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Asunto:NoticiasdelCeHu 314/14 - Ucrania / Rusia: "Estamos asistiendo a un resur gimiento alarmante de la antigua geopolítica" / Rumbo al XVI EnHu (125)
Fecha:Domingo, 11 de Mayo, 2014  11:59:56 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 314/14

www.centrohumboldt95.blogspot.com.ar


Rumbo al XVI EnHu (125)

América Latina como geografía

Bariloche, 6 al 10 de octubre


El "regreso" de la geografía...A pesar de los ''culturalistas''

Entrevista a Madina Tlostanova

Ucrania / Rusia: "Estamos asistiendo a un resurgimiento alarmante de la antigua geopolítica"

http://www.criticatac.ro/lefteast/alarming-revival-of-old-fashioned-geopolitics/

Sin Permiso, 4/5/14

Madina Tlostanova es profesora titular en el Departamento de Filosofía de la Academia Presidencial Rusa de Economía Nacional y Administración Pública. Su libro Gender Epistemologies and Eurasian Borderlands (2010) es considerado de forma general como una contribución importante a los estudios feministas y la teoría postcolonial. También es co-autora con Walter Mignolo, de Aprender a Desaprender : reflexiones postcoloniales sobre Eurasia y las Américas (2012). La entrevista Jennifer Suchland, profesora de la Universidad Estatal de Ohio en relación con la actual situación en Ucrania y el enfrentamiento geopolítico entre Occidente y Rusia.

JS : Leí hace poco que en el período post-soviético los debates culturales sobre la identidad nacional rusa se centran y se basan en metáforas espaciales del territorio y la geografía, en oposición a las metáforas temporales utilizadas durante la Unión Soviética. Teniendo en cuenta su trabajo sobre zonas fronterizas de Eurasia y el concepto de frontera ¿qué piensa  del enfoque actual sobre las metáforas espaciales (centro / periferia ; “territorio central” o “límite”) en la definición de la identidad nacional rusa?

MT: La idea de la sustitución post-soviética de la historia por la geografía está ganando popularidad y se argumenta por ejemplo, bastante persuasivamente, en un perspicaz libro escrito recientemente por una estudiosa norteamericana, Edith Clothes, Rusia en el límite. Pero creo que para entender a fondo este problema tenemos que ir realmente más allá de la retórica y de la historia soviética. La modernidad como tal, no importa si soviética u occidental, ignora o elimina, por definición, la dimensión espacial ya que el ser pasa a ser entendido sobre todo a través del tiempo y no del espacio. La modernidad soviética fue, después de todo, tan sólo una rama de la modernidad (occidental ) con una ideología política distinta (aunque, de nuevo , el socialismo y el comunismo no se originaron ni en Moscú ni en China) pero con características fundamentales bastante similares, típicas de la modernidad como tal: el progresismo, el desarrollismo y  la retórica de la salvación, la fijación en la novedad, inclinaciones orientalistas y eurocéntricas y, lo más importante, la dicotomía en sí misma de la modernidad y la tradición y la colonización del espacio por el tiempo, el predominio de metáforas temporales, vectoriales y teológicas e imágenes que ayudaron a la formación de las identidades populares e imbuyeron  sus vida de cierto significado, por problemático que fuera.

Hoy nos encontramos en un limbo, puesto que ya no hay ni teleología ni ningún otro punto de llegada. Yo creo que la gente ya no está dispuesta a sufrir en este mundo y durante su vida en aras a una felicidad utópica y abstracta de las generaciones futuras o incluso de algún otro gozo mundano. Este recurso de esperar un futuro maravilloso en las actuales condiciones de privación y humillación está real y verdaderamente exhausto. La historia no terminó, después de todo, pero nos dejó de lado. La inmensidad del espacio que casi siempre prevaleció sobre el tiempo en la historia de Rusia, a excepción de algunos precipitados y movilizadores esfuerzos para forzar un salto en la historia, la preeminencia de la rusticidad eurasiática, nunca adecuadamente educada o domesticada, aparece de nuevo. La Rusia postsoviética se encuentra fuera de la modernidad, fuera del tiempo, en sus versiones occidentales o soviéticas, y llega a un punto muerto. La modernidad post-Ilustración canceló simbólicamente el espacio a favor del tiempo, pero su lado más oculto – la colonialidad – siempre ha acentuado el espacio en la dinámica de sus complejas y contradictorias relaciones con la modernidad. Hoy, acabada la modernidad soviética, su pasado menos comprometido se encuentra encasillado, junto con su propio lado colonial, en el ámbito de la colonialidad global, que por supuesto destaca el espacio una vez más. En este caso el espacio es una forma de conquistar el tiempo, o por lo menos, domesticarlo. El espacio es una forma de manejar la historia, una historia espacial, una manera de fabricar mitos históricos.

