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Asunto:NoticiasdelCeHu 712/03 - El chico de los mandados por el delivery
Fecha:Jueves, 12 de Junio, 2003  05:10:14 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

Girasol

 
NCeHu 712/03

 

El chico de los mandados por el delivery

 

por el Lic. Juan Roberto Benítez

Presidente del Centro Humboldt

 

La concentración económica en la producción y provisión de bienes y servicios, es una tendencia que hoy por hoy parece ser irreversible. Los actores económicos son cada día menos y más grandes, mientras que los pequeños y medianos tienden a desaparecer.

Esta situación permitió que en el caso de los servicios, especialmente los comerciales de distintos rubros, estos grandes pudiesen concentrar la oferta en megalocales, cosa que en ellos pudieran realizar una reducción de costos aún mayores. Es decir que no sólo tienen proporcionalmente gastos más bajos que un mediano o un pequeño por la cantidad que compran y venden, sino que además en la distribución tienen también una reducción de costos en especial en lo que hace a los transportes. Llevar la misma cantidad de productos a un solo sitio de ventas no es lo mismo que acarrearlas a decenas sino a cientos de bocas de expendio, distribuidas por toda una ciudad.

Fue así como los super y modernamente los hipermercados se convirtieron poco a poco en el LUGAR de compras. Desde ya que esto está asociado a la cultura del automóvil, a la cultura del freezer, a la actual vida urbana con jornadas de trabajo que abarcan casi todo el día; en síntesis a la alineación que exige la modernidad.

Paralelamente, los pequeños y medianos comerciantes, no pudieron menos que sucumbir ante tamaña competencia. En la Argentina sólo seis firmas venden el 65% de todo lo que se despacha bajo el rubro almacenes y afines. Locales con una oferta que bien podríamos denominar como total, de todos los rubros imaginables y con precios sensiblemente más bajos; pero eso sí, con un trato tan impersonal como la lectora óptica del código de barras que indica el producto y su precio.

Justamente el trato personalizado que siempre ofreció el pequeño fue uno de los factores que mantuvo vivo a quienes pudieron mantenerse vivos. El conocimiento del cliente y su entorno familiar y social, la conversación cotidiana sobre el tema que al cliente le preocupa, el crédito sin tarjetas de crédito (el fiado en la vieja libreta del almacenero) y el chico de los mandados que a doña Rosa inmovilizada por cualquier razón le presta un servicio impagable, son las cosas que permiten que una persona pueda sentirse tal cosa cuando tiene que comprar lo que necesita.

Tanto es así, que dándose cuenta de esto, algunas grandes empresas comenzaron a tener como un slogan la oferta de “un trato personalizado”.

Pero ese tipo de trato no fue suficiente para que muchos de los pequeños pudieran competir; y su destino fue el cierre definitivo de sus locales, o bien subsistir con un grado cada vez mayor de pauperización y sin ninguna posibilidad de progreso.

Hoy la competencia ya no se plantea entre los grandes y los pequeños, sino entre los mismos grandes, la mayoría de ellos de capitales transnacionales. ¿Y por dónde pasa esa competencia? Los rubros son los mismos, los precios son iguales y las marcas ya casi no tienen importancia porque los grandes imponen sus propias marcas o mantienen aquellas que les permiten un mayor margen de ganancia.

La competencia pasa por intentar tratar a una persona como se debe tratar a una persona.

La distribución de la población (en términos económicos, la distribución espacial de la demanda), se convierte nuevamente, en una de las principales variables para decidir la localización de las bocas comerciales de productos y servicios que satisfacen necesidades cotidianas.

En las grandes ciudades, las grandes firmas que hacen sus estudios de localización tienen en cuenta un radio de acción de no va más de diez o doce cuadras a la redonda. Esto hace aumentar sus costos de distribución, pero ya no hay que atravesar toda la ciudad para encontrar la panacea de las compras.

Los nuevos locales ya no tienen el tamaño descomunal de los hiper en donde el tiempo que se pierde en las cajas sólo se justifica cuando la compra es grande; tienen un tamaño más humano.

También han incorporado sus propias tarjetas de crédito sin tener que depender de los bancos.

Y si por si esto fuese poco han incorporado el servicio de los mandados mediante un llamado telefónico; perdón por mi vocabulario tan anticuado, han incorporado el delivery.

La competencia entre los grandes está pasando por lo que dije antes, el intento de tratar a una persona como a una persona. Lástima que ya no sea don José el que nos ofrece ese trato, porque él ya había demostrado que sabía hacerlo.


Artículo publicado en el Semanario Noticias y Protagonistas - Mar del Plata - Argentina. 

 





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