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Asunto:NoticiasdelCeHu 33/15 - VIAJANDO: Último día en Miami y regreso a Bu enos Aires
Fecha:Viernes, 27 de Febrero, 2015  18:37:30 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 33/15
 
 

 Último día en Miami y regreso a Buenos Aires

 

El miércoles 7 de marzo sería mi último día en Miami, a la espera del vuelo que me llevaría a Buenos Aires en la madrugada del jueves 8. Y en parte, para ver si descubría algún atractivo que justificara la “fiebre” que la ciudad-balneario generaba en todo el mundo, y en parte porque había amanecido nuevamente con un viento muy fuerte y lluvias intermitentes no me resultaban agradables para pasear caminando, es que decidí contratar un “city tour”.

Con un vehículo de mediano tamaño me pasaron a buscar por el hotel, en Biscayne Boulevard y NE 2nd Street, para rápidamente dirigimos hacia South Beach.

 

Fuertes vientos en South Beach

 

 

Nos desplazamos por Ocean Drive, una de las zonas más populares de Miami, atravesando el Lummus Park City de Miami Beach, un extenso parque próximo a las playas, que fuera escenario de varias series y películas, entre ellas, “Corrupción en Miami”. Y allí, a pesar del mal tiempo se podía encontrar todo lo que hacía de Miami el lugar preferido por tanta gente: playas repletas, cuerpos esculturales patinando por el solo hecho de mostrarse, cócteles tropicales, música latina a todo volumen y edificios con estilo Art Decó. Exactamente todo lo que yo detestaba.

 

 

 

Lummus Park City de Miami Beach

 

 

El termómetro marcaba 70°F, equivalentes a 21°C

 

 

Todo muy limpio y cuidado

 

 

Luego nos allegamos hasta el Art Decó Welcome Center, lugar donde brindaban información referida al distrito, ya que éste se destacaba por ser el centro del movimiento artístico surgido en el año 1920 teniendo su mayor apogeo durante la Gran Depresión. En ese momento los estadounidenses se interesaron por una arquitectura que ayudara a levantar los ánimos del país, ya que los edificios se caracterizaban por estar basados en la geometría elemental (cubos, esferas y líneas rectas) con gran abundancia ornamental y colores tropicales, rayas paralelas y luces de neón, algo más decorativo que funcional.

 

 

Art Decó Welcome Center

 

 

Si bien muchas construcciones no tenían un elevado valor arquitectónico y eran de pésimo gusto, muchas de ellas altamente valuadas inmoniliariamente simplemente porque pertenecían, o lo habían hecho, a alguna figura del jet set. En 1116 Ocean Dr se encontraba la mansión que perteneciera al diseñador Gianni Versace, donde fuera asesinado en sus escalinatas en 1997. Y en 820 de Ocean Drive, estaba el bar “Larios on the Beach”, de Gloria Estefan donde se servían mojitos (cócteles a base de menta fresca, azúcar y ron), al son de la música cubana.

Muchos hoteles contaban con varios pisos y habían funcionado como hospitales durante la Segunda Guerra Mundial.

 

 

 

Edificio del sur de Miami Beach

 

 

Puerto de veleros cruzando el Meloy Channel

 

 

En plena bahía Biscayne, se hallaba la Star Island (Isla de las Estrellas), a la que se accedía mediante helicóptero o embarcación. Se trataba de una pequeña isla artificial creada en 1922 mediante el dragado de arena, que contaba con treinta y cinco casas, donde vivían, o la habían hecho con anterioridad, Shakira, Julio Iglesias, Sylvester Stallone, Gloria Estefan, Madonna, Thalía, Naomi Campbell, y Xuxa, entre otros. La mansión rosa en la que vivió Liz Taylor había sido anteriormente de Don Johnson, y la escultura del conejo saltarín que había en la entrada había sido regalo de los amigos de la actriz por su afición a saltar de un hombre a otro. Varias películas fueron filmadas allí, una de ellas, la de La familia Addms, se rodó en 1995 en la casa más vieja de la isla. Sin embargo, la casa más grande y cara del lugar pertenecía a Phillip Frost, propietario de la compañía que comercializaba el Viagra. Esa mansión fue valuada en 55 millones de dólares mientras que las demás oscilaban entre los 8 y los 40 millones. El único argumento para semejante valuación era el de ser vecino de una estrella. Sin embargo, absolutamente ninguno de ellos era objeto de mi admiración.

