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Asunto:NoticiasdelCeHu 298/15 - VIAJANDO: Una tarde en la isla Victoria
Fecha:Miercoles, 2 de Septiembre, 2015  23:57:59 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 298/15
 

  

Una tarde en la isla Victoria

 

Al regresar al embarcadero del Bosque de Arrayanes, tuvimos que esperar a mucha gente que se había demorado en la “Cabaña de Disney”, por lo que las nenas aprovecharon para corretear por la playita lindera.

 

Embarcadero del Bosque de Arrayanes con la Modesta Victoria y un Catamarán

 

 

Ludmila y Laurita corretearon por la playita mientras esperábamos a los demás pasajeros

 

 

Abundante vegetación en las costas de la península de Quetrihué

 

 

Yendo a embarcar en la Modesta Victoria

 

 

Y luego de una plácida navegación por el área neuquina del lago Nahuel Huapi, arribamos a Puerto Anchorena, en la isla Victoria.

 

Nahuel Huapi verde esmeralda

 

 

En Puerto Anchorena – Isla Victoria

 

 

La Modesta Victoria alejándose del muelle

 

 

La Modesta Victoria volvería por nosotros al caer la tarde

 

 

En cuanto pisamos la isla, el guía dio una serie de instrucciones no sólo en cuanto a la continuidad de la excursión, sino fundamentalmente respecto de los cuidados extremos que se debían tener debido a la elevada sensibilidad ambiental del paisaje circundante.

Ludmila me preguntó cómo se llamaba ese árbol cuyas hojas tenían forma de serpientes. Se trataba de la Araucaria o Pehuen, y si bien tenía razón en su observación, nunca había reparado en ese detalle; muy por el contrario, me parecía un árbol muy bonito.

 

Araucaria o Pehuen en la isla Victoria

 

 

Enseguida todos salimos en busca de los sanitarios. Eran escasos en relación a la cantidad de gente que traían las lanchas, sucios y no se cerraban bien las puertas. ¡Una vergüenza! Yo pedí por el baño de discapacitados para asistir a Martín, pero no encontraron la llave. Y al tener que llevarlo al de damas, tuve que soportar algunas protestas de turistas argentinas, ¡como siempre!

Muchos se habían llevado una vianda y se ubicaron en diferentes lugares para tener su almuerzo. Pero yo ni estaba al tanto de los costos ni había tenido tiempo de comprar algo en el supermercado, así que ingresé al comedor con los chicos. El lugar estaba muy descuidado, y además de ser autoservicio, la calidad de la comida no estaba acorde con los precios. ¡Mucho más caro que en Europa donde había estado el mes anterior! Así que pedí tres porciones que compartimos y limité el consumo de gaseosas.

 

 

El comedor lindo por fuera y descuidado por dentro

 

 

Después del almuerzo, y antes de emprender una caminata,

Ludmila, Martín y Laurita se tomaron un descanso

 

 

Pero prontamente, Ludmila y Laurita comenzaron a treparse por donde pudieron

 

 

El guía volvió a reunir a todos para iniciar una recorrida y dar explicaciones detalladas sobre las características de la isla, pero yo ya las conocía por haberlas escuchado en otras oportunidades, y preferí tener una tarde más distendida y contestar sólo lo que los chicos me preguntaran, que seguramente no iba a ser poco. Así que los llevé por el bosque hasta la playa del Toro.

 

Caminamos por hermosos senderos con frondosa vegetación

 

 

Un tenebroso bosque gris

 

 

El lago Nahuel Huapi desde la isla Victoria

 

 

El bosque patagónico en todo su esplendor

 

 

Predominaban los coihues y los cipreses

 

 

La playa del Toro era tranquilísima, y cuando la temperatura era elevada, las aguas se entibiaban lo suficiente como para poder darse un chapuzón. Y eso ocurrió durante la tarde, cuando la temperatura llegó a los 25°C.

En el blog magiaenelcamino.com.ar, Dino, uno de sus autores, afirmaba “De vez en cuando la vida… nos besa en la boca… Y una de esas veces la estoy viviendo ahora”. Él se estaba refiriendo al lago Baikal; pero eso era precisamente lo que yo estaba sintiendo en ese momento, junto al lago Nahuel Huapi, al ver a mi hijo Martín y a mis nietas Ludmila y Laurita, tan felices en semejante paraíso.

 

 

Arribamos a la playa del Toro donde había gente tomando sol

 

 

Laurita, Ludmila y Martín se le animaron al agua

 

 

Martín, Laurita y Ludmila posando con los pies en el agua

 

 

Ludmila, Laurita y Martín se animaron un poco más

 

 

Martín mirando como Laurita y Ludmila se sumergían totalmente

 

 

Después de haberse sumergido con la ropa puesta, tuvieron que secarse al sol al reparo de la barranca a modo de paredón que reparaba de los vientos, y más tarde emprendimos el regreso hacia el embarcadero. Y en el camino pudimos ver tanto expresiones de arte rupestre como información acerca de los árboles del lugar.

 

 

Hostería Nacional Isla Victoria, sobre el acantilado de la playa del Toro

 

 

Arte sobre roca

 

 

Arte tehuelche y de sus antecesores

 

 

¿Qué edad tengo?

 

 

Un ejemplar de Sequoia

 

 

Ya llegando a Puerto Anchorena, un cartel indicaba el riesgo de incendio, que en ese momento era alto, característico del verano por las altas temperaturas relativas, pero muy especialmente en ese momento, en que no había llovido durante varios días.

 

 

El cartel indicaba alto riesgo de incendio

 

 

La isla Victoria era un verdadero reservorio de flora y fauna de la región, perteneciente al Parque Nacional Nahuel Huapi desde 1934, estando dividida en tres áreas, dos intangibles y una central que era la que acabábamos de visitar.

 

 

Ana María Liberali

 




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