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Asunto:NoticiasdelCeHu 322/15 - VIAJANDO: Segovia, una ciudad con impronta multicultural
Fecha:Jueves, 15 de Octubre, 2015  15:12:14 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 322/15
 

 

Segovia, una ciudad con impronta multicultural

 

Siempre me ha causado una gran emoción poder ver con mis propios ojos paisajes o monumentos que conociera a través de imágenes publicadas en diferentes medios; pero mucho más cuando además he tenido que dar lecciones sobre esos lugares. Así que cuando Enriqueta me invitó a conocer el Acueducto de Segovia, inmediatamente acepté ya que se trataba de uno de los tantos temas de Historia que habíamos estudiado juntas en la escuela secundaria. Y fue muy grande mi alegría cuando vino con María Amelia, su madre, quien por las tardes nos preparara la merienda en su casa de la avenida San Martín 1977 en el barrio de La Paternal en Buenos Aires.

Segovia distaba cien kilómetros de Madrid y estaba situada en el interfluvio de los ríos Clamores y Eresma, sobre una meseta que presentaba por sí misma, un enclave fácilmente defendible, factor que fuera aprovechado por los primeros pobladores en épocas neolíticas. Posteriormente había sido ocupada por diferentes pueblos prerromanos, principalmente celtíberos; y en el año 96 a. C. fue sometida por los romanos que la consideraron un punto estratégico para controlar el acceso al valle del río Duero.

Sin duda el Acueducto fue la mayor obra de ingeniería civil que Roma pudiera dejar como testigo de su expansión en la península Ibérica. Y si bien no se conocía con certeza la fecha de su construcción, era de suponer que pudiera haberse llevado a cabo hacia finales del siglo I. Fue diseñado para llevar agua del río Acebeda a la parte alta de la ciudad. El agua se recogía primeramente en una cisterna conocida con el nombre de El Caserón, para ser conducida a continuación por un canal de sillares hasta una segunda torre llamada Casa de Aguas donde se decantaba y desarenaba, para continuar camino hasta lo alto del Postigo, el espolón rocoso sobre el que se asentaba la ciudad. ¡Y se mantuvo activo hasta el siglo XX!

 

 

 

 

Fue muy fuerte mi emoción al encontrarme ante semejante obra

 

 

El Acueducto fue realizado con unos veinticinco mil sillares de granito unidos sin ningún tipo de argamasa. La longitud en su parte más visible era de ochocientos dieciocho metros, teniendo un recorrido total de quince kilómetros desde el embalse de Puente Alta. Constaba de más de ciento setenta arcos, y su parte más alta medía veintinueve metros, en la zona de la plaza Azoguejo.

 

 

Contaba con veinticinco mil sillares unidos sin ningún tipo de argamasa

 

 

El escritor y filósofo español Miguel de Unamuno elogió al Acueducto con las siguientes palabras: “Esas piedras, amontonadas tácticamente sin argamasa alguna, achaflanadas por aguas y soles y vientos de siglos, conservan su individualidad cada una de ellas y son como otros tantos soldados en orden de batalla quieta…”

 

 

 

El Acueducto de Segovia contaba con ciento setenta arcos

 

 

Y como en tantos otros sitios en el mundo, existía una leyenda que daba una explicación fantasiosa de la realidad, afirmando que había sido la pereza y no Roma la madre del Acueducto:

Una muchacha que trabajaba como aguadora, harta de arrastrar el cántaro por las empinadas calles de la ciudad, aceptó un trueque con el diablo: dispondría del alma de la mujer si, antes de que cantara el gallo, el agua llegaba hasta la puerta de su casa.

Consciente de su culpa, la joven rezó hasta la extenuación para evitar el trueque pactado. Mientras, una tormenta se había desatado y el demonio trabajaba a destajo. De pronto, el galló cantó y el Maligno lanzó un alarido espeluznante: por una sola piedra sin colocar había perdido el alma.

La muchacha confesó su culpa ante los segovianos que, tras rociar con agua bendita los arcos para eliminar el rastro de azufre, aceptaron felices el nuevo perfil de la ciudad.

Un pequeño hoyo en la superficie de las piedras señala, según esta leyenda, el punto en el que los dedos del diablo presionaron.

 

 

 

 

El Acueducto de Segovia fue la obra civil romana más importante en territorio español

 

 

Tras la crisis del Imperio Romano del siglo II, tuvo lugar un proceso de amurallamiento que recorrió las posesiones imperiales, por lo que probablemente sea ese el origen del primer trazado de la muralla. De hecho, ya existía cuando Alfonso VI de Castilla, en el año 1088, arrebató la ciudad a los árabes, mandándola a ampliar llegando a tener más de tres kilómetros de extensión,  un espesor de dos metros y medio, una altura aproximada de nueve metros y medio, ochenta torres, cinco puertas y varios postigos. Su construcción se realizó principalmente con sillares de granito, aunque también se reutilizaron lápidas de la necrópolis romana.