 

Casa que oportunamente Madonna le vendiera a Xuxa

 

 

Buque noruego arribando al puerto de Miami

 

 

Dejamos la isla donde se encontraba Miami Beach, y atravesando el Centro Financiero, nos dirigimos hacia un barrio denominado “Little Havana”.

 

Pasamos por el Centro Financiero

 

 

Y desde las autopistas pudimos ver los edificios más elevados y modernos

 

 

Little Havana iba a ser nuestra principal parada, un sector de la ciudad típicamente cubano, que no tenía el glamour de los anteriores, pero que se mostraba mucho más auténtico y más barato, aunque de noche algo inseguro.

En Miami había en ese momento alrededor de cuatro millones de habitantes de los cuales el sesenta y cinco por ciento eran inmigrantes; y de ese porcentaje, el cuarenta eran cubanos. La mayoría había comenzado a llegar en la década del ’60, a posteriori de la revolución, por disidencias con el régimen castrista. Pequeña Habana anteriormente había sido un barrio de judíos que habiendo mejorado su posición se mudaron al norte de la isla de Miami Beach. Había sólo noventa millas entre la isla de Cuba y la Florida, por lo que a quienes llegaran a tierra se les otorgaba asilo político, mientras que a quienes fueran encontrados en el mar, se los deportaba. Esa disposición se denominaba “Ley de los Pies Secos”, y solo regía para los cubanos.

 

 

Una calle del barrio Pequeña Habana

 

 

La vida en Little Havana giraba en torno a la Calle Ocho, donde convivían artesanos fabricando cigarros puros, restoranes y bares con fuerte aroma a café y tiendas en las que sonaba su música típica.

 

Muestras referidas a la elaboración de habanos

 

 

Elaboración artesanal de habanos

 

 

En esa misma calle se encontraba el Paseo de la Fama donde había en la vereda estrellas que representaban a artistas admirados por la comunidad cubana.

 

Placa del Puma Rodríguez en el Paseo de la Fama de la calle Ocho

 

 

Otro de los emblemas de Little Havana era el Cuba Ocho Art and Research Center, que funcionaba como centro cultural y de investigación. Contaba con una extensa biblioteca y una colección de obras de arte que fueran creadas entre 1850 y 1958 por diversos maestros de las artes plásticas cubanas. El objetivo del centro era promover la pintura, el teatro, la música, la literatura y las artes en general, así como patrocinar eventos culturales destinados a difundir la obra de los artistas cubanos en todo el sur de la Florida.

 

 

Cuba Ocho Art and Research Center

 

 

Continuando por la Calle Ocho, a la altura de la avenida Quince, nos encontramos con el Parque Máximo Gómez, un lugar donde los cubanos de avanzada edad se reunían para jugar al ajedrez o al dominó, mientras trataban de arreglar el mundo discutiendo sobre el pasado y el futuro de su país natal.

 

 

Busto en honor a Máximo Gómez Báez,

militar de la Guerra de los Diez Años

y General en Jefe de las tropas revolucionarias cubanas en la Guerra de 1895

 

 

Los carteles del Parque Máximo  Gómez decían:

ATENCIÓN

a todos los miembros y visitantes

NO SE PERMITEN BEBIDAS ALCOHÓLICAS EN EL PARQUE

NI PERSONAS BAJO LOS EFECTOS DEL ALCOHOL

PROHIBIDO

ESTAR SIN CAMISA

TIRAR BASURAS AL SUELO

GRITAR

ESCUPIR EN EL SUELO

PALABRAS OBCENAS (MALAS PALABRAS)

ESTAR EN CAMISETAS NI CHANCLETAS

ARMAS BLANCAS O DE FUEGO

VIOLADORES DE ESTAS REGLAS

ESTARÁN SUJETOS A SUSPENSIÓN

DE 2 A 4 SEMANAS

 

 

Los cubanos de avanzada edad jugaban al ajedrez y al dominó

 

 

Si bien Little Havana también contaba con un local de Mc Donald’s, preferimos un barcito típico donde tomamos un auténtico café cubano, que consistía en un espresso muy potente y extremadamente dulce servido en pequeñísimos vasos.

