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Asunto:NoticiasdelCeHu 295/15 - VIAJANDO: En el cerro Otto
Fecha:Lunes, 31 de Agosto, 2015  21:13:07 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 295/15
 

 

En el cerro Otto

 

El jueves 20 los chicos durmieron gran parte de la mañana, momento que aproveché para comenzar mi recorrida por todo tipo de comercio de Bariloche en busca de pilas doble A para mi cámara fotográfica; pero fue una misión imposible. Así que, con toda la pena de no poder capturar imágenes de semejantes paisajes, almorzamos en la fonda de la calle Rolando, y por la tarde tomamos la excursión al cerro Otto.

Desde Mitre y Villegas salía un micro que nos llevaba hasta la base del teleférico, y desde allí ascendimos hasta la confitería giratoria, pudiendo observar el entorno en trescientos sesenta grados desde sus ventanales, mientras disfrutábamos de sendos submarinos.

Luego nos dirigimos al mirador, donde un fotógrafo profesional tomó una fotografía a los chicos con la perra San Bernardo llamada Paris. Y en el puesto donde fui a retirarla, ¡conseguí pilas!

 

 

Martín, Laurita y Ludmila junto a Paris

 

 

El cerro Otto, perteneciente a los Andes Patagónicos, tenía una altura de 1405 m.s.n.m., y se encontraba a la vera del lago Nahuel Huapi.

 

Cerro Otto, perteneciente a los Andes Patagónicos

 

 

El cerro debía su nombre a Otto Goedecke, uno de los primeros pioneros que tuvo su chacra en los faldeos, en la zona de Melipal.

 

 

 

Vista panorámica del mirador desde la terraza de la confitería

 

 

En lo alto de la montaña predominaban las lengas (Nothofagus Pumilio)

 

 

Flores de cardo y amancays completaban la flora

 

 

Vista del lago Nahuel Huapi desde el mirador del cerro Otto

 

 

Los cúmulos se reflejaban en las tranquilas aguas del lago

 

 

Vista de San Carlos de Bariloche y del Nahuel Huapi desde el mirador del Otto

 

 

Laurita, Martín y Ludmila en el mirador del cerro Otto

 

 

Reforestación en los faldeos superiores

 

 

Vista del cerro Tronador desde el mirador del Otto

 

 

De entre las montañas se alcanzaban a ver las agujas del cerro Catedral

 

 

Preparando los parapentes

 

 

Se lanzaban en parapente

 

 

A Martín le encantaba ver los parapentes

 

 

Abundante vegetación en las zonas más bajas

 

 

Ludmila, Martín y Laurita quisieron quedarse en el mirador durante toda la tarde

 

 

Como era habitual en Bariloche, por más que estuviéramos en pleno verano, a medida que avanzaba la tarde comenzó a refrescar, por lo que decidimos disfrutar de los atractivos internos. Y uno de ellos era una pequeña galería de arte que contaba con réplicas de diversas obras de Miguel Ángel como el David, el Moisés, La Piedad, El Juicio Final, y la Capilla Sixtina. Las esculturas habían sido reconstruidas en polvo de mármol y resina acrílica a escala natural y se complementaban con algunos dibujos realizados por el artista antes de esculpirlas en mármol de Carrara. No entendí demasiado cuál había sido el motivo de dicha representación en un lugar tan ajeno, pero consideré que para mucha gente que no tenía posibilidades de ir hasta el Vaticano, podrían tener sentido.

 

 

El David

 

El Moisés

 

 

La Piedad

 

 

El Juicio Final

 

 

La Capilla Sixtina

 

 

Mientras nos desplazábamos por los pasillos, habíamos visto exhibidas algunas fotografías de gente colgada de los funiculares en situaciones realmente peligrosas. ¡Y todos creímos que eran reales! Yo pretendí explicarles a los chicos que seguramente las habrían tomado mientras el vehículo estaba detenido, pero de ninguna manera sospeché que se trataba de imágenes trucadas. Cosa que nos enteramos cuando ingresamos al microcine, donde, después de mostrarnos diversos videos del lugar, invitaron a tomarse la fotografía en un teleférico que estaba en una sala cerrada al pie del cerro, al que le agregan el fondo que quisiéramos. ¡Qué ilusos que habíamos sido!

 

Laurita y Martín en el teleférico

 

 

Ludmila demostrando lo bien que lo había pasado

 

 

Vista panorámica durante el descenso

 

 

Laurita y Martín admirando el paisaje sin vértigo alguno

 

 

Disfrutando del descenso

 

 

Mirando hacia arriba

 

 

La confitería giratoria en la cumbre

 

 

Algunas de las laderas habían sido raleadas

 

 

La nube, el lago y la ciudad

 

 

En la ladera puede verse el camino para ascender en auto

 

 

Cada funicular tenía capacidad para seis personas

 

 

Las laderas inferiores estaban cubiertas con cipreses

 

 

Pasando por sobre las casas

 

 

Barrios construidos sobre la ladera del Otto y en medio del bosque.

Gran peligro en caso de incendio

 

 

Privacidad cero en quienes buscaban tranquilidad

 

 

Y cruzando la ruta, llegamos a la base

 

 

En cuanto llegamos a la base nos pusimos en la fila para tomarnos la foto “en situación de peligro”, que prontamente enviamos a nuestros familiares y amigos. Y lo que salvó nuestro honor fue que algunos de ellos creyeron que era real. Y eso nos demostró que nuestra “inocencia” era genética.

 

¡En “emergencia”!

 

 

Al llegar a la calle Mitre entramos al Mc Donald’s, y si bien Martín quiso su hamburguesa con papas fritas, el principal propósito era el de utilizar los juegos.

 

Las nenas jugando y Martín mirando

 

 

Ludmila y Martín al ritmo de la música

 

 

Esa noche, volvimos a la fonda para cenar y nos desternillamos de risa al recordar nuestra credulidad y la de nuestros allegados ante las fotos truchadas del teleférico.

 

 

Ana María Liberali

 




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