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Asunto:NoticiasdelCeHu 84/16 - VIAJANDO: Paseando por Roma en el ómnibus tu rístico
Fecha:Jueves, 14 de Abril, 2016  01:21:55 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 84/16
 

 

 Paseando por Roma en el ómnibus turístico

 

Jueves 6 de febrero. En la Piazza Barberini, Omar y yo, tomamos el Roma bus, y a poco de andar llegamos a la Piazza della Repubblica, frente a la cual se encontraba la Basilica Santa Maria degli Angeli e dei Martiri.

Esta iglesia fue diseñada en 1562 por Miguel Ángel sobre la base de las Termas de Diocleciano, a solicitud del papa Pío IV, y del sacerdote siciliano Antonio del Duca. Y la dedicación a los mártires hacía referencia al dato que afirmaba la hagiografía cristina, según la cual, dichas termas habían sido construidas con el trabajo de cristianos esclavizados.

Bajo el crucero del templo, estaba situada la gran meridiana solar de Francesco Bianchini, inaugurada en 1702. Su fin era demostrar la exactitud del Calendario Gregoriano, y determinar la fecha de la Pascua Cristiana del modo más coherente posible en relación con los movimientos de la luna y el sol. Funcionaba como gnomon un agujero por el cual la luz solar, al cénit, caía en un punto variable y medido por la línea de bronce de cerca de cuarenta y cinco metros de largo trazada en el suelo. La llegada de las estaciones estaba representada por las figuras de las señales zodiacales incrustadas en mármol y dispuestas a lo largo de la línea. En un extremo se encontraba la señal de Cáncer, que representaba al solsticio de verano; y del otro, la de Capricornio, que respondía al solsticio de invierno.

 

 Basilica Santa Maria degli Angeli  e dei Martiri.

Bajo el crucero del templo, marcada sobre el piso,

se encontraba la gran meridiana solar de Franceso Bianchini

 

 

Luego pasamos por el Palazzo del Quirinale, que se encontraba sobre la colina homónima, y era una de las residencias del Presidente de la República Italiana.

 

Palazzo del Quirinale

 

 

Otro lugar destacado fue el Monumento Nacional a Víctor Manuel II, conocido como Il Vittoriano o como Altar de la Patria, realizado en honor al primer rey de la Italia unificada. Estaba situado entre la Piazza Venezia y la Colina Capitolia; y había sido diseñado por Giuseppe Sacconi en 1895, e inaugurado en 1911, aunque los trabajos terminaron entre 1924 y 1927.

 

Fachada del Altar de la Patria

 

 

Vista lateral del Altar de la Patria

 

 

Frente al Altar de la Patria, en la Piazza della Madonna di Loreto, se encontraba la Iglesia Santa Maria di Loreto que databa del siglo XVI, y se caracterizaba por la belleza de proporciones y su elegante cúpula.

Iglesia Santa Maria di Loreto

 

 

Si bien todo lo que estábamos viendo nos parecía muy interesante, mucho más lo era el Foro Romano, que en tiempos ha, había sido la zona central de la ciudad donde se encontraban las instituciones gubernamentales, judiciales y religiosas, el comercio y la prostitución.

 

 

Ruinas del Foro Romano e iglesia de San Lucas y Santa Martina

 

 

Ruinas del Foro Romano, con el edificio de la Curia y la iglesia de San Lucas y Santa Martina

 

 

Y poco después llegamos al Coliseo, el famoso anfiteatro de la época del Imperio Romano, construido en el siglo I d. C. Originariamente era denominado Anfiteatro Flavio, en honor a la Dinastía Flavia de emperadores que lo construyó, y pasó a llamarse Colosseum por una gran estatua que se encontraba cerca, el Coloso de Nerón, que no ha llegado hasta nuestros días.

 

Llegando al Coliseo

 

 

Por su historia y conservación, el Coliseo era uno de los monumentos más famosos de la antigüedad clásica. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980, y una de Las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno, en 2007.

 

Detalle de las aberturas del Coliseo

 

 

En la antigüedad poseía un aforo para unos cincuenta mil espectadores, con ochenta filas de gradas. Los que se ubicaban cerca de la arena eran el Emperador y los senadores, y a medida que se ascendía se situaban los estratos inferiores de la sociedad. En el Coliseo tenían lugar luchas de gladiadores y espectáculos públicos. Se usó durante quinientos años celebrándose los últimos juegos de la historia en el siglo VI, bastante más tarde de la tradicional fecha de la caída del Imperio Romano de Occidente en 476 d. C., ya que también fue utilizado por los bizantinos.

