Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 16141 al 16160 
AsuntoAutor
392/14 - Argentina Noticias
393/154 - Argentin Noticias
394/14 - Hacia Bag Noticias
395/14 - La caída Noticias
396/14 - Mosul: al Noticias
397/14 - Yihadismo Noticias
398/14 - VIAJANDO: Noticias
399/14 - I Coloqui Noticias
400/14 - Estados U Noticias
401/14 - ENTREVIST Noticias
RE: NoticiasdelCeH Vicente
RE: VIAJANDO: Al Gabriela
402/14 - Nouriel R Noticias
403/14 - UNIVERSID Noticias
404/14 - Capitalis Noticias
405/14 - Barack Ob Noticias
406/14 - Ser solda Noticias
409/14 - La crisis Noticias
407/14 - La crisis Noticias
408/14 - Sobre la Noticias
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
PŠgina principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 16465     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu RE: VIAJANDO: Al Chaco por trabajo de campo para mi tesis doctoral
Fecha:Miercoles, 18 de Junio, 2014  06:43:40 (-0700)
Autor:Gabriela Greco <gabrielagreco @.........ar>
En respuesta a:Mensaje 16464 (escrito por Vicente Di Cione)

Muy interesente Ana!! Cari√Īos
Gabriela



NCeHu 382/14
 
 
Al Chaco por trabajo de
campo para mi tesis
doctoral
 
Eran
los primeros días del mes de mayo de 2010 cuando debí
regresar al Chaco con el
fin de realizar un trabajo de campo para mi tesis doctoral
sobre el impacto de
los agroquímicos en la zona algodonera. Por lo que el
domingo dos a la tarde
tomé un micro que fuera directo a la ciudad de Villa
√Āngela, al sur de la
provincia, cabecera del departamento Mayor Fontana,
verdadera capital del
algodón. Y después de viajar toda una noche, como había
estado lloviendo me
encontré con que la terminal de ómnibus era un barrial
debido, ante mi sorpresa,
que no estaba asfaltada.
 
 
 
 
 

Terminal de ómnibus de
Villa
√Āngela
 
 

Barrial en las
plataformas de la terminal

 
 
El
Chaco, una de las provincias con mayores niveles de pobreza
de la Argentina, se
caracterizaba, sin embargo, por la cantidad de esculturas en
diversas ciudades,
y no podía faltar alguna en la moderna
terminal.
 

Sin asfalto pero con
esculturas
 
 
Antes
de dirigirme hacia el hotel, consulté los horarios hacia
los diversos destinos
que iba a visitar, y para organizar la información decidí
sentarme en la sala de
espera y guardar los papeles que me habían entregado; y
allí me causó mucha
gracia que las sillas estuvieran acomodadas de espaldas al
televisor.
 

Sala de espera de la
terminal
de Villa √Āngela
 
 
Me alojé en el hotel
Bariloche en la esquina de
las calles 25 de Mayo y Balcarce. 
Era uno de los mejores o el mejor de la ciudad y ya
había estado allí
seis a√Īos atr√¡s. Com√≠ un s√¡ndwich en el bar del hotel
cuyas mesas de vidrio
ten√≠an debajo copos de algod√≥n, y sal√≠ r√¡pidamente a
caminar por la ciudad para
localizar comercios relacionados con la producción
algodonera, y realizar
algunas entrevistas.
Una de las personas con
las que mantuve una
conversación era una mujer que atendía un comercio donde
se vendían
principalmente artículos de librería y ropa, pero había
un poco de todo, era
casi un almacén de ramos generales. Y entre otras muchas
cosas, me dijo:
-“Antes la gente venía para la cosecha desde Paraguay
y de otras provincias,
adem√¡s del interior del Chaco; pero ahora los buscan en los
alrededores de Villa
√Āngela, a los m√¡s pobres. Muchas mujeres van a la cosecha
con sus hijos porque
los hombres vienen cada vez peores, y abandonan a sus
familias. Ellos se van a
trabajar a otras partes y no
vuelven‚ÄĚ.
 
 

Comercio de venta de
bolsas para cargar el
algodón
 
 
Al día siguiente me
dirigí al hospital “Dr.
Salvador Mazza‚ÄĚ con el fin de entrevistar al director, que
ahora era el Dr.
Ram√≥n C√¡ceres, un ginec√≥logo malhumorado quien despu√©s
de tenerme esperando toda
la ma√Īana, me hizo anunciar que ese d√≠a no me podr√≠a
atender. Nada que ver con
el anterior quien tenía las cosas muy claras y me había
hecho conocer la
estadística paralela que él llevaba al margen de la que le
exigieran las
autoridades provinciales y nacionales de
salud.
Ya había dejado el
hotel y sólo llevaba conmigo
una peque√Īa mochila con la ropa indispensable y un cuaderno
de notas. Así que
tomé un colectivo de línea que me llevara hasta San
Bernardo, cabecera del
departamento O’Higgins, otro de gran producción
algodonera.
 
 
 
 

San Bernardo ‚Äď
Capital de la
Primavera
 
 

Silos destinados a
conservar
el algodón
 
 
El colectivo había
tomado la ruta provincial
n√ļmero noventa y cinco y al llegar al cruce con la seis,
había girado a la
izquierda para llegar a destino, dej√¡ndome en una banquina
a la entrada del
pueblo, donde vi pasar a los hombres que llevaban en camión
a la cosecha y a la
gente del lugar traslad√¡ndose en un endeble carrito tirado
por un desnutrido
caballo.
 

Cosecheros cargados en
camión como si fueran
ganado
 
 

Padre e hijas en
carrito por la ruta provincial
n√ļmero seis
 
 
Había tardado casi
cuarenta y cinco minutos,
pero ya había pasado el mediodía, por lo que sin tener ni
idea de qué dirección
debía tomar, comencé a buscar un lugar donde comer
algo.
 