 

 

El Mc Donald’s del barrio cubano

 

 

Un árbol con raíces expuestas

 

 

Desde Pequeña Habana tomando hacia el sur de la ciudad arribamos a Coral Gables, un distrito donde se habían asentado principalmente españoles e italianos. El lugar se llamaba así porque originalmente las casas eran de coral marino con tejados de dos aguas (gables).

 

 

Una típica casa de Coral Gables

 

 

Si bien las casas me parecieron bonitas no hubo ninguna que me llamara demasiado la atención, especialmente porque en los barrios residencias de las ciudades argentinas las había más y mejores.

El barrio demostraba un elevadísimo poder adquisitivo, que desde ya, no siempre coincidía con el buen gusto. Allí se localizaban joyerías y otros locales de venta de productos de elevado precio como la Merlili Bridal Boutique y el Carolina Boulton Couture que como era característica de Miracle Mile Street, una de las principales calles comerciales de Miami, se especializaban en trajes de novia. También había sucursales de entidades bancarias de otros estados norteamericanos.

 

 

Venta y empeño de joyas, principalmente diamantes y oro

 

 

 

 

Afamados locales de venta de trajes de novia en Miracle Mile Street

 

 

Edificio del SunTrust Bank en la esquina de Alhambra Circle y Ponce de León Boulevard

 

 

La Florida perteneció a España, y fue uno de los territorios a los que EEUU accediera mediante la compra, pagando cinco millones de dólares en 1821. Las otras tierras que se anexaron de la misma manera fueron Louisiana, adquirida a Francia por catorce millones de dólares; y Alaska, pagándosele a Rusia solo siete millones y medio de dólares.

 

Atravesando una de las amplias avenidas de Coral Gables

 

 

El Ayuntamiento con la estatua de George Edgar Merrick,

el planificador de la ciudad de Coral Gables en la década de 1920

 

 

Bonitos paseos muy floridos

 

 

No faltaron los embotellamientos al acercarnos al mediodía

 

 

La próxima parada iba a ser la Venetial Pool localizada en 2701 De Soto Boulevard, inscripta en el Registro Nacional de Lugares Históricos.

La enorme cantidad de roca caliza que fuera necesario extraer para la construcción de Coral Gables dejó una gran cantera sobre la cual se hizo una piscina de ensueño, con cascadas y grutas. Desde 1923 en que fuera creada hasta 1986, la pileta careció de filtro, de forma que cada noche se vaciaban y reemplazaban los miles de litros de agua.

 

En la Venetian Pool de Coral Gables

 

 

 

Vista panorámica de la enorme piscina

 

 

Sector de la piscina junto al antiguos edificio que la contenía

 

 

Paredes de coral

 

 

Corales en la baranda de la escalera

 

 

Continuando con el paseo pasamos por una iglesia católica de origen español y por el hotel Biltmore, que tenía aires de castillo sevillano, cuya suite presidencial costaba mil dólares la noche, mientras que las demás habitaciones oscilaban entre quinientos y seiscientos.

 

Iglesia católica de origen español

 

 

Hotel Biltmore, inaugurado en 1926 por George Merrick

 

 

En Coral Gables predominaba la arquitectura mediterránea, aunque en algunas zonas se podían encontrar algunas construcciones de estilo colonial, francés o italiano. Y si bien el guía comentó que en el sector italiano las casas eran más caras, no me parecieron superiores a los barrios residenciales de alto poder adquisitivo de las ciudades latinoamericanas.

 

Una de las casas del sector italiano

 

 

Si bien la arquitectura, salvo contadas excepciones, no manifestaba exteriormente la riqueza que flotaba en el aire, sí lo reflejaba el parque automotor. De hecho había agencias de venta y alquiler de autos de Fórmula Uno, como Ferrari, Lamborghini, y de todas las demás marcas.

Y esto confirmaba mi rechazo por Miami en su conjunto. Todo era una careta. Los famosos alquilaban sus autos por unos días para mostrarse ante los demás de su clase, y para ser admirados por sus idiotas fans, que iban desde cualquier parte del mundo para poder verlos. ¡Todo una mentira! Hasta la arena de las playas, llevada desde Texas porque Miami, al igual que los cayos, no la tenía.

