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Asunto:NoticiasdelCeHu 189/15 - 20 años: 2008
Fecha:Martes, 26 de Mayo, 2015  10:42:13 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 189/15
 

 

20 años: 2008

 

Entre los días 13 y 17 de octubre, se llevó a cabo en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, República Argentina, el X Encuentro Internacional Humboldt, coordinado por Gustavo Buzai.

Como todos los años, concurrieron colegas de gran parte del territorio argentino así como de otros países de América Latina.

Algunas de las presentaciones las exponemos a continuación.

 

http://elistas.egrupos.net/lista/humboldt/archivo/indice/11521/msg/11776/cid/F620A94BC2224BC1AC7290BFFCFE0A29@ANA

 

 

El Centro Humboldt, la globalización y la geografía

http://elistas.egrupos.net/lista/humboldt/archivo/indice/11521/msg/11776/cid/E68D0D7E6209488E985AEF6BAD812A06@ANA

Prof. Omar H. Gejo

 

A mediados de la década pasada se conformó el Centro Humboldt. Este hecho fue producto, como es lógico, de una compleja trama de circunstancias, entre las que cabe hacer notar el peso decisivo del vuelco de expectativas generado por el comienzo del fin de la euforia finisecular hasta allí imperante, consistente ésta, básicamente, en la apología del capitalismo globalizado [1].

Precisamente, la organización humboldtiana en la Argentina surge como un intento de confrontar conceptualmente con los supuestos de la presumida nueva etapa, signada, definida, determinada por la globalización[2]. Todos sus primeros pasos se encaminaron a dar la batalla a esta omnipresente interpretación que entendíamos que constituía un embuste y era, además, decididamente, un manifiesto antigeográfico. Así, la revista Meridiano, en su primer número, en agosto de 1995, blandía una esclarecedora respuesta de la conservadora The Economist, que colocaba en su lugar a los afiebrados seguidores del nuevo culto, y que estaba sustentada en una abierta y clara reivindicación de la Geografía [3]. Con este antecedente dimos a conocer el rumbo que elegíamos: defensa a ultranza de la geografía como punto de apoyo para derrotar la vulgaridad reinante, la de los globalizadores, tanto en su versión ortodoxa economicista como en el enfoque heterodoxo sociologizante, a menudo presentado este último como progresista. Para este último, sobre todo, acopiamos algunos materiales, siempre de fuentes inobjetables, es decir reconocidamente sistémicas, que reprodujimos a través también de Meridiano[4]. No hubo tregua pues para unos, pero tampoco tuvieron resuello los otros, los posaban de opositores, los que se presentaban como una falsa alternativa.

En resumen, sería imposible escindir la creación y construcción del Centro Humboldt al margen de aquel contexto, del que éramos plenamente partícipes conscientes.

 

- Enfrentando a la "Globalización"

Una de las primeras tareas que el Cehu llevó a cabo, por lo tanto, fue la de establecer un cuadro de situación que diera cuenta de aquella realidad que enfrentábamos. El análisis de la globalización, por ende, nos distrajo cierto tiempo. Este seudoconcepto, de fulminante desarrollo, lo abarcaba casi todo. Superficialmente implicaba una geografización, pero en lo profundo, en lo esencial consistía en una tajante negación de las bases mismas de la geografía. Y como el manifiesto antigeográfico que era, por lo tanto, no podía ser más que una burda tergiversación conceptual de la realidad, un fallido abordaje de la problemática del presente.

La globalización era presentada como una divisoria de aguas. En términos históricos representaba una nueva época; en términos geográficos implicaba la dramática reducción, cuando no la desaparición, de las distancias. Producto de la revolución científico-tecnológica el pasado era pasado definitivo, intrascendente y la fricción del espacio también estaba llamada al ocaso irreversible. El mundo se transformaba así en un mundo virtual. Pero detrás de estas ensoñaciones se movía el carácter fundamental de esta imposición, la supuesta disolución de los mecanismos históricos de diferenciación material que, aparentemente, habían dejado de actuar milagrosamente por obra y gracia de la fenomenal mutación tecnológica de las últimas décadas.

Por supuesto que un factor aun más gravitante que el salto tecnológico para esta formidable ofensiva ideológica era el derrumbe del orden de posguerra, hecho que trastrocó definitivamente casi medio siglo de un determinado equilibrio que involucraba a naciones, regiones y clases. Este orden, surgido tras la segunda guerra mundial, estuvo signado por las diferenciaciones y desigualdades. En cuanto a la política internacional se conformó en base a un mundo bipolar, bajo la tangible división este-oeste, que se sobrellevó hasta la caída del muro berlinés a fines de los años ochenta. A nivel estatal, este período fue el gestor definitivo de la estatalidad nacional, ya que en su transcurso se triplicaron los estados nacionales existentes, fruto del desenvolvimiento de los procesos de descolonización que involucraron a las ex geografías coloniales de las potencias europeas, por entonces asumiendo su declinación por el advenimiento de la hegemonía estadounidense. Desde el punto de vista económico, la dicotomía desarrollo-subdesarrollo fue el telón de fondo de esa media centuria, señalando, claramente, las pronunciadas diferencias socioeconómicas entre el capitalismo avanzado y el mundo capitalista rezagado, aquel conformado por las zonas de las ex colonias europeas.

La globalización, en este sentido, vino a zanjar este mundo de diferencias, y si no hizo desaparecer las desigualdades por lo menos las desproblematizaba. En primer lugar, la desaparición del bloque del este, comunista, dejó abierto el horizonte a un único sistema, el capitalista, quedando planteado entonces el desafío de la absorción por parte del "mercado" de la inmensa geografía euroasiática del socialismo. En segundo lugar, la consolidación del fenómeno transnacional erosionó los marcos nacionales, relativamente impenetrables en la etapa previa, señalando las cuestiones de la integración productiva, de la reducción efectiva de las soberanías nacionales y de la pérdida de vigencia de los instrumentos clásicos de planificación político-económica. En tercer lugar, finalmente, y no tan sólo por la sumatoria de las dos característica previamente descriptas, la desaparición de las categorizaciones problemáticas, ya que el mercado mundial volvía a ser identificado plenamente como una oportunidad y no como un obstáculo [5]. Una consecuencia directa de esto fue la irrupción del concepto de mercados emergentes, que reflejaba plenamente la renovada ilusión en el desarrollo espontáneo [6].

La globalización se presentaba, entonces, como una ruptura taxativa respecto del pasado y, además, como un fenómeno inevitable. Estas dos características aunadas la muestran claramente como "ideología", entendiendo por esto un intento de reinterpretar el mundo desde el poder, tendiente a quebrar estratégicamente a la resistencia de los explotados, a incrementar la opresión material baja la daga del terrorismo intelectual [7]. Este escenario reforzaba el instrumentalismo, es decir, el tecnocratismo, y este papel degradante le cupo, en gran medida, a los economistas, portadores de una especie de ciencia suprema. 

 

- La Cuestión Periférica

Desde el Cehu, a partir de este análisis, se decidió un curso de acción concreto, enderezado a reintroducir cordura frente al frenesí globalizador, tan insustancial y deletéreo como rabiosamente lesivo del abecé de la geografía. Había que dotar de materialidad al dominio irrestricto de la abstracción, pues ese era el legado fundamental de la pretenciosa cosmovisión de fin de milenio.

 Así nació "La cuestión periférica o Periferias en cuestión", un programa de actividades decidido con el fin de restablecer la discusión geográfica, articulando al paso los desperdigados esfuerzos de los geógrafos de carne y hueso.

Como primer tarea se produjo una revisión de la globalización. Esta fue redefinida mediante una conceptualización previamente utilizada, la "transnacionalización madura"[8], cuyas implicancias más evidentes eran la aceleración de los cambios, la imposición inevitable de la escala mundial como marco comprensivo de los fenómenos y la necesaria impronta espacial de estas mutaciones. Por último, como corolario de lo antedicho, y directamente concernido por el título del programa de actividades, sostuvimos que estábamos en presencia de una etapa donde las periferias se hallaban sometidas a una presión como, tal vez, jamás antes se había visto. En otras palabras, asistíamos a una profundización de la internacionalización, que reforzaba la unidad de los procesos - claro que no la unificación, fútil idea transmitida por la cantinela globalizante- así como también agudizaba la diferenciación, las desigualdades.

La transnacionalización madura, pues, refrendando el carácter sistémico de los procesos de diferenciación territorial, convalida tanto la categoría periferia como la categoría región, y sobre todo esta última, ya que siendo una especificidad concreta, superior, puede dar cuenta de ciertas connotaciones territoriales (heterogeneidad situacional) que la periferia (heterogeneidad posicional) no alcanza a vislumbrar, a discernir.  