 
 

Pasado el mediodía no
había
nadie en la calle a quien preguntarle
nada
 
 

Las gallinas caminaban
pl√¡cidamente por las
calles del pueblo
 
 
De pronto sentí un
fuerte aroma a guiso y
encontré que en una casa se había improvisado un comedor
para obreros del lugar,
y all√≠ entr√©. S√≥lo hab√≠a un men√ļ y lo acept√© sin
preguntar demasiado. Yo era la
√ļnica mujer, salvo la cocinera y la mesera, por lo que
evidentemente me sentía
como la mosca blanca, ya que todos me miraban extra√Īados y
en el mostrador algo
murmuraban.
Cuando pedí la cuenta
la mesera me preguntó qué
había ido a hacer al pueblo. Le dije que estaba buscando el
hospital, y después
de indicarme d√≥nde quedaba, me pregunt√≥: -‚Äú¬¿Usted es
doctora? Si es as√≠ ser√¡
muy bienvenida, porque el hospital es muy lindo y grande,
pero no tiene casi
servicios. F√≠jese que no tiene ginec√≥loga, y ac√¡ hay
muchos nacimientos. Las
enfermeras ayudan a los partos. Lo que pasa es que el
intendente es Iv√¡n Sirich,
y como es de la Alianza, el gobierno provincial no le pasa
plata.‚ÄĚ

Le expliqué que iba
sólo a estudiar las
enfermedades de los trabajadores del algodón, y eso le
pareció también muy
bueno: -“La gente del pueblo es municipal o maestro.
Para las cosechas traen
a los peones en camiones y los llevan de vuelta en el día
para no pagarles la
mutual. Los chicos varones trabajan desde los ocho
a√Īos‚ÄĚ.
Agradecí la
información y la mujer me despidió
como si me conociera de toda la vida, pidiéndome que los
ayudara lo m√¡s que
pudiera, lo que me generó un compromiso muy grande, y a la
vez mucha impotencia.
De todos modos recordé lo que me había dicho una de las
toxicólogas que
integraba el equipo del Programa de Accidentes por
Plaguicidas del Ministerio de
Salud de la Nación, en el cual yo había participado varios
a√Īos atr√¡s, y era que
no estaba en manos de nosotras solucionar todo, pero que
cada una desde su lugar
podía salvar algunas vidas, aunque lamentablemente no
fueran todas. Y allí pensé
que al margen de presentar mi tesis, que sería leída por
unos pocos, podía
colaborar publicando de diferentes formas todo lo que estaba
sucediendo. Y que
adem√¡s de formar a mis estudiantes y a algunos becarios y
tesistas, que también
constituían grupos limitados, debía hacer una especie de
periodismo científico
divulgando a los cuatro vientos las diferentes
problem√¡ticas sobre las que
investigara, para contrarrestar aunque fuera en escasa
magnitud, toda la caterva
de falsas informaciones que diariamente se escuchaban y que
no eran m√¡s que
cortinas de humo para que la mayor parte de la gente
desconociera la realidad. Y
que para eso debía expresarme en un lenguaje sencillo y
dejar los términos
académicos sólo para ciertos círculos universitarios
donde las formas eran
fundamentales para lograr credibilidad y seriedad, aunque
muchas veces se
oscurecieran las aguas para que parecieran m√¡s
profundas.
Caminé las pocas
cuadras que me separaban del
hospital ‚ÄúJos√© Ingenieros‚ÄĚ, y al llegar me sorprendi√≥
positivamente el edificio.
Recorrí varios pasillos donde el silencio era absoluto y el
sol traspasaba los
vidrios sin que se produjeran sombras porque no había
absolutamente nadie. Y
asom√¡ndome a una salita apareci√≥ una enfermera que me
preguntó qué necesitaba.
Le dije que pretendía hacerle una entrevista al director,
quien se encontraba en
su casa, por lo que sin preguntarme la razón, simplemente
porque venía de Buenos
Aires, me comunicó
telefónicamente.
El Dr. Roberto Giménez
era pediatra, se había
recibido en la Universidad de Buenos Aires y ya llevaba
veintiocho a√Īos en San
Bernardo. Consideraba que el edificio del hospital era muy
bueno pero que no
tenía quirófano. Me confirmó que no había ginecólogos,
ni obstetras, ni
traumatólogos, sino sólo algunos pocos médicos generales
y que la pediatra
atendía en un consultorio a nivel
privado.
Y si bien el hospital
debería ser de nivel de
complejidad III, en los hechos era de I o II, siendo el de
Villa √Āngela de nivel
IV y el de S√¡enz Pe√Īa, de nivel VI. Y en ese orden
derivaban a los pacientes, y
si el caso era muy complejo, los trasladaban a Resistencia.
Los casos m√¡s
frecuentes eran los partos, que ante una complicación
debían derivarse a Villa
√Āngela, cuya distancia era cubierta en alrededor de media
hora por la
ambulancia.
Y él notaba que desde
veinte a√Īos atr√¡s, las
neumonitis y otras afecciones respiratorias se estaban
tornando en asm√¡ticas y
alérgicas, sin haber casi casos tan comunes como antes,
adem√¡s de las frecuentes
dermatitis. Y eso lo atribuía a las fumigaciones aéreas. Y
que a√Īos atr√¡s,
cuando se utilizaban organofosforados en el algodón había
muchos casos de
intoxicaciones. √Čl hab√≠a realizado un trabajo al respecto
junto con una
bioqu√≠mica, pero seg√ļn √©l, se hab√≠a
perdido.
 

