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Asunto:NoticiasdelCeHu 70/15 - VIAJANDO: De Trujillo a Buenos Aires
Fecha:Domingo, 29 de Marzo, 2015  17:35:09 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 70/15
 

 

De Trujillo a Buenos Aires

 

Después de una nueva recorrida por el centro histórico de Trujillo, en el Jirón Independencia 618, a pasos del hotel Colonial donde me estaba hospedando, me llamó la atención un edificio de estilo barroco del siglo XVIII, conocido como la Casona de los Leones, por las figuras escultóricas de su portada.

La puerta estaba abierta y entré. Y entonces pude ver que en el zaguán y en el patio principal, al cual daban gran parte de los salones, se conservaban murales mudéjar y que sus pisos eran de canto rodado. El interior contaba con exuberante decoración en estilo rococó con flores, motivos de caza y atractivas cenefas, mientras que los techos estaban trabajados artesanalmente en madera.

La casa había tenido como primera propietaria a doña Teresa Ramírez de Laredo, y tras su muerte había sido vendida en construcción al matrimonio Flores Samamé, quedando su hija Ángela como única propietaria, quien la cediera a la orden religiosa de los Padres Franciscanos. Mediante una operación inmobiliaria quedó en manos de la familia Ganoza Chopitea, que a su vez la vendió al Banco Industrial del Perú. Posteriormente, bajo la administración del gobierno regional, habían funcionado allí las oficinas de la Cámara Regional de Turismo, la Policía de Turismo y el INDeCoPI (Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual). Y por último había sido vendida a Luis Deza Sánchez, quien la restaurara y convirtiera en el resto-bar “Casona Deza”, respetando cada una de las diez salas de estilo virreinal y el mobiliario colonial, por estar declarada Patrimonio Monumental de la Nación.

 

Mobiliario original en una de las salas de la casona

 

 

Detalle del techo de madera trabajada artesanalmente

 

 

Cenando en uno de los salones de la Casona Deza

 

 

Después de cenar en tan bello y plácido lugar decidí acostarme temprano ya que debía estar en el aeropuerto a las seis y media de la mañana para tomar mi vuelo a Lima. Y como me costaba mucho despertarme, no sólo por ser buho y no alondra, sino porque siempre me había caracterizado por no hacer caso a ningún despertador, es que le pedí al conserje que me llamara a las cinco de la mañana para tener tiempo suficiente para preparme  a partir.

Y cuando estaba en lo más profundo de mis sueños, oí fuertes golpes en mi puerta, creyendo que al no contestar el teléfono, habían optado por despertarme de esa manera. Por lo tanto, entredormida y sin mirar el reloj, grité: -“¡Gracias!”, y me fui al baño a higienizarme.

Pero alguien continuaba golpeando la puerta pidiéndome que saliera. Así que me acerqué y dije en voz alta que no se preocuparan que ya estaba levantada.

Entonces, del otro lado, un hombre enfurecido, gritó:

-          “¡Entregue a su marido de una vez!”

“¡¿Qué marido? Si estoy sola!” – respondí.

“¡No lo defienda! Él se acostó con mi esposa!” – replicó amenazando con tirar la puerta abajo.

Y cuando iba a llamar pidiendo ayuda, el patio se llenó de pasajeros a medio vestir pidiendo que los dejaran dormir mientras que el conserje con otros más, trataban de contenerlo para que no agrediera a su mujer.

Al asomarme todos me preguntaron si era cierto lo que el hombre decía, pero su mujer aclaró que siempre que se emborrachaba le hacía la misma escena.

¡Ya no pude dormir más! Y con toda la bronca me quedé leyendo hasta la hora de mi partida.

Cuando el taxi me pasó a buscar, el personaje del escándalo ya estaba bastante sobrio en el lobby y me pidió disculpas. Le dije que no era a mí a quien debía pedírselas sino a su esposa, que realmente no sabía cómo lo aguantaba, ya que otra haría rato que le hubiese dado un botellazo por la cabeza.

A las ocho de la mañana partió el avión y en una hora y cinco minutos aterrizamos en el Aeropuerto Internacional “Jorge Chavez” de El Callao, pero la conexión a Buenos Aires recién salía cuatro horas después, así que tuve que esperar pacientemente hasta ese momento.

El aeropuerto de Lima era bastante agradable por lo que no se me hizo demasiado larga la espera. Aproveché para recorrer algunos locales y vi un anuncio que me sorprendió muchísimo. En una casa de deportes había un cartel en español y en inglés que ofrecía una camiseta del equipo de fútbol argentino firmada por todos los jugadores, cuando a mi entender lo más lógico hubiera sido que se refirieran a la selección peruana, aunque no hubiera tenido demasiados méritos.

 

 

“¡GANA UNA CAMISETA OFICIAL DEL EQUIPO DE FÚTBOL ARGENTINO

FIRMADA POR TODOS LOS JUGADORES!”

O cómprala a 30U$S

 

 

El vuelo salió de Lima a las 13,10 y en cuanto decoló, cansada por el episodio vivido durante la madrugada, me recosté contra la ventanilla y me dormí.

Cuando me desperté ya eran las siete de la tarde, un manto de nubes lo cubría todo y había aparecido la luna.

 

Diversos tipos de nubes lo cubrían todo y había aparecido la luna

 

 

En el mapa de la pantalla pude ver que estábamos sobrevolando la provincia de Santa Fe, faltando sólo cuarenta minutos para el aterrizaje.

 

Los estratos se superponían a los cúmulos

 

 

Cúmulos y luna llena

 

De pronto comenzamos a descender atravesando varias capas de nubes hasta llegar a ver con nitidez las Lechiguanas y el Paraná de las Palmas frente a la localidad de Ramallo en la provincia de Buenos Aires.

 

 

 

Fuimos atravesando varias capas de nubes

 

 

Vimos las Lechiguanas y el Paraná de las Palmas a la altura de Ramallo

 

 

Y cuando supuestamente todo indicaba que estábamos por aterrizar, volvimos a tomar altura.

 

Nuevamente ascendimos sobre las nubes

 

 

Pocos minutos después el comandante anunció que debido al mal tiempo no teníamos pista en Ezeiza.

 

Una vista maravillosa

 

 

Sobre un extenso colchón de nubes…

 

 

¡La sombra de mi propio avión reflejada en el arco iris!

 

 

Sobrevolando el río de la Plata

 

 

Cúmulus nimbus y cirrus

 

 

Y después de sobrevolar el área circundante a Buenos Aires durante más de media hora, iniciaron los preparativos para el aterrizaje indicando que íbamos a tener que soportar una intensa turbulencia.

 

 

El avión se movió como una coctelera al pasar por estas nubes

 

 

Visibilidad cero durante el aterrizaje

 

 

Finalmente aterrizamos en el Aeropuerto Internacional “Ministro Pistarini” en medio de una lluvia torrencial que no permitía tener la más mínima visibilidad. Y si bien esa última etapa del vuelo no había sido agradable, estaba compensada por el festival de nubes que se habían presentado ante nuestros ojos previamente al descenso.

 

 

Ana María Liberali

 

 




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