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Asunto:NoticiasdelCeHu 96/17 - VIAJANDO: Navegando por el lago San Roque
Fecha:Miercoles, 10 de Mayo, 2017  20:43:58 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 96/17
 

 

Navegando por el lago San Roque

 

El sábado 9 de febrero levanté temprano a la tropa para poder disfrutar de un hermoso día de sol, pero, además de refunfuñar, las niñas permanecieron de mal humor durante todo el desayuno. Sin embargo, Martín estaba feliz porque sabía que iríamos a navegar.

 

Laurita y Ludmila desayunando casi dormidas y de pésimo humor

 

 

Comiendo espectaculares medialunas

 

 

Pese a lo contundente del desayuno, Ludmila continuaba con sueño

 

 

Ludmila poniéndole protector solar a Martín

 

 

Córdoba tenía una terminal nueva, por lo que pensamos que iba a estar un tanto aliviado el flujo de vehículos y personas, pero las filas para comprar pasajes hacia las ciudades del valle de Punilla eran larguísimas, y eso nos impidió viajar en forma inmediata. Y cuando finalmente accedimos a un micro, tardamos una hora y media en llegar a Villa Carlos Paz, cuando habitualmente ese recorrido se hacía exactamente en la mitad de ese tiempo, ya que era de sólo treinta y cinco kilómetros. Si bien era lógico que un sábado de Carnaval a la mañana se juntara mucha gente, nos pareció demasiado el movimiento que se había generado. Poco después nos enteramos, que justamente ese día, daba comienzo el Cosquín Rock, que atraía público tanto de la Argentina como de países vecinos.

Hicimos una breve recorrida por Carlos Paz y almorzamos en el Club de Pesca en las proximidades del lago San Roque. Allí pedimos sólo empanadas, lo que al mozo lo hizo sentir molesto ya que pretendía vendernos abundantes menúes, gran parte de ellos en base a pescado.

Desde allí caminamos hasta el embarcadero bajo un sol que nos partía la cabeza. Faltaba mucho para que partiera el catamarán, así que nos instalamos en la confitería de enfrente y nos tomamos una botella de litro y medio de agua en pocos minutos. El calor era insoportable.

Compramos los boletos para el Crucero Vencedor y nos sentamos a esperar bajo un alero junto al lago, pero el olor que emanaba era realmente inmundo.

 

Laurita, Ludmila y Martín bajo el alero del embarcadero de Villa Carlos Paz

 

 

En cuanto nos embarcamos los chicos subieron a la cubierta, lo que los puso por demás contentos.

 

Ludmila, Martín y Laurita en la cubierta del catamarán

 

 

Laurita navegando en el lago San Roque

 

 

Ludmila navegando en el lago San Roque

 

 

Martín navegando en el lago San Roque

 

 

A poco de andar el guía comenzó con las explicaciones pertinentes al origen del lago, que fuera embalsado en el año 1891, siendo en su momento la obra de ingeniería más importante de toda América y conocida en todo el mundo. El objetivo había sido proveer de agua a la ciudad de Córdoba reteniendo las aguas del período de lluvia para poder utilizarlas de marzo a noviembre, en que se sufría escasez; siendo convertido años más tarde, en una usina hidroeléctrica. Y mientras se hacían los comentarios respecto de la historia de su construcción, Laurita se puso a tomar fotos del dique.

 

Observando las costas del lago…

 

 

Vista panorámica del dique San Roque

 

 

Acercándonos al dique San Roque

 

 

Ladera de las Sierras Chicas

 

 

Dique San Roque

 

 

Vegetación de monte achaparrado y especies implantadas en las costas

 

 

Mucha actividad náutica en el lago

 

 

Después de un largo rato de navegación nos llevaron hasta las cercanías del dique donde nos invitaron a descender para hacer una caminata, o bien, disfrutar de la sombra de una frondosa arboleda y comprar sándwiches de salame y queso de la zona. Desde ya, que mis compañeros de excursión optaron por lo segundo.

 

Acercándonos a un muelle cercano al dique

 

 

Martín y Ludmila esperando sendos sándwiches de salame y queso de la zona

 

 

Laurita descansando tras la merienda

 

 

Con Laurita bajo la arboleda

 

 

El guía pidió encarecidamente que, tanto los que hicieran un recorrido por el dique como los que optaran por una merienda con productos locales, regresáramos al catamarán antes de las 17:10; y aclaró que quien no lo hiciera quedaría indefectiblemente abajo. Por lo cual nosotros, tanto para evitar problemas como para conseguir una mejor ubicación, nos adelantamos. Y siendo las 17:15 pasadas, zarpamos. Cuando, de pronto, una pareja comenzó a hacer señales desesperadas desde el muelle porque habían llegado tarde.

El guía no quería regresar, pero el capitán decidió volver por ellos. ¡Resultaron ser santiagueños! Y eso fue el leitmotiv de las gastadas de todo el resto de la excursión con el tema de que los santiagueños eran lentos para todo. Y ellos lo tomaron de lo mejor. Primero mostraron timidez ante tantos desconocidos, pero más tarde tomaron confianza y “lentamente” se fueron largando a contar chistes de ese tenor sobre sus comprovincianos, demostrando lo que siempre los caracterizó, el poder reírse de sí mismos. ¡Excelentes personas, tranquilas y divertidas!

 

Laurita, Ludmila y Martín regresando al catamarán

 

 

Laurita, Ludmila y Martín en cubierta a pesar del viento

 

 

Alejándonos del dique

 

 

Ludmila disfrutando del sol

 

 

Laurita fascinada con el lugar

 

 

Continuábamos navegando y Martín había comenzado a aburrirse, hasta que de pronto, vio algo que lo solía maravillar, y era los parapentes. Y de inmediato, una regata de veleros, que nos encantó a todos.

 

Martín en navegación

 

 

Veleros y parapentes

 

 

Regata de veleros con el fondo de las sierras

 

 

Luego apareció un cantante a bordo. Era rosarino, como gran parte de los turistas que allí había. Predominaban los santafecinos y los procedentes del Noroeste y Cuyo. Cantó canciones folklóricas y siguió con cumbias y cuartetazos. Martín y yo salimos a bailar.

 

Bailando con Martín

 

 

Laurita a pleno disfrute

 

 

Ludmila y Martín paseando por el catamarán

 

 

Martín re-feliz entre la gente

 

 

Laurita, Ludmila y Martín con el guía

 

 

Al descender de la nave caminamos hasta la terminal. Las nenas llamaron a sus padres y regresamos al departamento. Nos cambiamos y cenamos en el restó 8 mm, una pizzería de película, donde servían pizza por metro y las paredes estaban decoradas con imágenes referidas a la historia del cine.

 

Laurita con Omar en la pizzería “8 mm”

 

 

Con Ludmila durante la cena

 

 

Al regresar al departamento jugué con las niñas a Rutas Nacionales, con el fin de que además de la diversión, fueran reteniendo mentalmente el mapa de la Argentina.

 

 

Ana María Liberali

 


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