Entrada principal del hospital “José
Ingenieros‚ÄĚ de San
Bernardo
 
 
 
 

Ingreso para la √ļnica ambulancia del
hospital ‚ÄúJos√© Ingenieros‚ÄĚ de
San Bernardo
 
 
Desde allí caminé
hasta la Escuela Provincial
de Educación Especial Nro. 13, dirigida por Flora Valeria
Vastik, oriunda de
Presidencia Roque S√¡enz Pe√Īa, quien me brind√≥ una serie
de informaciones que
llamaron mucho mi atención. El establecimiento contaba con
ciento veinte ni√Īos
en su mayoría con retraso mental y algunos con síndrome de
Down y autismo, en un
pueblo de sólo doce mil habitantes. Estaba claro que no
todos pertenecían a San
Bernardo, pero sí a lugares no muy lejanos ya que se
trataba de asistencia
diaria sin internación. Ella lo atribuyó a la
desnutrición como causa central,
pero luego agregó que en la vecina localidad de La Tigra
había una alta
incidencia de hipoac√ļsicos y que eso ten√≠a directa
relación con los plaguicidas
que se utilizaban en el lugar. Pero por otra parte, dijo
indignada: -“La
gente quiere hacer pasar al hijo como discapacitado. Ac√¡
todos son vagos, viven
de los planes sociales. Los de los planes tienen cuotas a
sola firma y los
empleados de Gobierno necesitan dos
garant√≠as‚ÄĚ.
Cuando nos despedimos
me indicó dónde quedaba
la terminal de ómnibus y hacia allí fui. Eran pocas
cuadras, pero gran parte
eran de tierra y después de la lluvia estaban totalmente
anegadas. Y cuando ya
estaba cerca, sin poder esquivar el barrial, me patiné y
quedé tendida en el
suelo patas para arriba como una cucaracha. Lo terrible era
que no había
absolutamente nadie para que me ayudara, y cuando intentaba
darme vuelta para
ponerme de pie, volvía a resbalarme y a enchastrarme
pareciéndome a esas mujeres
que luchan en el barro.
Después de varios
intentos logré salir del
lugar y vi que estaba ya cerca de la terminal de ómnibus
que la sentía como un
oasis, y en cuanto llegu√© entr√© r√¡pidamente al ba√Īo con
la intención de lavarme
un poco, pero ins√≥litamente ¬¡no hab√≠a agua! Y as√≠ como
estaba, ante la mirada de
todos, me paré en la plataforma para esperar el micro que
iba a Presidencia
Roque S√¡enz Pe√Īa, y al subir, para no ensuciar demasiado
el asiento, saqué
algunas prendas de la mochila y me senté sobre
ellas.
 
 
 

Calles anegadas
después de
varios días de lluvia intensa
 
 

El Chaco siempre ha
pasado de la inundación a
la sequía
 
 
El ómnibus volvió a
tomar las rutas
provinciales n√ļmeros seis y noventa y cinco y despu√©s de
m√¡s de una hora, me
dejó en la plazoleta de ingreso a la ciudad de Presidencia
Roque S√¡enz Pe√Īa,
donde me puse en la fila a la espera de un colectivo local
que me llevara hasta
el Centro. ¬¡No quieran pensar las caras del chofer y de los
dem√¡s pasajeros
cuando subí! Pero como en el Chaco todos son amables y
solidarios,
permanentemente me ofrecían el asiento, lo que yo no
aceptaba para no ensuciar a
los dem√¡s.
 
 

Todo inundado en el
camino
entre San Bernardo y Presidencia Roque S√¡enz
Pe√Īa
 
 
Me bajé cerca de la
catedral y comencé a buscar
alg√ļn hotelito barato, pero en todos los que entr√© me
dijeron que no había
lugar, lo que yo atribuí a mi estado calamitoso. Continué
por otros de mejor
nivel, y tampoco conseguí alojarme. Ellos adujeron que
había muchos viajantes y
algunos eventos, así que no me quedó otra opción que
intentarlo en el hotel
Presidente, nada menos que de cuatro estrellas. Cuando
entré al gran lobby
iluminado a full, pensaron que se trataba de una pordiosera
y cuando me acerqué
al mostrador y pregunté si había lugar, se apresuraron a
darme el precio de la
noche. Y si bien no era barato, era bastante accesible en
comparación a los
hoteles de la misma categoría de la región pampeana. Así
que acepté, lo que al
conserje le result√≥ extra√Īo, hasta que saqu√© varias
tarjetas de crédito y
entonces los rostros fueron suaviz√¡ndose. R√¡pidamente
tomaron mi asquerosa
mochila y me acompa√Īaron a la habitaci√≥n que era
espectacular, pero lo √ļnico que
yo ansiaba era meterme en la ba√Īera con jacuzzi, aunque
previamente lavé como
pude mi ropa y la puse a secar entre dos sillas con el aire
acondicionado.
Eran ya las diez de la
noche cuando me había
recuperado un poco y algunas prendas ya estaban secas, por
lo que antes de que
cerraran fui a cenar a un buen restor√¡n y despu√©s‚Ķ, ¬¡a
dormir entre un montón de
almohadas! Creí habérmelo
merecido.
Ya era miécoles cinco.
Me
levanté muy temprano y fui hasta el hospital de Presidencia
Roque S√¡enz Pe√Īa. La
entrada estaba llena de perros abandonados que merodeaban
por todas partes, y la
gente haciendo largas filas para que la atendieran. Yo pedí
tener una entrevista
con el director, pero me informaron que no podría atenderme
y en su defecto lo
iba a hacer el co-director, el Lic. Carlos Navarro,
especialista en Salud Mental
egresado de la Universidad Nacional del
Nordeste.
A él le interesó
mucho la
tem√¡tica que yo estaba abordando y no hizo m√¡s que
confirmarme muchos de los
datos que venía obteniendo hasta el
momento.
Primeramente me dijo
que ese
hospital era el receptor de los casos complejos de casi toda
la provincia, antes
de recurrir al de Resistencia, por lo que me podía dar un
panorama general al
margen del √¡rea sobre la cual yo estaba
interesada.
Consideró que una de
las zonas
m√¡s afectadas era la de Gancedo, al sudoeste de all√≠,
donde predominaba la soja,
ya que antes fumigaban con el mosquito y ahora lo hacían en
forma aérea. Y que
los gringos del campo padec√≠an c√¡ncer, par√¡lisis
cerebral, malformaciones
congénitas, dermatitis e intoxicaciones varias debidas al
Roundup, nombre
comercial del glifosato producido por Monsanto, sólo por el
hecho de consumir
agua. Y que adem√¡s desde Charata hasta Santiago del Estero
habían encontrado
arsénico en agua hasta doce metros de profundidad, por lo
que hab√≠a m√¡s enfermos
de c√¡ncer en el campo que en la ciudad. Y que adem√¡s
muchos sufrían de
leptospirosis que era una enfermedad que se trasmitía a
través de las ratas por
aguas contaminadas, convirtiéndose en epidemia durante las
inundaciones, algo
estacional en todo el Chaco. Pero que sin duda, el gran
problema del momento se
situaba al nordeste de la provincia, donde los agroquímicos
utilizados para la
producción de arroz estaban causando estragos.

