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Asunto:NoticiasdelCeHu 261/16 - ACERCA DE PERFILES PRODUCTIVOS PRIMARIO-EXTRACTIVOS EN LA ARGENTINA DEL SIGLO XXI
Fecha:Viernes, 23 de Septiembre, 2016  01:00:51 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 261/16
 
 
 

ACERCA DE PERFILES PRODUCTIVOS PRIMARIO-EXTRACTIVOS EN LA ARGENTINA DEL SIGLO XXI

 

Graciela Patricia Cacace

 Jorge Osvaldo Morina

Universidad Nacional de Luján

Luján, Provincia de Buenos Aires

 

1.  Introducción y marco teórico-conceptual

La Argentina, como muchos otros países de América Latina en el presente siglo, ha venido transitando de un “modelo” de “desarrollo” anclado en la valorización financiera hacia otro asentado en la producción y exportación a gran escala de bienes primarios, como por ejemplo metales y minerales (cobre, plata, oro, molibdeno, litio, entre otros), productos agrarios (soja, maíz, trigo), biocombustibles que son en realidad agrocombustibles, o el caso de los hidrocarburos (petróleo y gas) que, luego de la privatización de YPF en la década de 1990, observó un incremento de las ventas externas hasta conducir a la pérdida del autoabastecimiento. Perfiles productivos exportadores como los mencionados consolidaron una matriz de neto corte extractivista que, con algunos rasgos tradicionales y otros nuevos, sigue siendo funcional a la globalización comercial y a la integración subordinada de nuestro país al sistema económico mundial. En esta ponencia entendemos al extractivismo como un esquema productivo centrado en la remoción y/o extracción de importantes masas de recursos naturales que se exportan con escaso procesamiento, como commodities que, en sentido amplio, son productos indiferenciados cuyos precios son fijados en la escala internacional. El objetivo del trabajo es describir, interpretar y explicar comportamientos de los actores involucrados en el extractivismo como así también algunas de sus características y contradicciones. Para eso, tenemos en cuenta el contexto de acelerada y extendida transnacionalización de la economía mundial caracterizada por los rasgos seniles del capitalismo, con creciente concentración, centralización y extranjerización del capital.

Utilizamos información cualitativa y cuantitativa para avanzar en la identificación de las tendencias inherentes a la profundización de los mecanismos de “acumulación mediante desposesión”, que se expresan en casos o perfiles seleccionados.

Uno de los casos que tomamos es el de la expansión sojera, como fenómeno paradigmático de la imposición de la agricultura industrial transgénica. Otro es el de la gran minería a cielo abierto, asociada a tecnologías agresivas y de alto riesgo.

 

El largo desarrollo de la crisis económica y financiera del modo de producción y sistema geográfico capitalista se dará en un contexto histórico en el cual será un aspecto de una crisis mucho mayor, una crisis de civilización. Los trabajadores, los explotados y los dominados pagan ya los costos y lo seguirán haciendo cada vez más. De manera inmediata, se enfrentan al conjunto de medidas dispuestas por gobiernos y empresas con el objetivo no sólo de hacer caer el peso de la crisis sobre ellos, sino de utilizar el cambio en la relación de fuerzas favorable al capital que se deriva del aumento del desempleo, para agravar aún más las condiciones de explotación. (Chesnais, 2010).

En la Argentina, los veinticinco años (1976-2001) de la etapa neoliberal han concluido. Pero lo hicieron dejando una profunda marca en la sociedad argentina: (a) un dominio determinante del gran capital transnacional; (b) la consolidación de la posición periférica del ciclo del capital local en el ciclo del capital global basada en la preeminencia de la estrategia del saqueo de las riquezas naturales y (c) la precarización y superexplotación estructural de la fuerza de trabajo. Estos elementos dan cuenta de la continuidad y consolidación del ciclo de la dependencia (Féliz y López, 2010).

 

2.  El agrocapitalismo sojero

La elaboración de genotipos de semillas resistentes a herbicidas específicos marcó el punto de partida del agrocapitalismo sojero. En 1996 se concretó la liberación comercial de la variedad transgénica RR (RoundupReady) de la multinacional Monsanto[1]. El paquete tecnológico permitió simplificar notablemente el manejo del sistema agrícola con la siembra directa[2], la mecanización total y el aumento exponencial de la aplicación de agroquímicos. Los monocultivos de exportación son parte del  extractivismo que no responde a necesidades locales sino a una inserción internacional subordinada y funcional a la `globalización´ comercial y financiera (Gudynas, 2009). Es así que, buena parte del agrocapitalismo argentino está dominado por grandes corporaciones transnacionales que obtienen rentas extraordinarias[3]. El Estado argentino capta una parte de las rentas a través de las retenciones a las exportaciones. Con la asunción del  gobierno de ultraderecha en diciembre de 2015, las retenciones a las exportaciones de soja bajaron de 35 a 30 %, al tiempo que se eliminaron las aplicadas al resto de las producciones agropecuarias.

