Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 17623 al 17642 
AsuntoAutor
336/16 - UNLu / Ci Noticias
337/16 - ARGENTINA Noticias
338/16 - Del matri Noticias
339/16 - Trump, Po Noticias
=?UTF-8?Q?Re:_Noti Nivea Mu
=?UTF-8?Q?340/16_- Noticias
341/16 - I WORKSHO Noticias
342/16 - 5th Globa Noticias
344/16 - III Congr Noticias
343/16 - Revista Noticias
345/16 - Sobre la Noticias
346/16 - El ascens Noticias
347/16 - 22 DE NOV Noticias
348/16 - Del autor Noticias
=?UTF-8?Q?D=C3=8DA crocetti
349/16 - "ARGENTIN Noticias
=?utf-8?Q?Re:_Noti =?utf-8?
350/16 - "El error Noticias
CIDADES DE TODOS - Elias An
351/16 - ¿Un golpe Noticias
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 17961     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 346/16 - El ascenso de la extrema derecha en los centros capitalistas
Fecha:Domingo, 20 de Noviembre, 2016  11:40:03 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 346/16


 

El ascenso de la extrema derecha en los centros capitalistas

 
La Caldera
 
Buenos Aires, 17/11/16
 
 
La vida política de los principales centros capitalistas estuvo dominada durante décadas por el consenso bipartidista entre socialdemócratas y conservadores, que se alternaron en el poder (o conformaron eventuales alianzas) relegando al rol de socios menores a las terceras fuerzas (partidos verdes, de izquierda o liberales). Si bien hay matices que diferencian a las dos fuerzas que componen ese bipartidismo, ambas son expresión del “centro político”, cuentan con el apoyo de la clase dominante de sus respectivos países, y están comprometidas con el mantenimiento del orden institucional y económico neoliberal que se ha instaurado desde los 70.

En esos países las extremas derechas existen desde hace décadas como expresiones marginales, con eventuales ascensos aislados que no terminaron de consolidarse. Sin embargo, desde la crisis del neoliberalismo desatada en 2007 estas fuerzas vienen experimentando de manera sistemática un ascenso en diferentes países, proporcional al colapso de las fuerzas del bipartidismo comprometidas con el régimen en crisis. Los casos mas notorios son el Frente Nacional en Francia, el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), el movimiento Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) y el partido Alternativa para Alemania (AfD) en Alemania, Amanecer Dorado en Grecia, el Partido del Pueblo en Dinamarca, el Partido de la Libertad en Austria, el Partido por la Libertad en los Países Bajos, y organizaciones similares en varios países de Europa del Este.

Si bien podemos encolumnar a todas estas expresiones en un movimiento común, cada una de ellas adquiere fisonomías específicas, por las razones de su ascenso, su forma de organización, su ideología, etc. Encontramos entre ellas movimientos extraparlamentarios, partidos políticos que participan de las elecciones y figuras políticas advenedizas como Donald Trump. Su ascenso puede estar vinculado más directamente con la crisis económica, o bien ser una reacción a los atentados terroristas en Europa y a la crisis de refugiadxs que estalló en 2015. Algunas expresiones, como Amanecer Dorado y Pegida, son movimientos abiertamente fascistas o filofascistas, que impulsan acciones violentas contra lxs inmigrantes, lxs refugiadxs y la izquierda, pero la mayoría de los casos (al menos por el momento) no se adecúa a la definición tradicional de fascismo.

Un rasgo que comparten estas organizaciones es el discurso en defensa de la soberanía nacional frente a la globalización en general y a los dictados de los organismos supraestatales de la Unión Europea en particular. En lo económico esto a veces se manifiesta en un programa proteccionista y de oposición a los tratados de libre comercio, como es el caso del Frente Nacional y de Donald Trump, aunque otras formaciones como UKIP se mantienen más claramente dentro del consenso neoliberal. Por otra parte, a medida que empezaron a adquirir una mayor base popular estas fuerzas se empezaron a mostrar cada vez más en contra del desmantelamiento del estado de bienestar, oponiéndose a la política de austeridad impulsada por los partidos de la clase dominante. Muchas de estas fuerzas se muestran abiertamente hostiles a los políticos del establishment, a los que califican de corruptos y vendidos a las corporaciones. El euroescepticismo y la oposición a la globalización neoliberal encabezada por EE.UU. ha implicado que en términos de política exterior muchas de estas organizaciones apoyen una alianza con Rusia para conformar un bloque imperialista alternativo al norteamericano (oponiéndose, p. ej., a las sanciones contra Rusia por el conflicto con Ucrania).