Respecto de la zona
algodonera
comentó que el Dr. Héctor Lanza, como parte de la
Fundación Cirugía Patria
Solidaria, iba todos los a√Īos a hacer operaciones de labio
leporino y otras
malformaciones. Que la gran cantidad de casos de hipoacusia
en La Tigra tenía
que ver con malformaciones congénitas producidas por los
plaguicidas; y que
adem√¡s, como los bidones donde se envasaban eran lindos,
los gringos los lavaban
y los usaban para llevar agua, lo que expand√≠a mucho m√¡s
los niveles de
contaminación. Pero que antes, cuando se utilizaban los
fosforados, morían entre
tres y cuatro personas por día por
intoxicación.
Respecto de las causas
de
muerte registradas en el hospital de S√¡enz Pe√Īa, mencion√≥
hipertensión,
accidentes de tr√¡nsito, enfermedades respiratorias,
oncológicas, ginecológicas y
renales como las m√¡s destables. Tambi√©n hizo referencia a
los casos de TBC
(tuberculosis) y de dengue, siendo Corzuela y Campo Largo
los principales focos,
agregando que dicha información fue ocultada por razones
políticas.
Me dio varios datos
para
continuar con mi trabajo y me despedió ofreciéndose para
otras gestiones que
pudiera necesitar.
Ya era el mediodía y
crucé
enfrente a un bolichón donde iba la gente del lugar, y
comí un tremendo plato de
tallarines con estofado de carne. Justo lo ideal para irse a
dormir la siesta,
pero yo no tenía tiempo que perder, y en la parada de
remises del hospital, tomé
uno para que me llevara a las afueras de la ciudad donde se
encontraba el INTA
(Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria).
El remisero, llamado
Elvio,
resultó ser un maestro rural que hacía algunos viajes para
complementar su magro
salario. Era hijo de un peque√Īo productor a quien no le
daba la escala y terminó
abandonando la producción. Comentaba que antes la cosecha
se pagaba sesenta
pesos cada cien kilos, juntando ciento sesenta kilos
diarios. Pero que en ese
momento sólo se recolectaban entre noventa y cien kilos
diarios porque estaban
obligados a que los obreros trabajaran menos horas. Y que a
los colonos los
obligaban a poner a los cosecheros en blanco por lo que
contrataban a un
intermediario que se encargaba de recolectar gente y
llevarla en camión o en
√≥mnibus diariamente. La escuela donde √©l ense√Īaba se
encontraba cerca de S√¡enz
Pe√Īa y sus alumnos ten√≠an entre ocho y quince a√Īos, y que
a partir de los diez
a√Īos iban a la cosecha solos o con sus familias,
abandonando la escuela durante
ese período. Y luego agregó que la gente ya estaba dejando
el campo por tener
planes de ayuda. Que la DGI no les permitía trabajar en la
cosecha si cobraban
planes, por lo cual en La Tigra había una desmontadora que
estaba abandonada.

En poco m√¡s de veinte
minutos
estuve en la estación del INTA que quedaba a sólo cinco
kilómetros al sur de
Sa√©nz Pe√Īa sobre la ruta noventa y cinco. Le ped√≠ al
remisero que me esperara, e
ingres√© sin ning√ļn tipo de recomendaci√≥n.

Allí me atendieron las

ingenieras agrónomas Marita Simonella y Laura Fogar,
especialistas en plagas,
quienes mostraron muy buena predisposición. Y lo primero
que me hicieron ver fue
un cartel que decía: “A veces puedo
elegir lo que como o lo que bebo, pero nunca puedo elegir lo
que respiro‚ÄĚ.
¬¡Nada m√¡s apropiado para lo que estaba
estudiando!
Y si bien consideraron
que el
glifosato no era tóxico, la Ing. Fogar se quejó:
-“Los aviones fumigadores a veces se cargan
de agua para limpiar los tanques y tiran los residuos en
cualquier parte. Al
propio campo de experimentación del INTA le cayó 2-4-D
desde los campos vecinos
a trav√©s del aire‚ÄĚ.
Ellas me explicaron las

