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Asunto:NoticiasdelCeHu 208/14 - VIAJANDO: En la Acrópolis
Fecha:Domingo, 23 de Marzo, 2014  16:46:27 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 208/14
 

 

En la Acrópolis

 

La polis, o ciudad-estado para algunos, podría definirse como un conjunto de ciudadanos que vivían en un determinado territorio. No se diferenciaba el campo de la ciudad en cuanto a derechos u obligaciones, y todos se sentían identificados con un centro urbano en común. Ese sitio se convirtió en centro de poder, donde se situaban los templos, los tribunales, las asambleas, los teatros… Por esa razón el territorio de la Acrópolis pasó a ser tan solicitado, construyendo en muchas ocasiones edificios públicos y templos sobre las ruinas de los anteriores.

La democracia logró que la palabra fuera más valorada que la fuerza bruta, lo que favoreciera que las leyes y las normas fueran consensuadas y revisadas, no como imposiciones de los poderosos, sino como soluciones pacíficas a los roces normales de la convivencia. Y ese concepto se volcó a la economía donde cada familia era la administradora de sus propios recursos. Desde ya que toda esa filosofía dejaba de lado a los esclavos que constituían la base del sostenimiento material de los ideales del resto de la sociedad. Los griegos consideraban a la esclavitud no sólo como una realidad indispensable, sino también como un hecho natural. No obstante, aparecieron algunos debates aislados que fueron muy mal vistos, como se observa en los diálogos socráticos, o en algunos estoicos que expresaron las primeras condenas.

Mi interés por la Grecia Antigua había comenzado durante las clases de Historia de la escuela secundaria, y se habían acentuado al cursar la carrera de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires; por lo que mi principal objetivo de la visita a Athina era conocer ese espacio sobre el cual había estudiado tanto. Sin embargo, a los griegos contemporáneos no los atraía demasiado, tal vez porque era algo que tenían allí nomás y no valoraban, o bien porque había transcurrido mucho tiempo, y de hecho, se sentían más interesados por el pasado próximo. Así que después de haber recorrido otros sectores de la ciudad, mediante el pago de una entrada en euros, accedimos al camino que conducía a la colina donde se encontraba la Acrópolis.

Lo primero que tuvimos ante nuestros ojos fue el Odeón de Herodes Ático, edificio destinado a audiciones musicales, construido en el año 161, gracias a la gran fortuna del cónsul romano, quien lo ordenó en honor a su mujer, Aspasia Annia Regilla, fallecida el año anterior.

 

 

Arcos romanos del Odeón de Herodes Ático

 

 

 

 

Emplazado en el sudoeste de la Acrópolis, el Odeón de Herodes Ático constaba de una planta como la de un teatro romano, pero cubierta. Era más bien pequeño y tenía un aforo en sus gradas para cinco mil espectadores. El escenario medía treinta y cinco metros y estaba realizado en mármol blanco y cipolín (otro mármol que alternaba su base blanca con vetas verdosas, imitando a una cebolla).

El Odeón ha sido restaurado, pudiéndose presenciar allí diferentes espectáculos como tragedias, óperas y espectáculos de baile, realizándose cada año el “Festival de Athina”, de nivel internacional.

 

Odeón de Herodes Ático con vista de las gradas reconstruidas

 

 

Continuamos ascendiendo por el “peripatos”, sendero que rodeaba completamente la Acrópolis, lugar cubierto de árboles, predominantemente olivos, por el que caminaba Aristóteles mientras leía. Y desde allí, a lo alto divisamos el templo de Atenea Niké, de pequeñas dimensiones y de orden jónico, utilizado para los dedicados a las divinidades femeninas.

En la polis no existían sacerdotes, sino que los misterios de las divinidades eran conocidos por todo el pueblo y eso limitaba la necesidad de agentes que intercedieran por los hombres ante los dioses. La divinidad griega aconsejaba a los hombres pero no obligaba ni imponía ningún tipo de sacrificio ritual básico. Los fieles celebraban las ceremonias y los sacrificios de manera mucho menos rimbombante que los egipcios, y consideraban a los dioses casi como iguales. Por esa razón los templos eran pequeños, ya que se consideraba la morada terrena del dios al que estaban dedicados, y los ritos y ceremonias se celebraban en el exterior, donde se situaba un altar desde el que se dirigían.