 

 

 

En un mundo como geografía,

notas sobre una geografía periférica y dependiente[9]

 

9AB80CDF

Jorge Osvaldo Morina

 

 

Algunas palabras sobre el mundo (como geografía).

 

La realidad socio-territorial argentina actual, y por lo tanto las realidades regionales, son, en gran medida, producto de la particular forma de acomodamiento de los grupos hegemónicos locales que, a través de distintas etapas históricas, han subalternizado a vastos sectores populares en función de “modelos” de dominación (sistemas de poder) liderados desde los denominados “países centrales”. El punto de inflexión que reconoce el pasaje del modelo mercadointernista al de apertura esencialmente importadora, concentración económica y exclusión social, vivido en Argentina hacia 1975/76, debe ser contextualizado en la imposición de una redefinición del sistema internacional. Esta, se vincula con la expansión, a diferentes escalas y con intensidades dispares, del “sistema de poder ultraliberal”, que contrariamente a su discurso antiestatista, sólo sobrevive merced a un fuerte anclaje en el Estado.

El proceso de concentración continua de la economía global se va agotando. La pelea por los mercados exige medidas extraeconómicas para triunfar: emerge la amenaza de la guerra a nivel mundial. Pero la “guerra contra el terrorismo” que EE.UU. declaró a partir del 11 de setiembre de 2001 es una aventura errática. El capitalismo occidental, sobre todo el norteamericano, procura salvarse a costa del resto del planeta. Bajo este esquema, los acuerdos multilaterales tienden a favorecer los intereses unilaterales de EE.UU. Es el caso de la OMC a partir del encuentro de Qatar y del ALCA a escala americana.

Tarde o temprano la recesión desembocará en un desplome bursátil global. En Estados Unidos las quiebras empresarias fueron en 2001 tres veces más frecuentes que hacia finales de la década pasada. En esos años iniciales del siglo XXI un reconocido especialista escribió: “En esta situación depresiva, en el Norte las importaciones bajarán en volumen y precio. En consecuencia, los países del Sur perderán toda capacidad para pagar la deuda externa, no les quedará otra opción que hundirse en la miseria extrema o liberarse de esas obligaciones para salvar (lo que queda) de sus mercados internos. Argentina es un caso ejemplar de dicho fenómeno” (Dierckxsens, 2002: 14).

De todos modos, existe una especie de consenso amplio –gracias también al derrumbe de la primera experiencia de construcción de una alternativa socialista- sobre la idea de que el capitalismo representaría un horizonte insuperable. Pero claro, esta interpretación deja de lado una serie de características nuevas que expresan lo que se ha definido como la “senilidad” del sistema capitalista (Beinstein, 1999; Amín, 2002). Por cierto, cuando se nos presentan algunos discursos dominantes referidos a la nueva organización del trabajo (la llamada “sociedad en red”), o también a las transformaciones en la propiedad del capital (“modo de acumulación patrimonial”, o de modo más vulgar “capitalismo popular”), o cuando se menciona a la ciencia convertida en “factor fundamental de producción”, estamos en presencia de “ilusiones tecnicistas”. Por supuesto, esas ilusiones se repiten a lo largo de la historia, porque la ideología del sistema siempre ha tenido necesidad de ellas para evadir la verdadera cuestión: ¿quién controla el uso de la tecnología? ¿quién controla los conocimientos necesarios para la producción?

En su expansión mundial, el capitalismo ha construido, reproducido y profundizado sin cesar, una asimetría entre sus centros de conquista y las periferias dominadas. Es por eso que podemos coincidir en definir al capitalismo como un sistema imperialista natural, representando el imperialismo la “fase permanente” del capitalismo (Amín, 2002). En el contraste expresado a través de las asimetrías crecientes, es interesante notar la contradicción principal del capitalismo, entendido como sistema geográfico mundial. Tal contradicción se manifiesta también en términos ideológicos y políticos, a través del contraste entre el discurso universalista del capital y la realidad de lo que produce su expansión, es decir, la creciente desigualdad entre los pueblos de la Tierra.

Todo parece indicar que el capítulo de la expansión constructiva (recordando el concepto “destrucción creadora” utilizado por Schumpeter) se ha cerrado de manera definitiva. El actual flujo de ganancias y de transferencias de capital “de Sur a Norte” supera con amplitud, y no sólo en términos cuantitativos, el reducido flujo de nuevas exportaciones de capital en sentido contrario. Este desequilibrio no es coyuntural, como pretende la prédica liberal, y se traduce en un vuelco en las relaciones entre la dimensión constructiva y la destructiva, ambas inherentes al capitalismo. Hoy, cada expansión –incluso marginal- del capital en las periferias implica destrucciones de alcance inimaginable. Por ejemplo, la apertura de la agricultura a la expansión del capital, marginal en términos de oportunidades potenciales para la inversión (y en términos de creación de puestos de trabajo modernos, de alta productividad), vuelve a poner en discusión la supervivencia del género humano.

Otro ejemplo se puede apreciar en la explotación de los recursos energéticos. Uno de los incentivos más poderosos que la inversión extranjera (IE) pide, y los regímenes influenciables ofrecen es el de la privatización de los hidrocarburos. Una vez “atracados” los activos nacionales estratégicos, la IE se asegura, a través de gobernantes sumisos o cómplices, con muy buenos resultados, el control de los campos más lucrativos de petróleo y gas (Petras, 2005).[10] Por razones de espacio cerramos aquí estos comentarios sobre la realidad mundial[11].

 

Notas sobre una geografía periférica y dependiente

(como es la Argentina).

Decíamos en la introducción que hacia 1975/76 comienza una transformación tan profunda de la Argentina que, sin duda alguna, puede hablarse de una refundación de nuestro país. El alcance del proceso de destrucción nacional que se estaba implantando para perdurar por décadas, no era imaginado por demasiados librepensadores de aquel entonces, con algunas excepciones[12].

Sin dejar de lado otros ejes de análisis o claves explicativas, entendemos que avanzar en el conocimiento de los procesos de endeudamiento externo, reestructuración productiva, distribución del ingreso y redefinición del Estado, puede resultar un camino metodológico adecuado para comprender los dramáticos cambios acaecidos en nuestra geografía.

Aunque en realidad funcionen estrechamente articuladas e imbricadas, una mejor comprensión procesual hace recomendable un estudio separado de esas claves explicativas:

En este X Encuentro Humboldt la propuesta es reseñar sintéticamente una de esas claves de las transformaciones iniciadas en la última dictadura, consolidadas desde su finalización, y agravadas desde 1989 hasta nuestros días. En los párrafos siguientes, seleccionamos la reestructuración productiva y nos dedicamos sobre todo a la década de 1990 y a los años que van desde la enorme devaluación posterior a la convertibilidad hasta 2008, recordando que en trabajos anteriores estudiamos en detalle el período dictatorial 1976-1983[13].

Reestructuración productiva: los aspectos salientes de este proceso han sido el estancamiento, la desindustrialización, la concentración de la producción y la afirmación de un nuevo perfil productivo. El primero de ellos se refiere a la notoria caída del ingreso promedio de los argentinos; el segundo alude a la menor incidencia del sector industrial sobre el PBI total, a la caída en el número de establecimientos y al descenso en la ocupación sectorial. Sobre el tercer aspecto, también de acuerdo a información censal, se constata que las ramas altamente concentradas generaban menos del 45 % de la producción en 1974, 51 % en 1984 y 61 % en 1994. La concentración ha continuado en los últimos años. Acerca del nuevo perfil, la década del 80 mostró la creciente importancia de un conjunto de bienes intermedios que conformaban la base principal de los grandes grupos económicos. Durante la década del 90, en términos de composición sectorial, se advierte una mayor participación de la producción de alimentos y la refinación de petróleo. Esto supone el ascenso de las producciones vinculadas a ventajas comparativas naturales.

En suma, el entonces nuevo patrón de acumulación otorgaba un papel subordinado a la acumulación industrial, asignando recursos hacia sectores primarios y desarticulando las cadenas de valor preexistentes. Lo descripto explica, en parte, el elevado nivel de desempleo que se registró en Argentina con la aplicación del Plan de Convertibilidad, que fue superado ampliamente en el pico de la crisis social y el marasmo económico que se vivió durante 2002, cuando la gigantesca devaluación constituyó un elemento medular de la política oficial destinada a regenerar la capacidad de acumulación de los capitalistas, como corresponde a un Estado creado históricamente a imagen y semejanza de las clases dominantes.

En el segundo semestre de 2002 comienzan a perfilarse claramente nuevas tendencias que, con el correr de los años se tornarían características de aquello que se conoce como un nuevo “modelo” económico. Se trata en realidad de transformaciones en el régimen de acumulación que, en nuestra formación social y económica nacional, expresa la articulación al sistema internacional imperialista desde lazos de dependencia que pueden cambiar su “ropaje” pero se mantienen incólumes.

