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Asunto:NoticiasdelCeHu =?utf-8?B?NjEvMTUgLSAgRWwgY29uc3VtaWRvcjogwr91biBwcm9kdWN0byBkZWwgc2lz?= =?utf-8?B?dGVtYT8=?=
Fecha:Jueves, 26 de Marzo, 2015  10:36:32 (-0700)
Autor:Alexander von Humboldt <cehumboldt @.........ar>

NCeHu 61/15


El consumidor: ¿un producto del sistema?



Alfredo César Dachary



En el sistema en que vivimos y que domina todo el planeta, una de las prioridades es la velocidad de circulación del capital. Desde la revolución industrial a esta nueva era post-industrial los cambios han sido enormes, ya que en el siglo XIX esta circulación era eficiente pero muy lenta ante la falta de mecanismos que la aceleraran.

La invención del telégrafo fue un salto magistral ya que le permitió al dinero ganar una velocidad nunca pensada, llegaba antes que las personas, luego vino el teléfono y los negocios que requerían mayores explicaciones se hacían posible a través de esa casi “mágica” cajita negra denomina teléfono.

La revolución del transporte fue el complemento ideal, ya que las ventas podían desplazarse a mayor velocidad y con ello consumirse y así poder repetir el proceso en forma constante y creciente, si el producto era exitoso.

Otro ingrediente en la fórmula fueron los nacientes periódicos de masas, que descubren que el fin de semana la gente lo dedicaba a comprar y a disfrutar y así nacen los principales suplementos de los fines de semana para un consumidor ansioso de novedades, ofertas, rebajas y lo que se sume.

Primero fue la radio, que promovió lo que fue de moda en la época ya sea para el consumo como para la belleza, su presencia activa en la casa la hacían un promotor personalizado que el ama de casa escuchaba y la familia asimilaba para que ciertos productos se hagan “imprescindibles”.

La televisión cierra el ciclo de la revolución industrial y la presencia gráfica del producto frente al televidente, la demostración frente al público cautivo que se transforma en verdaderos mecanismos insustituibles de promoción, más cuando ésta se populariza y llega a todos los países en color.

El cine fue un constructor por excelencia de “imaginarios”, los grandes castillos, los amplios automóviles que circulaban, las albercas en las casas, el motorhome, la lancha tirada por el automóvil, el American Way Life (AWL), se promocionó como el “modelo perfecto”, la propaganda pasaba a los productos y promovía un modo de vida, o como otros le denominaban, calidad de vida.

Un hecho importante hace posible el salto a la sociedad del consumo, y es la revolución femenina, que logra abrir muchas puertas antes cerradas a las mujeres, en el trabajo, en la profesión, en las empresas y mucho más, con lo cual se duplica el número de consumidores y si a ello le sumamos la revolución de la juventud también en los 60´s, vemos que casi toda la familia se transforma en consumidores por derecho propio.

En la construcción de una sociedad del consumo, hay muchos puentes hasta llegar a la actualidad, en la cual el sujeto vive para el consumo y sus aditamentos de vida: el celular, la computadora, la tableta y demás artículos son nuevas ventanas, recordatorios de que debe consumir más para poder estar en el “nivel” deseado.

Antes que esto suceda se fueron creando fechas de consumo masivo, desde las tradicionales, Navidad y Reyes Magos, a las más familiares, el día de la madre, del padre, del amigo, del compadre y de muchos más, además de los cumpleaños, el santo y otras fechas memorables, o sea, hay un verdadero calendario de compras y de consumo que no puede alterarse sin generar ciertas recriminaciones de la familia, amigos o colegas del trabajo.

Un ejemplo extremo de la suma de cosas falsas que “el mercado”, el nuevo dios que todos lo adoran y nadie lo puede ver, ha construido a través de agencias, seudocientíficos y otros “merolicos modernos”, es el caso de la existencia de un día en el primer mes del año que se considera el “día más triste del año”.

Éste es el tercer lunes de enero, fecha obtenida según una fórmula totalmente falsa, que tiene en cuenta que los lunes siempre son tristes, no se ha cobrado el sueldo mensual y que incluso las personas lo hayan gastado en las tradicionales “rebajas de enero”, que en México coinciden con algo que se denomina “la cuesta de enero”, un fenómeno muy popularizado en el mundo del consumo.

