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Asunto:NoticiasdelCeHu 667/14 - VIAJANDO: En Cochabamba, la ciudad más flor ida de Bolivia
Fecha:Lunes, 8 de Septiembre, 2014  01:50:22 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 667/14
 

 

En Cochabamba, la ciudad más florida de Bolivia

 

A la mañana siguiente de llegar salimos a conocer Cochabamba, la tercera ciudad de Bolivia en cantidad de habitantes e importancia económica, después de La Paz y de Santa Cruz de la Sierra, siendo considerada “el corazón de Bolivia”, por su ubicación geográfica.

Se la llamaba “Ciudad de la Eterna Primavera” o “Capital de las Flores” debido a sus temperaturas moderadas durante todo el año; en invierno no bajaban de 10°C, y en verano no superaban los 30°C, permitiendo el cultivo de flores en muchos sitios y principalmente en la plaza “14 de Septiembre”. Con diversidad de árboles, entre los cuales se destacaban altas palmeras, se trataba de un lugar donde se encontraban tanto vendedores ambulantes ofreciendo todo tipo de productos, grupos políticos divulgando sus ideas como niños correteando a las palomas y abuelos observando todo desde algún banco a la sombra.

  

Plaza “14 de Septiembre”, la principal de Cochabamba

 

 

Plaza muy concurrida durante toda la mañana

 

 

Jardines muy cuidados en la plaza “14 de Septiembre”

 

 

En un sector de la plaza se encontraba la fuente de las Tres Gracias, compuesta por tres mujeres de bronce que representaban “la música, las letras y el arte”, llevada allí desde París e inaugurada en 1896. La tradición indicaba que las imágenes hacían alusión a las tres gracias o virtudes que debía poseer una dama: discreción, generosidad y elegancia.

 

Fuente de las Tres Gracias

 

 

Cochabamba había sido fundada como “Villa de Oropeza” por Gerónimo Osorio el 15 de agosto de 1571, al pie del cerro San Sebastián. Sin embargo, ya fallecido su fundador, el virrey del Perú Francisco Álvarez de Toledo, le dio la venia a Sebastián Barba de Padilla, para que la volviera a fundar, lo que ocurriera el 1ro. de enero de 1574 en el predio de la Plaza 14 de Septiembre. 

La economía de Cochabamba desde sus inicios estuvo sustentada por la agricultura, siendo su apogeo durante el período colonial cuando la explotación de la plata en Potosí tuvo su máximo desarrollo y se requerían alimentos. Posteriormente se convirtió en un importante centro comercial debido a su relativo fácil acceso hacia otras regiones del país, y ya a fines del siglo XX se habían desarrollado algunas importantes industrias.

Tradicionalmente la mayoría de los comercios se concentraban en el Centro de la ciudad, pero debido a su permanente crecimiento se había comenzado a desplazar hacia el noroeste donde previamente sólo había sido una zona residencial.

La vida nocturna se concentraba en la calle España y en un boulevard o alameda llamado El Prado.

 

 


Calle España esquina Plaza 14 de Septiembre

 

 

Edificio Tomás Bata, frente a la plaza fundacional

 

 

A tan solo una cuadra de la plaza principal, se encontraba la avenida Ayacucho, sumamente comercial. Y en la esquina de la calle Santivañez estaba la iglesia de Santo Domingo, un edificio de piedra y barro con casi cuatro siglos de existencia. Fue erigido en el sitio original del Convento de los Frailes de la Orden de Predicadores o Dominicos en el año 1612, y era la única construcción religiosa de la ciudad que guardaba semejanza con los templos de la región del Altiplano.

 

Avenida Ayacucho, al fondo la iglesia de Santo Domingo

 

 

Tal como había ocurrido días atrás en Santa Cruz de la Sierra, lugar donde nos encontrábamos el 4 de enero de 2010, momento en que falleciera el cantante argentino Sandro, en todos los medios de Cochabamba también pasaban permanentemente sus temas, y se vendían sus discos en casi todas las esquinas céntricas.

 

 

 

Venta de discos de Sandro a pocos días de su muerte

 

 

En el casco histórico, se podían encontrar vestigios coloniales y republicanos en contraste con arquitectura moderna.

 

Edificios del casco histórico de Cochabamba

 

 

En todo el Centro había mucha gente haciendo compras y trámites. Uno de los lugares adonde acudían era la Contraloría General del Estado, para lo cual en la peatonal Jordán se habían establecido fotocopiadoras y otros locales concatenados a esa institución.