 

 

La parte más alta del Acueducto de Segovia en la plaza del Azoguejo, junto a la muralla

 

 

La muralla actuaba como límite, y a la vez, conexión entre los espacios que definían intramuros y extramuros. La ciudad amurallada estaba habitada por la nobleza y el clero, mientras que el pueblo llano se asentaba en los arrabales, fuera de ella. La ciudad vieja y sus arrabales mantenían un contacto permanente mediante el comercio y venta de productos artesanales en los mercados de la Plaza Mayor y Azoguejo. Pero ya en los siglos XVI y XVII la muralla perdió valor defensivo, mientras que en el siglo XIX era considerada un estorbo urbanístico y su parcial demolición sirvió en algunos casos como pretexto para disminuir el paro obrero; y en otros sectores se construyeron edificios apoyados en ella.

Ya en el siglo XX, por un cambio de mentalidad, se comenzó a valorar la muralla desde otro lugar, comenzando una continua labor de restauración y conservación, por lo que la UNESCO en 1985 declaró el recinto amurallado y al Acueducto, Patrimonio de la Humanidad.

 

 

Desde la plaza Oriental se podían ver construcciones sobre la muralla a lo largo de la calle San Juan

 

 

 

Pero Segovia era mucho más que el lugar donde se encontraba el famoso Acueducto. Era una ciudad con una riqueza multicultural increíble que conservaba la impronta de cada momento histórico, romano, árabe, judío y cristiano, representados no sólo en sus monumentos sino en la estructura urbana.

Tras la conquista de Toledo empezó la repoblación de Segovia en 1088 con cristianos procedentes del norte de la península y de más allá de los Pirineos.

Uno de los monumentos más destacados de esa época era el Alcázar, que fuera construido originalmente como una fortaleza, y convertido más tarde en palacio real, en prisión estatal, en centro de artillería, en academia militar, y por último en museo.

Entre los siglos XII y XV, las rutas de la trashumancia la convirtieron en un importante centro del comercio de la lana y de las manufacturas textiles, sentándose las bases de una poderosa industria pañera. Y si bien ya estaba presente desde el siglo XI, en esta etapa se acogió a una importante aljama hebrea que se asentó en torno a la actual plaza de la Merced y las parroquias de San Miguel y San Andrés, todos sitios dentro de la ciudad amurallada. Pero en 1410 la Corona incautó la Sinagoga Mayor consagrándose como iglesia del Corpus Christi; y a finales del siglo XV los Reyes Católicos decretaron un confinamiento que se cumplió en un espacio limitado cuyo eje principal fue la actual calle de Judería Vieja.

Muchos judíos se convirtieron al Cristianismo haciendo construcciones ostentosas con portadas con grandes dinteles, blasones, sillares de granito, y patios y jardines de líneas renacentistas.

Cuando nosotros lo visitamos el barrio judío mostraba todas las características de una ciudad medieval. La antigua carnicería judía había sido convertida en el Museo Provincial y se había creado un Centro Didáctico de la Judería en la Casa de Abraham Senneor, quien fuera un judío destacado en su sociedad. Y otra de las improntas judías lo constituía el cementerio cuyos sepulcros se encontraban orientados con la cabecera hacia el oeste y los pies hacia el este.

Durante casi mil años los moros segovianos también habían habitado en diversos sectores de la ciudad, pero durante los siglos XV y XVI fueron apartados en el actual barrio de San Millán, hasta que finalmente a principios del siglo XVII se dio fin a su presencia. Testigos de la comunidad musulmana eran las caceras para el regadío de huertas, los restos de molinos en las riberas del Eresma, tramos y puertas monumentales en la muralla, el revoque de las paredes de los edificios llamado esgrafiado segoviano, la arquitectura mudéjar, y los restos de techumbre del arte taifal en la iglesia de San Millán.

 

 

 

 

Cúpula de la iglesia de San Millán detrás de los típicos techos de tejas segovianos.

Al fondo, la sierra de Guadarrama

 

 

Segovia conservaba además un importante conjunto de iglesias románicas tanto de piedra como de ladrillo, así como monasterios y conventos.

 

 

 

Torre de la iglesia San Justo desde el Acueducto

 

 

Torre de la iglesia San Justo detrás del hotel Aqqueducto

 

 

 

 

 

Una de las iglesias más representativas era la de San Martín, templo de origen mozárabe con estilo románico. Estaba situada en los intramuros de la ciudad, en la actual plaza de Juan Bravo, a mitad de camino entre el acueducto romano y la catedral de Santa María. Fue levantada en el siglo XII y declarada Patrimonio de la Humanidad.

