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Asunto:NoticiasdelCeHu 274/16 - VIAJANDO: De la Villa de Merlo a San Miguel de Tucumán
Fecha:Miercoles, 28 de Septiembre, 2016  00:11:27 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 274/16
 

 

De la Villa de Merlo a San Miguel de Tucumán

 

El martes 6 de septiembre de 2016, en la empresa Expreso del Oeste, partí de Retiro rumbo a la Villa de Merlo llegando al día siguiente por la mañana, y me alojé en el hotel Algarrobo sobre la avenida del Sol.

Tras un breve descanso me dirigí a Barranca Colorada donde se encontraba la Facultad de Turismo y Urbanismo de la Universidad Nacional de San Luis, donde tenía lugar el I Congreso de Turismo en Serranías coordinado por la Dra. Beatriz Goldwaser.

El predio era realmente hermoso, no sólo por las comodidades internas que ofrecía sino por el amplio espacio al aire libre con el panorama de la sierra de los Comechingones.

Allí me encontré con viejos amigos y conocidos de encuentros previos como Alfredo César Dachary, Stella Maris Arnaiz Burne, María Lidia Soria, María del Carmen Labey, y con Juan José Bertolino y Diego Díaz, a quienes hacía mucho tiempo que no veía. Y conocí a otros nuevos, que además de haber demostrado sus capacidades académicas, me resultaron buena gente.

Esa tarde Mapu, una joven periodista que participaba de un programa de cultura general en una radio local, me hizo una entrevista referida a mi opinión acerca del Congreso, y sobre cuál era mi parecer respecto de los problemas que enfrentaba la Villa de Merlo en cuanto a la actividad turística. Y mi respuesta rotunda fue, por un lado, lo importante que me parecía tanto la cantidad como el nivel de la gente que participaba del Congreso; y a lo segundo, la escasez de agua, ya que la localidad venía creciendo a un ritmo aceleradísimo, y casi todos los hospedajes contaban con piscinas, por lo que, en el verano, ya solían cortar el agua a toda la población durante varias horas al día.

Todo el resto de la jornada permanecí escuchando ponencias que me parecieron muy interesantes, y constituyeron un valioso material para mis cátedras universitarias.

Estaba tan cansada que, cuando regresé al hotel, pensé que no iría a cenar, así que me tiré en la cama y me puse a mirar televisión. Era el canal Encuentro, y estaban pasando un programa en que un director de teatro trabajaba con el Grupo Esperanza, el cual se trataba de personas con diferentes discapacidades a las que había convertido en excelentes actores, permitiéndoles traspasar las situaciones que les generaban graves conflictos. ¡Hasta logró que un ciego se desplazara por el escenario sin bastón en el rol de payaso! Una verdadera genialidad.

Ya recuperada y siendo una noche espectacular, salí a caminar por la avenida del Sol, deteniéndome en el restorán El Tono donde me deleité con una deliciosa cazuela de humita.

Continué hasta el cajero automático que estaba en la puerta del Casino Flamingo, y entré. Ya había estado en otras oportunidades y siempre me había llamado la atención que allí no hubiera separación entre el restorán con escenario para espectáculos donde se encontraban muchas familias, y las máquinas tragamonedas. Sólo había un cartel donde decía que no podían ingresar menores de dieciocho años, pero muy cercanos habían instalado juegos para los más chiquitos.

Y si bien no tolero los tragamonedas, me gusta mucho la ruleta, aunque nunca me ocasionó problemas porque asisto en muy pocas ocasiones; y gano o pierdo poco, porque nunca arriesgo más de lo que puedo jugar. Y si bien esa noche no me fue bien, me divertí un rato y regresé al hotel mucho más tarde de lo que lo habían hecho los demás pasajeros que pertenecían a un grupo de turistas jubilados.

El jueves 8, Beatriz me pasó a buscar temprano para regresar al entorno del Congreso donde nuevamente compartí gratos momentos con varios asistentes. Y allí se dieron varias casualidades.

La primera de ellas tuvo que ver con María Cecilia González, representante de la provincia de La Rioja, quien no sabía cómo explicarme dónde quedaba Anjullón, pueblo donde había pasado parte de su niñez. ¡Y qué grande fue su sorpresa cuando le comenté que yo me encontraba justamente allí en julio de 1969, mientras la Apolo XI llegaba a la Luna!

Por otra parte, Luisina Zuccarini, una joven representante de la Universidad Nacional del Sur, quien siendo oriunda de Pigüé, me indicó a quien podría donar unos documentos de mi tío abuelo Lorenzo Raggi. Él había sido uno de los ocho mil reservistas que fueran destinados a Cura Malal durante la primera conscripción argentina en abril de 1896.

 

La Dra. Beatriz Goldwaser durante su alocución

 

 

Esa noche tuvimos la cena de camaradería en el restorán Mirando Lejos. Nunca había comido un chivito tan rico y tan abundante.

