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Asunto:NoticiasdelCeHu 702/14 - VIAJANDO: De Buenos Aires a Panamá
Fecha:Lunes, 13 de Octubre, 2014  13:10:34 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 702/14
 

 

De Buenos Aires a Panamá

 

En el mes de julio de 2011 se realizaba en San José de Costa Rica el XIII Encuentro de Geógrafos de América Latina, así que Sonia Vidal, su hija Clarita y yo, decidimos viajar juntas. Y al no existir vuelos directos desde Buenos Aires, debíamos hacer escala en otra ciudad latinoamericana, por lo que aprovechando una oferta de la aerolínea COPA, partimos una noche muy fría rumbo a Panamá.

En cuanto embarcamos dudé de la calidad del servicio. Evidentemente era un avión relativamente chico para un trayecto largo, y tan antiguo que carecía de televisores, además de que los cinturones de seguridad y el tapizado de los asientos dieran muestras de un gran desgaste.

Hacía muchos años que ya no me dolían los oídos durante un vuelo, pero esa vez, en cuanto decoló, el zumbido se me hizo insoportable, indudable muestra de que no todo funcionaba como debería. Al rato comenzó a hacer frío y le pedimos a la azafata mantas y almohadas, a lo que nos respondió que no había para todos; y ante nuestras protestas se las sacó a otros pasajeros para dárselas a Sonia y Clarita, mientras que yo resolví la situación tapándome con mi poncho.

Los días previos a ese viaje habían sido muy complicados para mí, tanto por trabajo como debido a otros sucesos que me habían generado mucho estrés como la operación de mi nieta Rocío y la venta de la que fuera mi casa durante diez años, por lo que me encontraba bastante alterada. Había tomado medicación a la que no estaba acostumbrada, y sumado a que el avión comenzó a zarandearse haciéndome de mecedora prontamente caí en un sueño muy profundo. Y si bien en plena madrugada me ofrecieron la cena, al sentir el olor a fritanga barata del menú, sólo tomé agua y continué durmiendo a lo largo del resto del viaje.

En cuanto arribamos al aeropuerto, como no había despachado equipaje, decidí ir al baño mientras Sonia y Clarita retiraban el suyo. Me sentía sumamente cansada y me recosté en uno de los asientos para esperarlas. Pero como no venían, recordé que lógicamente no podrían regresar a la zona de desembarque así que salí al encuentro de ellas, que me estaban esperando preocupadas. Yo estaba bastante mareada y no me percaté de que absolutamente nadie me registrara, ni en Migraciones ni en Aduana. El único que nos estaba esperando, con el peor de los humores, era el representante de la empresa de turismo que nos llevaría hasta el hotel, y que por poco, ya se iba sin nosotras.

Yo continué durmiendo un buen rato en el transfer mientras distribuían a los demás pasajeros por sus sendos alojamientos, y cuando abrí los ojos, lo primero que vi, además de un denso tránsito, fue todo tipo de servicios, desde alquiler de autos hasta cabarets y gran cantidad de casas de juego, lo que redundara en una primera impresión no muy positiva del país.

 

Denso tránsito, alquiler de autos y cabarets

 

 

Una de las tantas casas de juego

 

 

Tomé algunas fotografías pero lo que más deseaba era llegar cuanto antes al hotel con el fin de tirarme rápidamente en una cama, pero cuando nos presentamos en el mostrador nos indicaron que recién se ingresaba a la habitación a las tres de la tarde, ¡y recién era la una! Yo dije que me sentía muy mal, y casi me desmayaba ahí mismo, pero así era la norma y no me quedó más remedio que tirarme sobre uno de los sillones del lobby a la vista de todo el mundo. El hotel era lujoso y no quedaba muy bien que alguien estuviera allí como una mendiga dado que mi atuendo tampoco estaba muy acorde con el lugar. Así que a las dos, una hora antes de lo previsto, nos dieron la habitación.

Le pedí a la mucama un vaso con agua y hielo que tomé velozmente para luego entregarme a los brazos de Morfeo. Cuando ya de noche regresaron de su paseo Sonia y Clarita se asustaron porque no me podían despertar y el vaso estaba lleno, pero era porque el hielo se había derretido. Al cabo de un rato me puse mejor y tuve una agradable cena con ellas en la terraza del Paitilla Inn.

 

 

 

 

Ana María Liberali

 

 





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