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Asunto:NoticiasdelCeHu 118/17 - VIAJANDO: Valdivia, lluvia, sismos, hum or, corrupción, chimentos, universidad y amigos
Fecha:Sabado, 20 de Mayo, 2017  21:52:43 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 118/17

 

 

Valdivia, lluvia, sismos, humor, corrupción, chimentos, universidad y amigos

 

Era el 8 de abril de 2013 cuando tomé un taxi hasta la terminal de Manuel Tienda León, y desde allí el micro hasta el Aeropuerto Internacional “Ministro Pistarini” de Ezeiza. Y como el avión salió atrasado, aproveché para desayunar un café con leche con tres medialunas, manteca y dulce que pagué 47$.

El sobrevuelo por el norte de la provincia de Buenos Aires, sur de Córdoba, y centro de San Luis y Mendoza no contó con mi conciencia ya que me dormí profundamente, despertándome casi al llegar a Santiago de Chile.

 

Vetas de malaquita en la cordillera de los Andes

en las proximidades del Aeropuerto Internacional “Arturo Merino Benítez”

de la ciudad de Santiago de Chile

 

 

Y después de hacer los trámites de migraciones y aduana, comí un sándwich de palta con jamón y una gaseosa (¡100$ argentinos!). El café expreso costaba 28$ argentinos, pero me abstuve. Todo carísimo.

Al dirigirme a la puerta de embarque del sector nacional, sin dar explicaciones sobre las causas, anunciaron que el vuelo saldría con una hora y media de atraso. Y como continuaba con sueño debido a que había permanecido toda la noche despierta para tomar el primer vuelo muy temprano, dormí enroscada en dos sillas.

Subí al avión de Sky. Entre que era muy moderno y que el tiempo estaba espectacular, no se movió en absoluto. En sólo cuarenta y cinco minutos hizo escala en Concepción para luego en otros treinta y cinco llegar a Valdivia, en la región de los Ríos.

Había un sol increíble, nunca había visto así el paisaje valdiviano. La zona se caracterizaba por sus abundantes precipitaciones, alrededor de dos mil quinientos milímetros al año, prevaleciendo entre abril y octubre, por lo que ese día, evidentemente, se trataba de una excepción.

 Allí me estaba esperando Adriano, quien con su camioneta me llevó hasta el hotel Di Torlaschi. El hotel Di Torlaschi era en gran parte de madera, algo muy típico tanto del sur de Chile como de la Patagonia Argentina. Y eso, además de la ventaja de poder construirse en meses en que no fraguaban los materiales, conservaba mejor la temperatura y era más seguro en caso de movimientos sísmicos. La cama llena de almohadas me tentó a meterme bajo el cubrecama de plumas y volver a dormirme profundamente hasta que pasara a buscarme Camila para ir a cenar y charlar hasta ponernos al día sobre chimentos de todo tipo.

Valdivia había sido conocida mundialmente a partir del 22 de mayo de 1960, en que, a las tres de la tarde, fuera sacudida por el terremoto más intenso del que se tenga registro moderno, con un pico máximo de al menos diez grados en la escala de Richter, ya que se rompieron los medidores existentes en el momento, según decían los viejos pobladores. Dicho movimiento telúrico, acompañado por tsunamis desarrollados en todo el Pacífico llegando a las islas Hawaii y Japón, destruyó gran parte de la ciudad, especialmente a los edificios construidos en concreto y a fortalezas de origen español, se hundieron terrenos pantanosos, y quedó inutilizado un sector del río para la navegación hacia el océano.

Y a pesar de esa tragedia que se cobró gran número de víctimas y gente que quedó sin techo, además de haberse venido abajo gran cantidad de dependencias, los chilenos mantenían su humor al respecto, la mejor forma de sobrellevar la vida en un lugar de tanto riesgo permanente. Y era así como en la carta del resto-bar aparecía un cóctel denominado “terremoto” que era servido en un vaso grande junto a otro pequeño, y ese era la “réplica”.

Al regresar al hotel me puse a mirar televisión donde en un programa cómico, gran parte de los chistes hacían referencia a la escala de Richter o directamente a los terremotos.

A la mañana siguiente Adriano me llevó a recorrer diferentes barrios de la ciudad, pero el tiempo había vuelto a su normalidad, llovía torrencialmente, aunque de a ratitos.

 

Característica lluvia en la ciudad de Valdivia

 

 

Barrio residencial de Valdivia

 

 

Bonitos jardines en Isla Teja

 

 

Hotel Dreams Pedro de Valdivia, de cuatro estrellas y media

 

 

Transitando por una calle céntrica de Valdivia

 

 

Almorzamos en un restorán alemán. Comí ciervo a la cazadora con una especie de fideítos con perejil muy buenos. Y como postre, un helado de cerveza y arándanos.

