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Asunto:NoticiasdelCeHu 76/15 - VIAJANDO: A Córdoba Capital
Fecha:Miercoles, 1 de Abril, 2015  01:08:01 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 76/15
 
 

A Córdoba Capital

 

En realidad la idea era pasar los días de Carnaval en alguna pequeña localidad serrana de la provincia de Córdoba, pero debido a que lo habíamos decidido muy sobre la hora, no quedaban plazas con las comodidades que requeríamos y los precios que estábamos dispuestos a pagar. Fue por esa razón que nos conformamos con hospedarnos en Córdoba Capital, y desde allí hacer salidas diarias a diferentes lugares del valle de Punilla.

El micro de la empresa Sierras de Córdoba saldría a primera hora de la madrugada del viernes 8 de febrero de 2013, así que en un taxi partieron Omar y Martín, y en otro, Ludmila, Laurita y yo. Y cuando al llegar a Retiro y estábamos por despachar el equipaje nos dimos cuenta de que faltaba la valija de Martín. Nunca le había ocurrido eso, pero salió tan entusiasmadamente rápido que nadie reparó en ese detalle. Ya no había tiempo de volver, así que tuvo que viajar con lo puesto.

Se trataba de un servicio con muchas paradas, incluso una bastante prolongada en Rosario, por lo que tardamos casi once horas en llegar a destino. Y ya en la terminal de Córdoba tuve que comprarle a Martín no sólo pantalones, remeras, buzos y calzoncillos, sino también calzado. Pero, por suerte, había muchas liquidaciones por fin de temporada, y en algunos casos, conseguí buen precio adquiriendo varias prendas semejantes.

Ya resuelto el inconveniente, en sendos taxis nos dirigimos a los Apartamentos Kube en la calle Montevideo entre Gral. Simón Bolívar y Arturo M. Bas. Las mujeres nos ubicamos en el departamento 405 y los hombres en el 505, justo un piso más arriba, pero sólo para dormir porque la mayor parte del tiempo estábamos todos juntos.

 

Ludmila y Martín adueñándose del control remoto del televisor

 

 

Y Laurita invadiendo mi cama…

 

 

Las nenas no recordaban la ciudad porque habían estado cuando eran muy chiquitas, así que donde primero las llevé fue a caminar al borde de la Cañada, que sin duda se había constituido en un ícono de Córdoba Capital.

La Cañada de Córdoba era el encauzamiento parcial del arroyo homónimo que nacía en un paraje llamado La Lagunilla y cruzaba de sudoeste a norte a la ciudad. Desde siempre el hilo de agua que corría durante el otoño y el invierno se transformaba en río violento a causa de las lluvias torrenciales de la primavera y el verano; y en muchas ocasiones no sólo que arrasaba con todo lo que estaba a su paso, sino que se cobraba vidas humanas. En los infolios del siglo XVII aparecían consignadas las crecientes de 1622, 1628, 1639 y la de 1667. Y si bien la superstición atribuía dichas catástrofes a la Reina de las Aguas que supuestamente moraba en sus nacientes, tanto los gobernantes como los jesuitas, en 1671 decidieron construir un murallón de canto rodado asentado con cal, que desde entonces se llamara “Calicanto”, y que parapetaba la margen derecha del cauce, a la que los edificios céntricos daban la espalda. De esa manera, además del resguardo de las aguas, los ciudadanos del centro cordobés, quedaban bien separados de los arrabales y del rancherío levantado por los habitantes de los barrios “Costa Cañada”, “El Abrojal” y “Pueblo Nuevo”. Además, hasta 1872, el muro del Calicanto también fue utilizado para ejecutar a los reos sentenciados a muerte.

Pero la madrugada del 20 de diciembre de 1890, cayeron doscientos milímetros en sólo cuatro horas provocando una impresionante crecida del arroyo La Cañada, que venció la protección del Calicanto dando origen a la muerte de doscientas personas. Y además de otros eventos semejantes, el 15 de enero de 1939, una lluvia de ciento cuarenta milímetros, además de dos muertes y numerosos heridos, arrasó los ranchos de “El Abrojal”, derribó puentes como si fueran de papel, destruyó el pavimento, y dejó flotando a ómnibus, muebles y animales, llegando al área céntrica. Y fue a partir de estos fenómenos que se determinara la construcción de las obras de canalización, que fueran inauguradas oficialmente el 4 de julio de 1944. La Cañada fue rediseñada en piedra, surcada por numerosos puentes y acompañada por enormes árboles, en su mayoría tipas, corriendo por la avenida Marcelo T. de Alvear.

