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Asunto:NoticiasdelCeHu 228/14 - VIAJANDO: De Athina a Barcelona
Fecha:Lunes, 31 de Marzo, 2014  02:26:54 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 228/14
 
 

De Athina a Barcelona

 

Era el domingo 19 de enero. No me sentía demasiado bien, pero ya habíamos comprado el pasaje para volar a Barcelona. No tenía sentido permanecer en Athina ya que habíamos visto todo lo más importante, y la ciudad como tal, no nos había atraído demasiado. Salvo las escasas áreas con arquitectura de gran valor histórico, las edificaciones no presentaban grandes atractivos. Es más, me había decepcionado bastante ya que existían más edificios con estilo griego clásico en Buenos Aires que en Athina. La entrada al Cementerio de la Recoleta y la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires contaban con columnas de orden dórico; la de Ciencias Económicas con columnas de orden jónico; la Catedral Metropolitana y el Palacio del Congreso de la Nación Argentina con columnas de orden corintio; por mencionar sólo algunos de los tantos que se podían hallar tanto en el resto de la ciudad como en otras de Argentina y del resto del mundo.

Pedimos un taxi desde el hotel Odeon para que nos llevara al Aeropuerto Internacional Eleftherios Venizelos, que se encontraba al este de la ciudad. Manejaba una mujer que nos cobró cuarenta y tres euros el viaje cuando el reloj marcaba treinta y dos, pero era imposible discutirlo porque supuestamente sólo hablaba en griego.

El aeropuerto estaba colmatado y el vuelo salió atrasado, decolando a las cuatro y media de la tarde.

 

 

 

 

 

Decolando del Aeropuerto Internacional Eleftherios Venizelos, al este de Athina

 

 

Habiendo pasado algunos cerros comenzamos a sobrevolar el mar Egeo pudiendo observar algunas penínsulas y archipiélagos, hasta que el cielo se cubrió de vistosas nubes al llegar al mar Adriático.

 

Accidentes geográficos sobre el mar Egeo

 

 

Vistosas nubes al llegar al mar Adriático

 

 

Íbamos en el vuelo 8101 de Vueling, la empresa de bajo costo de Iberia. Si bien la tarifa era considerablemente más baja que las aerolíneas principales, se debía pagar absolutamente todo por separado, fuera tanto el seguro como la elección de los asientos. A nosotros nos cobraron sólo cinco euros porque preferimos las últimas filas, pero quienes pretendían sentarse desde el ala hacia adelante, debieron oblar diez euros.

 

Volando sobre las aguas del Mediterráneo

 

 

También estaban a la venta la bebida y la comida. Pero como el trayecto era corto, sólo tomamos sendas gaseosas, que nos costaron cinco euros.

 

Disfrutando del vuelo al cruzar el mar Tirreno

 

 

A lo lejos podíamos ver otros aviones, cuya velocidad nos pareció sorprendente

 

 

El avión era muy nuevo y el mar estaba planchado por ausencia de viento, por lo que el viaje fue muy placentero.

 

Sin viento, el mar absolutamente planchado

 

 

Atardecer en el mar de las Baleares

 

 

Llegando a la península ibérica

 

 

Sobre la costa catalana, el mar de intenso color turquesa

 

 

Al sur de Barcelona

 

 

En pleno descenso hacia la ciudad de Barcelona

 

 

Y después de dos horas y cinco minutos de vuelo, aterrizamos en Barcelona a las 17,35 hora española (una menos que en Grecia).

 

Aterrizando en el Aeropuerto Internacional El Prat, al sur de Barcelona

 

 

El Aeropuerto Internacional de Barcelona parecía un shopping, pero tal cual como en el de Barajas en Madrid, la señalización era pésima. ¡No entendíamos absolutamente nada! Así que preguntando una y otra vez, llegamos al lugar donde partían los vehículos que llegaban hasta la plaza Catalunya.

Cuando nos bajamos había comenzado a llover, y como no habíamos encontrado la oficina de informes en el aeropuerto, no disponíamos del plano de la ciudad, por lo que nos dirigimos a unos policías que se encontraban en una esquina para que nos orientaran sobre la dirección de nuestro hotel. Pero al acercarnos, vimos que estaban asistiendo a una mujer y a una nena que estaban llorando desconsoladamente. Ellas habían volado junto con nosotros, y lo que les había ocurrido era que alguien que circulaba en rollers, les había sustraído el bolso donde llevaban todas sus pertenencias. Los policías les dijeron que se harían cargo de la situación, y luego nos atendieron a nosotros.

Ferran 21 quedaba aproximadamente por la mitad de La Rambla, sobre mano izquierda. Eran sólo nueve cuadras, pero bajo la lluvia y con mucho frío, se me hizo muy pesado caminarlas.

 El hotel Adagio, de dos estrellas, era bastante bueno. La habitación era pequeña, pero cómodo el colchón, la limpieza inmejorable y el personal muy amable, además de estar excelentemente ubicado. Nos dieron una copa de vino de bienvenida con pan con tomate y muffins de tortilla de papas. ¡Exquisitos!

Si bien en el camino habíamos visto muchos lugares de buen precio y calidad donde cenar, debido a que la lluvia se había intensificado y a que yo no quería mojarme más por mi estado gripal aun no bien curado, decidimos comer en la misma cuadra del hotel en un restorán chino que ofrecía un menú de ocho euros con cincuenta. Pero resulta que nos cobraron cuatro euros con cincuenta por cada refresco de limón, dos euros con cincuenta por el agua y otros euros más por el pan, por lo que terminamos pagando más de treinta euros. ¡Mucho más caro que los locales de mayor nivel!

Rápidamente regresamos al hotel porque al día siguiente muy temprano debíamos continuar viaje por tierra rumbo a la ciudad castellana de Zamora.

 

 

Ana María Liberali

 





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