas

 

 

Aproximándonos al aeropuerto internacional de Fort Worth

 

 

Sobrevolando el lago Worth, uno de los varios que rodeaban a la localidad de Fort Worth

 

 

Repentinamente la ciudad se cubrió de nubes

 

 

El mapa del avión

 

 

Sobre el aeropuerto

 

 

El aeropuerto era un caos y estaba mal señalizado. Todo estaba automatizado, lo que contrariamente a agilizar los trámites, los demoraba porque la mayor parte de los pasajeros no entendíamos los códigos de las máquinas, que, además, no funcionaban del todo bien, y al solicitar ayuda, nos trataban muy mal. Fue por eso, que a pesar de que me dieran una tarjeta de prioridad por pertenecer al grupo One World, embarqué cuando ya todos lo habían hecho rumbo a Houston.

Se cerraron las puertas, el avión se desplazó hasta la cabecera de pista y allí permaneció un buen rato hasta que, de pronto, ante nuestra sorpresa, vimos que regresó a la puerta de embarque. Esperamos más de una hora y media, pero… ¡nadie se quejó! Lo increíble fue que el vuelo duró sólo cuarenta minutos. Cuando le pregunté a la azafata la razón de la demora me contestó que se trataba de un problema de tráfico aeroportuario, y que era algo habitual.

 

Despegando del aeropuerto internacional de Fort Worth

 

 

Las nubes no me permitían visualizar el paisaje

 

 

Espejos de agua en el trayecto entre Dallas y Houston

 

 

Nuevamente colchón de nubes

 

 

Llegando a Houston

 

 

Aterrizando…

 

 

¡En la pista!

 

 

En el aeropuerto de Houston

 

 

Tenía una reserva en el hotel Days Inn & Suites, por lo que tomé un taxi. El chofer no sabía dónde quedaba, y dimos unas cuantas vueltas, que terminaron costándome treinta dólares, con el cambio a veinte, equivalía a unos seiscientos pesos argentinos, semejante a lo que había pagado entre Congreso y Ezeiza.

No podía ocupar la habitación hasta las catorce, entonces, dejé el equipaje, y por indicación de la conserje, caminé unos doscientos metros por la avenida-ruta hasta tomar el colectivo 86 que me llevó hasta Greens, la parada del hotel Hilton. Y desde allí, el 85 hasta Downtown. En ambos el boleto era de 1,25, pero como la máquina no daba vuelto el chofer me los dejaron a 1 dólar. Los dos recorridos fueron muy largos, el segundo, de una hora y media. Desde ya que casi todos los pasajeros eran negros o latinos, y también el conductor. De hecho, los anuncios de solicitud de personal estaban únicamente en español.

 

En el bus 86

 

 

La solicitud de personal estaba solamente en español

 

 

Pasamos tanto por barrios residenciales de alto nivel como por sectores populares donde las casas eran prefabricadas y estaban construidas sobre plataformas sostenidas por pilares de madera. Pero, al llegar a la “city” todo era altura de lujo, gran cantidad de edificios destinados a las oficinas de las grandes petroleras transnacionales. Sinceramente, tanto el Centro como los suburbios me parecieron bastante desagradables, en principio, arquitectónicamente hablando.

 

Casas populares en los suburbios de Houston

 

 

Sobre el bus 85

 

 

Goodrich Petroleum Corporation en 801 Lousiana Street en Houston Downtown

 

 

El Bank of American Center en 700 Louisiana Street

 

 

Si bien era día de semana al mediodía, las calles estaban vacías; parecía que a la gente se la había tragado la tierra. Ese paisaje semejaba un verdadero desierto de cemento.

Caminando por Rusk Street doblé por Milam St. y almorcé en Eats Mesquite Grill, buen precio y comida aceptable, con las lógicas fritangas norteamericanas.

 

Eats Mesquite Grill en Milam Street

 

 

Mi intención era conocer algo más del lugar, por lo que deambulé un rato buscando una oficina de turismo. Al preguntar en la calle, muchos blancos siguieron de largo y ni me contestaron. Y los negros y latinos me fueron mandando de un lado al otro sin conseguir nada...

