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Asunto:NoticiasdelCeHu 701/14 - VIAJANDO: En La Paz por un Seminario Internacional y regreso a Buenos Aires
Fecha:Sabado, 4 de Octubre, 2014  13:49:31 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 701/14
 

 

En La Paz por un Seminario Internacional y regreso a Buenos Aires

 

Ya era el lunes 25 de febrero de 2013, día en que comenzaría el Seminario Internacional “Visiones de la Geografía, perspectivas desde latitudes diversas”, organizado por la Universidad Mayor de San Andrés, motivo por el cual había arribado a La Paz el sábado anterior.

Me levanté temprano y desayuné en el hotel y tras caminar un rato me sentí cansada y regresé a mi habitación donde dormí hasta el mediodía, ya que todavía la altura me estaba afectando.

Comí un sándwich vegetariano acompañado con un mate de coca, y si bien el hotel donde me estaba alojando no quedaba lejos del edificio “Hoy” donde se realizaba el evento, me vi obligada a tomar un taxi ya que sentía que las piernas no me respondían.

El Director de la Carrera de Ingeniería Geográfica, Ingeniero Erwin Galoppo von Borries nos dio la bienvenida, y a continuación expusieron Louca Lerch y Tristan Bruslé, dos jóvenes geógrafos procedentes de Suiza y de Francia.

 Y después me tocó hacer mi presentación, que la titulé “La Geografía en la Argentina”, haciendo especial referencia a los proyectos que me encontraba dirigiendo en las universidades de Buenos Aires y de Mar del Plata, lo que generó una serie de comentarios e intercambios por demás interesantes.

 

http://www.elistas.net/lista/humboldt/archivo/indice/14924/msg/15239/cid/EC52CA6E53684C7B8E723287297311E7@ANA

Junto a la bandera de Bolivia

 

 

Esa noche cené con colegas mexicanos y bolivianos. Elegí llama a la mantequilla y quínoa con varias verduras. Realmente delicioso.

El martes 26 volví a desayunar en el hotel. Salí a caminar pero el tránsito era un horror. Nadie respetaba los semáforos, ni los conductores ni los peatones. Me apabullaron tanto los vehículos como la gente. Casi no podía avanzar. Encontré un cyber, me comuniqué con mis familiares, contesté los mensajes pendientes y me fui a dormir otra vez.

 

Las veredas de la avenida 16 de Julio con gran cantidad de puestos y vendedores ambulantes

 

 

 

Era sumamente complicado cruzar las calles

 

 

Nadie respetaba las normas de tránsito

 

 

Los días de semana circulaba mucha gente en la zona de El Prado

 

 

Las combis oficiaban de colectivos en gran parte de la ciudad

 

 

El transporte público tenía muchas falencias

 

 

El parque automotor del Centro era sumamente variado

 

 

A la tarde volví al edificio “Hoy” donde expusieron Álvaro Sánchez Crispín de México, Laetitia Perrier Bruslè de Francia y Sébastien Boillat de Suiza.  Y a posteriori de las presentaciones tuvieron lugar ricos debates entre los investigadores y el numeroso alumnado presente.

El cierre estuvo a cargo de Yuri Sandoval Montes quien era el Director del Instituto de Investigaciones de Geografía de la UMSA, quien destacó la importancia de los estudios geográficos para dar solución a gran parte de los problemas que afectaban a su país.

 

En un taxi volví al edificio Hoy

 

 

http://www.elistas.net/lista/humboldt/archivo/indice/14924/msg/15239/cid/CB79D7786A5F4C0F85CE0BE84D38F3FA@ANA

Álvaro Sánchez Crispín, de México

 

 

http://www.elistas.net/lista/humboldt/archivo/indice/14924/msg/15239/cid/CAA219AEF9F84F66B497A9BD299AA1FC@ANA

Yuri Sandoval Montes, de Bolivia

 

 

A modo de despedida cenamos en un restorán francés. Comí pechuga de pato con una salsa agridulce y espinaca salteada, un tiramisú, una limonada, un agua sin gas y café: cien bolivianos (ciento treinta y cinco argentinos). ¡Precios de Buenos Aires!