Adriano me contó que María Mardones, una reconocida geógrafa chilena, vivía en Valdivia en el momento del famoso sismo, y que fue llevada junto con otros niños a San Antonio y otras localidades durante un año para que continuaran con el ciclo escolar. Pero que los había invadido el miedo, debido a que las carreteras estaban destrozadas, por lo habían tenido que trasladarlos por mar, algo temible después de semejante maremoto. Que ella vio gran cantidad de “estrellas fugaces”, y era que la atmósfera se había despejado por la energía liberada, pero la gente creía que ese sería el fin del mundo. Las familias que los recibían en Chile Central se constituían en adoptivas hasta tanto volvieran a Valdivia con las suyas, en la medida en que no las hubieran perdido.

A la tarde fui a la oficina del Gobierno Regional donde trabajaba Camila. Ella me habló sobre las tareas que estaba desarrollando como geógrafa profesional, y me obsequió material muy valioso al respecto.

 

Plaza de la República

 

 

Plaza de la República desde las oficinas del Gobierno Regional de los Ríos en la calle O’Higgins

 

 

Salimos a hacer un breve paseo bajo la lluvia para luego encontrarnos con Adriano en un restorán, frente al cual había otro que se llamaba “Epicentro 1960”.

Acompañados por un exquisito pisco sour hablamos de todo un poco. Y, como era lógico, surgió el tema de la corrupción. Yo les comenté que en la Argentina se suponía que Chile era un país serio, y que no se producían ciertos hechos deleznables, pero que yo no pensaba de la misma manera, no sólo por haberlo recorrido desde Arica hasta la Tierra del Fuego sino también por haber compartido tanto conversaciones como haber consultado medios de comunicación locales. Y que justamente, la noche anterior, en un noticiero habían mostrado cómo habían provocado un incendio en un edificio patrimonial de Santiago, por no habérselos permitido derrumbar para hacer un negocio inmobiliario, así como otros hechos por el estilo. Y ellos confirmaron mi parecer comentándome, entre otros casos, el de un hombre que había estado imposibilitado de ejercer cargos administrativos en el Municipio de Valdivia por estafador, pero que sí podía ser diputado nacional y hasta presentarse como candidato a presidente con el pretexto de que se trataba de otra jurisdicción. Y también la cantidad de robos que se desataban después de cada terremoto, en que la gente, tras sufrir el derrumbe de parte de su vivienda, tenía que soportar que les quitaran los pocos enseres que les quedaran sanos.

Pasada la sobremesa fuimos a conocer la casa de Camila, tan bonita como sencilla. Nos sorprendió que se mostrara muy esquiva con su perro, y ella nos contó que estaba muy angustiada porque esa mañana Apolo había matado al gato de la vecina.

Ya en el hotel me puse a ver otra vez el programa “Hazme Reír”, que se trataba de un concurso de chistes. Y muchos confirmaban el nivel de corrupción que se estaba viviendo:

 - ¿En qué se diferencia un ladrón de un diputado? En que el ladrón va preso.

 - Entre los parlamentarios de un país comunista se dicen camaradas. Pero en Chile, se dicen cómplices.

 - Yo soy diputado, pero soy honrado. Y yo soy prostituta, pero soy virgen.

Luego pasaron un aviso donde todo comenzaba a moverse y la gente a correr. ¡Otra imagen de un terremoto! Pero era sólo el impacto del LOTO.

Y en el informativo se regodeaban con que una “actriz” (vedette) argentina llamada Matilde Bonasera de veinticuatro años estaba enamorada de “Hernancito” de quince, habiéndola acusado de pedófila. ¡Dos días seguidos con la misma nota! Idéntico nivel de estupidez que en los canales argentinos.

Lo había estado pasando muy bien con mis colegas y amigos, pero el motivo de mi estada en esta ciudad era mi participación como conferencista en el acto de apertura del ciclo lectivo 2013 de los estudiantes de Geografía en la Universidad Austral de Chile.

Adriano Rovira Pinto era, en ese entonces, el Director del Departamento de Geografía, y después de llevarme a recorrer el predio de la Universidad en el Campus Isla Teja, me presentó al Decano de la Facultad de Ciencias, el Dr. Mario Pino Quivira.

