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Asunto:NoticiasdelCeHu 113/14 - VIAJANDO: ¡Bienvenidos a Grecia!
Fecha:Martes, 4 de Marzo, 2014  01:48:23 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 113/14
 
 

  ¡Bienvenidos a Grecia!

 

Era el mediodía del lunes 13 de enero y esa tarde debíamos partir hacia Grecia, por lo que antes de almorzar, decidimos dar una vuelta por el distrito de Eminönü como despedida de Istanbul.

Como era típico en toda la ciudad, nos encontramos ante una enorme mezquita, la Nueva o Mezquita Yuni (en turco Yeni Camii). Al igual que otras mezquitas imperiales de Istanbul, fue diseñada como un kulliye, complejo con edificios adyacentes para mantener necesidades no sólo religiosas sino que incluían un hospital, una escuela primaria, baños públicos, un mausoleo, dos fuentes públicas y un mercado, al que le fuera agregada una biblioteca durante el reinado del sultán Ahmed III. El mercado de la mezquita era el que se había convertido posteriormente en el Bazar Egipcio o Bazar de las Especias; y el mausoleo o türbe contenía los sepulcros de varios sultanes y miembros de la corte.

   

Mezquita Nueva o Mezquita Yuni

 

 

Lugar destinado a abluciones en la Mezquita Yuni

 

 

Mujeres usando shaylas en las cercanías de la Mezquita Yuni

 

 

Mujer con túnica y niqab junto a su familia

 

 

Había varias tiendas con mercancías en la calle y aproveché para comprar algunos pares de soquetes a una lira turca cada uno (cuatro pesos argentinos). Y luego continuamos camino pasando por el hotel Amisos, cuyo edificio fue uno de los pocos que me agradara, a excepción de los emblemáticos, ya que en términos generales Istanbul no tenía muchas construcciones estéticamente atractivas.

 

 

Hotel Amisos, taxis amarillos y moderno tranvía

 

 

Fuimos a almorzar a un lugar popular donde nos servimos platos típicos que completamos con un digestivo té turco, y estábamos caminando hacia el hotel cuando me detuve a tomar varias fotografías.

Dos de ellas tuvieron que ver con murales de mapas temáticos de Turquía que me parecieron muy interesantes ya que constituían una buena síntesis de los recursos turísticos de todo el país que tentaban a volver para poder visitarlos.

   

Mapa temático de Turquía que mostraba los recursos turísticos más destacados

 

 

Turquía – Un museo al aire libre

 

 

Otras estuvieron relacionadas con la vestimenta de los musulmanes que transitaban en el área de Sultanahmet.

 

 

  

Mujeres musulmanas vistiendo túnicas y shaylas

 

 

En base al Corán era muy bueno que el hombre usara ropa blanca pero nunca por debajo de los tobillos

 

 

Distraída registrando imágenes, perdí de vista a Omar. Y como eso era más que frecuente, permanecí un rato en el lugar esperando que él regresara, tal como había sucedido en otras oportunidades… ¡Pero eso no ocurrió! Y el problema era que corríamos el riesgo de perder el bus a Grecia, así que decidí ir por las mías hasta el hotel, que no estaba lejos. Allí me senté en uno de los sillones del lobby, ¡pero Omar no aparecía…! Cuando llegó ya eran más de las cuatro de la tarde. Lo que había ocurrido era que había salido a buscarme por el camino que habíamos tomado el día anterior, pero yo había optado por el que me resultaba más corto.

Desde el hotel pidieron un taxi para que nos llevara hasta la oficina de la empresa Metro Turizm donde habían insistido en que estuviéramos a las cinco ya que el vehículo partiría a las seis en punto. Pero el taxista protestó porque pretendía un viaje al aeropuerto, así que tomó nuestras maletas de mala gana y casi las tiró dentro del baúl.

Al principio parecía que iba por el camino correcto, pero en determinado momento se desvió por una autopista. Entonces tratamos de decirle que no nos estaba llevando al lugar indicado, pero el hombre no entendía inglés, y continuaba avanzando en medio de un embotellamiento producto de la hora de vuelta a casa en una ciudad tan extendida.

Le gritábamos: -“No… No…”, además de hacerle señas con la cabeza y con el dedo. Le mostrábamos los boletos, ¡y nada!!!!

Faltando pocos minutos para las cinco de la tarde y debido a nuestra desesperación, estacionó en la banquina e hizo un llamado por el celular. Después de pronunciar unas palabras en turco, me dio el aparato a mí. Una mujer me hablaba en inglés, pero no se entendía demasiado por el ruido del tránsito. Yo atiné a decirle que queríamos ir a la oficina de la empresa y le pasé el teléfono nuevamente al conductor.

El continuó conduciendo en la misma dirección en que lo venía haciendo, y nosotros seguíamos insistiendo que no era por ahí. Y cuando ya dábamos por perdido el mini-bus, ingresó a la terminal de ómnibus y le mostró nuestros pasajes a un empleado de Metro Turizm, quien le indicó otro lugar. Siempre dentro de la terminal paró en un determinado sitio, se bajó, sacó las valijas del baúl, y en varios idiomas dijo cuál era el monto del viaje. Allí había otro empleado de la empresa que afirmó en inglés que a las seis partiría nuestro ómnibus, acompañándonos hasta la plataforma. Recién entonces comprendimos que la necesidad de nuestra presencia a las cinco en la oficina era para que un mini-bus nos llevara hasta la terminal.