Además de las peleas de gladiadores, tenían lugar muchos otros espectáculos públicos, como naumaquias, caza de animales, ejecuciones, recreaciones de famosas batallas y obras de teatro basadas en la mitología clásica. El edificio dejó de emplearse para estos propósitos en la Alta Edad Media. Más tarde, sirvió como refugio, fábrica, sede de una orden religiosa, fortaleza y cantera. De sus ruinas se extrajo abundante material para otras construcciones hasta que fuera convertido en santuario cristiano, en honor a los cautivos martirizados durante los primeros años del Cristianismo. Aunque la estructura fuera seriamente dañada por los terremotos y los picapedreros, el Coliseo siempre ha sido visto como un icono de la Roma Imperial.

 

El Coliseo, icono de la Roma Imperial

 

 

La leyenda decía que Roma había tenido sus orígenes sobre el Palatino, y efectivamente, las excavaciones realizadas durante el siglo XX y principios del XXI, han confirmado que ya existía población allí desde 1000 años a. C., y que se trataba de una aldea de pocas hectáreas, circundada por pantanos, desde donde controlaban el curso del río Tevere (Tíber). De esta primera urbanización se formaría la llamada “Roma Cuadrada”, por su forma romboidal de la cumbre de la colina sobre la que se encontró, integrada por un conjunto de pueblos latinos, etruscos y sabinos.

En la Eneida y otras fuentes se contaba de cómo los griegos vivían sobre el Palatino. No se sabe el origen de estas leyendas, pero, de hecho, la presencia griega data de tiempos remotos en que la zona era frecuentada por mercaderes y marineros griegos antes de la colonización de la Magna Grecia.

Según la mitología romana, el Palatino, más precisamente la pendiente cenagosa que lo conectaba al Capitolio, llamada Velabro, fue el lugar donde Rómulo y Remo fueron encontrados por la Loba que los mantuvo en vida amamantándolos en la Gruta del Lupercale, siendo encontrados por el pastor Faustolo, quien junto a su mujer Acca Larentia, los criara. Y cuando Rómulo, ya adulto, decidió fundar una nueva ciudad, eligió este lugar.

En época republicana el Palatino fue sede de varios cultos. El de mayor importancia era el de Magna Mater (Gran Madre, Madre Tierra o Cibeles), introducida desde Asia Menor durante la Segunda Guerra Púnica; y los de Apolo y Vista, cuyos santuarios fueran fundados por Augusto. En esa etapa, a la vez, la colina se convirtió en la sede de la clase dirigente romana.

Durante el período imperial, el acontecimiento fundamental para la historia del Palatino fue el hecho de que Augusto, quien había nacido allí, lo eligiera como residencia. Desde entonces, se hizo habitual que los otros emperadores vivieran allí. Surgieron desde entonces, uno después del otro, los edificios imperiales de Tiberio (Domus Tiberiana) ampliado por Calígula; de Nerón, el Domus Transitorio y el Domus Áureo; de los Flavi, Domus Flavia y Domus Augustana; y de Settimio Severo, Domus Severiana y Settizonio.

En el siglo XVI la colina fue propiedad de la familia Farnesio quien diseñara los Horti Farnesiorum Palatini o jardines, conservados aún en parte, sobre las ruinas de la Domus Tiberiana. Originarios de Grecia, los jardines de placer u horti, eran los sitios de paz y tranquilidad que los romanos utilizaban como refugio para aislarse de los ruidos de la ciudad. La puerta principal del Horti Farnesiani fue trasladada a la Vía di San Gregorio para servir como magnífica entrada al área arqueológica del Palatino.

 

 

 

Puerta principal del HORTI PALATINI FARNESIORUM

 

 

El Palatino desde la Via San Gregorio

 

 

El Palatino, un gran museo a cielo abierto

 

 

Via di San Gregorio esquina Via dei Cerchi

 

 

Entre el valle de las colinas palatinas y la Viale Aventino se encontraba el Circus Maximus, el primer y más grande estadio de la antigua Roma, que daba cabida a ciento cincuenta mil espectadores, y que se convirtiera en el modelo de los circos en todo el Imperio Romano. Ante su desaparición el sitio quedó convertido en un parque público.

