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Asunto:NoticiasdelCeHu 136/14 - VIAJANDO: En el Barrio de los Dioses
Fecha:Domingo, 9 de Marzo, 2014  03:24:09 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 136/14
 

  

En el Barrio de los Dioses

 

Conocido como el Barrio de los Dioses por su cercanía a la Acrópolis, Plaka estaba considerado el sector más antiguo de Athina. Centro de la ciudad bizantina y otomana, fiel reflejo de cuando era un pueblo de poco más de diez mil habitantes rodeado de ruinas, antes de convertirse en la capital de la Grecia moderna. De hecho “Plaka” significaba “viejo” en el dialecto arvanita, un lenguaje emparentado con el albanés, ya prácticamente extinto. Y a pesar de ser una zona muy transitada por el turismo, guardaba un encantador aspecto antiguo gracias a las estrechas y laberínticas callejuelas adoquinadas en las que se erigían bellas casas neoclásicas del siglo XIX.

Del siglo XIX también era la presencia anglicana, que continuaba presente a través de la iglesia dedicada a San Pablo, donde además de ser foco de adoración, lo era de  actividades culturales destinadas a los residentes ingleses de Athina y a quienes la visitaran desde el exterior.

 

 

 

St Paul’s Anglican Church

 

 

Plaka también era considerada una de las mejores áreas de la ciudad para encontrar tiendas de souvenirs, así como un interesante centro cultural a partir de sus teatros y espectáculos no convencionales.

 

Tiendas de venta de souvenirs en el barrio de Plaka

 

 

Otro de los varios templos del barrio de Plaka

 

 

Varios locales de venta de mapas, imágenes y libros antiguos

 

 

Prendas con inscripciones de la Universidad de Athina

 

 

Manifestaciones culturales diversas

 

 

El barrio, además, estaba repleto de tabernas, los típicos restoranes griegos donde se comen “mezedes” (raciones) acompañadas de abundante vino y con música, una de las manifestaciones más genuinas de la cultura griega.

 

 

Barrio repleto de tabernas griegas

 

 

Cruce de las calles Kidathinaion y Adrianou, corazón de Plaka

 

 

Además de los turistas, los atenienses también frecuentaban Plaka

 

 

El Centro de Plaka era  totalmente peatonal, un verdadero oasis en medio de capital griega

 

 

Efigies de los pensadores griegos y máscaras teatrales

 

 

Otro lugar donde tener un típico almuerzo griego

Un placer caminar por las intrincadas callejuelas

 

 

De pronto, llevando la mirada hacia lo alto, pudimos ver la Acrópolis, pero aun estábamos lejos, sin tener idea de cómo llegar por la falta de señalización.

Primera visión de la Acrópolis

 

 

Estábamos tan cerca y a la vez, tan lejos…

 

 

Preguntamos a alguien del lugar cómo llegar hasta la entrada de la Acrópolis, y nos indicó que siguiéramos nuestro camino entre las casitas que se encontraban a su pie.

 

Casitas al pie de la Akropolis

 

 

Comenzamos a subir por angostísimas callecitas, muy abruptas, por donde no podría circular un automóvil...

 

Pequeñas casitas en una ladera abrupta

 

 

Las casas eran pequeñas, predominantemente blancas con puertas y ventanas azules. En todo el trayecto no vimos absolutamente a nadie y tampoco vislumbramos movimientos dentro de las casas, por lo que supusimos que muchas de ellas estaban deshabitadas. Los únicos seres vivos eran los gatos que deambulaban por todas partes, y que habían impregnado el lugar con un fuerte olor a orín.

 

 

Canal escurriendo el agua de la ladera junto a una de las casitas blancas con aberturas azules

 

 

Nos encontrábamos en  el barrio de Anafiotika, ubicado en la vertiente nordeste de la Acrópolis. Esas pequeñas casas de un solo piso, habían sido construidas a mediados del siglo XIX por los expertos albañiles que el rey Otón contratara para la construcción de su palacio. Los obreros, naturales de la isla de Anafi, situada en las Cícladas, comenzaron a extrañar sus raíces y decidieron construir un pequeño pueblecito como el suyo en la ladera de la Montaña Sagrada.

Aunque durante muchos años Anafiotika fuera considerado un lugar ingrato debido a su cercanía a la Acrópolis, lejos de dañar su imagen el barrio se convirtió en un remanso de paz, una verdadera isla sin su mar, constituyendo un atractivo más.

 

Típica casita de Anafiotika

 

 

Pero además de la hermosura del barrio-pueblito, llegamos hasta un sitio de altura desde donde teníamos una increíble vista panorámica de Athina.