El imperio ex-soviético , o más bien su restos y desechos necesitan un impulso importante para revivir, una misión imperial geopolítica que es bastante difícil de (re)inventar para un país exangüe, exhausto y saqueado. ¿Quién sería capaz de regocijarse de la expansión de los territorios –económicamente no rentable y moralmente dudosa, y otros símbolos de poder igualmente arcaicos? Aquellos que se sienten resentidos y sueñan con una venganza histórica: los oídos ideales para la actual propaganda revanchista rusa agitada por  políticos cínicos e irresponsables .

Lo post- soviético se ha entendido durante mucho tiempo en Occidente como tiempo y no como espacio, no como personas que viven en este vasto territorio. La gran narrativa socialista ha terminado y dejamos de ser interesantes para el mundo. A pesar de toda nuestra diversidad hemos sido clasificados ya sea a través de un modelo progresista de recuperación, reciclado y transitorio (Europa del Este, Estados Bálticos, Ucrania occidental, etc.) o expulsados de la modernidad y por lo tanto fuera del tiempo una vez más, como fundamentalmente irreformables (en gran parte la propia Rusia pero también Asia Central y varias regiones del Cáucaso, en función de los contextos y configuraciones políticas concretas). En el actual retorno a la geografía, diversas  razones internas y externas, históricas y contemporáneas se fusionan y se cruzan. Por un lado, el regreso del espacio es una tendencia posmoderna general en el oeste y también en los países post-coloniales y en el llamado grupo desoccidentializado. Nos encontramos con una venganza del espacio en las ruinas de la modernidad fallida. Sin embargo , no hay espacio sin tiempo. Y en el giro global de los juegos geopolíticos del siglo los modelos del mundo espacial y temporal inevitablemente se han cruzado  y a menudo han chocado. Eso no ocurrió solamente en el segundo mundo derrotado. Al fin y al cabo todas las famosas metáforas políticas del Siglo Americano y la Pax Americana ilustran la misma tensión entre las diferentes formas de expansionismo.

Por otro lado, el sentido del lugar parece ser más agudo allí donde hay o bien un síndrome de post-dependencia en un sentido más amplio, o un síndrome de una victoria en la derrota como una compensación psicológica. Hay muchos ejemplos, desde poblaciones locales post-totalitarismo, post-apartheid y post-dictadura, vulneradas por la historia, hasta mi favorita  América del Sur, con su famoso sentido del lugar, “relojes sin manecillas “ y sus dolorosas búsquedas de justificaciones espirituales y éticas de las “batallas perdidas”. Por último, la trayectoria histórica específica de evolución espacial de Rusia y una sacralización de la extensión espacial en la historia de Rusia, que a menudo tomó una forma cristiano ortodoxa, a veces muy agresiva (aunque a menudo económicamente inviable) y expansionista (la misión imperial que agrega y une a todos los cristianos ortodoxos), son también muy importantes. Esto último conduce a un modelo imperial problemático que mide la ética de Rusia predominantemente con criterios espaciales y cuantitativos, la Verdad y la Justicia absolutas según la interpretación del poder, que lleva automáticamente a la justificación de los santificados autoritarismo y sobornost (como una comunidad espiritual específica de Rusia) cuya parte oculta era la negligencia justificada de la vida humana, del individuo como tal, según el modelo simple en el que los territorios como expresión simbólica de superioridad son más importantes que las personas que viven en ellos (tanto rusos como colonizados) .

De hecho he estado trabajando con el concepto de frontera desde hace muchos años, sobre todo de frontera no en un sentido temporal predecible, sino espacial y existencial. No son muchos los intelectuales rusos dispuestos a definir la identidad rusa  a través del concepto de la frontera así entendida. Más bien nos encontramos con un resurgimiento alarmante de la antigua geopolítica, con sus nociones familiares de espacio vital y “heart-land” y  “rim-land”, y una vez más, un intento de trascender la realidad contemporánea oprimida de Rusia como un paradójico pobre Norte, a través de una misión sagrada imperial o una geografía santificada, como en el caso de los llamados neo-eurasianistas. El deseo revanchista del sujeto post-soviético es manipulado  en un mito más del futuro mesiánico.