El negocio de la soja queda concentrado en tres grandes sectores:

a) Los pool de siembra que se nutren de fondos de inversión y operan a gran escala sobre las tierras arrendadas en detrimento de los pequeños y medianos productores.

b) Los proveedores de agroquímicos (Monsanto, Novartis, Dupont, Bayer, Zéneca, Agroevo) acumulando en base a la fuerte dependencia que tiene la producción de soja de las nuevas semillas y fertilizantes.

c) La concentración de la comercialización, con cinco grandes compañías exportadoras que manejan el 90 % de las ventas: Cargill, Bunge, Dreyfus, Nidera (de capitales chinos desde 2014) y Aceitera General Deheza, que exportan desde puertos propios privatizados en los años noventa[4].

El proceso de sojización colocó a la Argentina como el tercer productor mundial del grano, después de EEUU y Brasil, y primer exportador mundial de aceites, harinas y biodiesel[5]. El complejo oleaginoso de Rosario y su zona de influencia se ha convertido en el principal grupo exportador de la Argentina  donde se procesa y se comercializa el 80% del total de la producción de soja nacional.

El fuerte aumento de la producción de soja (que para el año agrícola 2002/03 ya era transgénica en más del 98 %) implicó cambios en las orientaciones productivas: numerosos tambos en Santa Fe y Córdoba cerraron, se redujo la superficie dedicada a la caña de azúcar y a la horticultura en Tucumán, la ganadería bovina fue empujada hacia tierras marginales, expulsando rebaños de cabras de campesinos. Se destruyeron bosques (entre 2004 y 2007 se deforestó un millón de ha.), humedales y estepas, terminando con la biodiversidad, alterando los ciclos hídricos y contaminando suelos y aguas superficiales y subterráneas con agrotóxicos. En suma, se vulnera la seguridad y la soberanía alimentaria. El avance del monocultivo alienta la expulsión de trabajadores rurales afectando la estructura social agraria y desplazando a pequeños productores.

Las consecuencias de la sojización son aún más graves. Afectan los suelos extrayendo sus nutrientes y micronutrientes, obligando a una profusa aplicación de fertilizantes artificiales para sostener el esquema productivo. Los daños a la salud humana resultan innumerables.

 

3. La gran minería

Los minerales de la cordillera son objeto de apropiación por parte de empresas multinacionales en el marco de su participación en el proceso de reproducción ampliada del capital a escala global. La minería emplea métodos hidroquímicos en procesos altamente contaminantes que plantean el riesgo de catástrofes ambientales y peligros para la salud tan graves que ya son declarados fuera de la ley en varios países, entre ellos los de la Unión Europea y Canadá. Esta situación empuja a las multinacionales a  dirigirse hacia los países en desarrollo, con legislaciones más laxas, salarios más bajos y favores de funcionariados propensos a la entrega del patrimonio.

Nuestro país, tradicionalmente con escasa minería, se ha transformado en un país “minero”. Los datos de la Secretaría de Minería, acerca del crecimiento de la actividad entre 2002 y 2011, son elocuentes: las inversiones crecieron 1.948 %; la producción aumentó 841 %; el número de proyectos un 3.311 %; las exportaciones, 434 %; la exploración, 664 % (Secretaría de Minería de la Nación, 2012[6]). La mayoría de los proyectos, están dirigidos a la extracción de oro y, en menor medida, de plata, cobre, metales estratégicos y sales de muy alto valor utilizados en la industria de alta tecnología de los países desarrollados. Los proyectos Bajo La Alumbrera (cobre y oro), Salar del Hombre Muerto (litio) en Catamarca y Salta y Cerro Vanguardia (oro y plata) en Santa Cruz pusieron en marcha, sucesivamente, la megaminería argentina. En pocos años, en esas provincias y en otras, nuevos emprendimientos[7] ingresaron en la etapa de construcción y/o extracción de minerales, aprovechando el marco regulatorio específico a medida de las multinacionales puesto en vigencia en los años noventa.