 

Martín en la peatonal Jordán

 

 

La ciudad se encontraba asentada en un valle plano de 2570 m.s.n.m. al pie de los cerros de la Coronilla o colina de San Sebastián y el San Pedro.

 

Vista panorámica de la ciudad de Cochabamba

 

 

En medio de la ciudad se encontraba la laguna Alalay, de agua dulce, que actuaba como pulmón urbano, habiendo sido rehabilitada mediante el dragado de sedimentos y aeración del agua. Tenía una gran variedad de fauna silvestre, así como aves y peces de diferentes tipos.

Laguna Alalay, en medio del área urbana cochabambina

 

 

Plantas acuáticas y variada fauna silvestre en la laguna Alalay

 

 

En un taxi nos dirigimos al cerro San Pedro, que comenzamos a subir lentamente por la avenida de la Concordia, tomando fotografías en el camino.

 

 

Área parquizada con un espejo de agua artificial

 

 

Laguna Alalay desde la avenida de la Concordia

 

 

Al llegar a la cima nos encontramos con maravillosas vistas de la ciudad y la enorme estatua del Cristo de la Concordia.

 

Vista del sector residencial de la ciudad desde el cerro San Pedro

 

 

En Cochabamba se encontraban las sedes de importantes empresas tanto de servicios como industriales, debido al dinamismo de su mercado y el consumo interno.

 

Vista del nuevo centro comercial y financiero desde el cerro San Pedro

 

 

La estatua del Cristo fue realizada como recuerdo de la visita del Papa Juan Pablo II a Cochabamba en 1988, concluyéndose en 1994. La gigantesca imagen con los brazos extendidos representaba la protección del Cristo de la Concordia sobre la ciudad de Cochabamba y la hospitalidad de sus habitantes. Estaba situada a 2840 m.s.n.m., y tenía una altura de 34,20 metros sin el pedestal. En ese momento era considerada la segunda en altura en el mundo, sólo superada por la estatua de Cristo Rey de Swiebodzin, en Polonia; y siendo más alta que la del Cristo Redentor del Corcovado de Río de Janeiro.

 

 

 

Estatua del Cristo de la Concordia sobre el cerro San Pedro

 

 

Vista de Cochabamba desde el Cristo de la Concordia

 

 

Margaritas amarillas sobre el cerro San Pedro

 

 

Azucenas rosadas en la Capital de las Flores

 

 

El taxista que nos llevó se puso a conversar con unas collas al borde del cerro

 

 

Regresamos al Centro de la ciudad y después de cenar Martín se quiso meter en la piscina del hotel, pero estaban desinfectándola, por lo que permaneció en el borde muy enojado.

Martín enojado en el borde de la piscina del hotel

 

 

Al día siguiente volvimos a contratar un taxi para visitar otros lugares de la ciudad más alejados del radio céntrico. Y fue así como vimos la ciudad desde otra de sus colinas, transitamos por varias avenidas, todas ellas floridas, y finalmente nos allegamos hasta el Centro Cultural Simón I. Patiño.

 

Cochabamba desde una de las colinas adyacentes

 

 

Una de las avenidas con boulevard y árboles floridos

 

 

El Centro Cultural Simón I. Patiño formaba parte de una Fundación Universitaria de Bolivia, dependiendo a la vez de la Fundación homónima radicada en Ginebra. Y su sede principal se encontraba en el predio conocido como Palacio Portales ubicado en la avenida Potosí 1450, en un barrio residencial de Cochabamba. Fue fundado en 1968 para contribuir al mejor aprendizaje, apoyando las labores de enseñanza formal y no formal, promoviendo actividades tendientes a la difusión de expresiones de diferentes culturas, tanto bolivianas como extranjeras.

Centro Cultural Simón I. Patiño en Cochabamba

 

 

Simón Iturri Patiño, el “rey del estaño”, quien amasara una de las mayores fortunas privadas del mundo, construyó dos casas en Cochabamba. Una de ellas pasó a formar parte de la Universidad Mayor de San Simón, y la otra era el Palacio Portales. Esta lujosa mansión, construida entre los años 1925 y 1927, nunca fue ocupada, y se encontraba en medio de diez hectáreas de hermosos jardines extravagantes diseñados por expertos japoneses, en estilo clásico a semejanza del palacio de Versalles de París. El estilo arquitectónico era predominantemente renacentista francés, amoblado y decorado con elementos llevados desde Europa sin reparar en gastos. Un verdadero testimonio de opulencia inconcebible.