 

 

Templo de Atenea Niké desde el “peripatos

 

 

A la Acrópolis se accedía por el oeste a través de los Propileos, que en arquitectura se denomina así a una entrada monumental con columnas a un edificio o recinto cerrado.

 

Escalinata que conducía a los Propileos de la Acrópolis

 

 

Los Propileos de la Acrópolis fueron construidos en el marco del programa monumental de Pericles entre 437 y 431 a. C., sustituyendo a los anteriores que databan de la época de Pisístrato. El arquitecto Mnesicles fue quien proyectó los pórticos como si fueran fachadas de templos dóricos. El pórtico exterior tenía una plataforma a cada lado con tres columnas jónicas que sostenían un techo de mármol azul con estrellas.

 

Columnas de los Propileos de la Acrópolis

 

 

Mientras subíamos por la escalinata, hacia la izquierda pudimos ver el Monumento de Agripa, una torre de unos catorce metros donde se situaron diferentes estatuas dependiendo de quién gobernara la Acrópolis; y a su lado, la Pinacoteca, la primera en el mundo.

 

 

Monumento de Agripa y Pinacoteca

 

 

Al llegar a la parte más alta nos encontramos frente al Parthenon, templo realizado en honor a la diosa Atenea, a la que los atenienses consideraban su protectora. Y a pesar de los grandes cambios políticos y culturales, conservó su carácter religioso en los siglos siguientes, siendo convertido sucesivamente en una iglesia bizantina, una iglesia latina y una mezquita musulmana.

 

 

 

 

El Parthenon, templo dedicado a la diosa Atenea

 

 

El edificio continuaba siendo imponente, a pesar de los avatares del tiempo y de los diferentes destinos y saqueos de que fuera objeto. Sin embargo, los andamios que lo rodeaban hacían que perdiera gran parte de la magia que su imagen daba en los libros y folletos que venía viendo desde tiempo atrás.

 

El Parthenon rodeado de andamios

 

 

La construcción fue iniciada por Pericles como agradecimiento a los dioses por su victoria contra los persas, y se desarrolló entre los años 447 y 432 a. C.

Los encargados de la obra fueron los arquitectos Ictino y Calícrates, estando bajo las órdenes del colega y gran escultor ateniense Fidias, autor de la decoración y de la gran estatua crisoelefantina de Atenea Partenos, que estaba situada como pieza central del templo, medía doce metros de altura y para su elaboración se habían necesitado mil doscientos kilogramos de oro. El edificio estaba basado casi exclusivamente en mármol blanco del monte Pentélico y era de origen dórico. Sus dimensiones aproximadas eran de sesenta y nueve metros con cincuenta de largo por treinta metros con noventa de ancho; y sus columnas tenían diez metros con cuarenta de altura.

 

Columnas dóricas del Parthenon

 

 

El Parthenon constituyó uno de los ejemplos más claros del saber en geometría por parte de los matemáticos y arquitectos griegos. Era octástilo (ocho columnas en su frente), y períptero (con columnas en todo su perímetro).

 

El Parthenon tenía ocho columnas en cada frente y diecisiete en los laterales

 

 

Los arquitectos consiguieron que el efecto visual que mostrara el Parthenon no permitiera apreciar la antiestética deformación que se percibía al situarse en las proximidades de los grandes monumentos. Y esto lo lograron a partir de certeras alteraciones en su construcción: columnas con éntasis, un poco curvadas hacia el centro, no equidistantes, y algo más gruesas en las esquinas; frontón levemente arqueado y estilóbato ligeramente convexo.

 

Una estética perfecta

 

 

El invierno ateniense nos estaba tratando demasiado bien ya que las temperaturas habían oscilado entre 10 y 16°C. Sin embargo esa tarde en el Centro de Athina el termómetro había superado los 18°C; pero allí arriba evidentemente hacía más calor, lo que no sólo me había obligado a quitarme parte del abrigo, sino además, a tomar desesperadamente agua en un bebedero público, y descansar sentada a la sombra de uno de los pocos árboles del lugar. Y allí me quedé un largo rato en absoluto silencio observando el panorama, sintiendo una gran emoción por encontrarme donde seguramente habrían pasado una y mil veces los antiguos filósofos a quienes tanto admiraba.