JS: Gran parte de la discusión de la crisis de Crimea se ha centrado en un enfoque este / oeste de poder. En esa visión, el conflicto es entre Europa occidental y Rusia , o entre los ucranianos que quieren “estar con Occidente” frente a aquellos que quieren estar con Rusia. ¿Cree que hay una miopía en esta visión simplista del poder? Por ejemplo, hay una larga historia de la dinámica de poder norte / sur en la historia de Rusia, lo mismo que con la expansión del imperio en el Cáucaso. En esta dinámica de poder norte / sur, Rusia y Ucrania han gobernado ambas sobre las poblaciones indígenas, como los tártaros de Crimea. ¿Qué piensa Ud. De los supuestos sobre el poder que circulan en la comprensión y análisis de la crisis actual?

MT: Creo que para los ucranianos no se trata de una elección entre Rusia y Occidente, sino más bien de un intento de tomar el futuro en sus propias manos. De lo que se trata es de no ver esta división totalmente a través de una especie de dicotomía de guerra fría Este-Oeste. Tenemos que ser muy cuidadosos de no caer en la propaganda en blanco y negro que actualmente impregna los media globales de ambos lados. Mis colegas occidentales se quejan de los medios de comunicación occidentales que demonizan a Rusia y nosotros, aquí, estamos mareados y cansados de los media rusos que están volviendo a las formas más viles de la propaganda manipulando descaradamente complejos colectivos y arquetipos culturales. En mi opinión- reproduciendo un famoso refrán de Odessa – tanto Rusia como Occidente son peores; una frase gramaticalmente incorrecta pero bastante precisa: no hay nada que elegir, ambas posiciones son erróneas. Y lo importante para mí en este caso es, una vez más, el destino de los ucranianos. De hecho las personas, tanto en Ucrania como en Rusia se ven obligadas a hacer una elección simplista entre Occidente y Rusia, que se demonizan mutuamente en la mejor tradición de la guerra fría. Nos vemos obligados a vivir una vez más conforme al infame dicho: los que no están con nosotros están contra nosotros. Creo que la vida y el mundo son mucho más complejos que eso y que hay otras opciones para los ucranianos y rusos y una de ellas es una opción postcolonial fundamentada en la desvinculación de esta lógica en blanco y negro.

Históricamente Ucrania de hecho se ha dividido entre distintas influencias: el Este y el Oeste, el Norte y el Sur o en algunos casos, Europa central como una identidad definida vagamente. En el caso de Ucrania encontramos una intersección de intereses y  juegos de poder de no sólo los imperios capitalistas de primera clase de la modernidad, sino sobre todo de imperios de segunda clase no del todo occidental, no capitalista, no-occidental, no-cristiana, o cualquier otra combinación de imperios, tales como Austria-Hungría, Rusia, el Sultanado otomano. Así que el nacionalismo ucraniano del que muchas personas hoy en día tienen miedo, es de hecho más un producto de la lucha anticolonial que cualquier otra cosa. La llamada Ucrania occidental nunca ha sido parte del imperio ruso sino que ha tenido sus  vínculos culturales con Austria- Hungría, Polonia , Rumania, y su genealogía se remonta principalmente a Galicia – Volhynia, lo  que lleva a una rivalidad particular con Rusia. Todo esto tiene poco que ver con la Ucrania contemporánea, pero la memoria histórica y el orgullo son una vez más un material muy útil para los políticos, como todos vemos actualmente. Y el conflicto original en Ucrania no es realmente un conflicto entre Occidente y Rusia, sino un conflicto del pueblo ucraniano que está harto del poder corrupto y querrían finalmente hacer algo al respecto. No están decidiendo entre Rusia y Occidente. Quieren conquistar de nuevo su dignidad y su futuro, para liberarlo del injusto régimen oligárquico. Es cierto que rápidamente la protesta popular fue manipulada y (ab)usada por varias fuerzas políticas, incluyendo occidentales y rusas, locales y  globales, mientras que las vidas humanas siguieron siendo prescindibles para todas estas fuerzas. Cuando Occidente habla de la violación del derecho internacional no es especialmente convincente ya que sabemos que Occidente ha estado haciendo lo mismo durante mucho tiempo y esto es lo que Rusia utilizó inmediatamente como  falsa justificación. Pero el hecho de que alguien viole los derechos humanos o el derecho internacional y luego te pida que los observes, ya que es la ley, no justifica tu propia violación de los derechos humanos o del derecho, ¿verdad? Porque si no, volvemos a la guerra original de todos contra todos. Tenemos que encontrar una forma global de negociar nuestro futuro común en este planeta. Por lo tanto no justificaría la invasión debido a los dobles estándares occidentales. Es realmente una lógica inmadura taparte los oídos para fastidiar a tu mamá. Además de los argumentos de Rusia de defensa de los intereses de la población rusa, en Crimea hay de nuevo una manipulación destinada a ignorantes, a quienes no conocen la historia .