principales características de la forma de fumigar cuyas
diferencias estaban
determinadas b√¡sicamente por el tama√Īo de los campos.
Cuando se trataba de
extensiones menores a doscientas hect√¡reas la fumigaci√≥n
se realizaba con un
aparato llamado mosquito autopropulsado por una persona,
mientras que si era
mayor de ese valor, la m√¡quina era transportada por un
tractor. Pero cuando los
establecimientos era muy grandes o bien no se podía
ingresar a causa de las
inundaciones, se utilizaba el avión
fumigador.
Luego hablaron sobre la
etapa
de siembra en el √¡rea de la ruta provincial noventa y
cinco, entre Presidencia
Roque S√¡enz Pe√Īa y Villa √Āngela, justamente la elegida
para el desarrollo de mi
tesis. Y dijeron que se realizaba entre el quince de octubre
y el treinta de
noviembre, fechas fijadas por el SENASA (Servicio Nacional
de Sanidad y Calidad
Agroalimentaria). Y que debido a que las precipitaciones,
que oscilaban entre
novecientos y novecientos cincunta milímetros anuales
concentradas durante el
verano, siendo el invierno la estación seca, la plaga que
predominaba era el
picudo, ya que las elevadas temperaturas y la humedad le
eran favorables para su
r√¡pida reproducci√≥n.
El picudo se alimentaba
con
polen del algodón por lo que ellas proponían la
instalación de trampas desde
antes de la siembra hasta pasada la cosecha cuando se
destruía el
rastrojo.
 
 

Picudo del
algodonero
 
 

Principales
lepidópteros
capturados con trampas de luz
 
 

Red de trampas de
luz
 
 
Las trampas colocadas
antes de
la siembra eran de feronoma, una hormona sexual que atraía
a machos y hembras. Y
luego pulverizaban los alrededores donde había mayor
cantidad de insectos en las
trampas, pero sólo en los bordes. El plaguicida utilizado
era el endosulfan que
quedaba en stock porque ya no se produc√≠a desde el a√Īo dos
mil nueve, pero
algunos aplicaban piretroides que eran repelentes
recomendados por el SENASA.

 

Trampa de veneno para
picudo
 
 

Trampa de veneno
colocada en
el campo de experimentación del
INTA
 
 
Hicieron referencia a
otros
fosforados utilizados como el Mercaptotion y el IGR,
insecticida m√¡s espec√≠fico
ya que impedía el desarrollo de la Oruga de la Hoja y de la
Capullera o
Bolillera del Algodonero, que si bien era m√¡s selectivo y
da√Īaba menos la fauna
ben√©fica, tambi√©n era m√¡s residual, m√¡s caro y m√¡s
difícil de conseguir.
Mientras que para evitar los trips y pulgones, se sembraban
semillas tratadas
con Aldicarb, un insecticida perteneciente a la familia de
los carbamatos. Pero
las agrónomas adujeron que los agricultores, al tratar la
semilla, no tomaban
los recaudos necesarios, como ponerse una escafandra,
justific√¡ndose a partir
del intenso calor de la región; y que cuando en el INTA se
daban charlas
informativas, muchas veces se dormían. Por otra parte, la
cosecha en campos de
treinta a cien hect√¡reas se realizaba en forma manual,
siendo sólo en los de
mayor extensi√≥n que se hac√≠an surcos m√¡s estrechos y se
utilizaban
m√¡quinas.
 
 

Campo de algodón casi
al fin
de la cosecha
 
 
Y para evitar que
los insectos continuaran reproduciéndose, el SENASA
obligaba a destruir el rastrojo.
 

Métodos de
destrucción de rastrojos del cultivo de
algodón
 
 
Agradecí mucho el
tiempo que me habían dedicado, y en el remis que me
estaba esperando continué circulando por la ruta provincial
noventa y cinco
rumbo a La Clotilde, a cuarenta y cinco kilómetros de
allí.
 

Dejando los campos del
INTA
 
 

Extensa llanura con
√¡reas de depresi√≥n formando
ba√Īados a la vera de la ruta 95
 
 

Presencia de
variedad de aves y anfibios en los ba√Īados

 
 
En poco m√¡s de media
hora
llegamos a destino y allí me despedí del chofer ya que no
sab√≠a cu√¡nto iba a
demorar para luego regresar a Villa √Āngela, donde hab√≠an
quedado varias
entrevistas pendientes.
 

Arboleda de la avenida
de ingreso a La
Clotilde
 
 
 

Llegada a La Clotilde,
departamento de
O’Higgins
 
 
R√¡pidamente fui a
‚Äúla salita‚ÄĚ, forma en que denominaban al
Puesto Sanitario de nivel A, los clotildenses. Me senté en
la sala de espera
junto con las mujeres que llevaban a sus hijos a vacunar y
me puse a conversar
informalmente con ellas. Todas me hablaron maravillas del
gobernador, que en ese
momento era Jorge Capitanich, pero muy especialmente de
‚ÄúLa Cristina‚ÄĚ. Me dijeron que teniendo
una presidenta mujer habían logrado que se entendiera que
ellas y sus hijos no
debían ir a la zafra, y que con los planes podían quedarse
en sus casas
cuid√¡ndolos, ya que los hombres se gastaban el dinero en

‚Äúcualquiera‚ÄĚ.
Cuando tocó mi turno
pregunté
por el director, pero me dijeron que estaba en su casa
durmiendo la siesta y que
no quería ser molestado, por lo que me iba a atender
Héctor, el enfermero que
estaba a cargo de las estadísticas epidemiológicas.

