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Asunto:NoticiasdelCeHu 287/14 - VIAJANDO: A Tandil por el Seminario de Calidad de Vida Urbana
Fecha:Martes, 22 de Abril, 2014  03:49:38 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 287/14
 

 

A Tandil por el Seminario Latinoamericano de Calidad de Vida Urbana

 

Entre los días ocho y once de setiembre del 98, se realizó en la ciudad argentina de Tandil el IV Seminario Latinoamericano de Calidad de Vida Urbana, organizado por el Centro de Investigaciones Geográficas de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Y si bien hubo representantes de varios países de América del Sur, la gran estrella fue Milton Santos, quien diera la conferencia de apertura.

Todos pensaron que luego de su disertación se retiraría, pero muy por el contrario, permaneció escuchando gran parte de las ponencias, a las que hizo diferentes críticas. A algunos participantes los felicitó por el nivel de la exposición, en otros destacó el esfuerzo por la investigación realizada, y en algunos casos consideró que la escala utilizada no correspondía a un seminario de carácter latinoamericano sino sólo de nivel municipal, por tratarse de cuestiones extremadamente puntuales absolutamente descontextualizadas. Al respecto, se dirigió a una ponente diciéndole de manera irónica: -“Usted sabrá mucho sobre el patio de la casa de su tía, pero ninguno de nosotros estamos en condiciones de evaluar esa realidad. Los trabajos a presentar deben abarcar espacios mayores que nos permitan entender a América Latina”. A pesar de que a varios les cayera mal tanta sinceridad, y que generara temores entre quienes debían continuar con las exposiciones, todos consideraron de gran valor las críticas, mucho más sobre aquellos trabajos en que él era exageradamente citado.

 

Con Milton Santos, Isabel Riviere, María Rosa Lecarotz y Patricia Lucero

 

 

Durante el almuerzo conversamos sobre muchas cosas, entre ellas algunas familiares: -“Mi nieto dice que soy un estúpido porque no opero con la computadora como lo hace él”, dijo riendo y con orgullo; y luego continuó explicando cómo organizaba a sus tesistas de doctorado en la Universidad de San Pablo. Y ya en la sobremesa le pedí una entrevista, a lo que me respondió que me esperaba en el lobby del hotel esa misma tarde mientras los demás harían una salida de campo a las sierras.

-“Les dije que estaba cansado, pero en realidad no quería que se dieran cuenta de que no entiendo nada del área física. Yo soy abogado y durante mi doctorado en Geografía en Francia, sólo me especialicé en temas sociales”, afirmó con su sonrisa característica.

Si bien inicialmente le hice algunas preguntas disparadoras, al verlo con mucho entusiasmo, prendí el grabador y dejé que se explayara a gusto. Y al regresar a Buenos Aires, con el material obtenido armé la siguiente nota, que fue publicada en el Boletín nro. 4 del Centro de Estudios Alexander von Humboldt, en marzo de 1999, bajo el título Una oportunidad histórica…”:

Sobre la Globalización

La globalización es un momento en la historia en que el mundo se encuentra realmente mundo. Siempre hubo un planeta, siempre hubo sociedades humanas, pero en este momento actual hay una universalización de la sociedad humana. El mundo se ha vuelto mundo por varias razones. Una razón es el hecho de que la inteligencia humana ha podido crear un conjunto de técnicas que son hegemónicas respecto de la información (una familia de técnicas), que tiene una dimensión planetaria, una presencia directa e indirecta en todos los lugares, que ha permitido primero, crear empresas globales; segundo, que haya una información con vocación planetaria y tercero, que el mundo de negocios, en su más amplia expresión, sea también planetario, global. Entonces, todo lo que acontece en cualquier lugar tiene relación con ese mundo, es decir que el mundo está presente en todos los lugares como mundo pero también como lugar, es decir que los lugares no pierden completamente sus características y el mundo se instala en todas partes. La diferenciación entre lugares aumenta, pero cada lugar aumenta su individualidad, aunque funcionando dentro de un sistema único, el sistema del mundo. Es decir que Europa, Estados Unidos, África, América Latina, Asia, todos son mundo, penetrados por esos nuevos hechos que tienen que ver con la técnica, la producción, la información y el dinero, todos globales. Así, América Latina, África, Asia, América del Norte, Europa, por consiguiente, se mundializan.

De Actores y Visiones

Sin embargo, la manera de ver los países depende de la herencia; esos países son lo que son y aparecen en función de las maneras de verse que aprendieron. Y yo pienso que ese es un gran problema para América Latina.