A los postres subió al escenario un excelente guitarrista invitado por el periodista, escritor y docente Alberto Trossero. El joven interpretó varios temas folklóricos, algunos de los cuales fueron acompañados en el canto y el recitado por algunos de los comensales. Sin embargo, para bailar, se le pidió nada menos que Bombón Asesino. ¡Terrible lo nuestro!

 

Con Beatriz Goldwaser en el restorán Mirando Lejos

 

 

El viernes 9 participé del cierre del Congreso, y por la tarde, luego de un suculento almuerzo en la terminal de ómnibus, partí en un micro de la empresa Chevallier rumbo a Córdoba Capital. También viajaban en el mismo vehículo, otros participantes, pero no nos tocaron asientos cercanos por lo que no tuvimos oportunidad de conversar durante el viaje.

Y si bien no era mi intención, en cuanto arrancamos me dormí profundamente, y cuando me desperté ya estábamos próximos a Nono, una de las localidades turísticas más bonitas de Traslasierra, en la provincia de Córdoba.

 

Cercanías de Nono, en Traslasierra

 

 

Enseguida ingresamos en la Pampa de Achala, situada a unos 2200 m.s.n.m. en la zona central de las Sierras Grandes, el cordón montañoso de mayor altura de la provincia de Córdoba. Y tenía la particularidad de ser un ecosistema que constituía una reserva hídrica natural por regular el caudal de los ríos y arroyos de los valles cordobeses. Las precipitaciones promediaban los 800 mm anuales, y si bien la concentración de las lluvias se producía en verano, la presencia de agua estaba garantizada todo el año en forma de neblina, nevadas o heladas, siendo receptada por el manto vegetal que funcionaba como una esponja, y luego, por decantación era el alimento de diques y lagunas que permitían desarrollar las diferentes actividades turísticas y económicas de toda la región. Por esa razón, el Gobierno de Córdoba había decretado a la región “Reserva Hídrica Provincial Pampa de Achala”.

Justamente las plantas xerófilas predominantes, características de zonas desérticas, son las que se destacan por ser muy eficientes en la captación de agua. Y allí se encontraban, entre otras los pequeños espinillos, tabaquillos, cactáceas, colas de zorro o plumerillos, pastos duros como el espartillo, y algunas gramíneas.

Además, era un refugio para gran cantidad de fauna, que, en algunos casos, se encontraba únicamente en este lugar. Aunque no los pude ver en ese momento, sabía que había cóndores, águilas moras, gatos monteses, zorros grises, lagartijas, víboras, cuises, y batracios en las cercanías de cursos de agua.

 

Vista del macizo Los Gigantes, de 2340 m.s.n.m. desde la ruta provincial nro. 28

 

 

Frecuentes incendios en época de ausencia de lluvias

 

 

Detalle del incendio en las Sierras Grandes

 

 

Valles angostos y profundos producto de la particular tectónica del lugar

 

 

Gran variedad de rocas: ígneas, sedimentarias y metamórficas

 

 

Paredón de la Pampa de Achala, en las cercanías del paraje “La Pampilla”

 

 

Rocas ígneas y metamórficas del Paleozoico Inferior

 

 

Antiguas formaciones re-estructuradas por el movimiento andino

 

 

Pequeños arbustos entre rocas y pastizales

 

 

Escasa vegetación compuesta por pastos duros

 

 

La baja palatabilidad de los pastizales limitaba la cría de ganado

 

 

Atardecer en la Pampa de Achala

 

 

El sol ya había desaparecido pero no la luminosidad

 

 

Y con la vista perdida en el horizonte…

 

 

Disfruté cómo las sombras lo cubrían todo

 

 

Pasamos por la quebrada del Condorito cuando ya estaba oscuro, llegando a Córdoba a las diez de la noche. Tenía dos horas de espera hasta tomar el ómnibus de la empresa Gral. Urquiza con destino a San Miguel de Tucumán, paso obligado para arribar a Santa María, ciudad catamarqueña que carecía de una buena comunicación terrestre con su ciudad capital. Pero el tiempo se me pasó rápido por compartir un tostado con gaseosas con María Cecilia, quien también debía tomar un micro con destino a La Rioja a la medianoche.

Dormí toda la noche y me desperté cuando estábamos ingresando a la terminal de ómnibus de San Miguel de Tucumán, aquella que se construyera en tiempos en que Palito Ortega gobernara la provincia, en los primeros años de la década del ’90. Y si bien continuaba siendo muy funcional en medio de un shopping, se encontraba bastante descuidada en relación con sus primeros tiempos en que había hasta maleteros uniformados.

Después de dar varias vueltas para estirar un poco las piernas y pasar por el cajero automático, me instalé en uno de los bares con wifi para poder contestar mensajes y avanzar con algunos trabajos pendientes. Y luego de un abundante almuerzo, rumbeé hacia Santa María en un ómnibus de la empresa Aconquija.

 

 

Ana María Liberali

 




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