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Asunto:NoticiasdelCeHu 65/16 - VIAJANDO: Por los puentes de Firenze
Fecha:Viernes, 25 de Marzo, 2016  04:40:29 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 65/16
 

 

Por los puentes de Firenze

 

Ya había avanzado la tarde cuando Omar y yo caminábamos por el Lungarno Corsini en las riberas del río Arno, que por su paso por Firenze destacaba por sus maravillosos puentes.

Uno de ellos era el Ponte alla Carraia, que fuera el segundo en ser construido por lo cual al principio se lo había llamado Ponte Nuovo. Las primeras noticias de la fecha de construcción lo databan como posterior a 1218, y siendo de madera fue destruido por la inundación de 1274. Fue reconstruido y en 1304 volvió a derrumbarse por el peso de la multitud que lo cruzó con el fin de asistir a un espectáculo en el río. Después de la inundación de 1333, fue el primer puente en ser puesto en pie, al parecer con un proyecto de Giotto. Dañado de nuevo en 1557 fue nuevamente levantado por Cosimo I de Médici, quien encargara la obra a Bartolomeo Ammannati. Y al final del siglo XIX fue ampliado para permitir una transición más suave que permitiera el paso de los carros y carruajes. Y como todos los puentes de Firenze, durante la Segunda Guerra Mundial, fue volado por los nazis en su retirada de Italia para impedir el paso de las tropas aliadas. En 1948 fue reconstruido de nuevo, tal como lo veíamos en 2014, momento en que nos encontrábamos allí, manteniendo la estructura del antiguo proyecto de cinco arcos del arquitecto Ettore Fagiuoli.

 

 

Ponte alla Carraia desde el Lungarno Corsini a la altura del Ponte de la Santa Trinitá

 

 

De entre el Lungarno Corsini y el Lungarno degli Acciaiuoli partía el Ponte Santa Trinitá, el más antiguo del mundo en arco elíptico. Y frente a él sobre la otra ribera, estaba el Palazzo Frescobaldi, en el barrio de Santo Spirito, que había sido propiedad de una poderosa familia desde del siglo XV.

 

Ponte Santa Trinitá

 

 

Vista de uno de los arcos del Ponte Santa Trinitá y del Palazzo Frescobaldi

 

 

Junto al Palazzo Frescobaldi, en la ribera norte del río, había varios edificios más, destacándose la torre de la iglesia de Sant’Jacopo Sopr’Arno o San Jacopo de’Barbetti, en el barrio de Oltrano, que desde 2006 fuera convertida en iglesia greco-ortodoxa asignándose a la Diócesis de Firenze perteneciente a la Arquidiócesis Ortodoxa de Italia y de la isla de Malta.

 

Torre de la iglesia de Sant’Jacopo Sopr’Arno o San Jacopo de’Barbetti

 

 

Desde el Ponte Santa Trinitá, hacia el oeste, pudimos ver el Ponte Vecchio, símbolo de la ciudad y uno de los más famosos del mundo. Se trataba de un puente medieval que atravesaba el Arno en su punto más estrecho.

Se creía que fue un puente construido inicialmente en madera por los romanos, poco después de la fundación de Firenze sobre el año 150 a. C.; y que esa pasarela se había consolidado y ampliado sobre el 123, cuando Adriano promovió la construcción de la Via Cassia Nuova, que atravesaba la ciudad y que correspondía, a las calles Bardi y San Niccolo, en la margen izquierda del río.

El primer puente romano fue destruido entre los siglos VI y VII, consecuencia del descuido y de las guerras bárbaras, además de probables daños relacionados con las inundaciones. Y éstas han sido tan frecuentes, que es difícil de saber cuántos puentes han sido destruidos y cuántos reconstruidos por las crecidas extremas del Arno. Giovanni Villani habló de un puente construido bajo el mandato de Carlomagno, y es quizá desde el siglo IX o X cuando el puente tuviera la posición actual. Pero recién en 1345 fue reconstruido enteramente en piedra.

 

El Ponte Vecchio visto desde el Ponte Santa Trinitá

 

 

Desde siempre el Ponte Vecchio había contenido distintas tiendas y gran actividad comercial, supuestamente porque sobre él se estaba exento de tasas e impuestos. Antiguamente los comerciantes eran autorizados a exhibir sus mercancías sobre mesas por el Bargello, una especie de magistrado comunal. Y fue justamente en este puente que se originara el término “bancarrota”, debido a que cuando un vendedor no podía pagar sus deudas, su puesto o mesa era rota por los soldados: “banco+rotto”, no pudiendo así continuar con sus ventas.

