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Asunto:NoticiasdelCeHu 430/14 - VIAJANDO: ¡No a la mina!
Fecha:Martes, 24 de Junio, 2014  19:06:59 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 430/14
 

 

¡No a la mina!

 

Salimos de la residencial Ski donde estábamos hospedándonos, y ya en la esquina, en San Martín y 25 de Mayo, vimos pintada en la calle una calavera color oro con la leyenda “NO A LA MINA”. Y a medida que avanzábamos por la zona céntrica de Esquel, en casi todas las paredes, vidrieras de locales y ventanales de casas particulares, esto se repetía como demostración de resistencia a la minería de gran escala a cielo abierto, conocida también como “megaminería”.

 

 

 

 

 

Calavera color oro pintada en la calle en la intersección de San Martín y 25 de Mayo en Esquel

 

 

En agosto de 2002, la multinacional con mayoría de capitales canadienses “Meridian Gold” había comprado “El Desquite”, un yacimiento de oro y plata en el Cerro 21, a sólo siete kilómetros en línea recta del Centro de la ciudad de Esquel y sobre un importante cauce de agua. Y apenas anunciaron la forma en que iba a ser la extracción, utilizando cianuro, ácido clorhídrico y soda cáustica, liberando además durante el proceso arsénico y óxido de plomo, todos elementos altamente contaminantes, un grupo de vecinos entre los que se contaban numerosos profesionales, docentes y estudiantes de la sede local de la Universidad Nacional de la Patagonia “San Juan Bosco”, se organizaron difundiéndolo al resto de la comunidad mediante manifestaciones públicas, reparto de folletería, blogs y cadenas de correos electrónicos.  

Téngase en cuenta que Esquel estaba situada muy próxima al Parque Nacional Los Alerces, un ambiente natural protegido, caracterizado por un sistema de lagos unidos a través de ríos y arroyos que finalmente desaguaban en el Pacífico; y que las principales fuentes de ingreso estaban relacionadas con el turismo, la pesca deportiva, el cultivo de frutas finas, y la elaboración de dulces y conservas derivada de dicha producción, además de los empleos públicos, entre los que se encontraba la gendarmería por tratarse de una zona fronteriza. Pero a pesar del desarrollo de esas actividades existían problemas de desocupación que habían sido tenidos en cuenta por la empresa minera para prometer trescientos puestos de trabajo.

Sin embargo, las consecuencias irían más allá. Al removerse grandes cantidades de tierra y roca, el aire se contaminaría por nubes de polvo en suspensión más la oxidación con liberación de tóxicos de rocas al descubierto; podrían provocarse hundimientos, y contaminación de la laguna Willimanco, principal fuente de abastecimiento de agua para la ciudad, así como de las napas subterráneas; deforestación y alteración de los cursos de agua, ya que muchas veces se desvían los cursos para su mejor aprovechamiento formando lagunas, las más de las veces con agua contaminada; el material sobrante quedaría para siempre allí como un gigantesco basural; y además como consecuencia de todo lo anterior, desplazaría a las producciones propias del lugar.

El movimiento finalmente logró que el 23 de marzo de 2003, el Concejo Deliberante de Esquel convocara a un plebiscito sobre la aceptación o rechazo de las actividades mineras en la zona, aunque con carácter no vinculante. Como el ochenta y uno por ciento de los votantes se pronunciaron en contra se sancionó la Ordenanza Nro. 33/2003, que declaró a Esquel “municipio no tóxico y ambientalmente sustentable”.

Al momento de producirse el plebiscito el proyecto se encontraba en etapa de exploración y podían verse caminos en las laderas del cerro y caños de plástico introducidos en la tierra, usados para ver hasta dónde llegaba la veta de oro. Una vez concluida esa etapa comenzaría la de la explotación para lo cual había que sacar piedra de la montaña, procesarla con cianuro para separar el oro del resto y después colocar los desechos en recipientes al aire libre. Y cuando la montaña se vaciara, aproximadamente en diez años, la empresa se retiraba. Por eso el pueblo se había unido para preservar el patrimonio natural de toda el área contando con el apoyo de organismos nacionales e internacionales, incluyendo a Greenpeace que reuniera más de ciento cincuenta calaveras color oro frente a la Casa Rosada para representar el impacto ambiental que la explotación ocasionaría.

Con dichas acciones no se había logrado la cancelación del emprendimiento pero sí su momentánea suspensión, lo que obligaba a los esquelenses a continuar la lucha para lograr ese objetivo.

 

Pintada en 9 de Julio y Sarmiento

 

 

Omar y Martín nunca habían estado en Esquel, mientras que yo hacía veintiséis años que no iba, por lo que caminamos sin rumbo un largo rato reconociendo las principales calles.

La ciudad no tenía acta fundacional  considerando como fecha de nacimiento el 25 de febrero de 1906, cuando Medardo Morelli decidiera instalar en el lugar una estación de comunicaciones telegráficas en la casa del Comisario de Policía y Teniente de Caballería de la Guardia Nacional Eduardo Humphreys. Pero en realidad su gestación había estado directamente relacionada con la llegada de los colonos galeses a las costas de Chubut en 1865, que a fines del siglo se habían desplazado hacia la cordillera, fundando la Colonia 16 de Octubre. Y dado que habían arribado nuevos inmigrantes galeses, John Murray Thomas impulsó la idea de crear un pueblo al norte del valle 16 de Octubre que se consolidó el 25 de mayo de 1910 cuando el Gobierno Nacional entregó cincuenta títulos de propiedad a los pioneros. Esquel comenzaba a ser una realidad.