Primero, porque en América Latina, nosotros los letrados, los hombres primero aprendemos a ver el mundo a partir de Europa; entonces nuestra visión del mundo es europea, es una visión ya particularizada. Segundo, porque hay una creencia que como Europa descubre que no es mundo pero que ella se convierte en descubridora de América, esto es una fuente de ambigüedad que cargamos en nuestra interpretación del mundo y en nuestra interpretación de nosotros mismos. Si admitimos que existimos también en función de la manera en cómo nos interpretamos, eso tiene un peso muy grande. Ese peso es más fuerte curiosamente entre los letrados que entre los demás, y dentro de los letrados es más fuerte entre los intelectuales académicos. Yo creo que la visión que hacemos nosotros, intelectuales y académicos, de América Latina es empobrecida por eso, eso crea la dificultad que tenemos en saber quiénes somos, y nuestros discursos sobre cada uno de nuestros países de América Latina, por lo tanto, es empobrecido. La globalización acaba de mostrarnos que el mundo es más que Europa y sobre todo más que Estados Unidos. Eso se demuestra todavía más cuando los países, los continentes, nuestras culturas, nuestras religiones, nuestras lenguas deciden insistentemente existir, y fenómenos como la bomba atómica de Pakistán, el cohete de Corea, el desarrollo de las religiones musulmanas en Europa, Estados Unidos y América Latina también son fenómenos de la globalización que contrarían las tendencias antiguas.

Las universidades son todavía tributarias de la forma simplificada de ver el mundo, pero la esperanza que tenemos hoy a nuestro alrededor nos permite traspasar esta dificultad que es secular y construir otra epistemología, primero del mundo y después de América Latina.

Eso marca un momento necesario de revisión de la ciencia, puesto que las ideas para ser eficaces deben apropiarse de la realidad.

Las Herencias de la Dependencia

Le voy a dar un ejemplo. Mi generación, que estudió en Europa, quedaba encantada con el enriquecimiento político, paralelo al enriquecimiento material de las clases medias; casi no había pobres en Europa. Y la clase media tenía un papel dinámico políticamente, no diría revolucionario, pero sí dinámico. Con frecuencia traemos estas ideas para nuestros países. Imaginamos a la clase media dinámica y progresista, y es todo al revés. Esto es un ejemplo de cómo la epistemología heredada no funciona. Entonces, me parece que América Latina se casa con una forma de ver el mundo y a sí misma que carece de verdades. Por suerte América Latina tiene pobres que no nos leen, entonces no tenemos la fuerza de corromperlos. Los pobres creen en sus propias visiones, que no son articuladas, porque la articulación es privilegio de los que tiene poder. Nosotros somos articuladores y usamos el poder de la articulación para acreditar verdades por la mitad (medias verdades). El desafío para nosotros, como entonces, es buscar otras verdades en nuestra propia raíz. Porque América Latina ha desarrollado la historia europea de América Latina, que mucha gente confunde con la historia de América Latina. Son dos cosas diferentes. La idea de la modernidad, de la copia de los modelos europeos que fueron copiados por unos pocos, en su mayoría parcialmente copiados. La idea de ciudadanía, por ejemplo, ¿adónde existe? En América Latina somos todos ciudadanos por la mitad o realmente no somos ciudadanos. Las leyes, las costumbres hegemónicas no permiten que seamos ciudadanos. Los pobres, los negros y los indios en toda América Latina entonces, convivimos con una serie de falsedades que los intelectuales tienden a perpetuar con sus artículos y sus libros, sus aulas, sus congresos, retratando a un pueblo que no es el pueblo, que es una fracción del pueblo.

América Latina en perspectiva

La globalización, por más paradójico que parezca, recrea el pueblo. Es lo que permite verlo como una entidad, que tiene vida en función de territorio. Una entidad que tiene vida en función del territorio, del espacio geográfico, de los lugares.

