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Asunto:NoticiasdelCeHu 294/15 - VIAJANDO: En Villa Los Coihues
Fecha:Domingo, 30 de Agosto, 2015  11:27:34 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 294/15
 

 

En Villa Los Coihues

 

Después de desayunar en el hotel nos pasó a buscar Santiago Böndel con quien fuimos hasta la esquina de Mitre y Rolando, donde se encontraba la chocolatería Mamuschka. Nos sentamos alrededor de una mesita bajo una sombrilla en la vereda, y pedimos algunas de las exquisiteces que allí ofrecían. Y al rato se sumó el geógrafo Mauro Cesetti, con quien nos dispusimos a organizar el Encuentro Humboldt que realizaríamos ocho meses más tarde.

Después de trabajar toda la mañana, Santiago nos llevó en su auto hasta Villa Los Coihues, de la cual nos había hablado Mauro, quien allí residía.

Villa Los Coihues se encontraba a doce kilómetros del Centro de Bariloche, a la vera del lago Gutiérrez, en un valle encajonado entre los cerros Otto y Viejita (también conocido como La Vieja o San Martín), y en ese momento, febrero de 2014, apenas superaba los dos mil habitantes, pero continuaba creciendo día a día. Se trataba de una localidad que había surgido en la década del noventa por parte de quienes ya sentían que Bariloche se había urbanizado demasiado.

Los vecinos habían dado lugar a varias iniciativas comunitarias a través de la Junta Vecinal, autogestionando el sistema de agua; en la escuela y el jardín de infantes los padres habían tenido participación en la inclusión de actividades extracurriculares como ski, pernoctes y campamentos; la Asociación Chen nucleaba a los artesanos; se reciclaban los residuos; tenían FM propia; contando además con el apoyo del Banco Popular de Los Coihues para financiamiento de los emprendedores. Pero tal vez lo más importante era el cuidado ambiental siguiendo el “Programa de Iluminación Respetuosa” en sintonía con lineamientos mundiales de avanzada para la reducción de la contaminación lumínica y el consumo de energía; como también la promoción del cuidado de las especies vegetales nativas y la erradicación de las exóticas.

El paisaje era maravilloso y cuando quise tomar fotografías, me encontré con la sorpresa de que a mi cámara se le habían agotado las pilas, y para colmo necesitaba cuatro doble A, que no conseguí por ninguna parte.

Dimos una vuelta por el pueblito y luego nos instalamos en una pizzería frente al Gutiérrez donde después de almorzar permanecimos un largo rato conversando, hasta que Santiago continuó su camino hacia El Bolsón.

Martín, Ludmila y Laurita fueron a la playita. El agua no estaba del todo templada, pero el calor del sol lo compensaba. El lugar era muy popular y se divirtieron mucho, entrando y saliendo del lago y correteando de aquí para allá.

Pero cuando aparecieron los vendedores de churros, el lago se despobló repentinamente, y todos, grandes y chicos, se abalanzaron sobre ellos. Mis acompañantes no fueron la excepción, así que pacíficamente se dispusieron a disfrutar de esa inesperada merienda sentados en unas rocas, hasta que de pronto, una abeja se le acercó a Laurita quien tenía fobia a los insectos voladores, y comenzó a correr desesperada por todas partes, no queriendo permanecer más en el lugar.

Así que tomamos un colectivo hasta el Centro de Bariloche, dejé a los chicos en el hotel y salí a buscar pilas. Recorrí varios locales sin conseguirlas, pero descubrí una fonda en la calle Rolando, a la vuelta del hotel, con platos abundantes y precios bajos, algo extraño en la Patagonia, así que decidí ir a buscar a los chicos y cenar allí.

Cuando entré a la habitación, las nenas estaban en mi cama y Martín en la suya, pero todos dormidos, entonces me ubiqué en la de Ludmila. Cuando ella se despertó pretendí hacerle un lugar para que mirara tele conmigo, pero no calculé que era muy angosta y me fui al suelo, quedando atrapada entre la cama y una mampara. Ella se tapó la cara con las manos y creí que estaba llorando al ver que yo no podía levantarme. ¡Pero no! No podía parar de reírse.

Durante la cena, recordamos la situación y nos reímos todos. La idea era disfrutar cada momento y lo estábamos logrando.

 

 

Ana María Liberali

 




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