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Asunto:NoticiasdelCeHu 156/16 - VIAJANDO: En La Trochita a Nahuel Pan
Fecha:Domingo, 19 de Junio, 2016  18:03:47 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 156/16

 

 

En La Trochita a Nahuel Pan

 

Después de varios días de lluvia atípica de ese enero de 2006, repentinamente salió el sol, por lo que era ideal para trasladarnos a Nahuel Pan en el famoso Viejo Expreso Patagónico, más conocido como “La Trochita”.

La estación Esquel del Viejo Expreso Patagónico

 

 

El nombre coloquial “La Trochita” estaba relacionado con el ancho de la vía, que en este ferrocarril era económica, midiendo sólo setenta y cinco centímetros.                               

 

Martín a punto de subir al tren

 

 

Este tren se había construido a principios de la década de 1920 con el fin de acortar las grandes distancias entre los pueblos de la Patagonia, aprovechando la disponibilidad de material de post-guerra y los precios más accesibles para su montaje. Sin embargo, comenzó a funcionar ya viejo, en 1945, cubriendo el trayecto Esquel-Ingeniero Jacobacci, desde donde empalmaba el ramal a Viedma, y desde allí a Buenos Aires, formando parte del Ferrocarril General Roca. Era sólo de cargas, que generalmente consistían en lana, cueros y ganado en pie; pero en 1950, debido al aumento de la población de la Patagonia, se decidió también incorporar el servicio de pasajeros. Desde ese momento prestó un inmenso apoyo a la región, teniendo varios servicios diarios con pasajeros y cargas, transportando incluso los materiales para construir la Represa Hidroeléctrica Futaleufú. Y si bien sobrevivió a la nefasta década de 1990, cuando la administración del ex - presidente Carlos Menem cerró la mayor cantidad de ramales ferroviarios con que contaba el país, quedó simplemente como un tren turístico, siendo declarado Monumento Histórico Nacional, y funcionando gracias al entusiasmo de los empleados de los Talleres Ferroviarios de El Maitén, quienes, utilizando los planos antiguos, permitían mantenerlo con sus piezas originales, algunas reconstruidas.

 

 

 

Con Martín que estaba ansioso por partir

 

 

Las locomotoras fueron adquiridas a la firma “Henschel & Sohn” de Alemania y a la “The Baldwin Locomotive Works” de Estados Unidos; y muchas de ellas, verdaderas reliquias, continuaban tirando de unos cuantos vagones. Todas ellas, por expreso deseo del Gobierno Argentino, habían sido adaptadas, desde fábrica, a la combustión de petróleo en lugar de carbón, con el fin de mejorar su capacidad de arrastre. La velocidad máxima era de 60 km/h, pero las condiciones de las vías exigían que no se superaran los 45 km/h.

Hacer un recorrido en la “Trochita” era fascinante, tanto por el paisaje compuesto por montañas, valles y mesetas, como por la emoción que causaba estar en los vetustos vagones de madera balanceándose suavemente por los angostos rieles, y poder oír el pitido característico de su renegrida locomotora que impregnaba el aire de vapores…

 

Y con la locomotora humeante salimos de Esquel

 

 

 

 

Martín no podía estar más feliz, ya que él siempre amó los trenes y las montañas

 

 

La salida de Esquel fue realmente impactante… Rodeados de montañas, con abundante vegetación en el valle, y buenas pasturas que permitían la cría de ganado para cubrir parte de las necesidades locales.

 

Últimas casas de Esquel

 

 

Vista del Cementerio Jardín “El Parque”

 

 

Circulando entre las montañas

 

 

Un cono de deyección de los Andes Patagónicos

 

 

Producción de ganado bovino para cubrir las necesidades locales

 

 

El nombre Esquel deriva de una voz tsonek que significa abrojo o abrojal. Si bien en el entorno predominaban los pastos verdes y tiernos, así como el parque de fagáceas y los bosques fríos y húmedos de coníferas y caducifolias de la selva fría Valdiviense, parte de la flora local pertenecía a distintas especies de la familia de las Compuestas o Asteraceae. Estas plantas presentan espinas en las hojas, en el tallo o en las brácteas de la inflorescencia, y son las primeras en florecer durante la primavera.