Primeramente Héctor me
indicó
que la salita tenía escaso presupuesto, contaba con dos
camas para emergencias y
una ambulancia, y que el lugar del laboratorio se utilizaba
como vacunatorio.
Que la prevalencia en La Clotilde era la hipertensión, la
diabetes, diversas
enfermedades respiratorias como laringitis, faringitis y
alergias, y la
desnutrición. Pero luego me hizo ver que estaba indignado
con la situación
social que se estaba viviendo en los √ļltimos
a√Īos:
“Las mujeres
vacunan a sus hijos a cambio de un kilo de leche. Y la
mayoría considera que de algo hay que
morir.‚ÄĚ Agreg√≥ que muchas
veces recorrían las casas para controlar a las
embarazadas y recordarles que hicieran control pedi√¡trico,
y que cuando daban
charlas se reían y no hacían caso. Y que mandaban a sus
hijos a la escuela sólo
para que les dieran de comer.
“La natalidad
aquí es muy alta, muchas mujeres tienen entre siete y
diez hijos. Y cuando las parturientas acuden a √ļltimo
momento las atendemos los
enfermeros, de lo contrario, se las deriva al hospital de
San Bernardo a
dieciocho kilómetros, y si viene complicado al de Villa
√Āngela a cincuenta
kil√≥metros porque en la Tigra que est√¡ a s√≥lo diez
kilómetros, tienen una sala
nivel A y otra nivel B, pero no hay hospital‚ÄĚ
‚Äďdijo.
Yo le pregunté acerca
de
intoxicaciones o accidentes derivados del trabajo en los
campos de algodón, a lo
que me respondió:
- “No hay nada de eso
porque
casi nadie trabaja. Antes los accidentes eran de trabajo,
ahora son de motos en
la ruta o cuando hacen picadas. La gente ya no va a las
cosechas porque cobra
planes sociales y se compran motos y
celulares.‚ÄĚ
 

Puesto Sanitario
‚ÄúA‚ÄĚ ‚Äď La Clotilde
 
 
Comencé a caminar por
el
pueblo que era diminuto, contando con apenas tres mil
trescientos habitantes de
los cuales en ese momento no había ni uno solo en las
calles. Evidentemente el
director de la salita no era el √ļnico que dorm√≠a la
siesta. Así que entré al
√ļnico almac√©n-bar que encontr√© abierto para tomar algo
fresco. Y allí había un
grupo de jubilados a los que aproveché para
entrevistar.
“Antes la gente
trabajaba con el algod√≥n, pero ahora todos est√¡n
pensionados. La DGI obliga a los colonos a tomarlos en
blanco y no les conviene
porque algunos trabajan un día y quieren todos los
beneficios.‚ÄĚ ‚Äď dijo uno de
ellos.
Mientras que otro
agreg√≥: -‚Äú¬¡A los colonos les exigen poner a la gente
en blanco y el estado paga en
negro!‚ÄĚ
 “Las
mujeres viven para
tener hijos y cobrar la pensión. Se consiguen un
certificado de discapacidad
para cobrar m√¡s y tener derecho a la vivienda. Casi todas
cobran al menos mil
pesos. El resto de la gente trabaja en la Municipalidad, la
Policía, en bancos,
en las escuelas primaria y secundaria, y ahora también
terciaria porque pusieron
el Magisterio‚ÄĚ ‚Äďdijo un
tercero.
Ante mi comentario
sobre las
mejoras que ve√≠a respecto de mi visita seis a√Īos atr√¡s,
del crecimiento
demogr√¡fico que se vislumbraba, y de la diferencia a favor
respecto de pueblos
vecinos, otro de ellos me dijo: -“Hoy en
día tenemos todos los servicios. Agua de red desde 1978, y
después pusieron luz
toda la noche, cajero autom√¡tico, varios colectivos al d√≠a
y una ambulancia,
aunque cuando las enfermedades son muy complejas nos vemos
obligados a ir a
Resistencia. Hay gente que vivía en Buenos Aires y por la
inseguridad volvió a
vivir con sus parientes y se est√¡ haciendo la casita.
Tenemos mucho pavimento y
el pueblo est√¡ muy lindo porque el intendente, V√≠ctor
Gasko, es justicialista y
hace como veinte a√Īos que est√¡; pero los que tienen
intendentes radicales, no
pueden decir lo mismo.‚ÄĚ
 
 
Otro de los pocos
lugares
abiertos durante las primeras horas de la tarde era el Banco
del Chaco, donde
había muchas personas esperando y una sola atendiendo, por
lo que la esperé a la
salida:
“El banco atiende
lunes, mi√©rcoles y viernes. Lo que m√¡s hago es
pagar pensiones porque todos viven de eso. Se forman colas
muy largas. El mínimo
es de seiscientos cincuenta pesos y ciento cincuenta pesos
por cada hijo, y
algunas mujeres tienen m√¡s de siete. A nadie le conviene ir
a la cosecha.
Algunos hombres lo hacen en negro pero la DGI controla mucho
a los gringos.
También prohiben y controlan mucho que no trabajen los
ni√Īos. Las multas son muy
altas. Este intendente recibe mucho dinero y es el pueblo
con mayor cantidad de
planes sociales. Hay casi cinco mil habitantes contando a la
gente de zonas
rurales que viene ac√¡ porque sabe que va a recibir
pensiones. La Tigra est√¡ casi
abandonada, aunque ahora empezaron a hacer algunas
obras‚ÄĚ, -dijo la joven
empleada.
 