Este patrón de acumulación combina el énfasis industrialista que tuvo la sustitución de importaciones con la fuerte asociación con el capital extranjero del breve experimento desarrollista (1958-1962). Pero el esquema que se viene gestando presenta, además, puntos de contacto con el régimen agro-exportador en la centralidad de la actividad agraria y cierto parentesco con el curso neoliberal financiero (1975-2001) en la regresividad social.

El “neo-desarrollismo” es un proyecto que comparten todas las clases dominantes. Su comando recae sobre las grandes empresas argentinas que internacionalizaron sus actividades. Se han entrelazado con capitales foráneos, adoptaron un perfil exportador y tienen muchos negocios en el exterior. Pero no priorizan el mercado interno, la acumulación endógena, ni la redistribución de ingresos. Propician un rumbo “industrialista” aceptado por los sectores más poderosos de los agro-negocios y alentado por empresas extranjeras que aseguran su liderazgo en numerosos rubros. El PBI superó el nivel de actividad que precedió a la crisis y el auge continuó en 2007. Esta dinámica ha sido estimulada por el alza de los precios de los productos básicos que exporta el país y obedece también a la magnitud de la depresión previa, que desvalorizó masivamente el capital y la fuerza de trabajo, creando condiciones para un rebote de la producción (Katz, 2007).

El nivel de concentración económica actual es capaz de hacer palidecer a los objetivos en ese sentido que se trazara el propio plan encabezado por Martínez de Hoz al inicio de la última dictadura [14].

El viraje manufacturero actual ya no cubre las carencias industriales de los años treinta, sino que surge luego de un largo proceso de regresión fabril que desarticuló la estructura productiva. Este resurgimiento es resultado directo de la devaluación, el abaratamiento de la fuerza de trabajo y la capacidad ociosa precedente y no conduce a reconstruir el viejo tejido industrial centrado en el mercado interno.

En 2003 la producción industrial creció un 17 %, luego de acumular una caída del 30 % entre 1998 y 2002. La utilización de la capacidad instalada se ubicó en un 65 %, cuando en 2002 había sido de 56 %. Como la producción del sector subió más que la ocupación, la productividad creció un 11 % en 2003. El aumento de precios resultante de la devaluación provocó una fuerte caída en los ingresos reales de los asalariados y, más aún, en los costos salariales de los empresarios. En 2002 el salario medio industrial cayó un 19 %; los costos salariales bajaron 36 % (Schoor, 2004).

Producto de lo anterior se observó un marcado incremento de la rentabilidad empresaria. En 2003, el excedente captado por los industriales (sobre todo por las fracciones más concentradas que lideran la expansión reciente) creció “apenas” 9%. Luego de haber aumentado casi el 60% en 2002 (Schoor, op. cit.). Ciertamente, la contribución del sector a la resolución de los problemas más acuciantes del país (desocupación e inequidad distributiva) ha resultado mínima por ahora.

La revitalización industrial es auspiciada por el gobierno nacional a través de subsidios a las empresas. Para financiar promociones, desgravaciones y rebajas de cargas patronales, el fisco autorizó exenciones por $ 14.892 millones en 2007, es decir el 10 % de la recaudación. Esto supera en 12 % el auxilio concedido en el presupuesto anterior.

Este “modelo” tiene un basamento estratégico en el sector agrario, pero la época dorada de Argentina en el comercio mundial ha concluido hace tiempo, y las ventajas naturales de la Pampa Húmeda ya no le otorgan al país un lugar privilegiado en la división internacional del trabajo. A diferencia de la industria, el producto bruto de este sector viene creciendo sin interrupciones en los últimos 15 años a una tasa de 5,7 %, sin frenos significativos. La devaluación de 2002 incentivó este avance al generar una rentabilidad que bordea los máximos históricos (Giarraca, N.; Teubal, M., 2005; Rodríguez, 2006).

Ese impulso consolida un esquema apoyado en la preeminencia de la soja (transgénica en más del 95 %), la destrucción de cultivos regionales, el cierre de tambos, el desplazamiento de campesinos y pequeños productores y la fuerte concentración en la tenencia de la tierra (Pengue, 2005; Pengue, 2006). Se estimula el monocultivo y se alienta la expulsión de trabajadores rurales. También es afectada la ganadería que mantiene un plantel similar al de hace 50 años.

Cuando repunta la demanda local o extranjera se encarece la carne. A pesar de las elevadas ganancias del sector, los ruralistas han retomado su periódica beligerancia contra el gobierno de turno, dado que siempre se han considerado propietarios del total de la renta agraria, identificando a las retenciones como una inaceptable interferencia impositiva del Estado sobre sus beneficios.

Si a las caracterizaciones de los párrafos previos le sumamos el papel de perfiles productivos netamente exportadores y muy poco generadores de empleo, como es el caso de la gran minería metalífera, o la consolidación del esquema de gestión privada de los hidrocarburos, no será difícil imaginar los problemas que se avecinan. Nos referimos a problemas que ya son y seguirán siendo padecidos por gran parte de nuestra población, y no por empresarios nacionales y extranjeros que sobre esta base económica acumulan rentas de privilegio con pleno apoyo de la superestructura jurídica, política e ideológica.

No es un secreto que los marcos normativos generados desde 1989 (bastante antes de la privatización de YPF) para la explotación de hidrocarburos se siguen sosteniendo a rajatabla hasta nuestros días. De ese modo, las grandes petroleras siguen cumpliendo sus objetivos de extraer mucho, explorar poco y nada y exportar todo lo posible. Sin embargo, el Parlamento Nacional sancionó en 2006 una Ley (enviada por el PEN) que otorga subsidios por 15 años a esas mismas compañías.

Otro tanto ocurre con la legislación minera, tan a medida de las multinacionales que casi hay que pagarles para que continúen con el saqueo de los recursos naturales. A tanto llegan las increíbles deducciones previas al pago de las magras regalías, las exenciones impositivas, la posibilidad de girar al exterior el 100 % de las divisas embolsadas por exportaciones, en un marco de “seguridad jurídica” y estabilidad fiscal por 30 años (Nieva, 2005; Gutman, 2007). El “cofre bien sellado” que mencionaba J. V. González al comenzar el siglo XX ya está bien abierto en el segundo lustro del XXI.

Cerramos este apartado recordando la interpretación de un destacado investigador extranjero que, analizando el devenir de la Argentina entre 2003 y 2007, considera que se trata de un caso de “crecimiento tan intenso como excluyente” (Salama, 2007).

Son tiempos de superávit fiscal y récord de reservas en el Banco Central. El Estado atesora fondos, pero su finalidad es afrontar eventuales tormentas financieras, como lo hacen todas las economías capitalistas en resguardo del sistema. Los permanentes subsidios a los capitalistas también nos advierten sobre el destino de una parte sustantiva de la recaudación.

Son tiempos también de modernización de la miseria. El esquema en curso permite acceder al celular pero no a las cloacas, especialmente en el norte del país, donde más de un tercio de la población carece de inodoro o desagüe.

 

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La Culpa no es de la Soja…

 

Ana María Liberali

Centro Humboldt/ UNMDP

 

 

 

La Pampeanización de las Áreas Extra-Pampeanas

Las Pampas, áreas de extensas llanuras sin árboles naturales, con clima templado húmedo y tierras negras humíferas, habían sido en la Argentina las únicas destinadas a cereales y oleaginosas. Sin embargo, pese a las condiciones de marginalidad de las áreas denominadas extra-pampeanas para estas producciones, a mitad del siglo XX se comenzaron a utilizar terrenos con desniveles, climas rigurosos y suelos poco fértiles y débiles, debido a la necesidad de aumentar la superficie cultivada. Sin embargo, se trataba de una expansión relativamente lenta y en buena medida, controlada. 

Entre las principales características de la Argentina, podíamos reconocer un elevado predominio de la ganadería con una heterogeneidad agrícola en directa relación con la diversidad regional a nivel climático y edáfico, y que permitía gozar de autosuficiencia alimentaria.

Más allá de las posibles planificaciones y deseos, esto no era más que una consecuencia de las demandas, en especial externas, que determinaban en gran parte tal diversificación. Pero en la actualidad, esto se ha modificado. Es entonces cuando, una oleaginosa que no tenía casi presencia en el total de la producción nacional, pasa a constituirse en el principal cultivo de exportación a costa de la sustitución de otros cultivos como también de áreas ganaderas, tambos y tala indiscriminada de bosques.