 

 

Martín, Ludmila y Laurita junto a uno de los puentes de La Cañada

 

 

Desde La Cañada continuamos caminando por la calle Montevideo hasta la avenida Vélez Sarsfield desembocando en la plazoleta del mismo nombre que había sido renovada recientemente. Allí se encontraba un monumento inaugurado en 1897 en honor al Doctor Dalmacio Vélez Sarsfield, un cordobés que formó parte importante de la historia argentina mediante la redacción del Código Civil. La obra del escultor italiano Julio Tadolini fue inaugurada en 1897 y contaba con frisos en su basamento que exponían los grandes momentos de la vida pública del jurista.

 

 

Laurita, Ludmila y Martín en la plazoleta Dalmacio Vélez Sarsfield

 

 

Nos encontrábamos en el barrio Nueva Córdoba, uno de los más densamente poblados y con un crecimiento edilicio muy superior al promedio de la ciudad. La particularidad era que la mayor parte de los nuevos vecinos procedían de otros puntos de la provincia y del país tratándose de estudiantes debido a la cantidad de centros universitarios con la consecuente localización de librerías, fotocopiadoras, gimnasios, tiendas de ropas, bares y pubs.

La traza de una “ciudad nueva” había sido idea del empresario inmobiliario Miguel Crisol quien a fines del siglo XIX consideró que Córdoba estaba ahogada dentro de un hoyo de barrancas inundada por las lluvias torrenciales, interesándose por las tierras de los Altos del Sur. Y fue así que a principios del siglo XX iniciara su vida allí el barrio residencial más elegante, donde la clase alta cordobesa construyera sus mansiones. Y a pesar de que dichas casonas eran reemplazadas día a día por edificios en altura, el lugar cobraba cada vez mayor valor inmobiliario por su proximidad al Centro y estar atravesado por boulevares diseñados a semejanza de los de París del Barón Haussman, que lo hacían muy agradable.

 

Martín con sus sobrinas Laurita y Ludmila

en la esquina de la avenida Vélez Sarsfield y boulevard San Juan

 

 

En los inicios del desarrollo de Nueva Córdoba se realizaron una serie de inversiones públicas entre las cuales se destacó la escuela secundaria para muchachos que fuera encargada por el gobernador José Vicente de Olmos en 1906 y construida por el Ministerio de Obras Públicas de la Provincia. El edificio fue diseñado por el arquitecto Elías Senestrari teniendo como modelo el surgimiento del Renacimiento y se inauguró el 4 de noviembre de 1909. El gobernador Olmos no llegó a verlo debido a que había fallecido poco antes, pero fue honrado dándole su nombre al nuevo colegio.

A pocos días de cumplir sus setenta y ocho años, el terremoto de Caucete del 23 de noviembre de 1977, a pesar de los cuatrocientos ochenta kilómetros que separaban al epicentro de la ciudad de Córdoba, causó daños estructurales que lo llevaron a su cierre. La construcción permaneció abandonada durante muchos años hasta que en 1995, después de su restauración, quedó convertida en una galería de lujo denominada “Patio Olmos Shopping Center”.

Mi hijo y mis nietas, adictos a los shoppings, quisieron entrar, pero estando el día tan despejado, me negué rotundamente y los llevé a pasear por diferentes lugares de Nueva Córdoba, que además de ser un barrio con excelentes ofertas culturales contaba con áreas parquizadas muy bien cuidadas.

 

Martín con Laurita y Ludmila en la entrada principal del Patio Olmos

 

 

Pero debido a la inestabilidad meteorológica del verano cordobés, de pronto comenzó a nublarse y una fuerte tormenta amenazaba sobre nuestras cabezas, así que no tuve más remedio que refugiarlos en el shopping.

Los chicos, felices, rápidamente se dirigieron al sector del “Mundo Cartoon Network”, donde pasaron por casi todos los juegos, hasta tanto mi billetera comenzó a pedir socorro ya que los precios eran muy superiores a los del Shopping Abasto donde los solía llevar en Buenos Aires; y para colmo, no aceptaban tarjetas.

Las nenas lo entendieron perfectamente, pero a Martín lo tuve que convencer llevándolo a merendar al local de Havanna, donde todos nos deleitamos con los tan deliciosos alfajores marplatenses.

 

Martín jugando al tejo con Laurita

 

 

Martín, Ludmila y Laurita en una taza giratoria

 

 

Martín con Ludmila en el mini-bowling

 

 

Martín feliz en los arneses

 

 

Ya de noche, pasamos a buscar a Omar y cenamos en “8 mm”, una pizzería en el Boulevard San Juan a una cuadra del hotel. Y tan felices como cansados, nos fuimos a dormir temprano para al día siguiente iniciar las excursiones a las sierras.

 

 

 

 

Ana María Liberali

 




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