 

Calle de La Clotilde a
la hora de la prolongada
siesta
 
 
Viendo por un lado que
no
hab√≠a muchos m√¡s a quienes preguntarles algo y a que casi
todos coincidían con
el relato, me dirigí a la terminal con el fin de tomar el
ómnibus que iba a
Villa √Āngela. Y mientras esperaba que se despejara el
camino debido al corte del
cruce de cuatro rutas, un viajante me decía lo siguiente:
“Yo habitualmente recorro La Clotilde, La
Tigra, San Bernardo y Villa Berthet tomando pedidos que
compro en Presidencia
S√¡enz Pe√Īa. Viajo en colectivos y a dedo porque todos me
conocen. Y puedo
asegurarle que ac√¡ nadie trabaja, todos quieren planes, y
si no se los dan,
cortan la ruta como est√¡ pasando hoy. Las mujeres se
compran celulares y ropa
con las pensiones y no les dan de comer a sus hijos. Tienen
antena parabólica y
los hombres se lo chupan. La Clotilde tiene los mayores
beneficios y est√¡ m√¡s
cuidada que San Bernardo que es la cabecera, pero que tiene
intendente radical.
La Tigra, La Clotilde y San Bernardo tienen agua potable de
red que les pusieron
los milicos, pero los de Villa Berthet se quedan con las
napas vacías todos los
inviernos, cuando hay sequía, a pesar de la
represa.‚ÄĚ
 
 

Terminal de ómnibus de
La
Clotilde
 
 
Cuando llegó el micro
retomó
la calle arbolada de la entrada del pueblo desde donde se
veían los campos
pelados y sin gente trabajando. Y con la vista perdida en
ese paisaje me quedé
pensando acerca de los comentarios de toda la gente con la
que había estado,
pudiendo tener una idea clara de los enfrentamientos
sociales que se sufrían en
el pueblo. Y si bien en líneas generales yo no coincidía
con los subsidios, por
lo menos los permanentes, si en esos casos servían para
disminuir la mortalidad
infantil y la materna, ¬¡bienvenidos! Por otra parte, y eso
era generalizado en
el resto del país, cuando el estado otorgaba un beneficio a
los sectores m√¡s
pobres, la clase media e incluso los no tan pobres se
quejaban; pero cuando del
erario p√ļblico se destinaban fondos para grandes empresas
cuyas ganancias eran
‚Äúexportadas‚ÄĚ a centros financieros
del exterior, esos mismos sujetos ni chistaban. De hecho eso
era no tener
conciencia de clase.
 
 

Saliendo de La
Clotilde
 
 

Campos anegados entre
La
Clotilde y Villa √Āngela
 
 
En la ma√Īana del
jueves seis,
fui al INTA de Villa √Āngela donde entrevist√© a los
ingenieros agrónomos Evelin
Delceggio y José Insaurralde.
Ellos no hicieron m√¡s
que
confirmar todos los datos que tenía hasta el momento, pero
agregaron que si bien
en INTA S√¡enz Pe√Īa hab√≠a un banco de germoplasma con
todas las variedades de
algod√≥n y de √¡rboles nativos, pr√¡cticamente no se estaban
utilizando porque los
productores preferían el algodón transgéncio para que
resistiese el glifosato y
as√≠ manejar las malezas. ‚ÄúMonsanto est√¡
destruyendo al INTA. Los colonos van a los negocios que
venden agroquímicos y
ponen lo que les venden‚ÄĚ ‚Äď dijeron los
profesionales.

De todos modos se
mostraron
satisfechos con que a pesar de que en muchas √¡reas del
Chaco ya estaba siendo
reemplazado por soja, Villa √Āngela continuaba teniendo una
mayor superficie
sembrada con algodón. En ese momento había cincuenta mil
hect√¡reas de algod√≥n,
frente a diez mil de soja, seis mil de sorgo y cuatro mil de