Mientras la producción de soja en la campaña 1970/71 era de 59000 tn ocupando una superficie de 37700 ha, llegamos a 2006/07 con 16134837 tn en una superficie de 7176250 ha. ocupando no sólo la región pampeana sino también el NEA[1], el borde oriental del NOA[2], la provincia de  Córdoba completa y San Luis. (Ver Mapas Nros 1 y 2).

Mapa Nro 1. Evolución de la Producción de Soja (1965-1975)

Fuente: SAGyP.

 

 

Mapa Nro 2. Producción de Soja 2007.

Foto Nro 1. Paisaje monótono a lo largo de toda la gran región sojera

 

Los ’90 han sido para la Argentina sinónimos de privatizaciones, redistribución regresiva del ingreso, concentración de poder económico y político, desaparición de la red de ferrocarriles, endeudamiento externo, pauperización, desempleo, desindustrialización y re-primarización de la economía, entre otras tantas plagas de Egipto. Dicha re-primarización de la economía incluye la agriculturalización de la producción rural, de la cual la soja pasa a ocupar el 50% del total cultivado.

El punto de inflexión, a partir de los cuales se acentuó esta tendencia se dio en de la campaña 1996/97, cuando se liberaron al medio para su siembra los primeros materiales de soja transgénica tolerantes a glifosato, en combinación con la difusión de la siembra directa. La notable expansión del área bajo cultivo con esta oleaginosa posicionó a la República Argentina como el tercer productor mundial de grano después de EEUU y Brasil, y el primer exportador mundial de aceites. (Ver Tabla Nro 1).

 

 

 

 

 

Tabla Nro 1. Evolución de la Producción de Soja

Total del País – 1997 - 2007

Total país

1997/98

1998/99

1999/00

2000/01

2001/02

2002/03

2003/04

2004/05

2005/06

2006/07

Superficie Sembrada

7.176.250

8.400.000

8.790.500

10.664.330

11.639.240

12.606.845

14.526.606

14.400.000

15.364.574

16.134.837

Superficie Cosechada

6.954.120

8.180.000

8.637.503

10.400.193

11.405.247

12.419.995

14.304.539

14.037.246

15.097.388

15.974.764

Producción

18.732.172

20.000.000

20.135.800

26.880.852

30.000.000

34.818.552

31.576.751

38.300.000

40.467.099

47.460.936

Rendimiento

2.693

2.444

2.331

2.584

2.630

2.803

2.210

2.730

2.680

2.971

Superficie: expresada en hectáreas
Producción: expresada en toneladas
Rendimiento: expresado en kilogramos por hectárea

Fuente: SAGPyA

 

Sin duda, la expansión de la superficie ha sido el principal factor del crecimiento productivo, permitiéndose a través del paquete tecnológico incorporado, el avance sobre áreas marginales, en particular en las regiones del NOA y del NEA. (Ver Tablas Nros 2, 3, 4 y 5).

 

En la provincia de Tucumán la soja ha desplazado cultivos de caña de azúcar y de cítricos tanto en el este como en el sur, es decir, sobre el escaso espacio llano con que cuenta la provincia. (Ver Tabla Nro 2)

Una de las particularidades es que ya ha aparecido la “roya asiática”, enfermedad causada por el hongo Phakopsora pachyrhizi y que es atacada con fungicidas muy poderosos.

 

 

Tabla Nro 2. Evolución de la Producción de Soja

Provincia de Tucumán (NOA) – 1997 - 2007

Tucumán

1997/98

1998/99

1999/00

2000/01

2001/02

2002/03

2003/04

2004/05

2005/06

2006/07

Superficie Sembrada

111.270

150.000

125.000

180.000

239.139

260.000

230.000

259.630

283.518

281.450

Superficie Cosechada

109.820

147.000

124.850

180.000

229.139

257.000

224.353

244.572

278.378

281.450

Producción

261.777

360.000

312.100

329.400

660.000

570.000

489.100

578.238

835.903

876.008

Rendimiento

2.384

2.449

2.500

1.830

2.880

2.218

2.180

2.360

3.003

3.112

Fuente: SAGPyA

 

En Santiago del Estero se ha desarrollado sobre otrora áreas de montes y de ganado. Se trata de una región edáficamente débil sumado a elevadas temperaturas que contribuyen a que las nutrientes que se agregan a los suelos se quemen. (Ver Tabla Nro 3)

 

 

 

 

Tabla Nro 3. Evolución de la Producción de Soja

Provincia de Santiago del Estero (NOA) – 1997 - 2007

Santiago del Estero    1997/981998/99

1999/00

2000/01

2001/02

2002/03

2003/04

2004/05

2005/06

2006/07

Superficie Sembrada

154.600

280.000

261.500

323.000

659.229

654.500

679.000

630.713

719.580

803.380

Superficie Cosechada

129.900

250.000

258.500

272.700

617.729

647.000

674.000

528.586

702.080

797.880

Producción

279.900

520.000

631.400

509.400

1.380.000

1.473.600

1.219.900

713.920

1.572.281

1.974.800

Rendimiento

2.155

2.080

2.440

1.868

2.043

2.278

1.810

1.350

2.239

2.475

Fuente: SAGPyA

 

En Salta los desmontes de las yungas[3] han generado, por un lado, el aumento de las inundaciones por falta de absorción de las precipitaciones estivales; y por el otro, el reemplazo y/o corrimiento de los otros cultivos tradicionales, en especial los cítricos. Actualmente la soja es el cultivo de mayor superficie y volumen de la Provincia. (Ver Tabla Nro 4)

 

Tabla Nro 4. Evolución de la Producción de Soja

Provincia de Salta (NOA) – 1997 - 2007

Salta

1997/98

1998/99

1999/00

2000/01

2001/02

2002/03

2003/04

2004/05

2005/06

2006/07

Superficie Sembrada

165.000

260.000

210.000

300.000

329.980

320.500

437.000

466.546

477.000

477.000

Superficie Cosechada

157.000

257.000

208.000

298.000

325.980

289.500

421.200

439.483

474.700

477.000

Producción

237.100

660.000

535.700

671.200

750.000

743.000

821.200

733.748

1.367.338

1.361.000

Rendimiento

1.510

2.568

2.575

2.252

2.304

2.566

1.950

1.670

2.880

2.853

Fuente: SAGPyA

 

Foto Nro 2. Desmonte en el Chaco Salteño.

 

 

El Chaco es una de las áreas más castigadas a lo largo de toda la historia económica del país. En una primera etapa fue víctima de la tala indiscriminada de quebrachos;[4] más tarde, el monocultivo del algodón la llevó a una situación de inestabilidad económica; y actualmente, la expansión sojera, generó una diferenciación social nunca vista, amén del deterioro ecológico en casi toda la Provincia, incluyendo “El Impenetrable”.

Siendo la provincia con mayor cantidad de tierras fiscales del país, los gobiernos “otorgaron tierras a las comunidades” a bajo precio, sin imponer normas pero tampoco subsidios para emprendimientos productivos. Es así, como dichos pobladores, sin contar con el capital suficiente para iniciar actividades económicas, vendieron a precios irrisorios dichas tierras a empresarios de diferentes tamaños. En este caso, gran parte de los desmontes están a cargo de pequeños o medianos empresarios chaqueños o cordobeses, quedándose las grandes empresas con campos anteriormente destinados al algodón o a la ganadería. (Ver Tabla Nro 5)

La región algodonera del norte argentino daba trabajo a miles de familias durante la cosecha manual, pero los productores algodoneros se volcaron al cultivo de soja transgénica y, al desaparecer el algodón, los recolectores pierden sus trabajos y se concentran, desocupados, en las afueras de las grandes ciudades.

En esas regiones, 6 de cada 10 adultos ya no tienen trabajo, se amontonan en los suburbios pobres y, en el mejor de los casos, reciben un subsidio de 150 pesos. Cientos de miles de trabajadores rurales fueron expulsados de los campos donde siempre vivieron y en los próximos años, su número seguirá aumentando ya que la industria urbana, destruida por el menemismo, no puede ayudar a los expulsados del campo. Así los suburbios de las grandes ciudades ven crecer los asentamientos en el hambre, la indigencia, la violencia y la desesperación. (Valente, 2005)

Es así como puede verse en algunos de los pueblos a una clase media en ascenso que invierte o envía dinero fuera del país, y a un sector pauperizado en extremo en los bordes de estos poblados. En muchos casos se trata de comunidades toba o wichi que reciben un subsidio del estado y que son vistos como “vagos” por ese sector pequeño burgués.

