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Asunto:NoticiasdelCeHu 255/17 - VIAJANDO: De Tafí del Valle a Santa María
Fecha:Jueves, 13 de Julio, 2017  10:30:49 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 2155/17
 

 

De Tafí del Valle a Santa María

 

Taktikllakta, en lengua cacán significaba “Pueblo de la espléndida entrada”, y parecía haber sido el nombre inicial del poblado y valle que dominaba, simplificado por los españoles como Tafí.

 

En cacán Taktikllakta significaba “Pueblo de la espléndida entrada”

 

 

En el sector oriental, donde se encontraba Tafí del Valle, debido a su altitud, casi 2000 m.s.n.m., el clima predominante era templado y algo húmedo debido a las lluvias estivales y a las nevadas invernales. Las temperaturas máximas promedio de verano alcanzaban a 26°C, mientras que las máximas promedio invernales llegaban a 16°C, siendo frecuentes mínimas de hasta 17°C bajo cero. Por esa razón el bioma era una pradera con céspedes, gramíneas, dándose, además, algunos bosquecillos de coníferas, caducifolias y molles.

Y esas condiciones naturales fueron las que permitieron que dos mil trescientos años atrás se establecieran pueblos agricultores y recolectores, y a que a mediados del siglo XVI atrajeran a los españoles quienes fueran combatidos por los pueblos calchaquíes, para posteriormente, a principios del XVII, se asentaran los jesuitas dando origen a la producción de lacticinios.

Si bien los pueblos originarios se habían dedicado a la cría de auquénidos, los españoles incorporaron bovinos, equinos, ovinos, y en menor grado, caprinos, así como el cultivo de cereales como el trigo y vegetales como la lechuga.

 

Por su altitud, 2000 m.s.n.m., el clima de Tafí del Valle era templado y algo húmedo

 

 

Dos mil trescientos años atrás se establecieron pueblos agricultores y recolectores

 

 

A mediados del siglo XVI iniciaron su presencia los españoles,

quienes fueron combatidos por los pueblos calchaquíes

 

 

En 1617 se instalaron los jesuitas dando inicio a la producción de lacticinios

 

 

Hasta 1943 la única forma de acceder a Tafí del Valle desde San Miguel de Tucumán, era a lomo de mula. Y fue en ese año, que al inaugurarse el camino que serpenteaba el Aconquija, el pueblo se convirtió en el principal centro turístico de la provincia, constituyendo un gran alivio para soportar los veranos por parte de los habitantes de la capital provincial. Pero recién a principios del siglo XXI se incorporó al valle del Tafí dentro de los circuitos del turismo internacional.

 

A principios del siglo XXI, Tafí del Valle comenzó a ser incluida

en los paquetes de turismo internacional

 

 

El pueblo contaba en 2016, con algo más de quince mil habitantes

 

 

Contraste de vegetación: boscosa y xerófila

 

 

Los españoles introdujeron el trigo y la lechuga

 

 

Ingresando a las Cumbres Calchaquíes desde Tafí del Valle

 

 

La ganadería de origen se basaba en la cría de auquénidos,

 incorporándose bovinos, equinos, ovinos y caprinos con la llegada de los españoles

 

 

La conformación de estancias constituyó el origen de la ganadería europea

 

 

Varios establecimientos se especializaban en la producción de quesos

 

 

Los alambrados de las estancias no respetaban pendientes

 

 

En algunos sectores habían forestado con pinos

 

 

Varios animales dentro y fuera de los alambrados

 

 

Las cumbres calchaquíes en todo su esplendor

 

 

Las estancias se extendían hasta la banquina de la ruta

 

 

El valle del Tafí tenía una superficie de 360 km2

 

 

A medida que avanzábamos hacia el noroeste la humedad iba disminuyendo lo que daba lugar a la presencia de cactáceas como los cardones. El contraste era espectacular en el punto llamado abra del Infiernillo, donde se llegaba a una zona de semidesiertos y desiertos, siendo muy frío con heladas y nevadas en invierno, y templado en verano con algunas lluvias que provocaban volcanes de barro, y la característica de presentar nubosidad en las cimas de las montañas.

 

Nubosidad en las cimas de las montañas

 

 

El abra del Infiernillo era un paso montañoso de 3042 m.s.n.m. que unía el valle del Tafí con los valles Calchaquíes, siendo el punto más alto transitable de la provincia de Tucumán. Allí sólo vivían algunas pocas familias de pastores de llamas y ovejas, y era el refugio de varias especies de animales en peligro de extinción.

El nombre de abra era la apócope de abertura, con la connotación de valle pequeño; y en cuanto a Infiernillo, el topónimo parecía derivar de las dificultades que en tiempos pasados se tenía para acceder al lugar. En realidad, no tan pasados, ya que la primera vez que la transité, en febrero de 1986, ingresamos en una nube que no nos permitía divisar la continuidad del camino, debiéndonos asomarnos por las ventanillas para indicarle a quien conducía hacia qué lado debía girar el volante, en un camino sumamente sinuoso.