maíz.
Luego regresé al
hospital
donde no me hab√≠an atendido unos d√≠as atr√¡s, y volv√≠ a
preguntar por el
director, quien, con cara de no muy buenos amigos, me hizo
saber que debía
esperarlo. Pero mientras estaba allí veía que entraban uno
a uno diferentes
empleados a su despacho, fueran médicos o administrativos,
para luego oir gritos
y portazos al salir. Evidentemente el ambiente estaba
caldeado y yo comencé a
pensar en que ese día tampoco me iba a atender, pero
pretendí que él mismo me lo
dijera. Y cuando ya habían pasado casi dos horas, alguien
que me había visto se
apiadó de mí y me preguntó por qué motivo estaba
esperando al Doctor. Le
expliqué los motivos de mi visita y me dijo: - “No
espere m√¡s, no la va a atender. √Čl es
as√≠, deja que la gente se canse y se vaya. Adem√¡s no le
gusta que le pregunten
nada que lo pueda comprometer. Venga conmigo que le presento
al Jefe de
Estad√≠stica‚ÄĚ.
El Se√Īor M√¡ximo
Germ√¡n Ben√≠tez
estuvo muy predispuesto y sacó a relucir todos los datos
que tenía a
disposición.
Primeramente hizo
referencia a
que ese hospital era la cabecera de la Zona Sanitaria 3 que
abarcaba los
departamentos de Mayor Luis Jorge Fontana, O’Higgins y
Fray Justo Santa María de
Oro, y que el nivel de complejidad estaba entre cuatro y
cinco, para luego
enunciar todos los servicios con que contaba, la cantidad de
camas, de partos
mensuales, de cirugías y de consultas por especialidad.
Luego diferenció las
enfermedades por estación. Dijo que en el invierno
predominaban las
respiratorias agudas, neumonía, bronconeumonía, asma
bronquial, bronquiolitis,
síndrome febril e influenza; mientras que en verano la
deshidratación por alta
temperatura, las diarreas y la internación social por falta
de
trabajo.
Yo le pregunté
respecto del
impacto de los agroquímicos en la zona. Y él me respondió
que si bien la mayor
parte de las intoxicaciones eran de origen alimenticio por
mala preparación de
la comida o por su descomposición ante la falta de
refrigeración adecuada en una
región tan calurosa, le seguían las relacionadas con
tóxicos de uso doméstico,
para estar en tercer lugar las causadas por pesticidas que
tenían síntomas
particulares como n√¡useas, v√≥mitos, dolor de cabeza,
temblores y dermatitis. Y
que justamente acababan de comenzar a tener un registro
específico debido al
aumento de los casos. Que adem√¡s, si bien hist√≥ricamente
la mayoría de las
enfermedades oncol√≥gicas hab√≠an sido de car√¡cter
ginecol√≥gico, √ļltimamente
estaban apareciendo m√¡s casos de otro origen, incluso en
los ni√Īos. Y agreg√≥ que
muchas de las enfermedades respiratorias que había
mencionado estaban
relacionadas con las desmotadoras.
Después comencé a
deambular
por el hospital con el fin de hablar con algunos pacientes
en las salas de
espera de los consultorios, pero como sólo atendían las
urgencias por
encontrarse de paro por setenta y dos horas en reclamo por
mejores salarios y
seguridad ante hechos de violencia acaecidos la semana
anterior, entrevisté a
otro empleado quien no quiso identificarse por temor a
represalias por parte del
director. Y ante mis preguntas aseguró que en ese momento
la contaminación del
aire era menor porque las desmotadoras e hilanderías
estaban con escasa
producción y que de hecho las consultas por enfermedades
respiratorias habían
mermado. Con respecto al agua dijo que los problemas mayores
estaban al sur de
Villa √Āngela, hacia Santa Sylvina donde no hab√≠a agua de
red y la gente tomaba
agua de pozo contaminada con agrotóxicos. Y continuó:
-“Mi padre mantenía cien familias trabajando
en el campo, pero cuando terminaba la cosecha le hacían
juicios y quebró. Ahora
se dedican a cobrar el plan y gastarlo en motos y celulares.
Antes decían que
durante la inundación el agua les llegaba a la cintura, y
ahora dicen que les
llega al celular. Lo que pasa es que los salarios son tan
bajos que conviene
cobrar los planes y quedarse en casa. La gente viene al
hospital a que el médico
le haga un certificado de discapacidad, y si no se lo hace,
se enoja y arma
esc√¡ndalo.‚ÄĚ
Y allí se sumó otro
administrativo anónimo quien con mucha bronca sentenció:
-‚ÄúAc√¡ los salarios son miserables. Los
médicos cobran dos mil pesos y muchos se fueron al sur
donde cobran quince mil.
En verano, con 45¬įC a la sombra se llenan las camas por
deshidratación de
grandes y chicos. La gente y los abogados viven de juicios a
los médicos. Se
muere alguien y hacen juicio. Cobran fortunas y al poco
tiempo no tienen m√¡s
nada. El otro día murió un chico y vinieron, rompieron
vidrios y agredieron a
dos pediatras. Después de un juicio ya no se es el mismo,
no importa tanto la
plata, sino cómo lo denigran y su postura con la sociedad.
Los medios se hacen
eco porque así venden. Pasó lo mismo con algunos casos de
abusos que no son
tales, y a los hijos les ense√Īan a mentir. Todos tienen
miedo, los médicos y los
maestros. Viven de eso. Se perdió la cultura del trabajo.
Les dan yuyos, les
preparan jarabes a los chicos y cuando ya no hay nada que
hacer, los traen al
hospital. Después lo culpan al médico y cobran el juicio.
No les dan de comer a
los hijos, gastan los planes en celulares de √ļltima
generación, pero el gobierno
junta votos.‚ÄĚ
Ya se terminaban la
semana, mi
tiempo y mi dinero para continuar con el periplo, ya que
llevaba gastados m√¡s de
ochocientos pesos de mi bolsillo, así que esa misma tarde
tomé el micro que me
llevaría de regreso a Buenos
Aires.
 
 

Campos inundados en
Santa
Sylvina, al sur de la provincia del
Chaco
 
 

Puesta de sol en el
norte de
la provincia de Santa Fe
 
 
Después de trece
horas llegué a la terminal de Retiro. Estaba cansada
y con una laringitis que me duró varios días, pero muy
satisfecha con la
información recabada, y dispuesta a analizar toda la
información recabada y,
adem√¡s de redactar mi tesis, divulgarla tanto como
pudiera.
 
 
Ana María
Liberali

 
 
 
 









Deep Sky Colors

Imagenes de nuestro planeta y del Universo desde los ojos de
un fot√≥grafo espa√Īol


www.facebook.com/DeepSkyColors


¬¿Quieres¬†ver¬†tu¬†publicidad¬†aqu√≠?












DeepSkyColors en
Facebook!

Imagenes de nuestro planeta y del Universo
desde los ojos de un fot√≥grafo espa√Īol
Visita la p√¡gina en
Facebook y dale a ME GUSTA!



---------------------------------------------------------------------
Tu dirección de suscripción a este boletín es
humboldt-alta@eListas.net.
Para darte de baja, envía un mensaje a
humboldt-baja@eListas.net
Para obtener ayuda, visita
http://www.eListas.net/lista/humboldt












Deep Sky Colors

Imagenes de nuestro planeta y del Universo desde los ojos de
un fot√≥grafo espa√Īol


www.facebook.com/DeepSkyColors


¬¿Quieres¬†ver¬†tu¬†publicidad¬†aqu√≠?












DeepSkyColors en
Facebook!

Imagenes de nuestro planeta y del Universo
desde los ojos de un fot√≥grafo espa√Īol
Visita la p√¡gina en
Facebook y dale a ME GUSTA!



---------------------------------------------------------------------
Tu dirección de suscripción a este boletín es
humboldt-alta@eListas.net.
Para darte de baja, envía un mensaje a
humboldt-baja@eListas.net
Para obtener ayuda, visita
http://www.eListas.net/lista/humboldt





DeepSkyColors en Facebook!
Imagenes de nuestro planeta y del Universo desde los ojos de un fotógrafo español Visita la página en Facebook y dale a ME GUSTA!