 

Terminal de ómnibus de Istanbul, muy moderna y limpia

 

 

A las seis en punto partimos. Muy pocos pasajeros, dos choferes y un camarero que nos sirvió refrescos y bebidas calientes. Hizo dos paradas, una de cinco minutos y otra de diez, cuyos tiempos fueron respetados rigurosamente, por lo que no dieron más tiempo que para comprar algunas galletitas como única cena.

Circulábamos por la carretera E84, cuando a las diez de la noche llegamos a Ipsala, una localidad de sólo ocho mil habitantes en la provincia de Edirne, pero uno de los puestos aduaneros más importantes entre Turquía y Grecia.

Bajamos del bus e hicimos una fila para realizar el control migratorio. El oficial tomó mi pasaporte y sin mirarlo lo tiró a un costado. Yo me quedé parada junto a la ventanilla, y cuando vio que el de Omar también era argentino, preguntó si éramos familia. Y al contestar afirmativamente, sin mirarlos selló ambos.

Regresamos al ómnibus, y apenas arrancó volvió a parar, pero esa vez en la puerta de un shopping donde había un enorme cartel que decía que era el último antes de entrar a Europa. Ellos mismos tenían conciencia de que ninguna parte de Turquía era europea, salvo desde el punto de vista físico, porque a nivel social y cultural, no tenía nada que ver. Allí se dijo que pararía quince minutos, pero se llegó casi a la media hora.

Cruzamos el río Evros, y pasamos a Grecia, donde nos esperaba otro trámite en el puesto de Kipoi, final de la carretera E90.

Subieron los gendarmes y recogieron todos los documentos, y al rato nos vinieron a buscar a Omar y a mí. Primeramente comenzaron a preguntarnos en perfecto inglés el porqué de la elección de ese camino, si era porque el costo era menor o por qué otra causa. Y como no podían creer que quisiéramos conocer Istanbul y Athina, nos separaron y empezaron por palpar a Omar y revisar su equipaje minuciosamente, donde además de ropa encontraron libros.

Mientras tanto yo le pregunté al camarero si pretendían dinero, debido a la experiencia sufrida en Colombia dos años antes. Él me dijo que no, que ese procedimiento lo hacían con todos los latinoamericanos y con los pasajeros de algunos países de la región, ya que se trataba de una ruta de tráfico de estupefacientes. Y a pesar del fastidio que ese hecho significaba, eso me tranquilizó, porque no iban a encontrar lo que esperaban.

Luego pasé yo al lugar de la revisación. Traté de darles algunos datos nuestros, pero me dijeron que sólo debía contestar lo que me preguntaran. Hurgaron mi bolso, y lo más extraño que hallaron fueron cuadernos escritos en español, tras lo que me preguntaron en qué consistían nuestros negocios.

“¿Negocios? ¡Nosotros no estamos en ningún negocio!” –le dije indignada. Porque evidentemente nos confundieron con mulas.

-“Entonces, ¿en qué trabajan?” –preguntó un joven oficial con gran curiosidad.

-“Somos profesores de Geografía de la Universidad de Buenos Aires”, le contesté.

Se puso colorado, guardó todo rápidamente y no sabía cómo pedir disculpas. Se quiso hacer el simpático y me preguntó si era de Boca o de River.

Fotocopió los pasaportes, completó unos formularios donde aparecían nuestros nombres y el suyo, diciendo que todo estaba en orden. Todos los firmamos y nos entregó sendas copias. Luego llamó a su jefe, y a coro nos dijeron: -“¡Welcome…! ¡Welcome…! ¡Welcome to Greece…!” (¡Bienvenidos a Grecia!) Y después de cuarenta y cinco minutos regresamos a nuestros asientos…

Tomamos la carretera E90, conocida como Egnatía Odós. Nos dormimos a pesar de la incomodidad, y cuando nos despertamos estábamos transitando por la E75, llegando alrededor de las cuatro de la mañana a Katerini.

 

  

Asientos sumamente incómodos sin siquiera apoyapiés

 

 

Al amanecer paramos en Lamia donde pudimos desayunar y estirar un poco las piernas tras casi catorce horas de viaje.

 

 

Nuestro ómnibus en el parador de Lamia

 

 

Mucho tránsito de camiones en el camino

 

 

Al salir de Lamia, pasamos por el lugar donde en el año 480 a. C. se llevara a cabo la famosa batalla de las Termópilas durante la Segunda Guerra Médica, en la cual se enfrentaron el Imperio Persa y una alianza de polis griegas lideradas por Esparta.

  

 

Amanecer en las Termópilas

 

 

Y en pocos minutos comenzamos a bordear el golfo Maliaco, en el mar Egeo. El antiguo desfiladero de las Termópilas, delimitado por el monte Calidromo y ese golfo, estaba convertido en una amplia llanura costera.

  

Kamena Vourla, en el Golfo Maliaco del mar Egeo

 

 

Finalmente, al mediodía arribamos a Athina, capital de Grecia. Solamente nosotros habíamos hecho el viaje completo de casi dieciocho horas. El ómnibus nos dejó en un área periférica, en la puerta de una especie de terminal-galpón. Prontamente arribó un taxi libre conducido por una mujer, quien nos llevó hasta el hotel Odeon en la avenida Pireos. Nos cobró diez euros y después supimos que costaba exactamente la mitad.

 

 

Avenida Pireos desde el balcón del hotel Odeon

 

 

Ya era martes 14 y estábamos en Athina. Habíamos tenido un viaje con algunos contratiempos pero que finalmente se habían resuelto positivamente. Y si bien estábamos cansados, rápidamente nos higienizamos y nos preparamos para salir a caminar por otra ciudad que soñaba con conocer.

 

 

Ana María Liberali

 

 

 




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