 

 

Especie del género Cirsium, uno de los abrojos o cardos que le dieron el nombre a la ciudad de Esquel

 

 

Pastos verdes y tiernos en las cercanías de Esquel

 

 

Pasando por una zona de selva fría

 

 

El tren corría paralelo a la ruta 259

 

 

Área reforestada con pinos

 

 

Vista parcial del valle 16 de Octubre

 

 

Cultivo de alfalfa

 

 

En determinado momento nuestro trencito cruzó la ruta 259 y lentamente comenzó a alejarse de la Cordillera e introducirse en el ambiente de las mesetas, lo que implicaba menores precipitaciones, vientos más fuertes, y, por ende, pastos más duros y amargos, predominando la vegetación xerófila.

 

Cruzando la ruta 259

 

 

Alejándonos parcialmente de las montañas

 

 

Área de transición entre las mesetas y la cordillera

 

 

Circulando por áreas amesetadas

 

 

Río de los Bandidos

 

 

El río de los Bandidos corriendo encajonado entre las mesetas

 

 

Fardos de alfalfa para alimentar al ganado

 

 

Cría de ganado equino destinado a transporte o tareas rurales

 

 

Caballo pastando junto al rancho

 

 

A medida que nos alejábamos de la Cordillera, las pasturas perdían calidad

 

 

Donde las vacas no se adaptaban, se criaban ovinos

 

 

La ovejas arrancan los pastos de raíz aceptando hierbas más duras y amargas

 

 

La calefacción de los vagones se obtenía mediante salamandras a leña, que los pasajeros solían alimentar de acuerdo con las exigencias meteorológicas; y que utilizaban además para calentar el agua para el mate, o los alimentos cuando fuera necesario, y se decía que también las madres secaban allí los pañales de sus hijos. Pero nosotros estábamos circulando en pleno verano, por lo que se mantenía apagada.

El paisaje se había vuelto monótono, y en ese mismo momento, apareció en nuestro vagón, un cantautor mapuche que amenizó el tramo con canciones referidas al lugar.

 

 

Un cantor mapuche amenizando el camino;

y como estábamos en verano, la salamandra se mantenía apagada

 

 

Pero de pronto, en medio de la aridez, tal como un verdadero oasis, nos encontramos con bañados donde habitaban flamencos y patitos, entre otras aves, y pastos muy verdes en los humedales, que en la Patagonia eran llamados “mallines”.

 

Bañados y mallines

 

 

Diversas aves en las aguadas

 

 

Ovejas en pasturas más tiernas

 

 

Curva pronunciada donde podía verse la locomotora

 

 

Y después de dos agradables horas de marcha, llegamos finalmente, a la estación de Nahuel Pan, que se ubicaba a unos setecientos metros sobre el nivel del mar, a casi veinte kilómetros de Esquel, cercana al cerro homónimo.

 

 

Vista del Cerro Nahuel Pan de 2492 m.s.n.m. próximos a llegar a la estación

 

 

Omar y Martín enseguida se subieron a la locomotora

 

 

Después animé a Martín a que nos sentáramos en la parte delantera

 

 

¡Y Martín fue por más!

 

 

El poblado de Nahuel Pan contaba con una importante comunidad mapuche. De hecho, el nombre de la localidad fue puesto en honor al cacique Francisco Nahuelpan.

A fines del siglo XIX, Nahuelpan se había establecido al frente de su propia Tribu en este paraje, que en su momento llegó a componerse de más de trescientas personas, entre varones, mujeres y niños de origen mapuche, tehuelche y araucanos que convivían y respondían a sus directivas. Esa hegemonía se venía manteniendo ya que todos los que le siguieron fueron descendientes directos de Nahuelpan.