Continué caminando por Rusk y al llegar a Travis St. encontré el paradigmático Niels Esperson Building, de ciento veinticinco metros de altura, en estilo renacentista italiano, construido por el arquitecto John Eberson en 1927. Quien lo encargara, Niels Esperson era un magnate inmobiliario y petrolero, que años después hiciera levantar otro edificio con estilo Art-Deco llevando el nombre de su esposa Mellie. Desde 2007, el complejo había pasado a manos de la Seligman Western Enterprises Ltd., dedicada a negocios inmobiliarios.

 

Niels Esperson Building en Travis Street y Rusk Street

 

 

Detalle de las columnas corintias del Niels Esperson Building

 

 

Continué camino hasta Main Street, la única calle que me resultó agradable. Por allí pasaba el METROrail, una especie de moderno tranvía, y en algunas cuadras había canteros con flores. Se localizaban varios comercios y circulaban más seres humanos.

 

Tranvía en Main Street

 

 

El METRO Rail, un moderno tranvía

 

 

Aproveché la existencia del Main Street Market para comprar algunos artículos que necesitaba, y proseguí por la misma vía. Pasé por la Holy Cross Chapel, el Catholic Resource Center, el Corner Bakery Café en la esquina de Mc Kinney Street y la First United Methodist Church. Al llegar a Clay Street doblé hasta Fannin Street donde, retomándola hacia Dallas Street me topé con una especie de galería denominada Green Street. En la esquina había un resto de frutos del mar y carnes denominado McCormick & Schmick’s.

 

Main Street Market esquina Walker Street

y en el centro a la derecha la Holy Cross Chapel y el Catholic Resource Center

 

 

Corner Bakery Café en la esquina de Mc Kinney Street

 

 

Estación del Metro Rail Southbound Red Line en la intersección de Main Street con Dallas Street

 

 

La Northline pasando por la First United Methodist Church en Main Street casi esquina Clay Street

 

 

Caminando por Clay Street bordeando el Green Street Garage

 

 

McCormick & Schmick’s – Seafoods & Steaks y shopping Green Street

 

 

Fui y vine, y al llegar a Smith Street entre Polk y Clay St., pude sentarme un rato a descansar en los bancos que se encontraban alrededor de la fuente de Bob y Vivian Smith. Estaba rodeada de torres vidriadas y tenía tres niveles formando pequeñas cascaditas, rindiendo homenaje a la pareja que formara una fundación sin fines de lucro para fomentar la filantropía, el voluntarismo y la concesión de subvenciones. Robert Everett Smith (Bob) fue un petrolero extremadamente rico que terminó siendo dueño de gran parte de los bienes raíces de Houston. Habiendo fallecido en 1973, su esposa Vivian creó su propia fundación, la Vivian L. Smith, que, entre otras cosas, se dedicaba a la investigación neurológica.

 

Fuente de Bob y Vivian Smith

 

 

Grandes edificios vidriados en Smith Street

 

 

Edificio de Chevron Global Upstream & Gas

 

 

Había salido de Buenos Aires la noche anterior, el vuelo no había sido muy confortable, no había podido ingresar al hotel, me había trasladado en dos colectivos hasta el Centro de la ciudad, y había caminado por todas partes… Ya cansada, siendo las tres de la tarde, decidí tomar un taxi hasta el hotel en Av. FM 1960 e Imperial Vally Dr., que me costó ¡cuarenta y seis dólares! Novecientos veinte pesos argentinos, en ese momento. Pero la situación lo ameritaba.

 

Desde el taxi camino al hotel

 

 

Por suerte, la habitación estaba en planta baja, porque creo que no hubiese podido subir un solo escalón. Y había, como en muchos hoteles del estilo, una cafetera y una enorme cama en la que me quedé profundamente dormida hasta la hora de cenar. Al lado del hotel estaba la Waffle House, donde la comida era tan apetitosa como pesada, pero no tenía opción.

 

Cafetera en la habitación del hotel, genial para mi gusto

 

 

Una enorme cama para un merecido descanso

 

 

Menú tan pesado como apetitoso

 

 

Miré un rato de televisión, y antes de dormirme, me quedé pensando en todo lo que había experimentado durante el día. Y, entre otras cosas, recordé haber visto tanto caminando por los suburbios como en los ómnibus, varias personas con graves problemas mentales y, en algunos casos, con algunos miembros mutilados. Todos hombres, los más eran negros y de diferentes edades, lógica consecuencia de las muchas guerras que este “¿Gran País del Norte?”, declaraba permanentemente en todo el mundo.

 

 

Ana María Liberali

 

 

 

 

Libre de virus. www.avast.com