Crimea es actualmente una región predominantemente rusa (aunque el por qué es así es un hecho que a Rusia no le conviene recordar y en seguida volveremos a ello). Así que la amenaza a la población rusa de Crimea es en gran parte falsa e inventada para movilizar el consentimiento popular a la anexión. Sin embargo, emerge de nuevo una extraña doble lógica cuando se obliga a los rusos a ver y a indignarse por el fascismo en Ucrania (presumiblemente patrocinado por los EE.UU.) y permanecen  completamente ciegos al propio fascismo rampante de Rusia, que se intensifica como resultado de los acontecimientos de Ucrania, a la propia intolerancia y  xenofobia de Rusia, ahora prácticamente sancionada oficialmente por el Estado, las denuncias y limpiezas fácilmente restauradas, caza de brujas, la mentalidad de campo de concentración, etc. Los acontecimientos ucranianos han provocado que las divisiones internas rusas aparezcan como dos bandos irreconciliables, a veces la división aparece dentro de una familia, un grupo de amigos cercanos y colegas. El efecto de la inyección de euforia imperial está casi agotado, mientras que la cruda realidad del colapso de la economía, la carencia de lazos entre personas que no comparten nada excepto su lugar de nacimiento, la falta de fe en el futuro – continúan estando con nosotros .

Hablemos un poco, ahora, de los tártaros. La prensa rusa ha insistido en que Ucrania no tiene ningún derecho sobre Crimea, ya que la recibió en 1954 como un regalo de Nikita Khrushchev. Es cierto, pero la historia no empezó con eso. El Khanato tártaro aproximadamente desde el XIII hasta el siglo XVIII tenía vínculos políticos y culturales con el imperio mongol y más tarde se convirtió en una parte de la Pax Otomana y fue anexionada por Catalina de Rusia en 1783. Fue un acontecimiento simbólicamente importante para los inicios de la Rusia imperial, pero también fue el comienzo de la tragedia de los tártaros de Crimea. La mayoría de ellos emigraron al Imperio Otomano en el siglo XVIII, como sucederá un siglo más tarde con la población Cherkess, otra población indígena de la región del Cáucaso y el Mar Negro que a Rusia no le gusta que  se la recuerden (un ejemplo reciente es el de los Juegos Olímpicos de invierno). Después de que los bolcheviques dispusieran de la intelectualidad tártara de Crimea con su conceptualización de un futuro independiente e igualitario para Crimea – un futuro en el que se tendrían en cuenta los intereses de todos los grupos étnicos que vivieran allí (una especie de Suiza ntern), fue creada en 1921 la República Autónoma de Crimea dentro de la República Federal Rusa. En mayo de 1944 los tártaros de Crimea fueron deportados principalmente a Asia Central, oficialmente por colaboracionismo con los nazis y nunca fueron rehabilitados oficialmente ni  se les dejó volver a casa hasta el colapso de la Unión Soviética. Porque incluso bajo Gorbachyev a menudo se daban falsos pretextos a los tártaros para no permitirles volver a casa (como una tensa situación ecológica ), las autoridades se negaban a registrarlos en Crimea y a menudo pedían a la gente del lugar que compraran las casas a su nombre de modo que las familias tártaras pudieran volver extraoficialmente. Así que ¿quién llegó a Crimea para reemplazar a los tártaros indígenas deportados? Sobre todo los rusos – ya que tanto el imperio ruso como el soviético prefirieron la táctica del desalojo de la población indígena de sus tierras para luego inundar los territorios anexionados con colonos mayoritariamente rusos. Estos colonos no tenían ni idea de la especificidad de los modelos agrícolas de Crimea que los tártaros practicaban desde hacía siglos y Crimea se convirtió pronto en  un lugar reseco con viñedos destruidos, orquídeas medio muertas y sistemas de riego dañados. Fue entonces cuando Ucrania se quedó sin tártaros. El futuro de los tártaros de Crimea es incierto y una vez más nadie está realmente interesado en su destino: ni Rusia ni Ucrania ni Occidente. Son peones en el juego de otros. Pero, como otras naciones en la diáspora, tienen una larga y potente historia de solidaridad y lucha por la independencia, por sus derechos, por su futuro, por su cultura, que espero que continúe y se intensifique. Dudo mucho de que la mayoría de los tártaros votaran por unirse a Rusia en este infame referéndum o de que confiaran en Rusia, a pesar de que se les prometió que serían finalmente rehabilitados … a cambio de su voto, supongo.