 

 

Campanario de la iglesia de San Martín, de estilo románico-mudéjar

 

 

El trazado de Segovia se conservó prácticamente igual que cuatro siglos atrás con una morfología urbana y un trazado de calles estrechas, delimitadas por altos muros, de laberíntica estructura medieval.

 

 

Caminando por la angosta calle de San Francisco

 

 

Desde la plaza del Azoguejo tomamos la avenida Fernández Ladreda, y luego comenzamos a deambular por las estrechas callejuelas, hasta llegar a la plaza Mayor, donde se encontraban el Ayuntamiento, la Catedral y el Teatro Juan Bravo.

 

 

Plaza del Azoguejo

 

 

Con Enriqueta y María Amelia en la plaza del Azoguejo

 

 

Avenida Fernández Ladreda

 

 

A lo largo de la recorrida pudimos observar bellas construcciones y locales que mantenían las fachadas en muy buen estado de conservación.

 

Adornos de Año Nuevo en los balcones y ferretería Arana en la calle Juan Bravo

 

 

Pero en 2013 España se encontraba en una crisis profunda que había originado la pérdida de la vivienda para muchas personas, por lo que aparecían por todas partes departamentos en venta a precios irrisorios en manos de los bancos.

 

Outlet de viviendas de bancos

 

 

Además de la riqueza monumental, Segovia resaltaba por las delicias de su gastronomía artesanal que te tenía como base las materias primas de primera calidad producidas en las tierras aledañas. El cochinillo asado era uno de los platos más tradicionales, así como la tabla de quesos de la región.

Desde la vidriera del restorán Horno Asar

se reflejaban el Centro de Recepción de Visitantes y parte de la muralla

 

 

 

 

Calle Carmen, donde se encontraban el Café-Bar Palatino y el Mesón El Cordero

 

 

Calle de Cervantes donde se encontraba el restaurante Casa Duque

 

 

Y de pronto, desde una callejuela oscura, pudimos divisar una de las cúpulas de la inmensa y elegante catedral de Segovia, bien llamada “La Dama de las Catedrales”.  Fue construida entre los siglos XVI y XVIII, y está considerada como la obra maestra del gótico vasco-castellano aunque tenía detalles renacentistas, como por ejemplo la puerta norte, cuyo principal protagonista era San Frutos, patrono de la ciudad.

Quien mejor la retrató con sus palabras fue José Ortega y Gasset, quien decía: “A la mano siniestra, allá lejos, navega, entre trigos amarillos, la catedral de Segovia, como un enorme trasatlántico místico que anula con su corpulencia el resto del caserío. Tiene a estas horas color de aceituna, y por una ilusión óptica parece avanzar hendiendo las mieses con su ábside. Entre sus arbotantes se ven recortes de azul, como entre las jarcias y obenques de un navío…”

 

La cúpula de la Catedral de Segovia desde una oscura callejuela

 

 

La Catedral de Segovia desde la plaza Mayor

 

 

La Plaza Mayor había sido diseñada y construida en el siglo XVII, aunque anteriormente ese punto ya constituía el Centro de la ciudad. Y como la mayoría de las plazas mayores otorgaba un gran protagonismo al edificio del Ayuntamiento.

El Ayuntamiento fue construido en 1610 y se destacaban su fachada de granito, sus torres de pizarra y un precioso reloj situado justo en el centro.

En un lateral de la plaza se encontraba otro de los edificios emblemáticos de la ciudad, el teatro Juan Bravo, que databa de 1917.

 

Árbol de Navidad en la Plaza Mayor frente al Ayuntamiento

 

 

Ayuntamiento de Segovia

 

 

Teatro Juan Bravo

 

 

Antiguas edificaciones en torno a la Plaza Mayor

 

 

Ya cerca del mediodía decidimos sentarnos en las mesas al aire libre de uno de los bares de la Plaza Mayor. María Amelia, Omar y yo pedimos un café, pero Enri prefirió un vaso de vino, algo inusitado para las costumbres argentinas. Sin embargo, en España era algo común tanto para hombres como para mujeres, y muchos lo bebían de parado en las puertas de los establecimientos, sin nada comestible como acompañamiento.

 

María Amelia y Enriqueta en un bar de la Plaza Mayor

 

 

Hombres y mujeres tomando vino y fumando en la puerta del bar

 

 

Vista de la Plaza Mayor desde las mesas del bar

 

 

Después del breve descanso en el bar de la Plaza Mayor, buscamos el auto en el estacionamiento, y partimos rumbo al Valle de los Caídos.

 

 

Ana María Liberali

 




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