Sin embargo, la principal demanda que caracteriza a estas fuerzas, en particular desde la crisis de refugiadxs de 2015 y los atentados perpetrados por ISIS, es la oposición a la inmigración y a la recibida de refugiadxs. Lxs inmigrantes son el chivo expiatorio que permite anudar muchos de los puntos de su programa: hay que salirse de la UE por la flexibilidad de su política migratoria, la inseguridad económica de los trabajadores blancos se debe a la competencia con lxs inmigrantxs, la solución al colapso del estado de bienestar no es su desmantelamiento sino la expulsión de lxs inmigrantxs que lo parasitan, etc. Dado que la mayoría de estxs inmigrantxs provienen de países musulmanes de Medio Oriente y África, esta ideología adopta una forma específica de racismo que es la islamofobia (aunque otros colectivos inmigrantes como los latinos y los europeos orientales también son puestos en la mira). A diferencia del racismo biologicista de los nazis, esta nueva forma de racismo “cultural” se centra en la defensa de los valores liberales y cristianos de Occidente frente a la barbarie que representaría el Islam, oponiéndose al multiculturalismo y promoviendo una asimilación forzosa de las culturas inmigrantes.

Vemos en estos programas una efectiva adaptación de esas fuerzas a la crisis del neoliberalismo y una vocación hegemónica por ampliar su base popular en esta coyuntura. Muchas de estas fuerzas se mantuvieron en los márgenes de la política en sus orígenes ultraliberales o tradicionalistas religiosos, pero empezaron a adquirir peso popular al abandonar sus programas originales e incorporar reivindicaciones sentidas por la clase trabajadora, mostrándose incluso como defensoras de sectores tradicionalmente atacados por la política reaccionaria de la extrema derecha (como lxs judíxs, las mujeres y las comunidades LGTBIQ), que ahora estarían en peligro por el avance del Islam. Esta capacidad hegemónica ha sido fortalecida por la propia izquierda, en particular por la capitulación de la socialdemocracia al neoliberalismo, por la incapacidad de la izquierda de articularse como un actor político de peso en torno a un programa radical de ruptura con el orden neoliberal (cuyo desarrollo efectivo sólo puede darse en un sentido anticapitalista), y por su adhesión a un discurso liberal ilustrado en el que la crítica legítima del rol opresivo de las religiones termina convirtiéndose en una diatriba racista dirigida contra el Islam y sus fieles.

El ascenso de estas fuerzas políticas se viene materializando en una serie de victorias concretas. Las más notorias son las electorales, entre las que se destacan el referéndum en el que triunfó el Brexit en el Reino Unido, la victoria de Trump, y la probable victoria de Norbert Hofer del Partido de la Libertad en la segunda vuelta presidencial de Austria de diciembre de este año. Asimismo, el Frente Nacional y la AfD han experimentado un notable ascenso en algunas elecciones regionales o municipales de Francia y Alemania, alcanzando porcentajes de entre el 20 y el 40% y posicionándose en muchos casos como terceras o segundas fuerzas (ascenso que tendrá que verificarse en las elecciones generales que habrá en esos países en 2017). Sin embargo, incluso sin llegar al poder, el crecimiento de estas organizaciones ha implicado un fuerte corrimiento del centro político hacia la derecha y una serie de concesiones de los gobiernos conservadores o socialdemócratas, que se materializaron en la prohibición del burkini y el estado de sitio permanente en Francia luego de los atentados, en la construcción de muros para frenar el flujo de refugiadxs y el acuerdo con Turquía para deportar y contener refugiadxs fuera de la Unión Europea, en la confiscación de bienes traídos por lxs refugiadxs para financiar su asilo aprobada en Dinamarca, etc.

Las izquierdas tienen tareas claras para frenar este ascenso y posicionarse como alternativa política. En primer lugar, organizando el frente antifascista para contrarrestar en las calles la movilización de los sectores más radicalizados de la extrema derecha. La experiencia más avanzada en este sentido se da en Grecia, aunque también hay ejemplos de Alemania. La reacción espontánea de miles de jóvenes en EE.UU. tras la victoria de Trump también puede ser prometedora. En segundo lugar, la izquierda debe posicionarse como una alternativa política clara no sólo a la extrema derecha, sino también a los partidos socialdemócratas y conservadores que siguen impulsando la política neoliberal que dio origen a este fenómeno político. Si no son las fuerzas de izquierda la que presenten un programa claro de ruptura con el neoliberalismo impuesto por los partidos dominantes, será la extrema derecha la que siga capitalizando el descontento popular.
 




Avast logo

El software de antivirus Avast ha analizado este correo electrónico en busca de virus.
www.avast.com