Por otra parte, debido a suelos de escasa fertilidad y clima subtropical con lluvias estacionales que generan inundaciones seguidas de sequías extremas, se desestabilizan las fuentes hídricas y la provisión regular de agua. Las elevadas temperaturas estimulan la presencia de insectos, lo que es compensado con la aplicación de mayores dosis de plaguicidas. En muchos casos, los aviones fumigadores no toman en cuenta la presencia de poblados en la zona. (Liberali, 2008b)

 

Tabla Nro 5. Evolución de la Producción de Soja

Provincia de Chaco (NEA) – 1997 - 2007

Chaco

1997/98

1998/99

1999/00

2000/01

2001/02

2002/03

2003/04

2004/05

2005/06

2006/07

Superficie Sembrada

130.000

215.000

350.000

410.000

600.000

768.000

772.000

664.475

642.309

710.350

Superficie Cosechada

85.800

195.000

350.000

406.400

561.000

754.700

736.250

639.229

576.709

700.947

Producción

159.600

430.000

629.200

830.800

1.184.400

1.606.000

841.200

878.385

1.396.480

1.306.665

Rendimiento

1.860

2.205

1.800

2.044

2.111

2.154

1.143

1.370

2.421

1.864

Fuente: SAGPyA

 

 

La situación actual en muchas provincias es por demás preocupante. En las zonas centro y sur de Santa Fe se observa un proceso homogéneo y generalizado de agriculturización, con 85,0 a 90,0% de la superficie cultivada con soja y se presentan problemas muy extendidos de degradación y erosión de suelos. En la zona central, la agriculturización con soja ha desplazado al tambo con el consiguiente efecto sobre la mano de obra ocupada. Un fenómeno similar ocurre en la parte norte de la provincia, con el desplazamiento del algodón por la soja. (Ver Tabla Nro 6).

 

Tabla Nro 6. Evolución de la Producción de Soja

Provincia de Santa Fe – 1997 - 2007

Santa Fe

1997/98

1998/99

1999/00

2000/01

2001/02

2002/03

2003/04

2004/05

2005/06

2006/07

Superficie Sembrada

2.608.500

2.753.800

2.873.550

3.117.150

3.212.300

3.319.000

3.558.000

3.531.100

3.553.290

3.474.600

Superficie Cosechada

2.546.200

2.741.200

2.863.400

3.087.650

3.148.850

3.260.000

3.531.500

3.483.587

3.524.318

3.433.555

Producción

7.310.500

7.300.000

6.637.500

8.657.700

8.350.300

10.223.500

9.141.950

10.448.196

10.257.415

11.295.735

Rendimiento

2.871

2.663

2.318

2.804

2.652

3.136

2.589

3.000

2.916

3.290

Fuente: SAGPyA

 

Por su parte en Córdoba, la soja representa del 80,0 al 85,0% del área cultivada con granos, por lo que su monocultivo se constituye en el principal problema, con el consiguiente efecto sobre la degradación del suelo. Por otro lado los altos costos de los arrendamientos y la ausencia de contratos a largo plazo, atentan contra la planificación a mediano plazo (rotaciones). (Ver Tabla Nro 7).

 

Tabla Nro 7. Evolución de la Producción de Soja

Provincia de Córdoba – 1997 - 2007

Córdoba

1997/98

1998/99

1999/00

2000/01

2001/02

2002/03

2003/04

2004/05

2005/06

2006/07

Superficie Sembrada

2.096.800

2.564.600

2.729.000

3.151.500

3.452.900

3.564.352

4.172.940

3.981.146

4.343.718

4.477.882

Superficie Cosechada

2.070.300

2.459.950

2.707.400

3.088.960

3.444.370

3.543.402

4.128.670

3.925.908

4.273.718

4.447.482

Producción

5.820.700

5.263.300

6.932.900

8.154.200

9.658.300

9.851.100

8.376.200

11.190.869

11.123.165

14.173.030

Rendimiento

2.811

2.140

2.561

2.640

2.804

2.780

2.030

2.850

2.603

3.187

Fuente: SAGPyA

 

El fenómeno de agriculturización en la provincia de Entre Ríos ha tenido un fuerte incremento, superando la última campaña 1,7 millones de hectáreas, de las cuales el 60,0% corresponden al cultivo de la soja. Los efectos negativos de este proceso se pueden potenciar aún más, si tenemos en cuenta los siguientes factores: la alta predisposición de los suelos a la degradación, la gran subdivisión de las tierras, los arrendamientos por una campaña y las posibilidades de contaminación.

En la provincia de Buenos Aires se produjo la expansión de la soja a costa de los cultivos de maíz y girasol. También muchos productores lecheros han arrendado sus campos para el cultivo de soja, y en los últimos años gran cantidad de tambos fueron cerrados. (Ver Tabla Nro 8).

“Los años noventa registran los más altos índices de transferencias de tierras de toda la historia en la Provincia de Buenos Aires, centro de la zona, núcleo en que se produce con mayor impacto el desarrollo de los monocultivos de soja. La competencia por menores costos va por otra parte, dejando en el camino a los más pequeños que son absorbidos por los otros. Según informaciones empresariales, a finales de los años noventa veinte millones de hectáreas de las mejores tierras están en manos de tan sólo dos mil productores.” (Rulli, 2004)

Tabla Nro 8. Evolución de la Producción de Soja

Provincia de Buenos Aires– 1997 - 2007

Buenos Aires

1997/98

1998/99

1999/00

2000/01

2001/02

2002/03

2003/04

2004/05

2005/06

2006/07

Superficie Sembrada

1.604.000

1.732.300

1.808.450

2.413.010

2.188.090

2.475.653

3.205.523

3.324.129

3.709.800

4.057.028

Superficie Cosechada

1.560.860

1.699.930

1.744.160

2.304.368

2.151.310

2.450.723

3.133.613

3.249.179

3.665.000

4.009.918

Producción

3.859.680

4.579.260

3.777.100

5.725.568

5.776.800

7.142.260

7.852.200

10.000.746

10.526.710

11.653.274

Rendimiento

2.472

2.694

2.166

2.485

2.685

2.914

2.510

3.078

2.872

2.906

Fuente: SAGPyA

 

 

La dependencia tecnológica

 “Las modificaciones genéticas introducidas a la semilla de soja le ha conferido resistencia a un herbicida llamado glifosato. El glifosato es un veneno para hierbas y plantas que mata la mayor parte de las especies, incluyendo a la soja no transgénica, y que, por lo tanto, no podía ser aplicado a los cultivos, ya que los mataba. Los productores adoptaron la soja porque su cultivo es más barato y les deja más ganancias con cuidados mínimos, poco personal, poca maquinaria y poco combustible.” (Caldarone, 2006)

El Glifosato es un herbicida sistémico propiedad de Monsanto[5]. Su venta como parte de un paquete tecnológico fue la verdadera razón comercial de imponer Sojas que por manipulación genética eran tolerantes a su uso.

“(…) las pocas grandes empresas semilleras transnacionales no sólo proveen la semilla sino también el paquete tecnológico y los insumos que lo acompaña, los cuales el productor se ve obligado a comprar indefectiblemente. De tal modo se produjo la creciente dependencia del productor agropecuario, no sólo respecto de la agroindustria y la provisión de insumos agroquímicos, sino también -y mucho más que antes- de las empresas proveedoras de semilla. (…) Es el caso de la soja RR que el chacarero pampeano adoptó masivamente en los últimos años debido a que estuvo asociado íntimamente a la siembra directa y la reducción de costos que ésta trajo aparejada.” (Teubal, 2004)

 

Los nuevos actores

Las sojas transgénicas no requieren mano de obra rural. Los antiguos puesteros, alambradores, vendedores de insumos locales, herreros, repuesteros de maquinaria agrícola, braceros, etc. ya no son necesarios y desaparecen junto a un modelo del campo argentino agrícola pastoril que desaparece también con los alambrados y los molinos que daban de beber al ganado. Y con los poblados rurales y caseríos, en que coincidía la Estación del Ferrocarril, con la escuela, la sociedad italiana con el templo y los comercios locales, las casas de los trabajadores rurales jubilados y toda la Cultura agraria, tradiciones e imaginería que expresaban en la Sociedad argentina esos cientos y cientos de poblaciones, hoy desaparecidas. (Rulli, 2004)

El negocio de la soja quedó concentrado, según Claudio Katz, en tres grandes sectores:

1)   Los contratistas (pool de siembra) que se nutren de fondos de inversión y operan a gran escala sobre las tierras arrendadas.

2)   Los proveedores de agroquímicos (Monsanto, Dupont, Bayer). Acaparan lucros mediante la fuerte dependencia que tiene la producción de soja de las nuevas semillas y fertilizantes.

3)   Las cinco grandes compañías exportadoras, que manejan el 90 % de las ventas: Cargill, Bunge, Dreyfus, Nidera y Aceitera General Deheza (AGD).