 

 

 

 

Vista panorámica de Athina

 

 

Monte Licabeto, centinela de Athina

 

 

Otro sector de la ciudad

 

 

En el mirador del barrio de Anafiotika

 

 

Otra iglesia encontramos a nuestro paso… Era de la Metamorfosis, totalmente cubierta en piedra y una cúpula de tejas. Tan sencilla como bonita.

 

 

Iglesia de la Metamorfosis

 

 

Y de pronto, allá a lo lejos, teníamos ante nuestros ojos lo que fuera el Ágora de Athina, donde se encontraban los santuarios de los antiguos dioses de la mitología griega.

 

Vista panorámica del Ágora de Athina

 

 

El Ágora de Athina había sido el centro de la actividad comercial, social y política de la antigua ciudad. Consistía en un amplio espacio abierto flanqueado por una acumulación de edificios públicos, donde los atenienses se reunían para discutir sus leyes y decidir el futuro político de su ciudad, que dejaban en manos de quienes mejor dominases la oratoria, el arte de convencer, los llamados sofistas. Por otra parte, la filosofía de Sócrates y la Academia de Platón, se oponían a aquella democracia demagógica del Ágora.

Allí se encontraban los templos de Hefestos, Zeus y Apolo, y el Altar de los Doce Dioses, dedicado a los que se adoraban en la Antigua Grecia: Zeus, Hera, Poseidón, Deméter, Hestia, Apolo, Artemisa, Hefestos, Atenea, Ares, Afrodita y Hermes. Situado en el norte del Ágora, cerca del Templo de Ares, fue el punto cero desde el que se calculaban las distancias dentro de la ciudad. También estaban los tribunales donde se celebraban juicios y donde se condenó, entre otros, a Sócrates a pena de muerte por, según los acusadores, corromper a los jóvenes e introducir dioses nuevos.

El Ágora ateniense se convirtió en una zona residencial durante las ocupaciones romana y bizantina.

 

Templo de Hefestos o Hefestión en el Ágora de Athina

 

 

El Templo de Hefestos o Hefestión estaba situado en el noroeste del Ágora de Athina, en lo alto de la colina llamada Colonos Agoreo. Y daba testimonio de una particular riqueza arquitectónica, conservando la techumbre a dos aguas con un frontón que ya no contenía ningún ornamento. Era hexástilo y sus columnas, de orden dórico. No se ha hallado ningún resto de un edificio anterior y no se trata, por tanto, de una reconstrucción de uno posterior a las destrucciones persas ocasionadas durante las Guerras Médicas. Desde el siglo VII hasta 1834, fue convertido en una iglesia cristiana.

 

 

 

 

 

Único templo conservado en la Ágora de Athina

 

 

Finalmente llegamos a la entrada de la Acrópolis, pero en menos de una hora iban a cerrar, por lo que decidimos volver otro día para poder recorrer con más tiempo el lugar, conformándonos sólo con ver el Parthenon a la distancia.

 

 

 

 

Área de ingreso a la Acrópolis

 

 

El Parthenon visto desde abajo

 

 

Regresamos a Plaka para almorzar, y luego volvimos a caminar por la zona donde gran cantidad de turistas disfrutaban de todas las atracciones.

 

Autitos a pedal para recorrer el barrio

 

 

Zona elegante con establecimientos de mayor nivel

 

 

Calle Vyronos

 

 

¡Dos camisetas de Messi!

 

 

Más máscaras y artesanías de cerámica

 

 

Caminamos un largo rato yendo y viniendo por las diferentes calles hasta que después de las seis, cuando se hizo de noche, nos encontrábamos en la peatonal Ermou, donde estaban los locales de los principales diseñadores internacionales que marcaban tendencia en la moda. Y los precios eran exageradamente altos en consideración de los salarios promedios de Grecia.

 

Fuente en la calle Ermou, centro de compras de las principales marcas

 

 

Y a pesar de que las comidas griegas eran agradables, cuando vimos un restorán italiano, no lo pensamos dos veces; y mientras Omar pidió spaguetti al pesto, yo los preferí al pomodoro. Estaban exquisitos y el precio, muy acomodado.

Desde allí, mientras caminábamos hacia el hotel vimos más negocios abandonados debido a la crisis. Y en uno de ellos, viviendo un pequeño gato, al que alguien alimentaba desde la calle.

 

Gato en un negocio abandonado

 

 

Había sido un día muy intenso, con muchas sensaciones, algo que debíamos comenzar a procesar. Pero ya era hora de descansar porque nos esperaba mucho por conocer y disfrutar de un viaje envidiado por los historiadores.

 

 

Ana María Liberali

 

 

 





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