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Asunto:NoticiasdelCeHu 326/16 - VIAJANDO: Me gusta Jujuy cuando llueve…
Fecha:Domingo, 23 de Octubre, 2016  12:11:39 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 326/16
 

 

Me gusta Jujuy cuando llueve…

 

El martes 20 de enero dimos por finalizadas nuestras vacaciones de descanso en Salta, y partimos rumbo a Jujuy en un ómnibus de la empresa Balut.

 

Laurita y Ludmila desayunando en la terminal de ómnibus de Salta

 

 

Omar con el equipaje junto al ómnibus de la empresa Balut

 

 

Si bien nuestro destino se encontraba al norte de la ciudad de Salta, en una primera etapa nos dirigimos hacia el este, para cruzar las Sierras Subandinas e ingresar en una zona de llanura. Y esa zona se presentaba muy verde producto de las vastas precipitaciones que humedecían los suelos durante todas las primaveras y los veranos.

 

Paisaje verde al este de la ciudad de Salta

 

 

Cielo tormentoso, típico de todos los veranos del Noroeste Argentino

 

 

Selva subtropical, conocida regionalmente como “yungas”

 

 

Cruzando las Sierras Subandinas de oeste a este

 

 

Verdes laderas en las Sierras Subandinas

 

 

Mientras nos encontrábamos en la ladera occidental de las Sierras Subandinas, las nubes estaban amenazantes; y en cuanto pasamos al sector oriental, en la ciudad de General Martín Miguel de Güemes, encontramos el asfalto mojado, evidente muestra de que había llovido recientemente.

 

Ciudad de General Martín Miguel de Güemes después de la lluvia

 

 

General Güemes contaba con algo más de cincuenta mil habitantes en el año 2015 cuando nosotros estábamos pasando por allí. La ciudad se había fundado a principios del siglo XX con la llegada del Ferrocarril General Belgrano, habiendo sido pionera en este medio de transporte en la provincia de Salta, empalme a la ciudad de Salta y a Socompa, y contar además con importantes talleres; pero a partir de la privatización de 1993, quedaron en la calle cinco mil quinientos trabajadores, cientos de vagones de cargas y pasajeros, y locomotoras únicas en América Latina, herrumbradas y tiradas sin que los pocos obreros que quedaron con trabajo pudieran hacer algo para repararlas. Y si bien en 2012 se había inaugurado un servicio de tren de cercanías, desde y hacia la ciudad de Salta, con dos frecuencias diarias, de ninguna manera pudo volver a ser lo que había sido.

 

Esquina de Juncal y Rodríguez en la ciudad de General Güemes

 

 

El hotel Román, en la intersección de las calles Juncal y San Martín

 

 

A menos de diez kilómetros de Güemes se encontraba el Ingenio Azucarero San Isidro, cuya producción en parte se exportaba, y estaba creciendo en materia de infraestructura. Y en un radio de treinta kilómetros a la redonda se estaba desarrollando un parque industrial que albergaba importantes empresas de variado nivel, destacándose dos centrales termoeléctricas, Termo Andes y Central Térmica Güemes.

En pocos minutos, al ingresar a la provincia de Jujuy, comenzó a llover torrencialmente no permitiéndome tomar fotografías por la intensidad del agua pegando sobre la ventanilla. De todos modos, permanecí observando el bellísimo paisaje de una de las provincias argentinas que más me gusta, y recordando algunos versos de la zamba “Me gusta Jujuy cuando llueve” de Castillo, Yunes y Yacopetti, que dice así:

“Me gusta Jujuy mi Jujuy cuando llueve

Y dejar que el recuerdo me lleve

Y por Yala perderme abrazado al amor

Mojadito de agua hasta el alma…

Me gusta Jujuy mi Jujuy cuando aclara

Y en los charcos mirarme la cara,

O mirar los gorriones al cielo volar

Desde el campanario hasta el alba…

Es una fruta madura Jujuy,

Es un jazmín encendido

O tal vez un rayito de luna o de sol

Una campanita de plata

A Jujuy esta zamba le quiero cantar

Me gusta Jujuy con toda el alma.

Me gusta Jujuy mi Jujuy por las tardes

Y sentirme color del paisaje.

O llegarme a la viña y un vino tomar

Antes que la tarde se apague.

Me gusta Jujuy mi Jujuy por las noches

Con la luna alumbrando el camino.

Y pedirle a un amigo que venga a cantar

Una serenata conmigo…

 

Y así, disfrutando de Jujuy aún con la lluvia, volvimos a cruzar las Sierras Subandinas e ingresar a la Cordillera Oriental o Precordillera Salto-Jueña, transitando por San Salvador, Yala, León, Volcán, hasta llegar a Purmamarca donde divisamos el maravilloso cerro de los Siete Colores.

 

Cerro de los Siete Colores en Purmamarca

 

 

Me gusta Jujuy mi Jujuy por las tardes

Y sentirme color del paisaje

 

 

Me gusta Jujuy mi Jujuy cuando aclara

Y en los charcos mirarme la cara

 

 

Ya con mejores condiciones meteorológicas pasamos por Maimará, pero el río Grande había crecido bastante, y todavía lo seguía haciendo, lo que todos los años, en período estival ponía en peligro a todas las poblaciones de la quebrada de Humahuaca.

De los 350 mm anuales que llovían en la Quebrada, la mitad se producían entre los meses de enero y febrero, permaneciendo ausente de precipitaciones los meses de otoño e invierno. Por esta razón, la flora predominante era xerófila y las laderas de las montañas carecían de protección ante la torrencialidad de las lluvias estivales generándose derrumbes y aludes denominados volcanes de barro.

 

Llegando a Maimará

 

 

Laderas de malaquita

 

 

Cerros sin contención para las lluvias torrenciales

 

 

El río Grande creciendo a gran velocidad

 

 

Extensos meandros que el río abandonaba durante el estiaje

 

 

Defensas construidas con pircas para disminuir las consecuencias

de las repentinas crecidas del verano

 

 

Amplio cono de deyección en la margen izquierda del río Grande

 

 

Nuestro viaje concluía en Tilcara donde no había caído una sola gota de agua, lo que nos permitió trasladarnos a pie por las dos cuadras que nos separaban del hotel de Turismo, sin embargo, las piedras, los pocitos y las veredas y calles rotas nos hicieron muy difícil arrastrar nuestros bolsos con rueditas.

El hotel estaba bastante abandonado y al preguntar por la piscina que habíamos conocido años atrás, nos informaron que la habían tapado con tierra porque era muy costosa su manutención. En realidad, eran muy pocos los días y las horas en que en Tilcara se podía disfrutar de ella.

Después de cuatro horas de viaje y habiendo pasado el mediodía, todos estábamos hambrientos, por lo que enseguida cruzamos a almorzar al restaurant “El Salteño”, un bolichón que no tenía muy buen aspecto exterior, pero que, al estar lleno de comensales, nos generó confianza. Y no nos equivocamos porque la comida fue excelente en calidad, cantidad y precio.

 

Ludmila almorzando opíparamente en el restaurant “El Salteño” de Tilcara

 

 

Como todo pueblo del interior, y particularmente del norte argentino, era habitual dormir la siesta, y mis compañeros de viaje decidieron sumarse a esa costumbre. Pero yo salí a caminar sola, ya bajo un cielo azul intenso, observando las viejas casas sin cerradura alguna, los cabritos sueltos por las calles, y contemplando sus montañas desnudas, porque con lluvia o con sol, con calor o con frío, desde que la conocí allá por 1986, ¡me gusta Jujuy con toda el alma!

 

 

Ana María Liberali

 




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