JS : Yo vivo en los Estados Unidos y aquí gran parte de la cobertura mediática de Rusia no sólo es negativa, sino que presenta aspectos negativos de la política rusa como representativos de la mayoría del país. Hay poco o ningún conocimiento de los escritos críticos, aunque con matices, de autores como Ud. Misma o Viktor Pelevin, Liudmila Ulitskaya o Mikhail Ryklin. ¿Qué perspectivas o voces desearía que fueran más conocidas fuera de Rusia? Además, teniendo en cuenta su teorización de Rusia como un imperio subalterno, me pregunto ¿qué opiniones o perspectivas encuentra más valiosas para llevar el discurso más allá de la vieja fórmula este / oeste (poder autoritario frente a disidente) ?

MD: Esto es realmente horrible y tenemos una histeria muy similar aquí, ahora, en relación con los EE.UU., que me parece una locura. Recuerdo que cuando leí en un libro de historia que el sentimiento anti- alemán de la I Guerra Mundial en los EE.UU. llegó en algún momento al punto de matar a los perros salchicha en la calle, de boicotear los conciertos de Beethoven, no podía creerlo. Pero ahora somos testigos de una moda muy similar con más sabor consumista: el restaurante francés se niega a servir a los turistas rusos, las tiendas rusas anuncian con orgullo que están cerradas para el presidente Obama o los congresistas estadounidenses, Zhirinovsky sugiere prohibir todos los McDonalds en Rusia y el público ruso abandona en masa el teatro durante la actuación de una famosa compañía de danza norteamericana. Me formé como americanista y he pasado por varias oleadas de este tipo de demonización de los EE.UU. durante mi vida. Pero esto va realmente más allá de cualquier límite. Cuanto menos sabe la gente acerca de Estados Unidos y los estadounidenses más fácilmente están de acuerdo con esta demonización y homogeneización, asumiendo que todos los estadounidenses apoyan unánimemente las decisiones del gobierno, a pesar de que sabemos que hay mucha crítica interna en los EE.UU., lo cual es también engañoso. Por ejemplo, he leído recientemente una serie de opiniones honestas de historiadores y eslavistas norteamericanos, por no hablar de los izquierdistas , que critican la posición de EE.UU. en Ucrania y de alguna manera  defienden o justifican a Rusia. Psicológicamente lo entiendo, pero creo que los intelectuales públicos tienen que tener mucho cuidado en no cruzar la línea de la objetividad y convertirse en defensores de gobiernos y regímenes reaccionarios represivos aunque sea de forma  involuntaria. Podemos parafrasear el discurso del Nobel Albert Camus y decir que hoy un responsable intelectual “no puede ponerse, por definición, al servicio de los que hacen historia; debe estar al servicio de los que la padecen”. Una homogeneización similar tiene lugar en el caso de América – la mayoría de los estadounidenses no saben nada acerca de Rusia y de los rusos y no están particularmente interesados en aprender más, suponiendo que todos compartimos las opiniones de nuestro gobierno. Me encontré con esto muchas veces en los EE.UU. y en especial en las personas que sufrieron la influencia de la Guerra Fría. No importa lo que hicieras o dijeras eras vista como un espía o un agente de la KGB. Como con cualquier estereotipo, la mejor receta es aprender más, nutrir el interés genuino, para tratar de comprender la diversidad y la multiplicidad de voces y opiniones. Obviamente esto es más propio de los estratos educados, los jóvenes, tanto en Rusia como en los EE.UU.. Estos puntos de vista unánimes y sondeos de opinión fabricados a toda prisa, que la sociología oficial rusa produce hoy en día es realmente difícil de creer y no representa a Rusia en su conjunto. Porque hay cada vez más gente, grupos y estratos sociales que no están contentos con el reciente auge de histeria imperial en relación con la guerra de Crimea. Se trata de grupos muy diferentes y políticamente diversos – desde anarquistas a neo-marxistas, desde liberales a patriotas nacionales (que no todos están a favor de la anexión). Entre los críticos más activos de los últimos acontecimientos encontramos a estudiantes (muchos de mis estudiantes participan en las reuniones, marchas y manifestaciones en contra de la anexión de Crimea y después pasan las noches en las comisarías de policía), la intelectualidad restante y en particular los profesores universitarios, académicos y sin duda la pequeña y débil clase media rusa. Numéricamente puede ser todavía una minoría (aunque no lo sabemos ni tenemos modo de saberlo), pero en este caso, una minoría muy importante.

