Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 181 al 200 
AsuntoAutor
176/02 Humboldt
177/02 Humboldt
178/02 Humboldt
179/02 Humboldt
180/02 Humboldt
187/02 Humboldt
186/02 Humboldt
181/02 Humboldt
182/02 Humboldt
183/02 Humboldt
184/02 Humboldt
185/02 Humboldt
188/02 Humboldt
189/02 Humboldt
191/02 Humboldt
GOLPE DE ESTADO EN Omar Mor
190/02 Humboldt
192/02 Humboldt
y los estudiantes. carlosgo
RE: NoticiasdelCeH Omar Mor
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 341     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 186/02
Fecha:Sabado, 13 de Abril, 2002  00:25:11 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 186/02
 
Bajo el Imperio de las Adicciones
 
¿Washington, tras otra aventura imperialista?
 
Por William Pfaff
Del International Herald Tribune

PARIS.- Desde que el comunismo se desintegró, en Washington se planteó la noción de que los Estados Unidos deberían ejercer su poder sin par como imperio. Se sustenta eso como la forma de llevar estabilidad a la comunidad internacional y de resolver los problemas provocados por el terrorismo, las naciones hostiles, las armas de destrucción masivas, y demás.

Para algunos en Washington, el concepto de imperio parece la oportunidad de su carrera. Para el ciudadano norteamericano común y corriente, sospecho, sencillamente parece significar conflicto. Un "imperio" militar los Estados Unidos ya tienen. En el estricto plano militar, dominan el mundo. Pero eso no se traduce así no más en poder político. El gobierno de Bush no ha logrado hasta ahora hacer algo respecto de la guerra en el Medio Oriente, donde los Estados Unidos identifican dos de sus intereses nacionales más importantes: un interés estratégico en el petróleo y un interés político en la seguridad de Israel.

El gobierno norteamericano permitió que una guerra israelí-palestina sin control infligiera un inmenso daño a la posición general norteamericana en el Medio Oriente y causara muchos perjuicios en otras partes.

La solución "imperial" habría sido establecer los términos de un acuerdo político e imponerlos, con el poder militar si fuese necesario, contra una u otra parte, o contra las dos.

La visita del secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, a la región no promete una solución imperial. Promete en última instancia esfuerzos infructuosos para lograr otro cese del fuego y reanudar las negociaciones de paz, sobre la base de condiciones condenadas al fracaso.

Afganistán no logra rehacerse debido a la renuencia de Washington de asumir allí una función "imperial", puesto que presupone que los costos políticos tanto internos como externos podrían ser demasiado altos.

Una creencia errónea

A quienes promueven un "imperio norteamericano" los seduce generalmente la idea de que la autoridad imperial de Washington sería aceptada de manera positiva, y que por lo tanto habría un común acuerdo respecto del imperio. Ese concepto se basa en la errónea creencia de que generalmente los Estados Unidos son considerados en el extranjero como una nación benevolente.

Powell debería explicarle al presidente Bush que incluso en la Europa aliada, dispuesta durante más de 50 años a pensar bien de los Estados Unidos, el ejercicio del poder de parte de Washington es considerado un serio problema internacional.

El unilateralismo norteamericano, que mayormente solía ser una cuestión circunscripta a egos y petulancias dentro del Congreso, ahora se ha convertido en una política exterior del gobierno de Bush. Esto estremece la frágil estructura de las leyes y convenciones internacionales edificadas durante las últimas tres centurias, a las cuales los Estados Unidos aportaron elementos de suma importancia.

El derecho internacional, desde el siglo XVII, se sustentó en dos principios: soberanía nacional y legítima igualdad de las naciones, ambos aspectos ignorados por Washington cuando le conviene

La influencia política, económica y cultural norteamericana no es generalmente estabilizadora. Extirpa estructuras estables, para bien o para mal. Y lo hace intencionalmente. El gobierno de Bush es un gobierno que emprende cruzadas. En el gobierno norteamericano aparentemente hay muchos que están persuadidos de que la fuerza militar puede imponer soluciones políticas convenientes. Piensan que Sharon hace un buen trabajo. La fuerza bruta puede resolver problemas políticos, pero también crea otros.

Una solución para el problema de Israel sería desplazar a los palestinos hacia países vecinos. Pero uno duda de que ése sea el camino para una paz duradera en el Medio Oriente.

El estadista Edmund Burke advirtió en cierta oportunidad que no hay mayor calamidad que pueda sufrir una nación que la de romper con su pasado. El pasado norteamericano ha sido el imperio de la ley, el orden constitucional, una prensa libre, la suspicacia hacia una diplomacia respaldada por la amenaza de la fuerza, evitar enredos externos, e incluso hostilidad frente a ejércitos en pie de guerra.

La única aventura imperialista de los Estados Unidos, en 1898, demostró no ser muy satisfactoria, y, 18 años después de librar una guerra para conquistar las Filipinas, el Congreso norteamericano se comprometió a conceder a esas islas la independencia.

La Guerra Fría hizo que los Estados Unidos rompieran con ese pasado. Durante mucho tiempo uno pudo creer que cuando la Guerra Fría concluyera, los Estados Unidos volverían a su pasado mejor. Pero nada de eso ocurrió.

Las iniciativas en aras de un imperio que se formulan actualmente no son racionalmente serias, pero no dejan de significar algo. La clase política y la burocracia norteamericanas se han vuelto adictas al poder internacional. Quieren cada vez más. La cuestión es si el pueblo las apoyará.

Trad. Luis Hugo Pressenda


Extraído del diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, del jueves 11 de abril de 2002.