http://lat.wsj.com/articles/SB10268786047136994890804580269350577164376?tesla=y&mg=reno64-wsj&url=http://online.wsj.com/article/SB10268786047136994890804580269350577164376.html

HORGOS, China—En un valle flanqueado por cimas nevadas en la frontera con Kazajistán, una visión de las ambiciones del gobierno chino de redibujar el mapa geopolítico de Asia toma forma. Esta localidad remota, otrora una escala de los comerciantes que seguían la Ruta de la Seda, es donde China construye una de sus ciudades más nuevas.

En un área que abarca más del doble de la ciudad de Nueva York, Horgos tenía apenas 85.000 residentes cuando fue fundada en septiembre. El plan es transformar el adormilado cruce fronterizo en un centro internacional ferroviario, energético y logístico para el “Cinturón Económico de la Ruta de la Seda”, presentado el año pasado por el presidente Xi Jinping con el fin de establecer nuevos lazos comerciales y de transporte entre China, Asia Central y Europa.

Horgos es un componente pequeño en el extenso plan de China para conectar regiones aledañas a través de oleoductos, carreteras, ferrocarriles y puertos, dicen diplomáticos y analistas que han estudiado los proyectos.

Los planes también incluyen un acuerdo de libre comercio con países de Asia-Pacífico, un Banco Asiático de Inversión en Infraestructura de US$50.000 millones y un Fondo para la Ruta de la Seda de US$40.000 millones.

En un discurso a empresarios el domingo, Xi dijo que los planes impulsarán el crecimiento y mejorarán la infraestructura de la región. “China tiene la capacidad y la voluntad de proveer más bienes públicos a Asia-Pacífico y el mundo entero”, aseveró.

La ofensiva sirve como contrapunto a la reciente firmeza militar de China, que ha antagonizado a muchos vecinos y llevado a Estados Unidos a dirigir más recursos militares y de otros tipos a la región. Ahora, Beijing intenta convencer a países dentro y fuera de Asia de que les conviene aceptar a China como la superpotencia del continente.

La hoja de ruta de China para un nuevo orden asiático centrado en Beijing y apuntalado por las nuevas obras de infraestructura constituye el telón de fondo para el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), que se realiza hoy en la capital china.

“¿China en un papel de liderazgo? Eso no es un mensaje modesto”, dijo Robert Wang, funcionario sénior a cargo de APEC del Departamento de Estado de EE.UU., hace poco a un grupo de reporteros. “Es orgullo. Hemos llegado. Eso conlleva un mensaje”.

Funcionarios chinos no respondieron a pedidos de comentarios. La semana pasada, Xi afirmó que el nuevo banco de infraestructura y el fondo para la Ruta de la Seda “complementará, no reemplazará” instituciones financieras existentes.

A algunos funcionarios occidentales les preocupa que una inundación de capital chino para financiar obras de infraestructura socave los estándares de gobernación en algunas entidades como el Banco Mundial, en particular si China canaliza fondos hacia sus empresas, proyectos con motivaciones políticas o que dañen el medioambiente.

Según fuentes al tanto, en la antesala del foro de APEC, EE.UU. bloqueó los esfuerzos de China para iniciar negociaciones para un acuerdo regional de libre comercio porque interfería con el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica, respaldado por Washington, pero que excluye al gigante asiático. EE.UU. también hizo lobby para impedir que economías grandes se unan al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, fundado en octubre por China y otros 20 países como una alternativa al Banco Mundial, dominado por EE.UU., y el Banco Asiático de Desarrollo, liderado por Japón.

China lleva mucho tiempo ampliando su influencia en Asia a través de asistencia e inversiones, y para obtener recursos energéticos de Asia Central. Pero la campaña ha cobrado urgencia bajo Xi, quien tiene una visión que combina proyectos de infraestructura que podrían demandar decenas de miles de millones de dólares.

El Cinturón Económico de la Ruta de la Seda, por ejemplo, conectaría el océano Pacífico con el mar Báltico, uniendo Asia del Este con Asia del Sur y Medio Oriente para atender un mercado combinado de 3.000 millones de personas.

China ya ha firmado acuerdos valorados en US$30.000 millones en Kazajistán, incluyendo proyectos de crudo y gas. Además, puso en marcha un corredor comercial marítimo que Xi llamó la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI, con la meta de aumentar el comercio con el Sudeste Asiático a US$1 billón para 2020, más del doble que el año pasado.

“Es labor de los asiáticos encargarse de los asuntos de Asia, resolver los problemas de Asia y defender la seguridad de Asia”, dijo Xi en un discurso en mayo.

Aunque no mencionó a EE.UU., muchos analistas chinos y occidentales creen que Xi quiso enviar un mensaje a Washington de que debería aceptar un papel menor en una región que, según el Banco Asiático de Desarrollo, requiere inversiones en infraestructura de US$8 billones para 2020.

No está claro si todos los gobiernos a los que espera llegar acogerán la oferta de Beijing. Proyectos chinos han encontrado trabas en Myanmar, incluida la suspensión de una represa de US$3.600 millones en 2011, mientras que una conexión ferroviaria con Paquistán se ha aplazado ante la incertidumbre política.

Otros proyectos, sin embargo, parecen estar avanzando. Un banco de desarrollo de US$100.000 millones recibió el respaldo de los países Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y tendrá sede en Shanghai.

La magnitud de las ambiciones de China queda en evidencia en Horgos, reconocida por el gobierno central como su principal puerto tierra adentro del Cinturón Económico de la Ruta de la Seda. Beijing ha invertido más de US$3.250 millones en su parte de la zona comercial, que incluye mercados mayoristas, áreas industriales y una nueva estación de trenes. Para 2017 estarán listos un hotel de lujo y un centro de exhibiciones.

Ya hay trenes que transportan cargamento de China vía Horgos, pasando por Kazajistán y Rusia, al puerto alemán de Duisburgo. El trayecto demora unos 15 días, frente a 40 días por mar. En septiembre, un cargamento de automóviles de Europa ingresó a China por vía férrea por primera vez.

Bob Davis, Lilian Lin, Kersten Zhang y Yang Jie contribuyeron a este artículo.