Sin embargo, es tan elevado el ingreso que la soja produce, que “un productor chico de la región pampeana con una propiedad de cien hectáreas (es decir una extensión minúscula para la zona) obtiene una renta mensual de 10 mil pesos [6] y en menos de un año su propiedad territorial se ha valorizado en un 50%. Esta ubicación social en gran medida explica por qué la Federación Agraria (FAA)[7] actúa en bloque con la Sociedad Rural[8]. Tampoco los antiguos cooperativistas se parecen a los empresarios medianos que controlan CONINAGRO[9]. A su vez, los grandes propietarios de CRA[10] se han convertido en grandes burgueses y los latifundistas ganaderos de la Sociedad Rural en agro-capitalistas.

El término de pequeño productor correspondería más bien a los propietarios de 50 o 60 hectáreas, de las zonas con rindes bajos, alejadas del boom sojero. También podrían encuadrarse en esa categoría los campesinos extra-pampeanos que desenvuelven una agricultura familiar en predios de 5 a 20 hectáreas. Este sector de productores de frutas, hortalizas, legumbres, caña de azúcar, tabaco o yerba mate estuvo ausente del bloque ruralista durante el conflicto, porque son víctimas de la expansión sojera. (Katz, 2008ª)

Entre las verdaderas organizaciones de trabajadores rurales desposeídos, podemos citar al MOCASE[11] o al Movimiento Nacional Campesino Independiente.

Primero…, los de afuera

Como puede verse en las Tablas Nros. 9, 10 y 11, el precio de la soja respecto al trigo y al maíz, es sustancialmente superior, lo que permite explicar este fenómeno.

Como la Argentina, al igual que otros países periféricos, ha estado desde el comienzo de su historia sujeta a las necesidades del mercado externo, no es atípico semejante comportamiento que ya ha sido visto en otras etapas de la evolución de su economía, cuando dejando de lado las necesidades del mercado interno, se han expropiado y expoliado gran cantidad de áreas para la producción agrícola-ganadera.

 

Tabla Nro 9. Precios de la soja

FOB

Precio

Var.

Fecha

Grano SAGPyA

u$s456

+

2008-08-07

Aceite Cerc

u$s1083.99

+

2008-08-07

Pellet Cerc

u$s352.4

+

2008-08-07

Disponible

Precio

Var.

Fecha

Fca/Tim-SM-SL-Ric-VGG-GL

$810

-

2008-08-08

Cámara

Precio

Var.

Fecha

Rosario

$845

+

2008-08-08

 

Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario.

 

 

Tabla Nro 10. Precios del trigo

FOB

Precio

Var.

Fecha

Emb Cerc v

u$s310

=

2008-08-07

SAGPyA

u$s310

=

2008-08-07

Disponible

Precio

Var.

Fecha

Exp/SM-AS Sin Descarga

$560

-

2008-08-08

Cámara

Precio

Var.

Fecha

Rosario

$597.4

+

2008-08-08

 

Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario.

 

Tabla Nro 11. Precios del maíz

FOB

Precio

Var.

Fecha

SAGPyA

u$s209

+

2008-08-07

Disponible

Precio

Var.

Fecha

Exp/AS

$400

-

2008-08-08

Cámara

Precio

Var.

Fecha

Rosario

$420

+

2008-08-08

 

Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario.

 

Casi toda la soja producida es exportada, a países del primer mundo o a China. El 70% se exporta sin procesar y el resto se transforma en harina o aceites antes de ser embarcado.
“Existe el peligro, de que nos estemos transformando en una típica economía agroexportadora especializada en un solo cultivo, en detrimento de la producción de alimentos básicos de consumo popular masivo. ¿No será que nos estamos transformando en una republiqueta sojera?” (Teubal, 2006)

Al acabarse el petróleo está comenzando a insinuarse un nuevo boom: el del biodiesel, o sea la conversión de aceite de soja en combustible líquido para vehículos automotores: ahora vamos a cultivar soja para hacer biocombustibles, mientras Repsol, la empresa de los amigos de Kirchner, se lleva el petróleo y nos deja los pozos vacíos.

Pasamos de un mono cultivo destructivo de soja para engordar los chanchos y las vacas europeas a un nuevo boom sojero para llenar los tanques de los autos de españoles y franceses.
Claro que, Monsanto y los grandes capitalistas del agro seguirán destruyendo nuestros campos y embolsando fortunas. (Valente, 2005)

 

 

Modo de producción minero

 

“Los ecosistemas nativos y los suelos son puestos en estado de precolapso, la biodiversidad es gravemente afectada cuando se siembran hasta las banquinas, las cuencas hidráulicas se contaminan con el uso masivo de agrotóxicos, el hábitat de los campesinos y de los pueblos aborígenes es destruido, y se los deja sin posibilidades de sobrevivir en el nuevo desierto verde de la soja; las poblaciones rurales son desplazadas de ese modo y deben emigrar a los nuevos cordones de pobreza urbana.”

“El uso abusivo de un solo patrón agroquímico, el Glifosato, sobre más de quince millones de hectáreas, provoca una reacción previsible aunque no considerada por los técnicos oficiales del INTA[12] que festejaron los nuevos desarrollos biotecnológicos. Decenas de malezas desarrollan resistencia al glifosato y deben ser combatidas con mayores dosis del producto, llegándose a casos de más de diez litros por Hectárea y aún así es preciso apelar a otros herbicidas aún más tóxicos, tales como el 2.4D y el Paraquat que se usan en la pre-emergencia y en los barbechos químicos del invierno.” (Rulli, 2004).

“La propuesta de la WWF (Fondo Mundial para la Vida Silvestre) no cuestiona el actual modelo industrial de agricultura implementado en Sudamérica. (…) De esta manera la WWF cumple el rol de predicador del capitalismo verde: no interrumpir el flujo de intereses financieros, apoyando el crecimiento de la producción agrícola de tipo industrial como táctica, convenciendo a las transnacionales hacia un sutil giro hacia prácticas que produzcan menores impactos negativos y de esta forma ayudándoles a legitimar sus operaciones. La mesa redonda de la soja sustentable se ha convertido en un club privado en que las corporaciones, con la anuencia de los ambientalistas, podrán utilizar un sello de 'sustentabilidad' con que verdear su industria.” (Grupo de Reflexión Rural/ MOCASE, 2004).

Pero este modelo de producción-destrucción no es privativo de la soja sino también de la plantación de pinos para las pasteras y de la minería a cielo abierto, entre otros ejemplos.

 

Los únicos privilegiados…, ¿serán los niños?

A pesar de que los productores de soja han justificado sus prácticas con el supuesto fin de terminar con el hambre, la realidad nos está mostrando lo contrario.

El éxodo rural producido tanto por la escasa demanda de trabajadores del modelo sojero como por la expropiación forzada de comunidades que habitaban las zonas desmontadas o marginales, provocó un incremento de la población en condiciones de extrema pobreza en los cordones urbanos. Este hecho sumado a la pauperización post-crisis 2001/2002 obligaron al gobierno a “resolver” el problema. Fue así como a principios del 2002 se puso en marcha un plan para regalar porotos de soja a comedores comunitarios de todo el país, como una “forma de combatir el hambre” sustituyendo carne y lácteos con soja. Lejos de constituirse en una solución y a pesar de las campañas realizadas en su defensa, debe tenerse en cuenta que lejos de reemplazar las nutrientes necesarias, la soja y la denominada “leche” resultan particularmente dañinas para los niños, ya que inhibe la absorción de nutrientes esenciales como calcio, hierro y zinc, imprescindibles para un crecimiento sano y normal.

 

Verde soja por verdes billetes

A partir de devaluación de 2002, se han producido ciertos cambios en la Argentina, en especial los relacionados con el intercambio comercial.

Aquellos sectores que estaban en crisis por no poder competir en el mercado externo, se vieron favorecidos con un dólar que llegó a valer 4$ y que posteriormente se mantuviera alrededor de los 3$ hasta el día de hoy. Por otra parte, la industria, desintegrada por la libre importación desde todas partes del mundo, también volvió a tener un lugar en el mercado interno, tal cual ha ocurrido con el turismo y con otras actividades concatenadas.

El “campo” fue una de las áreas beneficiadas por esta situación, sumado desde ya al aumento coyuntural de los bienes primarios en una situación de crisis a nivel mundial. Dentro de estos productos agropecuarios, sin duda la soja, es la que ha presentado mayores ingresos, y esto ha sido avalado y apoyado por todos los gobiernos desde Menem en adelante. Es más, el kirchnerismo ha basado gran parte su política de subsidios en los impuestos a este sector.

Pero a partir del 11 de marzo del presente año, el Ministro de Economía Martín Lousteau, mediante la Resolución Nro 125, anunció el aumento de las retenciones al sector, convirtiéndolas en móviles en relación directa con los precios internacionales.

