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Asunto:NoticiasdelCeHu 291/15 - VIAJANDO: A Bariloche vía aérea
Fecha:Martes, 25 de Agosto, 2015  18:57:03 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 291/15
 

 

A Bariloche vía aérea

 

Eran las cinco y media de la tarde del lunes 17 de febrero de 2014, cuando llegué al Aeroparque “Jorge Newbery” de la ciudad de Buenos Aires junto con mi hijo Martín (23), y mis nietas Ludmila (12) y Laurita (10).

Estaba que reventaba de gente, casi no se podía pasar en los pasillos, y en medio del tumulto, Ludmila se paralizó. Era que frente a nosotros, casi encima, también lidiando con la situación, se nos apareció Juan Darthés, quien trataba de pasar inadvertido mediante sus anteojos negros. Y por más que fuéramos sus admiradoras, no daba para hacérselo saber, y mucho menos para que ella le pidiera un autógrafo.

Ante nuestra sorpresa nos encontramos con que la fila para acceder a los mostradores de LAN era larguísima, por lo que debí contener a mis acompañantes para que tuvieran la paciencia necesaria. Lo que ocurría era que por mal tiempo en Córdoba, todos los vuelos habían sido desviados a Buenos Aires, y por eso todo estaba desbordado. Obviamente, nuestro vuelo estaba demorado en más de una hora y media, ante lo cual no tuve más remedio que sentarme en uno de los bares, cuyos precios eran siderales. Las nenas, siempre comprensivas, entendieron perfectamente que sólo podían pedir una bebida, y en caso de requerir algo sólido, había que compartirlo; pero a Martín era imposible explicárselo, así que me vi en la necesidad de comprarle un alfajor que costaba exactamente el doble que en cualquier kiosco de la ciudad.

Si bien a Martín le molestaba que le revisaran sus cosas, cuando se trataba de viajar, no hacía ningún problema, por lo que pasó su mochila sin dificultad por los controles.

Por normas que se habían impuesto desde Aerolíneas Argentinas, a LAN no le correspondían mangas en el Aeroparque, así que tomamos el ómnibus hasta la escalerilla del avión, y nos ubicamos en la parte posterior. Martín en la ventanilla, Laurita en el centro, y Ludmila y yo en cada uno de los asientos del pasillo.

En cuanto despegamos, después de las ocho de la noche, la azafata distribuyó libritos de entretenimientos para los niños, y cuando sirvieron el refrigerio, Martín solicitó repetirlo, además de comerse algunas de las cosas que nos correspondían a sus sobrinas y a mí.

El vuelo fue excelente, y tardamos menos de lo previsto a pesar de ir con viento en contra, pero de todos modos, cuando llegamos ya era de noche. A pesar de todas las veces que ya había estado en Bariloche, nunca había arribado por vía aérea, así que para mí también era toda una novedad.

Tomamos un taxi hasta el hotel Pacífico ubicado en la calle Moreno, a media cuadra del Bella Vista, uno de los más bonitos del Centro.

Entre que todos nos acomodamos y nos acondicionamos un poco, se fue haciendo algo tarde, y a pesar de que la temperatura no fuera muy baja, el viento molestaba bastante, así que yo no quería alejarme mucho. Pero los lugares que ofrecían comidas aceptables en calidad y precio que estaban en esa cuadra, acababan de cerrar y entonces fuimos a una pizzería que estaba a la vuelta, donde la mercadería era buena, pero la atención no. ¡Muy mala onda!

Ya no había más nada para hacer, por lo que nos encerramos en la habitación para ver televisión. Y a dormir porque al día siguiente saldríamos en excursión.

 

 

Ana María Liberali

 




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