En el año 1902, en la Escuela Nro. 18 “del Corinto”, como se conocía a este sitio en la Colonia 16 de Octubre, se definió el litigio territorial de Argentina y Chile por la posesión de una gran franja de tierra; y fue entonces que tanto la Tribu como los pobladores galeses del lugar, reafirmaron los derechos argentinos en lo que posteriormente pasara a ser el departamento Futaleufú. Ese hecho fue muy tenido en cuenta por el árbitro británico Coronel Sir Thomas Holdich, decidiendo un final favorable para nuestro país. Fue por eso que el presidente Figueroa Alcorta, en 1908, dispusiera para la Tribu una superficie de diecinueve mil ochenta y ocho hectáreas, ampliada en 1922 con dos mil quinientas más. Sin embargo, el dictador Agustín Pedro Justo, que gobernaba la Argentina en 1937, incentivado por las campañas de desprestigio iniciadas por conocidos terratenientes de la época como los hermanos Amaya, sus conexiones con las instituciones de poder en Buenos Aires, y la complicidad de los medios, desalojó violentamente a los miembros de la comunidad, que además de haber perdido casi todos sus bienes, también perdió a algunos de sus integrantes. Y fue recién en 1943, que Pedro Pablo Ramírez, paradójicamente otro presidente de facto, intentara reparar parcialmente el error cometido, ordenando la restitución de varios lotes a los descendientes directos del legendario lonko Francisco Nahuelpan.

Y a fines del siglo XX y principios del XXI, algunos miembros de la comunidad vendían artesanías realizadas en piedra o metal, otros tejían, y los restantes criaban animales y cultivaban la tierra.

 

Algunos miembros de la comunidad mapuche vendían artesanías

 

 

Y otros mapuche se dedicaban a tareas rurales

 

 

Un enorme y fértil cono de deyección

 

 

Cerro Nahuel Pan, el vigía de los mapuche

 

 

Vista panorámica de la estación Nahuel Pan

 

 

Y luego de permanecer un rato observando detenidamente el lugar, conversando con sus habitantes y comprando algunas artesanías, emprendimos el regreso.

En los alrededores de Nahuel Pan se formaron pequeños cúmulos en un cielo azul intenso

 

 

Para más tarde convertirse en cirros…

 

 

Y después de atravesar el mallín…

 

 

Nos esperaba nuevamente la estepa arbustiva

 

 

Durante el trayecto el cielo comenzó a cubrirse de estratos-cúmulos

 

 

El viaje de regreso lo disfrutamos tanto como el de ida debido a que la luz del sol generaba nuevos reflejos sobre las laderas de las montañas…

Panorámica de Esquel, asentada sobre el extremo noreste del valle 16 de Octubre

 rodeada por los cerros Nahuel Pan, La Zeta, La Cruz, Cerro 21 y La Hoya

 

 

Estratos en el cielo, nieve en las cumbres de las montañas y bella ciudad en el valle

 

 

La tarde había estado soleada, pero los estratos comenzaron a convertirse lentamente en cúmulos y luego en nimbos, lo que indicaba que las lluvias volverían en pocas horas más.

 

En breve estaríamos arribando a la estación Esquel del Viejo Expreso Patagónico

 

 

Chubut sin duda era una de las provincias más hermosas del país, sino la más hermosa. Llevábamos muchos días recorriéndola, y en mi caso más de una vez, y todo nos parecía espectacular. El desierto junto al mar y su excéntrica fauna, el colorido y las formas de sus mesetas interiores, y la majestuosa cordillera con sus cerros nevados, sus bosques y sus lagos; pero también su historia y sus expresiones culturales… Sin duda la lluvia casi permanente, fuera de estación, nos estaba corriendo, sin embargo, antes de partir, ya estábamos pensando en volver…

 

 

Ana María Liberali

 



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