Con la globalización las clases pudientes existen independientemente del lugar, porque aparte tienen relación epidérmica con los lugares; pero las camadas pobres tienen relaciones profundas, sanguíneas, carnales, con el territorio. Entonces la Geografía termina siendo una asignatura pendiente a fin de siglo, porque ahora puede mediante la ayuda de la fenomenología de la globalización de nuestros países, apuntar para interpretar la realidad de otra manera. Es evidente que vamos a continuar mirando hacia Europa y ahora también hacia Estados Unidos. A leer los autores europeos y los autores norteamericanos y, eventualmente, a seguirlos. Eso va a participar de la historia de la vida académica que tiene una cierta autonomía con la vida social. Pero cuando queramos participar de la vida social, deberemos buscar otra cosa. Ese tipo de contradicción es más fuerte en América Latina que en los otros continentes dependientes, porque África ni mucho menos Asia se han dejado penetrar tan largamente, tan extensa y profundamente por Europa. Ha habido resistencias en Asia, de la cultura, del idioma, de la religión y de las formas de organización milenarias. En África, también hubo resistencias; en parte por el arraigo territorial de las culturas y el nivel de la economía, que no se adaptaba a una conquista más profundizada. América Latina, en cambio, siempre fue un continente abierto. Eso tiene beneficios pero también perjuicios, porque afecta todo. Nosotros esperamos cinco siglos para resistir, a partir de los que parecen débiles en virtud del modelo que hemos escogido durante cinco siglos: los pobres, los que viven en comunión estrecha con el territorio. Mientras que para los funcionarios de las grandes empresas (que son los funcionarios de los gobiernos), el territorio es un recurso, para la gran mayoría de la población el territorio es su única fuente de vida. En ciudades como Caracas, Lima, San Pablo o Buenos Aires, la gente con menos fortuna tiene relaciones que son estrictamente locales y no tiene relaciones internacionales, globales. La gente que trabaja en la bolsa, en las universidades internacionalizadas son excepciones y marchan separadas de la población.

Esta es mi visión de América Latina mirando al presente como una forma negativa, pero que mirando al futuro es positiva. Porque la mayor parte de la población no va a alcanzar los beneficios de la globalización ya que las diferencias, las desigualdades están aumentando y aumentarán más. La tendencia que trae consigo la globalización es la ruptura de toda forma de solidaridad. Los que pueden vivir sin ser solidarios son las clases medias, nosotros; cada vez que nos duele la barriga lo solucionamos yendo a un banco que nos presta plata impersonalmente. Los pobres, no; se ayudan personalmente, emocionalmente. Nuestras relaciones son muy pobres, son relaciones de interés, de circunstancia, imaginadas a base de cálculos. Lo aceptamos por la educación que tenemos. La suerte es que la gente pobre no tiene educación. Los letrados estamos condenados a ver poco.

Redescubriendo el territorio

Pero por suerte, hoy algunos intelectuales han comenzado a ver el mundo de otra manera, a ver un poco más. Y creo que no es por azar que esos intelectuales estén en la Geografía. Un gran economista se preocupa por las curvas que interesan a actores sesgados, seleccionados. Los cientistas políticos también seleccionan actores. Los geógrafos, en cambio, no pueden seleccionar, tienen que trabajar con todas las empresas, todas las instituciones, todos los hombres. Porque en el espacio, las comunidades funcionan con la presencia de todos; no importa que unos manden y otros obedezcan, que unos se encuentren en un rol superior y otros en uno inferior. Tienen que estar todos juntos, en un plano territorial. Esto crea la posibilidad de un debate, de una discusión que a veces no se expresa de manera explícita.

Yo pienso que por ahí que la Geografía se establece con bases nuevas y podría tener una influencia mayor que otras disciplinas. Por ejemplo, no entiendo ciencias políticas sin territorio. ¿Cómo comprender un sistema de gobierno fuera del territorio?

La necesidad de cambiar

El gran descubrimiento de la globalización es la vuelta a la noción de territorio que el hombre tenía en la primera fase de la historia, y que aparentemente la globalización elimina, pero la realidad es que la restaura con más fuerza. Yo pienso, entonces, que la Geografía vive su Edad de Oro, que nunca en su historia la Geografía tuvo una época tan favorable, pero tal vez por eso mismo nunca estuvo tan amenazada.

El mundo nunca fue conocido. Colón, Vasco de Gama, Magallanes, han descubierto puntos litorales, fragmentos. Hoy, en cambio, con las técnicas, los satélites ofrecen una nueva visión de los objetos. Por otro lado, como la información se ha vuelto posible de inmediato, podemos saber qué está adentro de esos objetos. Antes, lo que pasaba en Buenos Aires era sabido en Madrid 70 días, 30 días después en Bahía, 15 días después en Lima. Hoy en dos minutos lo que pasa en diferentes lugares. Tenemos las bases para construir el proceso del mundo.

La Geografía gana una posibilidad porque es diferente de todos los demás, pero los enfoques tienen que cambiar. El contenido de la enseñanza tiene que cambiar. El hecho de que los periódicos nos informen todos los días, reduce la necesidad de la descripción.