En enero el tiempo suele ser frio, lo cual es otra variable que incide en la gente; en Canadá en el invierno la gente sale de compras para romper la monotonía del frío que los relega a espacios cerrados.

Además ya se rompieron las promesas del fin de año y la búsqueda de mejor calidad de vida en el año nuevo, comenzaron las grandes comidas, siguieron las bebidas, y todo lo prometido comienza borrarse, por ello cae el ánimo del ciudadano. Para este disparate hay una fórmula matemática, teoría que no tiene nada de científica, ya que mezcla variables no compatibles que ni siquiera se pueden cuantificar, pero si pueden vender.

Para el psicólogo Dean Burnett que colabora con The Guardian, el “lunes triste” es acientífico, es un galimatías, un sinsentido, una mentira y cualquier otra forma educada de decir ‘idiotez’ que se te ocurra”. Burnett está muy enfadado porque cada año se ve obligado a escribir un artículo desmintiendo la fórmula.

Cliff Arnal es un psicólogo motivacional que opina lo contrario, ya que él fue el primero en acuñar este término debido a que es un período en que la gente se centra más en sus carencias que en sus posibles logros.



El consumo agresivo

Hoy el consumo es cada vez más intensivo y las formas con que se presiona para consumir son cada vez más violentas, al extremo de pretender romper todas las normas de la vida privada, algo que está en proceso de extinción y por las diferentes pantallas que operamos recibir una lluvia de “ofertas”.

Hoy los teléfonos son una ventana al consumo, ya que diariamente llaman para ofrecer préstamos, mejorar tasas de interés en inversión, financiamiento para autos, casas y el consumo de muebles en general.

Hoy ya uno no decide que ver sino que le muestran lo que debe ver, comprar o le puede interesar, y hay dos ejemplos que me demuestran no sólo que nos “controlan” individualmente, como consumidores potenciales, sino que además los que hacen el trabajo son robots, porque es un trabajo complejo y que requiere una velocidad que el hombre no podría con sus limitaciones propias.

La primera es que cuando se compra un pasaje aéreo nacional o internacional, al poco tiempo comienzan a llegar ofertas de hoteles, rentas de autos y otros servicios en lo que sería el destino del viaje, ¿cómo es posible esto? El gran hermano Big Data nos controla, somos las marionetas de este gran circo.

El segundo ocurre también en Internet y es que la costumbre que uno va consolidando de leer diariamente periódicos o revistas, se comienza a transformar en cotidianidad en la pantalla, o sea, al prender uno se encuentra con los periódicos o revistas que acostumbra a leer, lo cual es una ayuda, pero también genera una cierta “tradición” que limita buscar otras alternativas de información por la comodidad de tenerlos como direcciones fijas.

La expansión de la sociedad del consumo es posible gracias al crédito, un modelo que sirvió durante la construcción y desarrollo del AWL como eje para la sociedad consumista, ya que logra atrapar a la familia en tres frentes fijos, hoy son muchos más.

El primero es el más complejo, el de las hipotecas para adquirir una casa, es un crédito a pagarse en 30 años, luego cuando el matrimonio queda solo, hace una segunda hipoteca sobre la casa y adquiere un departamento en una zona turística para huir del frío.

El segundo es más agresivo y social, es el automóvil, el ciudadano de Estados Unidos lo cambia cada pocos años, porque éste es un signo exterior de estatus, es una forma de “capitalizarse”, de reciclar su deuda. En México, este modelo comienza a darse en las clases medias aunque los impactos del crédito son mucho mayores y las carteras vencidas más.

El tercero es el del consumo masivo de productos para la vida diaria y además para los viajes, fiestas y otros eventos, éstos se logran a través de un sistema de tarjetas de crédito que van dado diferentes márgenes de gasto y que terminan asfixiando a millones de familias, como ocurrió en Estados Unidos en la crisis financiera que estalló en el 2008.

El consumismo es para unos la expresión del libre mercado, para otros, la aspiración frustrada por tener bajos ingresos, pero para todos es un mecanismo de control de la sociedad, ya que además de económico es un mecanismo social por el efecto demostración, eres lo que luces o lo que te transporta o donde vives y el tipo de casa que tienes; no lo que eres, así la forma remplaza al fondo, y el sistema se asegura su continuidad en un mecanismo en constante transformación, para hacerlo más atractivo y generar más impacto social.



alfredocesar7@yahoo.com.mx






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