Este hecho generó un conflicto, que en situación de tensión duró 150 días, pero que lejos de haber concluido, prosigue generando grandes fisuras en el Gobierno y ha partido a la sociedad entre quienes van por el Gobierno y quienes apoyan al “campo”. La gran mayoría de la población se identifica con uno de los dos “bandos” acríticamente, prevaleciendo quienes adhieren al segundo.

Al respecto Christian Castillo[13] denunció que "El gobierno quiere apropiarse de más retenciones no para redistribuir la riqueza a favor de los intereses del pueblo trabajador, sino para hacer honor al pago de la deuda externa, seguir subsidiando a los capitalistas y tener una red política clientelar con gobernadores e intendentes".

“En la protesta de las patronales del campo, hubo una confluencia de intereses de todos aquellos vinculados al negocio sojero en defensa de los recursos obtenidos por el aumento de la renta diferencial. Un “negocio” que se ha desarrollado favoreciendo la concentración de la producción agraria en manos del capital financiero y de los reyes del agronegocio, junto al poder ganado por las multinacionales proveedoras de semillas y agroquímicos, y del control de las exportaciones por un puñado de oligopolios, sobre la superexplotación de los trabajadores rurales y los campesinos expulsados de sus tierras.” (Castillo, 2008a)

Pero el sector más invisible que aglutina a los explotados del sector está conformado por 1,3 millones de peones rurales. El 75% de ellos trabaja en negro y percibe un sueldo promedio de 600 pesos, soporta el mayor porcentaje nacional de accidentes laborales y carece de protección social. Este segmento - no ha recibido ningún goteo de la bonanza exportadora y su total ausencia durante el conflicto confirma el carácter pro-capitalista de las demandas en juego.

La acción que convulsiona al campo es un lock out y no una rebelión de oprimidos. Se ha desenvuelto como una acción patronal, con cortes de rutas que coexisten con la continuidad de la actividad laboral tranqueras adentro. Sus protagonistas retraen productos de la venta y especulan con el momento oportuno de comercializar los granos o hacienda. Se guían por cálculos de mercado y no por criterios de rebelión popular. (Katz, 2008b) (Ver fotos Nros 3 y 4).

  

Fotos Nro 3 y 4. La patronal piquetera en la provincia de Entre Ríos

(Sociedad Rural de Gualeguay)

 

El gobierno primeramente justificó la medida argumentando que su objetivo era el de disminuir el área de producción de soja a partir de las consecuencias negativas que genera sobre el ambiente, la población y las demás actividades económicas. Pero, como vino aplicando la política contraria, se ganó el desprestigio ante la mayor parte de la población. A esto sumó la organización de actos de apoyo a partir de los sindicatos oficialistas, lo que le quitó el escaso crédito que le quedaba. (Ver Fotos Nros 5 y 6).

 

 

  

Fotos Nros 5 y 6. Los sindicatos del gobierno dirigiéndose al Congreso.

 

Por otra parte, los medios en general jugaron a favor del “campo”, vocablo que aglutinó a las cuatro principales agrupaciones que se unieron en la denominada “Mesa de Enlace”, como también a quienes comparten ganancias a través de inversiones bancarias de diferente monto, y que están conformando diversos sectores de la sociedad, en su mayoría, citadinos.

La lucha por alguna tajada de la torta, grande o pequeña, o simplemente por su frutilla, puso al país en vilo durante meses, no sólo con la consecuente renuncia del Ministro de Economía y de otros prominentes miembros del staff gubernamental, sino con el envío del proyecto al congreso.

Es allí cuando el bloque de diputados aprueba las retenciones móviles mientras que en el bloque de senadores se llega a un empate que debió dirimir el Vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, y que para sorpresa de todos, votara en contra de su propia compañera de fórmula, la Presidente Cristina Fernández de Kirchner.

Además de la fractura política que este hecho implica, se procedió a la anulación de la resolución 125, dando poder al bloque ruralista que logró retrotraer las retenciones al 35 % fijo. Toda la cosecha almacenada será comercializada a esa tasa y dentro del circuito de la soja se repartirán los 1250 millones de dólares en disputa con el controvertido decreto. Los ganadores inmediatos serán los exportadores y sobre todo los grandes productores, que pagarán un impuesto inferior al estipulado en el proyecto de ley que rechazó el senado. Sin embargo, a pesar del supuesto triunfo, los productores más chicos no se han visto beneficiados y en el transcurso de este mes de agosto de 2008, vuelven a las medidas de fuerza en las principales rutas del país.

Ni al Gobierno ni al “campo” le interesan la soberanía alimentaria y la conservación de los ecosistemas para las futuras generaciones. Sólo aspiran a recurrir a la oleaginosa verde para obtener los verdes billetes que resuelven la totalidad de sus preocupaciones.

Para Katz “Dejar en libertad al campo” equivale a multiplicar la desigualdad y reforzar un modelo que no industrializa, ni crea empleo. El problema no es la soja, sino la agricultura capitalista. Llegó el momento de comenzar a revertir ese sistema, generando alimentos para todos y transformando la renta agraria en un bien colectivo.


Conclusiones

El aumento repentino de la producción de soja en la Argentina trajo aparejado mayor desempleo, éxodo rural, disminución de la biodiversidad, gran concentración económica, aumento de precios en los productos básicos de la canasta familiar, y mayor disparidad económico-social.

Todo esto avalado desde hace más de una década, pretende utilizarse como forma de aumentar ingresos del gobierno para subsidiar una economía débil y pagar las obligaciones de la deuda externa. Por otra parte, las diferentes asociaciones patronales del campo, logran imponerse ante la sociedad primero y ante el gobierno después, argumentando escasas ganancias e inconstitucionalidad de las medidas.

Gran parte de la población, tanto la que está ligada a los agro-negocios de diferente escala en forma directa como indirecta, como el ciudadano común cuyo imaginario es un campo homogéneo en cuanto a costos y beneficios, apoyó masivamente a los grandes empresarios del sector agropecuario.

La discusión no pasó ni por las condiciones laborales de los peones, ni por la necesidad de contar con los alimentos necesarios para paliar el hambre, ni por resolver los problemas de desempleo ni por el futuro de los suelos o la destrucción de la fauna. La lógica que primó fue la del derecho a la propiedad.

Sólo unos pocos se plantean la socialización de los medios de producción como única forma de combatir no a la soja en particular, sino al capital, que tal como lo aseverara Carlos Marx, atenta al mismo tiempo contra la tierra y el hombre, verdaderas bases de la producción.

 

BIBLIOGRAFÍA

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VALENTE, Marcela (2005): El Desierto Verde. Artículo publicado en www.ecoportal.net/noti02/n912.htm

www.ecoportal.net: Fotografía nro 2.

 

 

 

NOCHE EN EL BAR EL CAIRO –

DURANTE EL ENCUENTRO DE ROSARIO

 

Inaugurado en 1943 en la planta baja de una casona, famoso por sus reuniones de artistas e intelectuales locales, nacionales e internacionales. Inmortalizado por el escritor rosarino Roberto Fontanarrosa en su libro "La mesa de los galanes" abrió su esquina en Sarmiento y Santa Fe, luego de que un voraz incendio hiciera peligrar el proyecto de reconstrucción allá por Mayo del 2004. Leyenda urbana por donde se lo mire, comenzó como un típico café, con mesas de billar, donde los hombres de la ciudad se juntaban para hablar de fútbol, política y mujeres. En la década del 70, tras ser remodelado, se convierte en un lugar donde un público de jóvenes intelectuales hacían del bar un punto de encuentro fundamental.

http://elistas.egrupos.net/lista/humboldt/archivo/indice/11521/msg/11776/cid/AC89A01E19BE4D1D97016794C6E5680B@ANA

Nilde Ferreira Balçao (Brasil) y Omar Gejo (Argentina)

 

 

IMG_1667

Mexicanos, argentinos y brasileros compartiendo la Mesa del Negro Fontanarrosa

 

 

IMG_1668

Álvaro Sánchez Crispín (México) y Nathan Belcavello de Oliveira (Brasil)

 

 

IMG_1669

Omar Gejo (Argentina), Edson Trajano Vieira y Dulciene Da Costa Fraçao (Brasil)

 

 

IMG_1670

Telma Souza Chaves (Brasil) y Ana María Liberali (Argentina)

 

 

 

 

 

 

 

CENA Y BRINDIS DE DESPEDIDA DEL X ENCUENTRO

 

 

Copia (2) de IMG_1699

Elián Babini (Rosario – Argentina) – Franco Martínez (Rosario – Argentina)

 

 

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Érica Lugo (Rosario – Argentina)

 

 

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Liliana Díaz Zayas (Rosario – Argentina)

 

 

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Nathan Belcavello de Oliveira (Brasilia – Brasil)

Omar Gejo (Buenos Aires - Argentina)

 

 

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Nilde Ferreira Balçao (Taubaté – Brasil)