La actividad minera requiere un uso desmesurado de recursos como el agua y la energía eléctrica destruyendo economías locales y reconfigurando territorios. Todo esto bajo la protección jurídica que torna lícitas estas actividades. Como en otras actividades extractivas,  la concentración del capital es cada vez mayor. Las empresas mineras funcionan como enclaves económicos, espacios cercados y militarizados. Esta gran minería ocupa escasa mano de obra, incorporando pautas propias de la flexibilización y precariedad laboral, generando una progresiva desintegración social.

Son numerosas las resistencias sociales en diferentes localidades y provincias. Existen unas setenta asambleas contra la megaminería a cielo abierto, nucleadas en la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC). Entre ellas se encuentran las emblemáticas asambleas de Chilecito y Famatina, en La Rioja, cuyos vecinos luchan desde 2006 contra la instalación de la empresa transnacional Barrick Gold, en el antiguo distrito minero La Mejicana. Estas luchas llevan implícita la del agua, como bien común y escaso de esta zona semiárida que hace incompatible la convivencia de una actividad extractiva con las agroindustrias (olivícola, vitivinícola, nogales y hortalizas) que dan sustentabilidad económica a la población (Giarracca y Hadad, 2009). En algunas provincias como en Catamarca, La Rioja o San Juan se criminaliza y reprime la protesta. La provincia de Catamarca, después de la feroz represión al denominado Andalgalazo (15/02/2010), no modificó sus políticas de Estado. En enero de 2012, en Famatina, La Rioja, se produjo una gran pueblada que permitió dar visibilidad a conflictos en otras provincias del país y colocó la problemática en la agenda política nacional. El Gobierno argentino impulsó entonces la creación de la OFEMI -Organización Federal de Estados Mineros-,  organismo articulador entre el Estado nacional, los estados provinciales y las empresas del sector con el objetivo declarado de propiciar una minería sustentable y de constituir empresas públicas mineras provinciales para participar de la renta.

El 23 de marzo de 2013, la población de Esquel celebró el décimo aniversario del plebiscito realizado en 2003, cuando el 81 % votó por el No a la Mina. Una marcha multitudinaria marco la vigencia de la resistencia pero ningún medio de comunicación de alcance nacional se hizo eco. Cada vez más se evidencia la acumulación por desposesión, característica de la actual etapa de expansión del capital (Harvey, 2004). La población pierde sus derechos comunales porque los dominios están privatizados. La resistencia de los movimientos sociales frente a estos procesos constituye, formalmente, una indudable expresión de la lucha de clases.

 

4. Consideraciones finales

En base a las breves síntesis de los casos seleccionados, entendemos que las modalidades de explotación de los recursos naturales y su fuerte vínculo con la profundización de la extranjerización y concentración del capital, constituyen indudables continuidades de las llamadas políticas de los noventa. En plena segunda década del siglo XXI el extractivismo sigue siendo uno de los ejes del estilo de desarrollo en la Argentina, como en el resto de América Latina. La coalición de intereses suele mostrar a las autoridades gubernamentales alineadas con las empresas en contra de los trabajadores, comunidades de campesinos o pequeños productores, asambleas ambientalistas y de vecinos afectados, o toda aquella organización que aparezca como un obstáculo a las propuestas extractivas en curso.

 

Bibliografía:

BOLSA DE COMERCIO DE ROSARIO. 2015.  www.bcr.com.ar  (julio 2015).

CACACE, G., GÓMEZ, M. y MORINA, J. (2013). La megaminería en la Argentina del siglo XXI: saqueo extractivista neocolonial. En Cacace, G., Gómez, M., Morina, J. y Suevo, G. (comp.). Geografías Regionales y Extractivismo en la Argentina de los Bicentenarios, pp. 391-441. Instituto de Investigaciones Geográficas, Departamento de Ciencias Sociales, UNLu, Luján.

CHESNAIS, F. “Crisis de sobreacumulación mundial, crisis de civilización”. 2010.  http://www.herramienta.com.ar/herramienta-web-5/crisis-de-sobreacumulacion-mundial-crisis-de-civilizacion   (junio 2015).

FÉLIZ, M.y LÓPEZ, E. (2010). La dinámica del capitalismo postneoliberal-neodesarrollista. Contradicciones, barreras y límites de la nueva forma de desarrollo en Argentina. Herramienta, Nro. 45, 9-33.

GIARRACCA, N. y HADAD, G. (2009). Disputas manifiestas y latentes en La Rioja minera. Política de vida y agua en el centro de la escena. En Svampa, M. y  Antonelli, M. (Ed.). Minería transnacional, narrativas del desarrollo y resistencias sociales, pp. 229-253. Editorial Biblos, Buenos Aires.