La Geografía tiene que ser una filosofía. Su base tiene que ser teórica, entendiendo que el mundo se ha visto, será de una manera particular en un punto dado, de otra manera en otro punto.

Así vemos, gracias a la globalización, que esos lugares influyen sobre los otros (la crisis asiática por ejemplo). Lo que interesa es la visión global dándose en Brasil. Es lo que interesa a la población de Brasil. La visión global en Rusia es lo que interesa a la población rusa. En cambio, esta crisis de la que ellos hablan les interesa a los banqueros y a los gobernantes, no a nosotros.

Entonces, decía, vemos, gracias a la globalización, que los lugares son interdependientes. Eso crea una nueva situación en la Geografía, pero que sólo es inteligible a partir de los grandes procesos globales, después, de los grandes procesos nacionales, y más adelante los procesos que se verifican en cada lugar. Pero, reitero, todos estos niveles son visibles únicamente por la vía de la teoría. Esta teoría debe estar fundada en la “historia del presente”, es decir las cosas en su existencia hasta ayer.

El problema es que la Geografía continúa trabajando como si el mundo no hubiera cambiado. Incluye la globalización en su discurso pero no en el contenido profundo, en su construcción intelectual.

Nunca la historia de la disciplina nos ha entregado condiciones tan buenas para producir una teoría geográfica. Vidal hizo lo que pudo en su mundo, que no lo ayudaba como éste lo hace con nosotros.

Contra los conformismos

Las universidades (globales) son parte integrante del gobierno global porque fabrican o generan las ideas con que interpretamos el mundo, y por eso es urgente tener intelectuales nuestros, porque de otra manera vamos a trabajar a partir de universidades globales que implican intereses definidos en la Geografía.

Al respecto, una buena parte de los colegas de la izquierda de la vieja geografía crítica continúa identificándose con ésta, pero no hace geografía crítica cuando hace trabajos (consciente o inconscientemente) en temas que interesan a las grandes empresas. Eso lo pueden hacer geógrafos pro-empresa, pro-gubernamentales, pero no nosotros. Evidentemente que algunos continúan siendo verdaderamente geógrafos críticos, David Harvey, Richard Peet, por ejemplo, pero la lista es muy pequeña. Los otros, aunque se consideren geógrafos críticos, en realidad ya no lo son más. Un buen ejemplo de esto es la escuela de California, donde tal vez un Edwuard Soja continúe siendo geógrafo crítico, pero el resto no. A pesar de que sigan yendo o asistiendo a los encuentros y reuniones, han abandonado la Geografía Crítica. Porque sus temas son los temas de los actores hegemónicos, no de los actores hegemonizados. Aun así reitero que sigue habiendo gente que se preocupa por los sectores de abajo, como Smith, Harvey y Peet.

El problema que nosotros tenemos es que la universidad nunca va a ser una universidad. La universidad no desea más ser universidad, quiere ocuparse del mercado, de puntos aislados, no quiere más ser pública, está interesada en privatismos, ella quiere resultados, es reproductivista. Todo eso nos arrastra a trabajar temas menores, que no son universales.

En geografía, además, con frecuencia somos arrastrados por conceptos, que en realidad apenas son metáforas. Estas metáforas, que provienen de conceptos de otras disciplinas, pasan a Geografía simplemente como eso, metáforas. Así nosotros trabajamos pobremente los flujos económicos, la cultura, porque utilizamos metáforas. Y habría que hacer conceptos. Hay que territorializar y no imitar a los sociólogos o a los filósofos. En un primer momento esto lo hacemos, pero cuando hay que profundizar no podemos, porque no estamos preparados para ello. Sí los sociólogos y los filósofos. ¿Entonces qué hacemos? Nada. O peor que nada; porque tampoco sabemos lo que hacemos.

Una oportunidad histórica

Tenemos una tarea ardua por delante, hay que hacer una construcción teórica coherente que incluya el mundo, el país y el lugar. Esta construcción teórica puede nacer tanto en Estados Unidos, Europa, Japón, como en India o aquí mismo.

Pero la situación me preocupa. Tengo miedo de que perdamos esta oportunidad histórica. La cuestión es cómo dar el salto, cómo operar dentro de nuestras casas. Porque las universidades son lugares donde, con mucha frecuencia, se crean los conformismos, se establecen los intereses entrelazados que acaban por reducir la velocidad del cambio.

 

 

Ana María Liberali