El miércoles 27 fui temprano a la calle Linares, la de las Brujas. Di muchas vueltas porque no aceptaban tarjetas ni tampoco mis dólares porque estaban rotos, hasta que una colla me los cambió por un monto menor. Compré medias por diez bolivianos, un saquito con gorrito de bebé por veinticinco, y cinco aguayos por treinta cada uno, desde ya que regateando.

Para regresar tomé un taxi que me cobró 7 bolivianos, cuando el de ida me había costado quince, tal vez porque lo había parado en la puerta del hotel.

 

A la calle de las Brujas fui y volví en taxi

 

 

Venta callejera de choclos

 

 

Calle Viluyo, entre Linares y la avenida Illampu

 

 

Avenida Illampu entre Viloyo y Tarija

 

 

En el barrio de las Brujas se podía encontrar absolutamente de todo, y una de las cosas que más me llamó la atención fue la venta de los ingredientes para la preparación del caldo cardán, un afrodisíaco muy potente según los lugareños. El caldo cardán se preparaba con el miembro viril del toro, y se le podía agregar trozos de carne de res, pollo, patatas, huevo, cebolla picada, llajua y un menjunje picante típicamente boliviano en base a tomate y ají para darle mejor sabor. Ese “Viagra de los Andes” como lo llamaban los hombres del lugar, era servido en los restoranes más populares de La Paz.

Otra receta típica era el fricasé paceño, que consistía en una especie de guiso de cerdo encebollado y muy condimentado.

 

Venta de ingredientes para preparar el caldo cardán y el fricasé paceño

 

 

Al mediodía regresé al Centro, tomé un helado (15 bs.) y una Coca Cola (10 bs.) en el bar Alexander, al lado del hotel, y preparé el equipaje porque en breve un vehículo me pasaría a buscar para llevarme al aeropuerto.

El coche no era muy nuevo, estaba roto el cinturón de seguridad y, para colmo de males, comenzó a zigzaguear por la autopista de la montaña. ¡Qué miedo! Le tuve que pedir que bajara la velocidad. Me cobró sesenta bolivianos.

Tomé el vuelo 969 que en cuarenta y cinco minutos arribara a Iquique. Muy bello el paisaje de la salida de El Alto. Se veían los campos cultivados y el lago Titicaca.

 

Partiendo desde el aeropuerto de El Alto, a cuatro mil metros sobre el nivel del mar

 

 

Vista del lago Titicaca al despegar desde La Paz

 

 

Campos cultivados a la vera del lago Titicaca

 

 

Blancos cúmulos durante gran parte del vuelo

 

 

Atravesando los Andes

 

 

Sobrevolando el límite entre Bolivia y Chile

 

 

Increíbles reflejos al llegar al mar

 

 

Valle de un río desaguando en el Pacífico

 

 

Sobre la costa del norte chileno

 

 

En el océano Pacífico

 

 

Aterrizando en Iquique a la vera del mar

 

 

El Aeropuerto Internacional “Diego Aracena” de la ciudad chilena de Iquique, se encontraba en pleno desierto de Atacama, en una larga y angosta franja costera limitada al oeste por el océano Pacífico y al este por la carretera número uno que atravesaba al país de norte a sur.

 

Aeropuerto Internacional “Diego Aracena” de Iquique

 

 

Un aeropuerto donde nunca llovía

 

 

Desde el aeropuerto se podía ver la ruta número uno

 

 

Eran las seis y veinte de la tarde y en ese momento hacían 26°C. Nos hicieron bajar a todos con los bártulos para hacer migraciones y aduana, ejerciendo los controles la Policía Internacional porque algunos pasajeros se quedaban allí y al subir otros, continuábamos hasta Santiago como vuelo de cabotaje. No sé si nos habíamos sumado a otro vuelo o había habido algún problema con alguien, pero el asunto fue que hicimos una hora veinte de cola en un lugar encerrado donde el sol pegaba con fuerza a través de los vidrios generando un efecto invernadero realmente insoportable. Entre eso y la aridez del lugar los labios y la garganta se me resecaron terriblemente, pero no tuve posibilidad de tomar algo hasta volver al avión.