Varios nombres que usted citó en relación con las posiciones rusas alternativas pertenecen a escritores, filósofos, ensayistas: todos llegaron a ser conocidos en los EE.UU. debido a que sus puntos de vista fueron traducidos e interpretados por los estudiosos americanos. Es todavía muy difícil para un intelectual ruso llegar a la audiencia estadounidense. No es un problema lingüístico, es un problema de colonialismo del saber, de quién tiene el derecho de producir conocimiento y quién sirve simplemente como material, como fuente, pero se le considera incapaz de teorizar. Esta situación está cambiando poco a poco en el mundo actual y parte de la razón se encuentra en el ámbito tecnológico: tenemos nternet, que reacciona  a las situaciones cambiantes más rápidamente y de una manera más flexible que, por ejemplo, los medios de comunicación impresos u otros formatos anteriores. Así que yo diría que es sobre todo en Internet donde todavía se encuentran sitios, plataformas, recursos, con opiniones y posiciones alternativas. No es de extrañar que la Duma rusa se apresure a fabricar nuevas leyes que faciliten la censura, el cierre de los sitios, la prohibición de los diversos medios de comunicación que se caracterizan por posiciones más matizadas y críticas. Se trata de sitios como Colta.ru , ciertamente Novaya Gazeta ( Nuevo Diario ), donde Ulitskaya, a quien usted ha mencionado, fue entrevistado recientemente acerca de la guerra de Crimea e hizo su exposición honesta y valiente, como siempre. De entre las opiniones de científicos políticos independientes que me han gustado recientemente, precisamente porque no toman partido y tratan de ofrecer algunas recetas constructivas de lo que debe hacerse a nivel mundial respecto al (des)orden del mundo emergente, me gustaría mencionar el comentario de Artemy Magun sobre Rusia y Ucrania en Telos. Teoría crítica de lo contemporáneo. (http://www.telospress.com/commentary-on-russia-and-ukraine/). Hay un montón de acontecimientos y posiciones interesantes más allá de la antigua división entre Oriente y Occidente, en el ámbito del arte contemporáneo, del que me he ocupado recientemente muy de cerca. Por ejemplo, hay un fascinante festival vagamente anarquista (pero que acoge también otras posiciones, como el feminismo, partisanas, antifascistas, LGBT, postcoloniales, etc.) el Media Udar (Media Impact), que es una intersección de proyectos de arte contemporáneo y tácticas, activismo político y  teorización (http://english.mediaudar.net/ ).

JS : Una cosa que ha quedado eclipsada por las actuales tensiones en Crimea es la aparición y el crecimiento de una “ nueva izquierda “ en la antigua región de socialismo de Estado. ¿Cuáles son sus opiniones e ideas acerca de los diversos ejemplos de nuevo activismo de izquierda en toda la región, de Bulgaria y Rumania a Bosnia y Croacia ¿ ¿Ve esto como un fenómeno en Rusia?