 

Pastos amarillos al final del período seco

 

 

Camino muy sinuoso

 

 

Las Cumbres Calchaquíes desde el abra del Infiernillo

 

 

Paisaje dorado

 

 

Estepa arbustiva en los valles de altura

 

 

Cielo azul en el semi-desierto

 

 

Una vivienda con pantalla solar

 

 

Tierra yerma

 

 

Caminos secundarios de tierra

 

 

Siguiendo el curso del río de Amaicha

 

 

Volcán de barro producido durante el período de lluvias

 

 

Período de estiaje del río de Amaicha

 

 

El abra del Infiernillo era un paso montañoso que unía el valle del Tafí con los valles Calchaquíes

 

 

Circulábamos por la ruta provincial 307

 

 

Nos encontrábamos a una altura de 3042 m.s.n.m.

 

 

El topónimo Infiernillo derivaba de las dificultades para acceder al lugar

 

 

Pasando el abra del Infiernillo comenzamos a transitar por la cuesta de los Cardones, donde se encontraba un sinnúmero de ejemplares de Echinopsis atacamensis. El cardón de la puna, como era llamado vulgarmente, era una especie fanerógama perteneciente a la familia Cactaceae que habitaba en áreas montañosas o altiplánicas del centro-oeste de América del Sur.

 

Cuesta de los Cardones

 

 

Incendio en la cuesta de los Cardones

 

 

Las plantas xerófilas indicaban la aridez del lugar

 

 

Viviendas y álamos cerca de las fuentes de agua

 

 

Arbustos de diferentes tamaños a la vera de la ruta

 

 

El Echinopsis atacamensis era una planta perenne, carnosa, armada de espinas y con las flores de color blanco. Presentaba un tallo columnar que podía alcanzar los diez metros de altura y sus muchas agujas espinosas tenían entre cuatro y catorce centímetros de longitud. Justamente su nombre genérico derivaba de echinos “erizo o erizo de mar”, y opsis “apariencia”, en referencia a la cubierta densa de espinas que los cardones presentaban. Su madera era utilizada comúnmente en el noroeste argentino tanto en la construcción de edificios como de puertas y muebles.

 

El Echinopsis atacamensis es una fanerógama perteneciente a la familia Cactaceae

 

 

Echinopsis es el nombre genérico que deriva de echinos “erizo o erizo de mar”, y opsis “apariencia”, en referencia a la cubierta densa de espinas que los cardones presentan

 

 

Los cardones presentaban tallo columnar que podían alcanzar hasta diez metros de altura,

y sus agujas espinosas entre cuatro y catorce centímetros

 

 

Una de las tantas curvas cerradas del camino

 

 

Y después del disfrute del paisaje y de la adrenalina que me producía el transitar por semejante camino, arribamos a la localidad de Amaicha del Valle, a 2000 m.s.n.m.

El vocablo Amaicha derivaría del aymará aynacha, que significaba “abajo”, probablemente en referencia a su ubicación por debajo del abra del Infiernillo, o del quichua ama hich’aychu, en que sería “no arrojes”.

Estudios han revelado que había habido instalación humana en la región desde casi diez mil años atrás, cuyos descendientes fueran los pueblos diaguita o cacán, de la región calchaquí.

El conquistador español llegó en 1535, cuando Diego de Almagro, siguiendo el Camino del Inca, atravesó la región rumbo a Chile. Las cruentas Guerras Calchaquíes asolaron la zona durante casi cien años hasta fines del siglo XVII, cuando los pueblos originarios fueron derrotados. Sin embargo, Amaicha del Valle era una comunidad del pueblo calchaquí que no adhirió a las guerras contra los españoles, por lo que lograron una Cédula Real de 1716 que les permitió mantenerse en sus tierras, reconociéndolos como legítimos propietarios. Y ha sido así como han mantenido sus instituciones ancestrales, tales como el Cacicazgo y el Consejo de Ancianos.

En 2016, momento en que estaba de paso por allí, Amaicha no contaba con más de mil quinientos habitantes cuya economía era de tipo rural con crecimiento paulatino del turismo cuyo principal atractivo, además de las artesanías y el paisaje, lo constituía el clima, debido al promedio de trescientos sesenta días al año con sol.

 

Llegando a Amaicha del Valle

 

 

Establecimiento “Villa Bella” en Amaicha del Valle

 

 

Rotonda de ingreso a Amaicha del Valle en la Ruta Provincial 307

 

 

Cruzando el río de Amaicha en período de estiaje

 

 

Quince minutos después de dejar Amaicha del Valle, pasamos de la ruta provincial 307 en Tucumán a la provincial 357 en Catamarca, para llegar en diez minutos más a Santa María.

Hacía nada menos que treinta años que había estado allí, y, de hecho, no reconocí absolutamente nada. Y si bien el tiempo que había pasado era bastante extenso, a este pueblo en particular, le habían sucedido muchas cosas en tres décadas, y la más destacable había sido la cercanía relativa de la mina La Alumbrera, que había demandado fuerza de trabajo del pueblo, y había impactado tanto positiva como negativamente en sus habitantes.

 

Ingresando a Santa María

 

 

Santa María, treinta años después…

 

 

Pasando por la panadería Anahí

 

 

Calle con asfalto, pero en muy mal estado

 

 

Y pese a los importantes cambios, el pueblo seguía siendo un pueblo, por lo que el micro dio unas cuantas vueltas donde se fueron bajando varios pasajeros antes de arribar formalmente a la terminal.

 

 

Ana María Liberali

 

 




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