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Asunto:NoticiasdelCeHu 269/14 - VIAJANDO: Vacaciones terapéuticas en Mar del Pl ata
Fecha:Jueves, 17 de Abril, 2014  02:01:38 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 269/14
 

 

Vacaciones terapéuticas en Mar del Plata

 

En febrero del ’96 mi hijo Martín ya había cumplido sus cinco años y aún no pronunciaba palabra, sólo emitía sonidos guturales y señalaba con el dedo algunas cosas que quería, en especial ciertas comidas o bebidas. Además, cada vez se relacionaba menos no sólo con las personas extrañas sino también con los propios miembros de la familia, escribía las paredes, destrozaba juguetes, cuadernos y libros de sus hermanos, se levantaba a la madrugada y se iba a la terraza desnudo en pleno invierno, se escondía debajo de la cama o dentro del ropero, no controlaba esfínteres, y lo peor de todo era que no sabía decirnos si le dolía, ardía o picaba alguna parte de su cuerpo.

Hacía ya seis meses que yo había estado en Cuba y por consejo del pediatra, el Dr. Roberto Rubinetti, quien no estaba de acuerdo con las medicaciones y terapias llevadas a cabo por neurólogos, psiquiatras y psicólogos argentinos, había hecho una consulta en el CIREN (Centro Internacional de Rehabilitación Neurológica), donde me habían confirmado que el autismo era genético, que no tenía cura pero que podía mejorarse la calidad de vida a partir de tratamientos cognitivo-conductuales, tan vilipendiados en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Y además me habían puesto en contacto con APADEA (Asociación de Padres de Autistas), que se había fundado un año atrás en Buenos Aires, donde me brindarían todos los materiales necesarios para poder avanzar en el logro de que Martín pudiera comunicarse con el resto del mundo.

Desde entonces había intentado poner en práctica todo lo nuevo que me habían indicado, aunque significara cambiar radicalmente todos los tratamientos. Las técnicas conductuales, fundamentadas en los estudios del fisiólogo ruso Iván Pávlov, tenían como base el modelo estímulo-respuesta o aprendizaje por asociaciones. Por lo que yo debía forzar a Martín a aceptar abrazos, caricias, y a pedir alimentos o bebidas mediante el habla, a partir de ofrecerle paralelamente todo lo que más le agradara: dulce de leche, Coca-Cola y yogur. Sin embargo, y a pesar de que pareciera sencillo, mi hijo se resistía dándome cabezazos, codazos y gritando desaforadamente, lo que significaba no sólo la alteración de todos los demás habitantes de la casa, sino también la de los vecinos, por lo cual, ante semejante situación, lentamente fui dejando de lado lo que hubiera podido ser una verdadera solución.

Al llegar el verano, decidí relajarme de los avatares vividos durante el año, y pasar unas merecidas vacaciones en Mar del Plata, por lo que alquilamos un departamento en una zona tranquila no demasiado lejos de la costa. Pero si bien yo había llevado de paseo o de viaje a Martín en diferentes oportunidades, en cuanto pisó la arena, salió corriendo por la orilla del mar a una velocidad a la que sólo sus hermanos más chicos pudieron alcanzar. Y lo mismo ocurrió en una o dos ocasiones más en que intentamos que disfrutara del lugar. Así que, de ahí en más, Alicia (20), Fernanda (19), Enrique (14) y Joaquín (11) iban a la playa solos o con su padre, mientras yo permanecía encerrada en el departamento con Martín.

Sin embargo este hecho, que primeramente me generó un gran malestar, terminó siendo altamente positivo, ya que durante gran parte del día, como en casi todo el resto de la ciudad mientras la mayor parte de la gente iba a la playa, el edificio permanecía absolutamente vacío, por lo que si Martín gritaba durante mi intento por cumplir con las consignas, a nadie iba a molestar ni me iban a denunciar por supuestos malos tratos.

Fue realmente increíble. Al ver que yo no aflojaba por nada, Martín comenzó a aceptar abrazos y besos, luego a pedir mediante algunas vocales o palabras inconclusas las principales comidas, y ya al regresar a Buenos Aires, había disminuido sus conductas negativas. Yo terminé con varios machucones y dos dientes partidos, pero con una enorme satisfacción de que la terapia de su recuperación había comenzado a dar excelentes frutos.

 

 

Ana María Liberali

 

 





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