 

Alameda que daba ingreso a la Universidad Austral de Chile

 

 

Jardín Botánico de la Universidad Austral de Chile

 

 

Estudiantes en los jardines de la Universidad Austral de Chile

 

 

Mario Pino Quivira era de profesión geólogo y Doctor en Recursos Naturales por la Universidad de Münster, Alemania, especializándose en procesos recientes, incluyendo la interacción de los primeros pobladores de las Américas con el ambiente biótico y abiótico. Y era, además, un referente muy reconocido respecto de su conocimiento sobre comportamientos sísmicos. Por lo que, dejando de lado los comentarios pintorescos de los habitantes, le pregunté sobre qué consideraba sobre próximos movimientos telúricos en la región. A lo que él me contestó que según los últimos estudios internacionales realizados, existía una gran cantidad de energía por liberarse en el sector de la placa de Nazca que iba desde Valdivia hasta la isla de Chiloé, por lo cual era probable que esa energía se liberara en un plazo relativamente corto en un terremoto de ocho grados, y que el epicentro se daría en la costa ya que allí se producían los choques de placas más cercanas de la superficie; y que por lo tanto debían estar preparados siempre con un plan de emergencia y tener mucho cuidado en el terreno en que se construía.

El Dr. Pino Quivira, más allá de sus pergaminos, era una persona muy amable y simpática. Y me comentó que cuando el Prof. Rovira me había propuesto para ser invitada, él me había googleado, encontrando mi artículo “Geografía sin Toga y sin Pizarrón”, que recomendó a los estudiantes.

Y en un gran salón, frente a profesores y alumnos, en un ambiente de respeto y cordialidad, expuse el tema “La Interdisciplinariedad en la Argentina”, algo que me parecía fundamental para poder investigar en cualquier área, y en lo que tenía sobrada experiencia ya que lo venía haciendo tanto con profesionales de las ciencias sociales como de las ciencias duras, pudiendo tener una mirada más amplia para cada problemática.

Luego permanecí un buen rato conversando con otros colegas como Carlos Rojas Hoppe y Silvia Diez Lorente, geógrafos especializados en el área física. A ellos también les pregunté acerca de la sismicidad chilena y, además de verter sus conceptos acerca del sismo ocurrido en gran parte de Chile el 27 de febrero de 2010, también lo hicieron sobre el famoso terremoto de Valdivia de 1960. Ellos consideraban que ese movimiento no sólo había significado un antes y un después para el territorio chileno, sino que había sido un verdadero hito a nivel mundial, ya que había sido el terremoto de mayor intensidad de toda la historia, con 9,5° en la escala de Richter. Y también hicieron referencia al desconocimiento por parte de los más jóvenes y al supuesto olvido de los mayores, ya que se estaban rellenando humedales y edificando sobre zonas inestables, sin tomar en cuenta las consecuencias que eso depararía en caso de que se produjera un evento similar. Sin duda, eso demostraba el grado de corrupción existente en las autoridades gubernamentales que aceptaban coimas de las empresas constructoras para poder realizar obras dejando de lado las normas de seguridad establecidas para tal fin.   

 

Con Adriano Rovira Pinto, Silvia Diez Lorente y Carlos Rojas Hoppe

 

 

Con Cecilia Camila Quintana Binimelis y Adriano Rovira Pinto

 

 

Saliendo de la Universidad Austral de Chile

 

 

Después de almorzar con Camila tenía intenciones de salir a caminar, pero la lluvia se intensificó por lo que permanecí toda la tarde en un cyber contestando mensajes y conectándome con el resto del mundo.

 

Tarde lluviosa desde el cyber

 

 

La lluvia continuó hasta la noche, momento en que decidí instalarme en el Café Palace, abierto las 24 horas, ¡justo para mí! Pedí un Barros Jarpa con agregado de palta, una Coca-Cola y un expreso doble, y me puse a trabajar con mi tesis doctoral y con un artículo sobre el Área Metropolitana de Buenos Aires. Pero a cierta hora el ambiente social comenzó a cambiar, me trajeron una velita, apagaron las luces y pusieron música muy fuerte. Obviamente ya no veía nada para leer en papel, así que volví a conectarme a internet, y para estar más a tono con la situación me tomé un pisco sour. Pero a eso de las once de la noche ya no daba para continuar allí, por lo que comencé a caminar lentamente hacia el hotel que quedaba a pocas cuadras. ¡Pero no había absolutamente nadie en la calle!, y para peor, cuando me faltaba poco para llegar, me ladraron un montón de perros. ¡Flor de susto!

Siendo muy temprano para irme a dormir, además de costarme conciliar el sueño, me despertaba a cada rato por mi temor constante a los sismos.

 

 

Ana María Liberali

 


Libre de virus. www.avast.com