 

 

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Edson Trajano Vieira (Taubaté – Brasil) – Joao Villas Boas (Juiz de Fora – Brasil)

 

 

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Omar Gejo (Argentina) – Solange Redondo (Luján – Argentina)

 

 

Copia (2) de IMG_1707

Diego de Souza Pérez (Brasil) – María del Carmen Lascano (Rosario – Argentina)

– Solange Redondo (Argentina) – Darío Garnero (Rosario - Argentina)

  

 

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Joao Villas Boas (Brasil) – Jussara Mantelli (Río Grande – Brasil) –

Diego de Souza Pérez (Río de Janeiro – Brasil)

  

 

Copia de IMG_1714

Susana Fratini (Luján – Argentina)

 

 

Copia de IMG_1715

Solange Redondo – Érica Lugo (Argentina)

Elián Babini (Argentina) – Darío Garnero (Argentina)

 

 


[1] Por capitalismo globalizado podemos entender, desde una perspectiva geográfica, la conjunción de tres ideas básicas falsas: el fin del ciclo económico con la instalación de un crecimiento continuo (sostenido); la conformación de un ultraimperialismo o un condominio interimperialista mundial; y la factibilidad del desarrollo en la periferia por simple absorción del mercado mundial. Estas tres ideas interrelacionadas constituyeron el meollo de la ideología globalizadora y la descarada confesión de su carácter manifiestamente antigeográfico.  

[2] El año 1993 había finalizado en Argentina con la primera gran convulsión "antimodelo": el 16 de diciembre una pueblada conmueve a Santiago del Estero y señalará la senda de las posteriores rebeliones que culminarán el 19 y 20 de diciembre de 2001. En tanto que el primero de enero de 1994, en el sur de México, se produjo el levantamiento zapatista, el preludio del agotamiento del 'salinismo' y el punto de partida de los movimientos antiglobalizadores.

[3] "Las personas no son máquinas pensantes (absorben al menos tanta información a través de al vista, el olfato y los sentimientos, como los símbolos abstractos), y el mundo no es inmaterial: la realidad virtual no es tal realidad. El peso sobre la humanidad del tiempo y del espacio, del terruño y de la historia - en suma, de la geografía- es mayor que el que probablemente pueda levantar jamás cualquier tecnología agrícola". "La vigencia de Dos Tiranías", en Meridiano - Revista de Geografía Nro 2, marzo de 1996.

[4] En los números 4 (marzo de 1997),5 (noviembre de 1997) y 6 (octubre de 1998) de Meridiano - Revista de Geografía se aborda un tema decisisvo: la manifiesta intervención del estado en el momento de la 'deserción' (sic) o 'ausencia' (sic) del estado. El 'progresismo' hacía de esta falacia su plataforma de operaciones. Con "Brasil, ¿ayer?; "El 'otro' modelo" y "Deuda, Bancos y Política Económica", quedaban al desnudo las gruesas falencias de esas interpretaciones. 

[5] Las nociones de periferia y dependencia han sido un producto del pensamiento latinoamericano enmarcado en el cuadro de necesidades del desarrollo capitalista atrasado tras la crisis del 30 y, principalmente, luego de la segunda guerra mundial. Argentina primero, Brasil después, fueron las cunas de estas percepciones problemáticas de la relación entre los países atrasados y el mercado mundial.

[6] Los mercados emergentes significan, por un lado, el creciente excedente de capital dinero en los circuitos centrales, y, por el otro, las menguadas posibilidades de hacer de los mercados periféricos ( en particular de los latinoamercianos) las superficies para reeditar las experiencias desarrollistas. Gejo, Omar (1999): "La década del 90. Apuntes para un cuadro de situación.". En: Boletin del Centro de Estudios Alexander von Humboldt, año 3, N 5, Buenos Aires.

[7] Es conocido el término "pensamiento único" entre nosotros, o "T.I.N.A." ( "No hay alternativa") entre los anglosajones y su claro significado de extorsión intelectual..

[8] Nos referimos al último tercio del siglo veinte, signado por la agudización de la puja interimperialista, la aparición de una periferia exportadora de carácter industrial en el este de Asia y el arrumbamiento comercial de las tradicionales periferias exportadoras primarias (véase en este mismo texto el apartado "Un contexto mundial: haciendo Geografía (1990-1995)".).

[9] Este resumen se desprende, en parte, de un trabajo del autor elaborado para el Capítulo 1 (“Claves para entender una geografía periférica y dependiente como es la Argentina”) del libro Cuestiones regionales en la Argentina al comenzar el siglo XXI, Serie Publicaciones del PROEG Nº 5, Departamento de Ciencias Sociales, UNLu, 2008.

1 Cualquier similitud o identificación de casos concretos en Argentina, como la modificación del marco regulatorio y posterior privatización de YPF, durante la gestión menemista, o la renegociación y prórroga hasta 2027 que se le otorgó a Repsol en el año 2000 para explotar el yacimiento gasífero Loma de la Lata; o la más reciente entrega del patrimonio ejecutada en 2007 por las autoridades de dos provincias patagónicas (Chubut y Santa Cruz), con aval del gobierno central, al firmar la prórroga hasta 2027, con opción a 20 años más (2047), con la petrolera Pan American Energy, para explotar los yacimientos de la cuenca del Golfo San Jorge, incluyendo los muy productivos de Cerro Dragón, difícilmente sea “pura coincidencia”

[11]Con el fin de no extendernos en este apartado, para el análisis del contexto internacional en que se producen los cambios en nuestro país, además de algunos trabajos ya citados, se recomienda recurrir a marcos teóricos y desarrollos empíricos como los que pueden hallarse en: Palloix, 1975; Harvey, 2004; Toussaint, 2004; Ceceña; Sader, 2002; Calloni; Ducrot, 2004; Gavaldá, 2004; Petras; Veltmeyer, 2004; Dos Santos, 1998; Dos Santos, 2004; Gunder Frank, 2004; Beinstein, 2007; Jalife-Rahme, 2007; Chesnais, 2007.

[12]Merece destacarse el análisis claro y conmovedor realizado por el escritor Rodolfo Walsh acerca del primer año de gestión de la última dictadura, enviado a la prensa escrita el 24/03/1977. Un día después, R. Walsh fue asesinado por el gobierno de facto en la Capital Federal.

[13] Entre otros: Gejo; Morina; Velázquez, 2000; Morina; Velázquez; Gómez Lende, 2004; Morina, 2005.

[14]Una compañía produce el 99 % de la chapa laminada en frío y 84 % de la laminada en caliente; tres empresas concentran el 96 % de la producción de cemento; una empresa comercializa el 77 % de los fertilizantes; otra vende el 79 % de los agroquímicos. En alimentos la gravedad de la cuestión no es menor: dos empresas venden el 70 % de la leche fluida, chocolatada y yogures; otras dos, el 77 % de las galletitas saladas y el 73 % de las dulces; dos compañías concentran el 81 % en cervezas. La concentración también es grande en energía, petroquímica, telecomunicaciones, supermercados, etc. (Navarro, 2007).

 

 

 [1] Nordeste Argentino.

[2] Noroeste Argentino.

[3] Nombre regional del bosque subtropical.

[4] Las compañías británicas que dominaban la economía argentina a principios del siglo XX, utilizaban los quebrachos para la extracción de tanino para la industria del cuero y para los durmientes del ferrocarril que estaba en etapa de construcción.

[5] Empresa multinacional norteamericana.

[6] El tipo de cambio está alrededor de 3,10$ por cada dólar.

[7] La Federación Agraria Argentina, presidida por Eduardo Buzzi es una entidad privada, de carácter gremial y de servicios que por libre determinación nuclea a pequeños y medianos productores. Su origen fue una declaración de huelga de arrendatarios y aparceros que tuvo lugar en 1912, y que la historia recogió como 'Grito de Alcorta'.

[8] La Sociedad Rural Argentina, presidida por  Luciano Miguens, es parte de la historia económica y política del país.  Fundada en 1866, siempre ha representado a los grandes terratenientes.

[9] La Confederación Intercooperativa Agropecuaria Cooperativa Limitada, presidida por Fernando Gioino integrada históricamente  por cooperativistas, hoy en día la conforman productores medianos.

[10] Las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), presididas por Mario Llambías, representan dentro del panorama gremial del campo argentino, cuenta  en la actualidad con 13 confederaciones y federaciones, integradas a su vez por más de 300 sociedades rurales de todo el país. En total, están representados a través de la acción de CRA  poco más de 109.000 productores agropecuarios pequeños, medianos y grandes.

[11] Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero.

[12] Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

[13] Christian Castillo es economista y docente de la Universidad de Buenos Aires, y dirigente del Partido de Trabajadores Socialistas (IPS).