GOMEZ LENDE S. y VELÁZQUEZ, G. (2008). Orden global y territorio, verticalidades y horizontalidades. El caso de la minería metalífera en Argentina (1998- 2007). En Morina, J. O. (Dir.) Cuestiones regionales en Argentina al comenzar el siglo XXI. Consecuencias sociales, económicas y ambientales de la explotación de recursos naturales, pp. 55-102. Serie Publicaciones del PROEG Nº 5, Departamento de Ciencias Sociales. UNLu-Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT), Buenos Aires-Luján.

GUDYNAS, E. (2009). Diez Tesis Urgentes sobre el Nuevo Extractivismo. Contextos y demandas bajo el progresismo sudamericano actual. En VVAA. Extractivismo, Política y Sociedad, pp. 187-225. Centro Andino de Acción Popular (CAAP) y Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES), Quito.

HARVEY, D. (2004). El Nuevo Imperialismo. Akal, Madrid.

MACHADO, H., SVAMPA, M., VIALE, E., GIRAUD, M., et al. (2011). 15 Mitos y Realidades de la Minería Transnacional en la Argentina. Guía para desmontar el imaginario prominero. Editorial El Colectivo-Ediciones Herramienta, Buenos Aires.

SECRETARÍA de MINERÍA de la NACIÓN (2012). Minería en números, 2012. Ministerio de Planificación  Federal, Inversión Pública y Servicios. Presidencia de la Nación, Buenos Aires.

SCHUMANN, H. (2014). Especuladores del hambre. ¿Por qué suben los alimentos? Mardulce, Buenos Aires.



[1] La producción de transgénicos fue impulsada por el gobierno de C. S. Menem. Con ese objetivo, en el ámbito de la SAGPyA, en 1991 fue creada la CONABIA (Comisión Nacional Asesora de Bioseguridad Agropecuaria), cumpliendo con el pedido de Monsanto y otras multinacionales. En 1998 fue aprobado el maíz Bt (resistente al insecticida para el barrenador del tallo). En 2004, durante el gobierno de N. Kirchner, el Ministerio de Economía avaló el maíz RR (resistente a la aplicación de glifosato). De los más de 1700 ensayos de campo autorizados y de las evaluaciones aprobadas entre 1991 y 2010, un 56 % correspondió a variedades de maíz; un 23 % a las de soja; algodón y girasol 5 % cada uno; arroz 3 %; papa 2 %; con un 6 % para otros cultivos.

[2] En 1988/89 sólo el 1 % de la soja cultivada utilizó el sistema de siembra directa. En 1996/97, el 43%; en 2004/05 rondaba el 99 %. La soja RR pasó del 5,5 % de la producción en 1996/97 a más del 98 % en 2002/03.

[3] La cosecha de soja 2014/15 arrojaría una producción de 60,1 millones de toneladas (Bolsa de Comercio de Rosario, julio 2015). La superproducción de países como la Argentina y Brasil, más la de Estados Unidos -con cosecha récord en 2014-, lleva los precios de la oleaginosa a la baja. El grano de soja, en enero de 2014 cotizó a U$S 466 la tonelada y en mayo a  U$S 540, mientras que en el primer trimestre de 2015 se posicionó en U$S 380 a causa de la casi perfecta cosecha estadounidense, con rendimientos récord  (Bolsa de Comercio de Rosario, julio 2015).

[4] Cabe recordar que el precio internacional de la soja, como el de otros commodities, resulta también de la especulación. Se recomienda consultar el trabajo de Schumann, 2014.

 

[5] Según la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (ACSOJA), la capacidad de molienda instalada pasó de 29,6 millones de toneladas en 2003 a 59 millones en 2011, año que marcó el récord de más de 37 millones de toneladas de producto procesado. Ese año, Argentina aportó casi el 50 % de las exportaciones mundiales de aceite y harinas de soja y el 73 % de las de biodiesel.

[6] Consulta a la página de la Secretaría de Minería de la Nación: julio 2015. Estadísticas más actualizadas con fecha 2012

[7]Para una ampliación sobre las características de los grandes emprendimientos mineros se puede consultar: Machado et al., 2011; Gómez Lende y Velázquez, 2008; Cacace et al., 2013. Sobre la normativa sancionada y reglamentada (o no) para favorecer a los grandes capitalistas del sector, ver: Cacace et al.,  op. cit.


Ponencia presentada durante el XVIII Encuentro Internacional Humboldt - San Fernando del Valle de Catamarca - 15 al 19 de agosto de 2016.




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