El nombre Esquel derivaba de una voz tsonek que significaba abrojo o abrojal, haciendo referencia a las características de la flora local compuesta por el coirón, el neneo, el calafate y otros arbustos espinosos, aunque en el entorno predominaban los pastos verdes y tiernos así como el parque de fagáceas y los bosques fríos y húmedos en los que se destacaban las coníferas y caducifolias de la selva Valdiviense.

Si bien la ciudad se encontraba rodeada de montañas que se podían visualizar desde cualquier sitio, estaba asentada sobre un valle sobre las márgenes del arroyo Esquel, por lo que su casco céntrico estaba diseñado en forma ortogonal en damero. Sin embargo, no tenía el perfil parroquial de las fundaciones españolas durante la colonia, en que alrededor de la plaza principal se encontraban la catedral y las instituciones gubernamentales. Allí sí se localizaba el edificio de la Municipalidad pero la iglesia que era muy sencilla, se encontraba en una calle lateral así como las capillas protestantes. En realidad se manifestaba en todas partes la impronta galesa que le habían dado sus orígenes, mostrando humildad en todas sus construcciones.

A medida que los inmigrantes galeses se iban instalando en diferentes puntos del Chubut, iban edificando capillas con sus propias manos para convertirlas en el centro del asentamiento donde practicaban las costumbres y creencias de este pueblo que había arribado a la Argentina en busca de libertad de culto.

Una de esas capillas era Seion que se había comenzado a construir en 1910 para finalizarse cinco años después. Tanto la capilla como el Vestry fueron realizados con base de piedra y barro y con paredes de ladrillo cocido y techo de chapa. El Vestry era un espacio que había sido destinado a las reuniones dominicales, a la ceremonia del té y también a una escuelita. Pero posteriormente allí comenzó a funcionar una escuela de galés, utilizándose además para la presentación de libros, conciertos y del coro. En 1995 la capilla Seion de Esquel fue incluida en el Registro Provincial de Sitios, Edificios y Objetos de Valor Patrimonial, Cultural y Natural de la Provincia del Chubut.

 

 

 

 

Capilla Seion Esquel

 

 

La esquina más céntrica de la ciudad era la de las calles 25 de Mayo y Rivadavia donde se encontraban los principales comercios y lugares destinados a los servicios requeridos por el turismo, pero la actividad era bastante limitada ya que en esos momentos Esquel contaba con apenas treinta mil habitantes. De todos modos aproveché para revelar los rollos que traía desde la costa en Juan Castro Foto, un local perteneciente a un fotógrafo premiado internacionalmente que entre otras muestras, muchas las había dedicado a la naturaleza. Y ese fue un motivo de larga charla hasta que llegó la hora de cerrar el negocio porque allí los horarios de la siesta se respetaban religiosamente.

Así que aprovechamos para ir a almorzar a una parrillita de la calle Sarmiento entre Rivadavia y 9 de Julio, donde a sólo una cuadra del “ruido” ya todo había perdido densidad e incluso las avenidas eran predominantemente residenciales.

Después de comer no había absolutamente nada para hacer por lo que caminamos por la avenida Alvear hasta la terminal de ómnibus para averiguar sobre horarios y precios a diferentes destinos y así programar nuestras actividades en los días siguientes.

 

Avenida Alvear a sólo dos cuadras del centro comercial más importante

 

 

Edificio del Banco de la Nación Argentina en avenida Alvear y General Roca

 

 

Como era de esperar tanto la oficina de turismo como varias ventanillas de la terminal estaban cerradas, por lo que tuvimos que esperar en el bar tomando sendas infusiones mientras paralelamente comenzaba a llover torrencialmente.

Recién a las cuatro de la tarde pudimos hacer las consultas y emprender el regreso ya que la lluvia había parado.

 

Avenida Alvear en las cercanías de la terminal de ómnibus con el marco de las montañas

 

 

Martín disfrutando del lugar a pesar de temerles a los perros que andaban sueltos

 

 

Si bien en verano la temperatura podía llegar a superar los 30°C, ese no era el día, ya que había comenzado a bajar repentinamente y estábamos cerca de los 10°C. Así que a pesar de haber salido el arco iris, supuesto signo de fin de la lluvia, nos recluimos en el hotel donde nos dedicamos a ver películas por televisión hasta la hora de cenar.

 

 

La esquina de la residencial Ski después de la lluvia

 

 

Ingresando a la zona andina las isohietas se modifican rápidamente llegando a precipitaciones muy elevadas, pero en la ciudad de Esquel eran escasas, del orden de los cuatrocientos milímetros anuales predominando en invierno; sin embargo, en enero de 2006, se produjeron lluvias extraordinarias que nos dejaron pasados por agua a lo largo de varios días que permanecimos allí.

 

 

Ana María Liberali

 

 

 

 

 

 





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