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Asunto:NoticiasdelCeHu 590/14 - VIAJANDO: De Lima a Santiago de Chile
Fecha:Sabado, 2 de Agosto, 2014  00:18:00 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 590/14

 

 

De Lima a Santiago de Chile

 

 

Ya estábamos en los primeros días de febrero y se nos estaban terminando las vacaciones. Habíamos hecho más de ocho mil kilómetros de llanura, montaña, volcanes, humedales y desiertos, habiendo recorrido parte de Argentina, Chile, Perú y Ecuador. Por un lado estábamos cansados pero por el otro no teníamos ganas de volver, ¡y mucho menos de tomar exámenes! Así que decidimos tomarnos unos días de descanso de las vacaciones permaneciendo unos días en Santiago de Chile, un verdadero ecotono entre la aridez de Lima y la humedad que nos esperaba en Buenos Aires.

Partimos de Lima con la empresa CIVA de la terminal de buses del distrito de La Victoria, desde donde podíamos divisar el Estadio Nacional del Perú, y encaramos rumbo al sur para veinte horas después llegar a la ciudad de Tacna, después de recorrer mil trescientos kilómetros de aridez y controles militares estrictos.

Vendedor de huevitos de codorniz en las cercanías de la terminal de buses

 

 

Estadio Nacional del Perú

 

 

Suburbios del sur de Lima

 

 

Marginalidad en la aridez y en zona sísmica

 

 

Terminal de buses de Tacna

 

 

En Tacna nuevamente tuvimos que realizar el cruce a Chile en viejos autos que operaban como remises para llegar a la terminal de ómnibus de Arica pasado el mediodía, donde almorzamos unos Barros Jarpa con unos refrescos. Y en cuanto pudimos tomamos otro ómnibus que nos llevara directo a Santiago.

Atravesamos el fascinante desierto de Atacama, y en poco más de cuatro horas llegamos a Huara, donde un pequeño valle de regadío hacía las veces de oasis entre tanta tierra seca.

 

 

Huara, pequeño valle de regadío en pleno desierto de Atacama

 

 

Y mientras recorríamos los ochenta kilómetros que nos separaban del mar, cruzando la Cordillera de la Costa, el sol comenzó a esconderse detrás de los cerros, hasta que al llegar a la ciudad de Iquique, ya se había hecho totalmente de noche.

 

El sol escondiéndose detrás de los cerros

 

 

El sol poniéndose en el mar

 

 

La ciudad de Iquique estaba ubicada en una franja costera limitada por el océano Pacífico por el oeste, y la Cadena de la Costa por el este, lo que le daba un marco muy bonito. Pero debido a las limitaciones de mi cámara y a los movimientos bruscos que el ómnibus realizaba para bajar por una ladera abrupta casi setecientos metros hasta llegar a nivel del mar, sólo pude registrar luces en movimiento, que de todas formas me parecieron una imagen muy interesante.

 

 

Vista de las luces de Iquique desde la Cadena de la Costa que la limitaba por el este

 

 

Como era costumbre en las empresas de ómnibus chilenas, no sirvieron absolutamente nada, y la parada en Iquique no alcanzaba para consumir ningún tipo de alimento. Así que nos dormimos profundamente, más que nada, por el cansancio que llevábamos ya que era nuestra segunda noche a bordo de un vehículo con escaso confort. Si bien las comodidades de los ómnibus chilenos eran bastante inferiores a las de los argentinos, existían rigurosas normas de control respecto del estado de los choferes, mostrando en cartel luminoso sus nombres y el tiempo que llevaban conduciendo, que no podía superar las cuatro horas.

A eso de la medianoche los carabineros hicieron detener el ómnibus, y nos hicieron bajar en medio del desierto, donde a pesar de estar en verano hacía un frío bárbaro. Omar les pidió que permitieran que Martín continuara durmiendo haciéndoles saber sobre su discapacidad, pero sólo consideraron que nos tomáramos más tiempo para despertarlo. Pidieron todos los documentos, revisaron el equipaje, demoraron a algunas personas, y continuamos viaje, llegando a Copiapó casi sobre el mediodía siguiente.

Allí, si bien la parada no duró más que veinte minutos, aprovechamos para comprar unos sándwiches, bebidas y algunos paquetes de galletitas, y así poder aguantar hasta el arribo a Santiago, que se produjo ya en horas de la noche.

 

Parada del ómnibus en Copiapó

 

 

Habiendo recorrido cerca de tres mil quinientos kilómetros en sesenta horas, llegamos a Santiago extenuados y nos alojamos, como casi siempre, en el hotel Imperio, cerca de la estación de metro “Unión Latinoamericana”. Tuvimos una cena apacible en su coqueto restorán y dormimos de un tirón hasta el día siguiente.

 

 

Ana María Liberali

 





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