MT: El crecimiento de la nueva izquierda en la antigua región socialista es de hecho un fenómeno interesante e importante que creo que merece una conversación aparte. Realmente yo no soy la persona adecuada para hablar de ello puesto que estoy más familiarizada con sus manifestaciones de arte contemporáneo, activistas de género y movimientos feministas. En el este y el sudeste de Europa esta sensibilidad y el interés por los  discursos neo-marxistas, anarquistas y varios discursos transversales está vinculado, entre otras cosas, con la desilusión con el neoliberalismo y la decepción en el Oeste. A los llamados nuevos europeos se les pone sistemáticamente en su lugar y la fortaleza Europa les impide convertirse en los verdaderos europeos sin prefijos, mientras que el retroceso de las políticas del Estado del bienestar y la dirección hacia los programas neoliberales desenfrenados en sus propios países no dejan en realidad a los europeos del Este muchas opciones para elegir. Sin embargo, el tipo de discursos y prácticas de izquierda que encontramos en su caso está a menudo muy lejos de la izquierda clásica  ya que incorpora otras teorías y experiencias, es mucho más matizado, encontramos en estas posiciones las alusiones a la teoría postcolonial, los discursos eco- feministas, eco-anarquistas y transexuales. En otras palabras, van más allá de los problemáticos y estrechos espacios anteriores del marxismo, como su ceguera respecto a la raza y el género. Esta nueva izquierda reformada en el mundo post-socialista es por lo general muy crítica con las experiencias del socialismo real (del que no sienten nostalgia), pero al mismo tiempo está libre de la fascinación ignorante e irracional respecto al Occidente que muchos disidentes soviéticos expresaron anteriormente, precisamente porque sabían muy poco de Occidente.

Es crucial separar estas tendencias de los ideólogos soviéticos nostálgicos (todavía tenemos algunos de ellos en Rusia) y los restantes viejos conservadores pro-occidentales, post- soviéticos, pasados de moda, para los cuales cualquier forma de asociación con el marxismo o el socialismo es un tabú. Es realmente curioso que las ideologías académicas legitimadas oficialmente en Rusia no coincidan con el resto del mundo a este respecto. Recientemente hablé con una “luminaria”, un indólogo ruso que se quedó perplejo al conocer la existencia de algunos estudios postcoloniales sospechosos y cuando se vio obligado por los colegas europeos a escribir un artículo sobre el tema, se enteró, a través de una fuente secundaria, de que Edward Said era marxista. Ello fue suficiente para que la luminaria estigmatizara a Said como un mal académico, sin siquiera intentar leerlo o entenderlo. Esto es lo que se asociaría con el viejo posicionamiento disidente. Es anticuado, por supuesto, pero estas personas son todavía las que a menudo determinan el clima académico en Rusia. Al mismo tiempo, existe en este país una vida paralela de académicos más jóvenes de izquierda, activistas y artistas que se basan en la tradición occidental neo-marxista más bien que en la rusa. La mayoría publican en sus revistas, recursos de Internet , viajes, estudio y trabajo en el extranjero y carecen de las tendencias aislacionistas soviéticas anteriores. Un buen ejemplo es la famosa Revista de Arte de Moscú de Víctor Misiano con su muy específico círculo de  autores con una postura claramente izquierdista, muchos de los cuales viven en el extranjero o son más conocidos allí como casos representativos del arte contemporáneo ruso de izquierda, como por ejemplo el grupo Chto Delat. He  enseñado desde hace veinte años en diferentes Universidades de Moscú y tengo la sensación de que ahora los estudiantes se están volviendo cada vez más hacia los discursos de izquierda, lo que es un fenómeno relativamente nuevo para Rusia. Antes eran por lo general los estratos lumpen de los jóvenes los que eran pro-marxistas, mientras que los estudiantes eran pro-occidentales y orientados hacia el consumo. Hoy los jóvenes intelectuales con pensamiento crítico se vuelven hacia la nueva izquierda, hacia los diversos discursos altermundistas en búsqueda de modelos alternativos de futuro.


Madina Tlostanova
es una académica de fama internacional cuya obra examina críticamente las cuestiones de la epistemología, la historia, la geografía, el poder y la identidad. Actualmente es profesora titular en el Departamento de Filosofía de la Academia Presidencial Rusa de Economía Nacional y Administración Pública. Su libro Gender Epistemologies and Eurasian Borderlands (2010) es considerado de forma general como una contribución importante a los estudios feministas y la teoría postcolonial. También es co-autora con Walter Mignolo, de Aprender a Desaprender: reflexiones postcoloniales sobre Eurasia y las Américas (2012) . Actualmente está trabajando  en un libro titulado provisionalmente Desvinculación del Imaginario: Post-Soviet/Post-Dependencia/Post-Colonial Intersección en las Artes Contemporáneas.





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