 

Vista del sitio del Circus Maximus desde la Viale Aventino.

La torre en el primer plano es parte de una fortificación medieval

 

 

Vista del sitio del Circus Maximus desde el sudeste con el Palatino al fondo

 

 

Al llegar a la Via Luigi Petroselli esquina Vico Jugario nos encontramos con el área arqueológica sacra de Sant’Omobono, por el nombre de la iglesia que está edificada sobre parte de ellos. Durante las excavaciones fueron encontrados restos del Santuario de la Fortuna y del de Mater Matuta fundada por Servio Tullio en el siglo VI a. C.

 

Iglesia y área arquelógica sacra de Sant’Omobono

 

 

Continuando nuestra recorrida por la Via del Teatro di Marcello, llegamos hasta el pie del Campidoglio (Capitolio), colina sagrada de la Antigua Roma, donde se levantaba el gran templo de Júpiter. Desde allí partían todas las vías consulares que recorrían el imperio, y al Capitolio llegaban en su desfile triunfal los ejércitos victoriosos en agradecimiento al padre de los dioses.

A lo largo de la Edad Media, con los templos paganos en ruinas, la colina pasó a ser el centro del gobierno municipal, especialmente con la construcción en el siglo XII del Palacio Senatorio, sede del Ayuntamiento de Roma en 2014, momento en que nos encontrábamos allí. El Capitolio se convirtió entonces en símbolo de un poder autónomo e independiente del Papa, señor de la ciudad en aquellos tiempos, por lo que más de una vez hubo, entre ellos, enfrentamientos violentos.

El diseño de la Piazza del Campidoglio había sido diseñada por Miguel Ángel y era la única plaza renacentista que quedaba en Roma; y seguía siendo, como en la Antigüedad, el kilómetro cero de todas las carreteras.

Para subir desde la Piazza d’Aracoeli hasta el Capitolio se contaba con la Cordonata Capitolina, una calle en pendiente, formada por grandes elementos de piedra que la hacía similar a una escalera, siendo de muy fácil acceso por haber sido pensada para el paso de hombres a caballo. Dos estatuas de leones adornaban la escalera en la base, mientras que a su término fueron colocadas gigantescas estatuas de Cástor y Pólux, los dos hermanos protectores de la ciudad, de pie junto a sus monturas.

Junto a su lado se encontraba la Basílica de Santa Maria in Aracoeli, cuyo acceso era a través de ciento veinticuatro escalones construidos para el Jubileo de 1350, mientras los Papas residían en Avignon.

 

Cordonata hacia el Palazzo Senatorio; y a la izquierda, la Basílica de Santa Maria in Aracoeli

 

 

Escalinata de la Basílica de Santa Maria in Aracoeli

 

 

Y después de pasar por tantos lugares emblemáticos, regresamos a la Piazza della Madonna di Loreto, donde muchos descendieron, pero nosotros decidimos continuar con nuestro paseo.

 

 

Iglesia Santa Maria di Loreto desde el Altar de la Patria

 

 

Cruzando el Tevere (Tíber) por el Ponte Vittorio Emanuele II, arribamos a la Ciudad del Vaticano; y sin bajar del ómnibus, pasamos por la Basílica de San Pedro, por sus calles principales, y por la Piazza Cavour, volviendo a cruzar el río por el Ponte Cavour para finalizar el recorrido en la estación de trenes Roma Termini.

Cruzando el río Tevere por el Ponte Vittorio Emanuele II

 

 

Caffe San Pietro en la Ciudad del Vaticano

 

 

Basílica de San Pedro

 

 

Edificio céntrico de la Ciudad del Vaticano

 

 

Una de las calles de la Ciudad del Vaticano

 

 

Palacio de Justicia de Roma, frente a la Piazza Cavour

 

 

En el centro de la plaza se encontraba la estatua del estadista piamontés Camillo Benso de Cavour

 

 

Cruzando el Tevere por el Ponte Cavour

 

 

Estación Roma Termini

 

 

Habíamos estado toda la mañana sobre el ómnibus turístico haciendo una recorrida general de los principales atractivos; y como ya había pasado el mediodía, hicimos una tregua para tener un almuerzo frugal, y esa misma tarde regresar a los sitios que más nos interesaban.

 

 

Ana María Liberali

 




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