 

Enrejado de la mansión de Simón Iturri Patiño en la calle Potosí de Cochabamba

 

 

Patiño había nacido en 1860 en el Departamento de Cochabamba donde se criara, realizara sus estudios y comenzara su actividad laboral a los veintitrés años como empleado de una casa comercial. En 1894 se trasladó a Oruro para incorporarse a la empresa Germán Fricke y Cía., que se hallaba en aquel momento en plena expansión. Pero poco después estableció una sociedad con los responsables de la mina La Salvadora situada en Potosí, en el cerro Llallagua, que al comenzar el siglo XX se convirtiera en una de las reservas de estaño más importantes del mundo al descubrirse una gran veta. Al aumentar a ritmos acelerados el precio internacional del estaño, se enriqueció rápidamente, comenzando a comprar otras minas y fundando el Banco Mercantil con sucursales en las principales ciudades bolivianas e incluso en la chilena Antofagasta. En la década de 1920 consolidó su fortuna y procedió a fusionar sus propiedades en los Estados Unidos creando The Patiño Mines and Enterprises Consolidated Incorporated, con el fin de eludir impuestos. Instaló oficinas de comercialización en Hamburgo y París, desde donde dirigía sus negocios; y adquirió propiedades, empresas y yacimientos mineros en todos los continentes. En 1925 la renta bruta de Bolivia se calculaba en 55 millones de pesos, y la fortuna de Patiño alcanzaba a 50 millones, por lo que le prestara al estado el dinero necesario para la construcción de ferrocarriles, con la condición de que beneficiara directamente a sus empresas y que el gobierno no aumentara el impuesto sobre el estaño durante cinco años, además de cobrar los intereses. Fue uno de los socios fundadores de El Diario de la ciudad de La Paz, periódico que continuaba aun su vigencia; y proporcionó en 1930 un empréstito al gobierno boliviano para financiar los gastos que le suponía su conflicto con Paraguay sobre los territorios del Chaco. Puso a su servicio al ejército y a la policía de Bolivia, colocó presidentes y ministros, y cuando la crisis del ’30 lo afectaba, se las ingenió para que las deudas las pagara el estado boliviano. Compitió con otros empresarios mineros del mundo a partir de la mano de obra barata, en general indígena, en lugar de mejorar la producción tecnológicamente. Al estallar la Segunda Guerra Mundial se retiró de Francia huyendo del conflicto para instalarse en Nueva York. Ya en ese momento contó con la colaboración de su hijo Antenor y ejerció gran influencia en los mercados bursátiles. Al cumplir los ochenta años decidió retirarse dejando los negocios a cargo de sus hijos y nietos. Residió entonces en el hotel Plaza de Buenos Aires repartiendo su estada con la ciudad de Mar del Plata. Falleció en la Argentina en 1947 poco antes de cumplir ochenta y siete años y fue repatriado a Bolivia donde descansan sus restos.

Simón Patiño junto con Mauricio Hoschild y Carlos Víctor Aramayo, otros ricos empresarios mineros de Bolivia, eran conocidos como los “barones del estaño”; y tuvieron gran influencia en la política del país hasta la Revolución Nacional de 1952, que efectuó la nacionalización de las minas.

Con respecto a la explotación de los mineros que permitiera el enriquecimiento de Patiño, Decio Machado, perteneciente a la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales, ha escrito:

“Estos trabajadores, en su inmensa mayoría indígenas, vivían en campamentos expuestos al cortante viento frío del altiplano. Dura realidad la del minero boliviano, quien hospedado en una tierra hostil, en lo alto de la cordillera, trabajaba en las entrañas de los cerros respirando partículas del mineral en una atmósfera mohosa, impregnada de veneno. Su alimento era solamente maíz molido y los derivados que pudiera hacer de esto. El hambre era un flagelo y para superarlo, utiliza la hoja de coca, la cual masca dotándole de un fuerte pode anestésico contra el hambre. Con este estímulo, el indio desarrolla una energía aparente, que le permite desarrollar un trabajo prolongado que le facilitaba las largas horas de jornada laboral en las entrañas de la montaña.

A los cuarenta años, estos indígenas mineros ya estaban acabados. Sus pulmones se petrificaban; su piel se rajaba ante el viento del altiplano; y cuando sus ojos comenzaban a quemar, comenzaban los síntomas de su fatal agonía camino de la muerte: vómitos de sangre, desmayos por agotamiento o debilidad física que ya ni la coca conseguía disimular. Los mineros bolivianos pagaron con su vida el precio de enriquecer a Patiño. Así morían, y en su muerte, eran conscientes de que no había jubilación, ni pensiones, ni nada…, solos quedaban mujer e hijos. Pero en ese dolor, en el sufrimiento de la agonía de la muerte, muchos de ellos encontraban la liberación a una vida de esclavitud, dolor y sustento de una sociedad feudal –tanto en el campo como en las minas-, que consolidaba una vergonzosa oligarquía tradicional, explotadora y criminal que debe pasar a la historia tal y como realmente fueron, y no como nos la intenta dibujar la burguesía boliviana.”