 

Venta y alquiler de autos de Fórmula Uno

 

 

Cerca de Coral Gables se localizaba Coconut Grove, un barrio conocido por su tranquilidad y belleza natural, donde se destacaba una exuberante vegetación que se fundía con las azules aguas de la cercana Biscayne Bay. Y allí se encontraba un gran complejo comercial, el CocoWalk, de tres plantas, donde había cines, tiendas, cafeterías y restoranes de todo tipo.

Exuberante vegetación de Coconut Grove

 

 

Complejo comercial CocoWalk

 

 

Estacionamiento del complejo CocoWalk

 

 

Y antes de finalizar el paseo nos detuvimos a tomar fotografías de algunos edificios, que además de por su altura, se destacaban por su forma y materiales de construcción.

 

Uno de los edificios más destacados de Miami

 

 

Por la tarde fui hasta el Bayside Marketplace en la Biscayne Bay con la intención de hacer un paseo marítimo para tener otra visión de la ciudad, pero debido a la intensidad del viento la excursión tuvo que suspenderse. Así que me conformé con instalarme en uno de los bares atendido por camareras, con vista a la bahía donde pedí una cheesecake con helado que venía decorada con una flor natural (8U$S) y me tomé un café americano (2 U$S).

Barcito con vista a la bahía

 

 

Cheesecake con helado y una orquídea natural

 

 

Di una vuelta por el shopping y encontré a algunos compatriotas impresentables, que daban vergüenza ajena, aunque calzaban perfectamente con el estilo del lugar. Uno de ellos hablaba por teléfono a los gritos haciéndole cualquier verso a un amigo:

-                      “Sí…, boludo!”

- - “Estoy acá en la arena rodeado de minas, ¡boludo!”

- - “¡Están fatales…, mueren por los argentinos, boludo…!”

-            

Boludo argentino en el shopping con su mamá

 

 

El ambiente social me resultaba insoportable, así que decidí ir a descansar hasta el momento de partir hacia el aeropuerto. Y entre el shopping y el hotel encontré un importante monumento en homenaje a Simón Bolívar.

Entre el shopping y el hotel encontré un monumento a Simón Bolívar

 

 

Eran las 18,30 cuando pedí un taxi en la conserjería del hotel, pero Clara, la gerente que era dominicana, me ofreció llevarme en su camioneta porque el aeropuerto estaba en camino a su casa.  Yo creí que era de onda, pero al llegar me cobró 25 U$S, no mucho menos de lo que me hubiese costado el taxi.

Evidentemente Miami se había convertido en la capital de América Latina, pero la mayor parte de los inmigrantes que allí se habían instalado no eran justamente lo mejorcito de sus respectivos países. La avivada y las estafas estaban a la orden del día.

Después de hacer todos los trámites correspondientes, me quedé esperando hasta las doce de la noche, momento en que partiría mi vuelo, mientras pensaba que evidentemente Miami no era para nada mi lugar en el mundo.

Estaba muy cansada, por lo que, a pesar de que una nena que estaba sentada tres asientos delante de mí, llorara a los gritos, pude dormir desde el decolaje a las 0,20 hasta el aterrizaje en El Callao a las 5,25. Pero esta vez, la parada en el aeropuerto de Lima se realizaba para cambiar de avión de LAN PERÚ a LAN ARGENTINA, y no por un inconveniente técnico.

Tomé un desayuno americano con huevos revueltos con jamón, pan, manteca, mermelada, jugo de naranja y café; y después dormí en los asientos del aeropuerto desde las siete y treinta hasta las nueve y treinta. Me desperté para ir al baño y volví a dormir en el mismo sitio hasta las once. Aproveché para almorzar un sándwich de tomate, huevo duro y palta, que tenían un gusto muy especial en Perú, ya que las que llegaban a la Argentina eran absolutamente insulsas y había que condimentarlas con salsa golf o con aceite y ajo para que mejoraran su sabor.

A la una de la tarde salió el avión. Almorcé otra vez, ya que nos sirvieron cappelettis al filero. Me volví a dormir y me desperté cuando estaba sobrevolando Córdoba. Llegamos a Ezeiza a las siete y cuarto de la tarde. La fila de la aduana era enorme, pero a mí no me revisaron porque era la que menos cosas traía.

¡Tomé un remis que me cobró 200$, mucho más de lo que costaban en ese momento en Miami, y llegué a casa a las nueve menos cuarto de la noche, ¡justo para cenar!

 

 

Ana María Liberali

 

 




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