 

 

 

El océano Pacífico despegando del aeropuerto de Iquique

 

 

En poco más pasamos por La Serena

 

 

El sol poniéndose en el mar

 

 

En una hora y cincuenta y cinco minutos llegamos a Santiago en un vuelo más que plácido, y arribamos al sector nacional del aeropuerto donde ya no tuvimos que hacer ningún tipo de trámite.

Apareció la luna apenas aterrizamos en Santiago

 

 

Cené un sándwich de palta y jamón con dos latas de Crush y dos botellas de agua mineral sin gas. La parada en Iquique me había deshidratado y el vasito de Coca Cola que me habían servido en el avión no me había alcanzado.

Dormí toda la noche tirada a lo largo de tres sillas, con mi bolso de mano como almohada y los pies sobre la valija. A las cinco y diez me levanté, ya era jueves 28 de febrero. Pasé al sector internacional, hice el check-in y despaché la valija. Y en las sillas contiguas a la puerta de embarque me volví a dormir. Cuando me desperté ya no había gente. ¡Habían embarcado! Casi pierdo el avión.

 

 

 

Despegando del Aeropuerto Internacional Merino Benítez de Santiago de Chile

 

 

Virando hacia la Cordillera

 

 

Una de las ventajas de preferir los últimos asientos es que muchas veces los de al lado están vacíos, y eso fue lo que ocurrió en esa ocasión, así que en cuanto apagaron la lucecita de ajustarse los cinturones, me tiré a dormir a lo largo de los tres asientos, y me desperté cuando estábamos próximos al aterrizaje en el Aeropuerto Internacional “Ministro Pistarini” de la ciudad de Ezeiza.

 

 

Cultivos en la llanura pampeana

 

 

En los alrededores de Ezeiza

 

 

Sobrevolando la ciudad de Ezeiza

 

 

Autopista Teniente General Pablo Ricchieri

 

 

Barrio residencial en las inmediaciones del Aeropuerto Ministro Pistarini

 

 

Arroyo de llanura en la cabecera de pista

 

 

En una hora cuarenta minutos había volado desde Santiago a Buenos Aires, pero tardé otra hora cuarenta en la fila de la aduana porque coincidió con un vuelo procedente de Miami. ¡Se habían traído de todo!

Me querían cobrar doscientos noventa y cinco pesos por un taxi, así que tomé el micro de Manuel Tienda León por sólo noventa, pero recién salió a las doce y cuarenta y cinco. La autopista estaba muy cargada. Llegamos a Puerto Madero y desde allí en un coche de la empresa fuimos primero a Retiro a dejar unos pasajeros y luego a casa. Tardó otros cuarenta minutos porque el Centro estaba imposible.

A las diez de la mañana había llegado a Ezeiza, y recién a las dos y media de la tarde estuve en mi casa. Estaba agotada y lo único que deseaba era meterme en la bañera con sales e irme a dormir a mi cama. Y mientras estaba preparando el baño, me llamó por teléfono mi hija Fernanda diciéndome que había que internar de urgencia a mi mamá (89), por un cuadro de anemia.

Estuvimos deambulando en taxis y ambulancias durante todo el día buscando un lugar adecuado hasta que recién a las cuatro de la mañana del viernes primero de marzo conseguimos cama en el sanatorio Güemes, previo paso por más de una guardia.

Habían pasado casi cuarenta y ocho horas en que había salido de La Paz, y estaba rendida, y durante toda la semana tuve un ir y venir del sanatorio a casa. Pero felizmente todo salió bien.

 

 

Ana María Liberali

 

 

 




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