Durante los siglos XV y XVI las casas colgantes que se encontraban sobre este puente fueron ocupadas por carniceros y matarifes; pero cuando en 1593 la corte se trasladó al cercano Palazzo Pitti, Cosimo I de Medici ordenó su desalojo debido al hedor que llegaba hasta su morada. Inmediatamente, el sitio que había quedado vacante fue ocupado por joyeros y comerciantes de oro.

Para conectar el Palazzo Vecchio, el Palacio Municipal de Firenze, en el sector sur de la ciudad con el Palazzo Pitti en la zona norte, el monarca le solicitó a Giorgio Vasari la construcción del famoso Corredor Vasariano.

Durante la Segunda Guerra Mundial, a diferencia de otros puentes florentinos, el Ponte Vecchio no fue destruido por los alemanes durante su retirada el 4 de agosto de 1944. Según se decía, se había debido a una orden expresa de Hitler. Sin embargo, su acceso quedó obstruido debido a la destrucción de los edificios a ambos lados del puente.

 

 

Ponte Vecchio con sus casas colgantes, visto desde el Lungarno degli Acciaiuoli

 

 

Caminamos por el Lungarno degli Acciaiuoli, y previamente a ingresar al Ponte Vecchio, le tomé una fotografía panorámica al Ponte Santa Trinitá.

Ponte Santa Trinitá visto desde el Lungarno degli Acciaiuoli, al llegar al Ponte Vecchio

 

 

Ya sobre el Ponte Vecchio, tal como en el siglo XVI, nos encontramos con una gran cantidad y diversidad de joyerías.

Las joyerías Gherardi y Ghilardi S.R.L., Callai Fratelli S.R.L., y R. Fallaci, entre otras,

al ingresar al Ponte Vecchio desde el sur

 

 

Comenzamos a recorrerlo, y en la parte central del Ponte Vecchio, descubrimos dos terrazas desde las cuales tuvimos hermosas vistas tanto a un lado como al otro del río. Y una de ellas albergaba el monumento a Benvenuto Cellini, inaugurado en 1901. Cellini, quien viviera durante gran parte del siglo XVI y fuera discípulo de Miguel Ángel, había sido escritor, escultor, y uno de los orfebres más importantes del Renacimiento italiano por realizar monedas labradas, joyas, floreros y adornos exquisitos.

 

 

 

Monumento a Benvenuto Cellini con vistas hacia el Ponte Santa Trinitá

 

 

En la verja del monumento a Benvenuto Cellini había un gran número de candados que las parejas colocaban como símbolo de amor eterno.

 

Candados en la verja del monumento a Benvenuto Cellini

 

 

Corredor Vaseriano y Ponte alle Grazie, hacia el oeste del Ponte Vecchio

 

 

Varios edificios y restoranes de la ribera nor-occidental del Arno

 

 

Atravesamos todo el puente hasta llegar al Borgo San Jacopo, en la ribera norte del Arno. Y en ese trayecto, absolutamente todos los comercios correspondían al rubro joyería.

 

 

Joyerías Dante Cardini, E. Fantoni y A. Risaliti, en el Ponte Vecchio margen norte

 

 

El Borgo San Jacopo bajo una intensa lluvia

 

 

Variedad de comercios y el Hotel Pitti Palace en el Borgo San Jacopo

 

 

Al volver sobre nuestros pasos, antes de dejar el Ponte Vecchio, nos detuvimos a mirar las vidrieras donde se exponían joyas de oro, plata, piedras preciosas y perlas cultivadas, que eran verdaderas obras de arte, y los precios expresados en euros, realmente siderales.

 

 

Joyerías Pontevecchio, The Golden River, Fallaci Rodolfo Eredi

 

 

Diseños exclusivos en oro y diamantes

 

 

La pulsera de coral más sencilla costaba cien euros

 

 

Oro, perlas legítimas, topacio, esmeraldas, rubíes, amatistas, diamantes…

 

 

La gargantilla que me gustaba costaba dos mil ochocientos euros,

por lo que tuve que conformarme con sólo fotografiarla

 

 

Vista del Ponte Vecchio, desde la margen sur-occidental del río

 

 

Sin duda nos hubiese gustado anochecer a la vera del río, pero el tiempo valía más que el oro, y pretendíamos continuar admirando obras de arte, que Firenze ofrecía a cada paso.

 

 

Ana María Liberali

 




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