 

Jardines de la mansión Patiño

 

 

Continuamos nuestra recorrida observando diferentes edificios para luego regresar a la zona céntrica y tener un merecido almuerzo.

 

Antigua casona cochabambina

 

 

Sector moderno de Cochabamba

 

 

Omar tomando la sopa que se incluía en el menú del día

 

 

Martín prefirió la universal pizza de muzzarella

 

 

Y a la tarde continuamos la recorrida, pero en barrios de niveles socioeconómicos más bajos.

En cuanto nos alejamos un poco del Centro comenzamos a ver los carteles de propaganda política que habían sido pintados debido a que un mes antes de nuestra llegada, diciembre de 2009, se habían realizado las elecciones presidenciales y parlamentarias en que Evo Morales, del Movimiento al Socialismo había arrasado en la mayoría de los distritos, logrando la reelección y afianzando su poder hasta 2015.

 

 

 

De Oriente a Occidente, Evo Presidente 2010-2015

 

 

Evo Morales se había postulado para un segundo mandato presidencial

 

 

Hacia el sur de la ciudad el crecimiento era marginal, no existiendo los mismos servicios que en otros sectores. Calles y veredas sin demarcar, y por ser de tierra, con anegamientos después de cada lluvia.

 

 

Crecimiento marginal en los bordes de la ciudad

 

 

El asfalto se terminaba demasiado pronto en los barrios del sur de Cochabamba. A sólo cinco kilómetros del Centro, dominaba un amplio valle sin árboles, donde sólo se vía polvo en las calles y canales de riego convertidos en zanjas resecas.

 

 

Calles de tierra sin veredas definidas

 

 

Anegamiento durante los días de lluvia

 

 

Grandes desniveles en los barrios de las colinas

 

 

Terrenos sobre las pendientes de las laderas y calles en función de las curvas de nivel

 

 

Esa zona de Cochabamba era sumamente árida, pero en el mes de abril del año 2000, los pobres de la ciudad y del campo lograron expulsar a la multinacional que pretendía adueñarse del agua a cambio de hacer algunas obras de distribución. Y desde entonces, la gestión comunitaria del agua ya era un desafío permanente.

 

 

Algunas avenidas tenían una capa de asfalto irregular y roto, difícil de transitar

 

 

La mayor parte de los barrios del sur se formaron a partir de inmigrantes procedentes de Oruro, pero después también los ocuparon los del resto del Altiplano.

 

Viviendas muy precarias habitadas por inmigrantes procedentes del Altiplano

 

 

 

 

 

Anciana hilando manualmente

 

 

Si bien, por un lado, existían muchas actividades que demostraban la integración de los pobladores, como las deportivas, por otra parte, la inseguridad imperaba en las áreas más alejadas del Centro. Y tras el alto índice de violaciones sexuales, robos, asesinatos y otros actos inmorales que ocurrían en diferentes zonas, se había convertido en territorio sin ley. Por esa razón los vecinos, en señal de advertencia, procedieron a colgar muñecos de trapo para cuando el malhechor fuera descubierto, corriera la misma suerte, optando por hacer justicia por mano propia. Pedían a las autoridades alumbrado público, puestos policiales y controles en las unidades educativas.

 

Una cancha de fútbol/básquet en un barrio de la colina

 

 

 

Comercios enrejados ante la inseguridad del lugar

 

 

Muñeco ahorcado en señal de advertencia

 

 

Muy cerca de allí se encontraba el Aeropuerto Internacional Jorge Wilstermann

 

 

Vista panorámica de Cochabamba desde los barrios del sur

 

 

Vista a lo lejos del Cristo de la Concordia

 

 

La ciudad, históricamente se había sustentado a partir del cultivo de habas, arvejas, cebolla, maíz, tomate, rocoto, perejil, lechuga, nabo, zanahoria, chirimoya, frutilla y durazno, entre otros productos agrícolas; pero en los últimos años había disminuido su participación en parte por la gran expansión urbana que había reducido la extensión de tierras de la zona sur, así como el avance en la radicación de algunas actividades industriales que generaban nuevas fuentes de trabajo. Por otra parte, también se habían descubierto importantes reservas de gas natural en sus inmediaciones, lo que la convertiría en otra área importante en recursos energéticos.

 

 

Ana María Liberali

 

 




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