 

 

 

Vista del Parhenon desde el sector oriental de la Acrópolis

 

 

Ya repuesta continué deambulando y deteniéndome ante cada cosa que me llamara la atención para registrarla fotográficamente.

 

Capiteles jónicos en vías de restauración

 

 

Sobre el lado norte de la Acrópolis, entre los años 421 y 406 a. C., se había construido el Erecteion, templo en honor a los dioses Atenea Polias y Poseidón y a Erecteo, rey mítico de la ciudad. Aunque hecho de mármol pentélico como los anteriores, éste respondía al orden jónico, muestra de que la simplicidad había dado lugar al refinamiento.

El Erecteion fue modificado en varias oportunidades, producto de destrucciones parciales sufridas a lo largo de su extensa historia.

 

 

Columnas jónicas del Erecteion

 

 

De planta irregular por el declive del terreno, el Erecteion constaba de tres pórticos. Uno de ellos, la cara sur, era la famosa tribuna de las Cariátides, que indicaba la tumba del mítico rey Cécrope.

 

El Erecteion con la tribuna de las Cariátides

 

 

La tribuna de las Cariátides constaba de seis columnas con figuras de mujer de dos metros con treinta de altura, que sostenían el entablamento. Las que estábamos viendo eran réplicas, ya que cinco de ellas se encontraban en el Museo de la Acrópolis y la otra, en el Británico.

Esas imágenes femeninas representaban a las ciudadanas de Cariátide, ciudad peloponesa que había colaborado con el invasor persa, por lo cual los atenienses le declararon la guerra, vendiendo a sus mujeres como esclavas. Y para que sirviera de ejemplo, esas estatuas fueron esculpidas en mármol para recordar la suerte de quienes se sumaran al enemigo.

 

Pórtico de las Cariátides, con réplicas del siglo XIX

 

 

 

 

Entre el Erecteion y el Parthenon, podían verse las ruinas del Antiguo Templo de Atenea, edificio que había sido construido en el año 625 a. C., y del cual sólo se conservaban sus cimientos. De piedra y rodeado por un pórtico de columnas en madera, había sido destruido por los persas en 480 a. C. durante las Guerras Médicas.

 

 

Referencia al Antiguo Templo de Atenea

 

 

 

Ruinas del Antiguo Templo de Atenea frente al Pórtico de las Cariátides

 

 

Vista panorámica del Erecteion con las ruinas del Templo de Atenea y el monte Licabeto

 

 

Una gran parte de los monumentos arquitectónicos que formaban la Acrópolis se edificaron durante la época de Pericles (499 a. C. a 429 a. C.). La plataforma estaba rodeada por una muralla construida por los pelasgos, que sustituyera otra anterior más primitiva; más tarde se construyó un templo, el Hecatompedón, que fuera destruido por el rey persa Jeries I. Sobre esas ruinas, Pericles levantó el Parthenon junto con el resto de los edificios repartidos por toda la montaña.

Todos se habían conservado en bastante buen estado hasta fines del siglo XVII, cuando a causa de la dominación otomana, el Parthenon fuera convertido en mezquita, el Erecteion en alojamiento del harén del Comandante de la Acrópolis y los Propileos en polvorín. Durante el asedio de Athina del año 1687, los venecianos, bajo el mandato del general Francesco Morosini, hicieron grandes destrozos con sus bombardeos. Un golpe de mortero derrumbó el techo del Parthenon, siendo repartidos como botín parte de los tesoros artísticos.

Posteriormente, a principios del siglo XIX, Lord Elgin, oficial y diplomático británico, trasladó restos de las esculturas del Parthenon y una de las estatuas del Pórtico de las Cariátides a Londres. Dicho personaje, sin duda, no fue ni el primero ni el último en dispersar elementos históricos de sus localizaciones originales. Pero eso ha producido un profundo debate ya que el gobierno griego consideraba que las piezas deberían volver a Athina para ser expuestas en el Museo de la Acrópolis, mientras que el Museo Británico continuaba defendiendo su derecho a conservarlas.

 

 

Ana María Liberali

 

 





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